El ponchassso o Cuarentena tres


¿Qué? ¿Cómo sigues?.

Camino de la sexta semana. Todo igual. Después de toda la fiesta de la semana pasada, el fin de semana pasó tranquilo. Pizza y peli, muchas lanas y muchas letras.

Sigo haciendo potaje de lentejas los domingos por la tarde, mientras plancho la ropa de la semana. Necesito seguir haciendo estas cosas para seguir anclada. Nada de lo que venga cuando podamos salir (¿llegará ese momento?, porque cada día siento que van a pasar los meses, y que llegaremos a diciembre nuevamente y nos dirán: ha sido todo un experimento; y no sé si me horroriza o me fascina pensarlo así), va a ser como era antes, y mantener estas pequeñas rutinas domésticas, me ayuda a no terminar de perder el Norte.

¡Ay el Norte! ¡MiNorte! Anoche soñé que estaba allí, en mi playa. En la que me he rebozado, llorado, reído, y bañado, desde que me salieron los dientes. Estaba allí sola, tranquila y emocionada. Llegaba andando, y sin casi pararme me quitaba la ropa que llevaba puesta y la dejaba hecha un montoncito en la orilla y así como venía seguía andando hasta meterme en el agua. Seguí andando hasta que el agua me llegaba a la cintura, y en ese momento flexioné las rodillas y sumergí la cabeza. El agua fría. El azul del cielo. El sol traspasando el agua. Salí a la superficie, feliz y con sensación de total plenitud,  y ahí me desperté. La sensación de haber estado sumergida me duró solo unos segundos, luego me invadió una desilusión enorme.

Primero, me dio tristeza, luego me dio rabia, luego me dio desesperanza, y de ahí me fui a beber agua y a recolocarme los chakras, porque me sentía caer sin freno en el pozo de la angustia.

Me volví a dormir, pero llevo todo el día con la sensación de haber estado bañándome en MiNorte. Dice Emma que lo primero que va a hacer en cuanto podamos salir, será poner rumbo Norte. Y yo la voy a acompañar, por supuesto.

De paso, me llevo el bolsito, y nos quedamos allí todo lo que podamos. Así me estreno el ponchasso que me tejí hace unas semanas. Desde que se lo vi a LaBosch me volví loca. Claro que el suyo es un espectáculo total. Tejer con lo que tenemos en casa se está convirtiendo en una tarea de total creación y desafío. Porque se podría esperar a que se normalice todo, pero y las ansias… ¿cómo dominamos las ansias?. Porque todo el que teje o cose, sabe que cuando un patrón te pica, hay que meterle mano rápidamente, con lo que tengas a mano. Así hice este poncho, que no es un poncho al uso porque tiene mangas. Me lo tejí en apenas una semana, y lo disfruté de principio a fin. Cada día me gusta más tejer en colorwork. Todos los detalles aquí.

En serio, no veo el momento de ponerme en la orilla de la playa a última hora del día, a pasar fresco con mi poncho. De paso me saco unas fotos decentes, que esto también será algo que tenga que explorar y mejorar. Hacer buenas fotos en casa, requiere de táctica, técnica y mucho ingenio. Que de momento estoy empleando para seguir encontrando materiales tejibles.

 

 

La Semana Santa de la Cuarentena

Se acabó la semana de descanso que nos dimos. Una semana entera sin horarios, sin agendas y sin planes. Lo primero y lo segundo por decisión propia, lo último por imposición.

Digo que pierdo la cuenta de los días que llevamos aquí, pero es mentira. Lo digo y lo escribo, básicamente para hacerme creer a mi misma que no le echo cuenta a los días. Pero llevo la cuenta precisa como si fuera un reloj suizo. Treinta y un días exactos. Sin previsiones de cambio, sin horizonte. Solo esperar. Y no es que me importe mayormente, quiero decir, estamos bien, todos lo que quiero están bien. No puedo sino dar gracias. Tenemos casa, comida, y suficientes recursos como para no aburrirnos. Sin embargo, estoy echando en falta algo que para mí es importante: planificar. No puedo hacer lo que más me gusta porque tengo demasiadas variables y pocas ecuaciones. Los primeros días seguía optimista, y planifiqué e hice listas. Pero ahora no tengo fecha de inicio de actuaciones porque no sabemos cuándo podremos salir a la calle con normalidad, y no puedo seguir haciendo planes, porque así lo único que consigo es aumentar las listas. Las listas de la tonta.

Esperar, solo queda esperar.

Emma el domingo, con una depresión post vacacional de manual, me decía, ojalá fuera lunes ya, pero el lunes de la semana pasada. Para estar otra vez descansando y sin obligaciones. No sé si es que está cansada o es que es gandulita. Entre las muchas frases que me soltó en la cena del domingo, me dijo: pero qué le voy a contar a mis hijos que hice en la Semana Santa de los ocho años, que estuve encerrada en casa durante un mes por un virus, porque éramos unas cobardicas.. ¿por qué no salimos a lucharlo?

No supe si reírme o llorar. Después de una charla que consideré importante, haciendo hincapié en las razones por las que nos quedamos en casa, le desvié la conversación a la botella medio llena. Porque es imposible sentir agradecimiento e infelicidad al mismo tiempo. Este truco siempre sale bien.

Esta Semana Santa hemos tomado todos los días el aperitivo, en la miniterraza, con un libro y todos sus muñecos. Y hemos amasado, como si no fuéramos a conseguir harina nunca más, que esto puede materializarse aún, según las últimas noticias recibidas sobre la escasez de harina.

Amasé un pan especial para torrijas, con la receta de la Señora Webos, y luego hice torrijas a mi manera, con leche infusionada con naranja y canela. Hicimos magdalenas con la receta del Gurú, que pasa con salvoconducto preferente a la libreta de recetas. Y también, y para no perder las costumbre, horneé semlor, que como marca la tradición, nos comimos atorrijados.

Y se pasó la Semana Santa y volvimos a la rutina, y yo vuelvo a enredarme para perder la cuenta de los días.

 

Made from scratch

Si hay algo que me puede apasionar, es empezar cualquier cosa desde el principio, desde el inicio primerísimo.

Por eso, el día que descubrí a Liziqi, me fui a volver loca. No recuerdo el primer video que vi de ella, pero sí que te puedo decir cuál he visto más. Es este.

Liziqi es mi auténtica ídola, cuando vi cómo cultivaba el algodón, desde la semilla, me fui a chiflar. Sobre la marcha se me pusieron a trabajar las neuronas, y empecé como mi intensidad. Yo quiero cultivar algodones. Quiero hacer el relleno de mis quilts. Me fui corriendo a investigar. Y todo buenas noticias, este clima y esta tierra puede ser muy aptas para el cultivo. Lo del agua, ya veré cómo solventarlo, porque he leído que requiere de bastante agua, y aquí, agua, mucha no hay. Pero todo será crear la necesidad para que se me agudice el ingenio.

Allá por el 2015 mi tío, que tiene un algodón plantado desde hace años, me dio unas cuantas ramas, y en otra ocasión, seguramente que el mismo año, me fui al árbol, y coseché todo el algodón que pude. Guardado lo tengo por aquí, en alguna bolsa del armario Narnia que tengo. Así que de ahí puedo sacar hasta las semillas. De hecho, en ese momento planté con Emma unas pocas, y ríete, germinaron todas. Hasta que se me hicieron unos árboles que ya no me cabían en la maceta, y tuve que sacrificarlos. Minuto de silencio. Igual desde ese momento el Universo me estaba mandando la idea.

En serio te lo digo, me he propuesto en ser la próxima magnate del algodón. Por lo menos esta semana. Igual me dura todo el mes, con el rollo del confinamiento. Probablemente use estas tardes para ir sacando las semillas que tengo. Primero, tendré que encontrar la bolsa.

Volviendo a Liziqi y el confinamiento. Me ha inspirado infinito, y uniéndolo a la psicosis que me da cada vez que pienso que tengo que ir al super, estoy poniendo mi ingenio a prueba. Tengo a Fefi aka MasaMadre, a tope de power, horneando pan cada semana. Se acabaron lo de comprar yogures, o natillas. Cada semana las hacemos nosotras. El bizcocho de la merienda. Y esta semana, he practicado la masa quebrada para quiches o pies. Qué maravilla hacerlo todo en casa. Saber qué lleva, trabajarlo con mimo, y pensar que ese mimo es justo lo que te va a alimentar, es mucho más que saciar la necesidad de alimentarse. Es magia.

Probablemente después de esta etapa que vivimos, y que aún no sabemos, por lo menos yo no sé, cómo será el mundo y mi vida, después de este período… porque lo que tengo claro, es que la normalidad que teníamos antes, ya no está más; ha hecho que yo me vuelva más a los orígenes, comprando más materia prima y elaborándolo yo casi todo. Así satisfago un poco esa necesidad de “made from scratch” que tanto me fascina.

Yo tengo claro, en lo que viene en adelante, tendré que buscar una nueva normalidad, que igual la mía, pasa por hacerme agricultora.

 

Primavera indoors

Perdí la cuenta del confinamiento. Muchos días llevamos aquí ya, y los que nos quedan. Supongo que estamos todos un poco igual.

La semana pasada me abrumé de tanta oferta. La gente se volvió loca haciendo rutinas, haciendo directos, conciertos, aplausos.. Yo lo veía un poco de lejos, y pensaba, ¡uy muy arriba está todo el mundo!. Y efectivamente, esta semana se nota ya un poco el bajonazo. Encima estrenamos la semana alargándonos el día fin del confinamiento.

En esta situación lo mejor es no pensar. No tener en la mente la fecha en que se acaba, porque realmente no la sabemos.

Es también muy extraño manejar esta incertidumbre, supongo que estos días me están sirviendo para trabajar esta cuestión, creo que no lo estoy haciendo nada bien, por cierto.

En casa estamos tranquilas, y relajadas. Haciendo lo que haríamos en cualquier sábado. De hecho, esto está siendo como un verano adelantado.

Este fin de semana celebramos Ostara (Equinoccio de Primavera), me pareció algo muy apropiado para no olvidarnos de que aunque estemos en casa encerradas, el ciclo de la vida sigue su curso.

El último fin de semana que pasamos en libertad, hicimos varias compras, de esas que cuando llegas a casa piensas, para qué compraría todo esto ahora. Entre las cosas que compré estaban dos bolsas de tierra para plantar, semillas de varios tipos, pinturas y pinceles, pasta dry clay, algunas libretas y papeles de scrap. Ya me tengo reconocido que cuando me da una cosa de estas, me tengo que hacer caso, porque no sabes lo bien que me están viniendo estos días.

Durante la semana, rescaté dos huevos de una cena, y los limpié bien. El sábado por la mañana los pintamos con unos acrílicos que habíamos comprado. Luego hicimos una pequeña lista, que tenemos en la nevera, de las cosas que vamos a ir haciendo cuando volvamos a la normalidad. Qué increíble que lo primero que Emma quiera hacer es ir a casa de los abuelos, y luego a patinar. Resulta que de las cosas que más echa de menos a parte de a la familia, es patinar. Le encanta bailar, pero eso afortunadamente lo sigue haciendo. Se calza las zapatillas de ballet, su música y a danzar. Pero patinar, en 63m2 es un poco más complicado.

Pusimos un poco de tierra en los huevos pintados, y también una semilla. Y ahí le pusimos toda la intención de la que fuimos capaces de reunir, para que esto pase cuando tenga que pasar, y nosotras aguantemos bien el tiempo que sea necesario.

Aprovechamos el momento para darle una vuelta a las plantas que tenemos en el trastero. Trasplantamos algunas, y plantamos nuevas semillas. La naturaleza siempre da lecciones, y las plantas se han convertido en una de las cosas que más alegrías nos reportan estos días.

Esa es una de las cosas que más claras se me han quedado estos días. Necesito un jardín. Un huerto. Un espacio pequeño donde revolverme entre hojas verdes y tierra.

Yo estoy aprovechando estos días, para planificar de manera pormenorizada la nueva reforma, y la remodelación de un montón de muebles que me han tocado en el reparto. Esto ha conseguido la cuarentena, que esté como loca por meterme en faena.

Día 5 de cuarentena

Día cinco de confinamiento.

Se nos ha puesto la cosa un poco seria, y nosotros no parecemos enterarnos de lo que va realmente esta cuestión. No quiero ponerme pesimista, ni quiero ponerme a pensar tampoco, en todo lo que pasa por fuera de mi ventana y que yo no puedo controlar.

Tenía la idea de que esto podía pasar, pero también tenía yo más confianza en mis vecinos.

Aquí el fin de semana si hubo algo de respeto a las normas. Hoy y ayer veo que todo el mundo está en su trabajo. Gente sin perro, que camina por la calle, coches que van y vienen.

No entendieron lo que pasó en Italia, y parece que les importa poco lo que significa la curva que hay que frenar.

Cuando Mercurio entró por fin directo, se nos puso por delante Saturno, y nos jodimos.

En fin, que esta es mi casita refugio, y no me quiero poner aquí pesimista, que es lo único que me faltaba para afrontar este encierro.

Si me preguntas a mí directamente, esta situación de encierro no me perturba en lo más absoluto. Llevo toda la vida preparándome para algo así. Ahora tiene justificación la cantidad de lana, tela, papeles y libros que tengo acumulados. Pero lo primero primero, es la nevera, luego el resto.

Para mí y desde que dejé atrás mi etapa oscura, es decir, aquella en la que tenía una relación tormentosa con la comida (me encantaría saber a quién debo agradecerle esa definición, porque es perfecta), auspiciar una buena semana, empieza por llenar la nevera.

Luego de eso, refrescar la masa madre y prepárame para amasar el pan de la semana, y detrás, encender todos los electrodomésticos. Dicen que todo lo que obtengo de ahí se llama batchcooking, y se supone que es dedicarle un par de horas o tres a la cocina, y tener los menús semi resueltos para la siguiente semana.

De mis básicos, basiquísimos: pan, caldos, granola y de unas semanas para acá: yogures.

Se los ví a Siona en Instagram, y ya saben, de mi culoquierismo. Me salí corriendo a casa de Mamá, a rescatar su yogurtera. Creo que entró en su vida, un mes después que yo. Esa edad tiene. Cuando era chica mi madre la usaba muchísimo, y nosotros siempre tomábamos esos yogures. Luego vinieron las extraescolares, y la necesidad de mi madre de ir con el pelo para atrás en la carrera de dejar a cada uno de nosotros tres, en el lugar que nos tocaba. La yogurtera pasó a acumular polvo en uno de los estantes del sótano. De ahí la saqué yo hace un mes. Un buen fregoteo, y un buen lavado de cara y ahí está. Haciéndome yogures dos veces en semana. Nos los tomamos con fruta y con la granola, y qué maravilla. He probado a hacer yogures de otros tipos, pero en casa triunfan los naturales. Básicos, y tomando un yogur griego de base.

Con el caldo, y el libro que me compré hace unas semanas, estoy tratando de hacer ramen. Digo tratando porque estoy muy lejos de que me salga algo delicioso, creo. De momento está bueno, me reconforta y lo disfruto mucho, pero aún no se me han saltado las lagrimillas. No pierdo la esperanza, el libro es maravilloso y tengo la intención de seguir probando.

Pues fíjate todo lo que me esmeré por propiciar una semana bien alimentada, y lejos de contratiempos, pero ya ves, uno propone, y la vida dispone, mediante mercurio directo, o cualquiera sabe qué planeta dando guerra.

 

Chicken over the rice

Está siendo un mes de marzo regular. Sí, ya sé que debería darle un poco más de margen para saber, que solo han pasado unos días desde que llegó, pero qué quieres que te diga. Este 2020 venía cargado de grandes expectativas, y la cosa va tal que así: pasamos un enero infinito, que parecía que no se iba a acabar nunca; febrero fue como un tiro y pasamos la peor calima que recuerdo en toda mi historia; y viene marzo, y pasamos la primera semana, y lo único que se oye es coronavirus aquí, coronavirus allá.

Y estoy un poco harta, la verdad.

Menos mal que los días tienen ese color de quiero ser invierno, pero no me sale. Están oscuros y con algo de brisa. Si sales con una chaqueta gorda, vas a asarte en tu jugo, si no llevas abrigo, vas a resfriarte. Supongo que esto es típico de la primavera, pero así es el invierno aquí. Al menos hay algo bueno, y es el color del mar. Salgo a caminar y la playa urbana tiene un color de cuento. Es como si hubieran puesto una fotografía ahí, retocada con Lightroom.

No sé si es Saturno, Mercurio Rx o no sé qué suerte de cuadratura, pero me cae mal todo. Por momentos me caigo mal hasta yo.

Por eso he decidido ponerme a salvo. Esto es, activar el modo mejillón disimulado. Que es algo como de super pro. Es un modo mejillón al uso, o sea, aislarse del entorno, pero sin que se note. Es decir, aislarse en el tumulto. ¿Ves?, es que no sé ni explicarme ya.

De entrada estoy en casa, declinando amablemente cuanta invitación me llega. Que me llegan, no te vayas a creer, desde quedadas para un  café casual, hasta la solicitud de trabajos de juntas de vecinos que no me corresponden, porque yo estoy más acostumbrada a estos trabajos. Claro, es que es mi trabajo, y pretendo cobrar por ello, algo que así de entrada, quieren pasar por alto. Me ha recordado la situación por la que pasan ciertas personalidades y marcas en Instagram. “Mencióname que te pago con zumos”. A todo digo: no, pero ¡gracias!.

Me quedo en casa, y me pongo al día con las tareas domésticas diarias.

Normalmente, las comidas las tengo organizadas mensualmente. Cada primeros de mes, hago la lista de la compra y los menús a la inversa. Esto es mirar lo que tienes en la despensa, y el congelador, y ver qué cosas puedes cocinar con lo que tienes. Entonces solo compras lo que realmente necesitas. Así hago el menú mensual.

Una de los platos que siempre caen una o dos veces al mes, es el Chicken over the rice. La receta original la tienes aquí, que fue el sitio donde la vi la primera vez. Después yo he ido adaptándola a mis gustos y a lo que tengo en la nevera. Es un plato que me pone contenta, y que disfruto mucho.

Utilizo siempre contramuslos deshuesados, porque efectivamente son mucho más jugosos. Yo los pongo en un adobo de aceite (poco) y Ras-el-hanout. Aquí lo consigo bastante fácil en los locutorios que suelen tener cosas morunas. El que yo uso es un poco picante. Dejo el pollo toda la noche en este mejunjillo. Luego hago un arroz blanco normal, y una ensalada de lo que tenga. La ensalada siempre la aliño al menos con aceite y vinagre. Si me siento más inspirada, le hago un aliño más elaborado.

El pollo lo cocino al horno, porque el rollo de la plancha a mi no me motiva. Todo lo hago al horno. Y emplato poniendo primero el arroz, encima la ensalada y por último el pollo. Cuando está todo en su sitio, le hecho un buen chorro de salsa de yogur. La mía la hago con un yogur griego (desde que uso la yogurtera uso uno de los míos) una cucharada de mayonesa, el zumo de un limón, pimienta molida y eneldo picado. Mucho eneldo. Tanto como si no hubiera un mañana en que lo volvieras a probar. Y listo. Esta es mi versión del chicken over the rice.

Ayer, cuando me disponía a hacer la ensalada para mi chicken, abrí el aguacate, pensando que el mismo estaría como yo, cayéndole mal a todo el mundo, y ¡oh sorpresa! No recuerdo el tiempo que hacía que no encontraba un aguacate tan en su punto. Esto hizo que recuperara un poquito la esperanza en que esta energía antipática que voy sintonizando va a ir desapareciendo, y que marzo va a traer un giro de guion que me va a poner con los ojos en blanco.

Por si acaso me he preparado con sonrisa, y le doy la bienvenida al martes.

Carnaval 2020

La vida cambia en un segundo, se suele decir.. también te puede cambiar en diez años, aunque esto sea menos sorprendente, y por eso se diga menos.

De unos años para acá los carnavales han tomado cierto protagonismo en nuestras vidas. Yo nunca he sido especialmente carnavalera, esos genes se los llevaron todos LaBajista y LaPeque, esas sí que son carnavaleras. De las que se buscan un disfraz para cada noche, de las trescientas verbenas que se hacen durante los diez días que duran.

Porque aquí los Carnavales, son palabras mayores, y desde que nace la sardina, hasta que la entierran, hay diez días de música y purpurina a tope.

Tanto así, que la semana grande del Carnaval, esa en la que se incluye el martes de Carnaval, y que es festivo municipal, no hay clases. No sé a quién pertenece la decisión de los días escolares no lectivos, pero vamos, que hicieron la cuenta, y les pareció estupendísimo a todos los que decidían, concentrar los días libres en una semana y ubicarlos en las Fiestas Carnavaleras. Ni que decir, que cuando yo era chica, esto así no era. Antes era festivo el martes y ya. Ahora nace la sardina, la pasean con los arretrankos, la sacan por la bahía con los achipencos, le dan otro paseo en la cabalgata, y finalmente la entierran dando cierre a los días de fiestas, y todo esto se hace durante poco más de diez días. De las murgas ni les cuento, porque no son muy my thing.

Bueno, pues con unas fiestas tan sonadas, ser no carnavalera te relega al montón de los que se creen cool, pero que no lo son. Yo me limitaba a ver la Gala Drag, y a hacer “fos” al resto de actos. La Gala Drag sigue siendo uno de los grandes momentos de los Carnavales. Este año se ha unido a la fiesta de ver la Gala desde casa, con un gran picoteo, LaMariposita. Primero ha flipado mucho, luego ha quedado enganchada totalmente al espectáculo. Estoy segura de ha nacido una fan.

Estuve en ese club de los renegados del Carnaval, un montón de tiempo, y aquí vengo a confesar, que me sentía como guay, pero en el fondo fondo, me daba cierta envidia las risas y los bailes que se daban los que disfrutaban de las fiestas.

Desde que llegó LaMariposita, tuve la excusa perfecta para saber si las risas eran reales, o si eran algún tipo de ilusión. Desde el primer año que probamos a meternos en faena, comprobé que las risas son más mientras organizas el disfraz que en la propia salida, y que el conjunto de todos los actos con un disfraz hecho de tus manos, es más divertido que ver pasar las carrozas, mientras tu estás quieta en una acera. Si ya de paso te dejas llevar por el salseo de la verbena, pues no sé qué mas pretendes de una buena fiesta.

Este año fue el cuarto desde que me disfrazo. Los años anteriores hemos salido en grupo, y ha sido de las cosas más divertidas que hemos hecho durante el año. Esta vez, el grupo se nos desmembró, y aquí pudimos comprobar que ya ostentamos el título de Carnavaleras pro, porque aunque sin grupo, nosotras nos metimos con una buena cantidad de goma eva y la pistola de silicona, y un gran disfraz que nos hicimos.

La alegoría del Carnaval este año eran los Aztecas, a nosotras nos faltaron más plumas, pero el mercado de la pluma está por los cielos, y tampoco es cuestión de desperrarse para un rato de diversión. Así que goma eva, unas pocas plumas, tutús, purpurina, y listo. La cabalgata este año tenía un gran número de carrozas, y un montón de gente muy metida en el papel. Ahí estaban mis primos con su gran barco, muy bien ataviados como la banda de Jack Sparrow. La salida de este grupo siempre causa una gran expectación, porque son unos super-pro de esta fiesta.

Una cabalgata más que hemos disfrutado bailando el flow de la cucaracha, que hasta tuvo representación en la cabalgata; y el despacito. Y para qué te voy a engañar, algún reggetoneo más también hizo que se nos movieran los pies, porque si te metes en el rollo, te metes con todo. Y con esto, Operación Carnaval 2020 concluida con éxito.

La vida en sepia

Desde el sábado, estamos viviendo la vida en sepia.

Se había pronosticado calima, viento sureste, y lluvia. De momento solo nos ha llegado la calima, y dicen que también alguna langosta. Graciasalcielo, yo no he visto ninguna.

Tampoco me he puesto en posición de poder verlas, porque llevamos recluídas en casa desde el viernes tarde.

El sábado por la mañana amaneció normal, luego se fue cubriendo el cielo de nubes, dejando al Sol proyectarse en una imagen nada común. Pasadas dos horas, miraras donde miraras todo era naranja. No había forma de ver claramente más allá de dos calles. Dejamos de ver la mar desde los sitios habituales de donde solemos verla. Solo podías mirar, y pensar, ahí está, aunque no sea capaz de verla. Eso que le dicen fe.

Desde que ví que el cielo no era cielo, y en plena operación de limpieza de sábado, as usual, cerré puertas y ventanas. No somos asmáticas, graciasalcielo again, pero sé cómo me pongo cuando hay calima. Dolor de cabeza, nariz irritada, garganta seca… Saqué todo lo que podría entretenernos, y que venga el sábado. Y también el domingo. Y ya puestas… el lunes.

Ya el lunes no quedó otro remedio que salir. Los lunes son de lentejas, y yo no tenía ni una. De paso me acerqué a recoger una edición especial de un libro maravilloso, que ya te enseñaré, y a por las últimas láminas de goma eva para el disfraz del sábado próximo. Creo que me he asegurado un puesto en el libro de los récords, porque hice todo esto en poco más de  media hora, y cuenta que fui andando y que la librería está a casi dos kilómetros de casa. Cuando regresé, y estuve de nuevo a salvo en casa, me costaba respirar, y no era por el esfuerzo. Hay todavía un montón de tierra en el ambiente. Todo tiene una no fina, capa de polvo de color naranja, que hace que ya no sea solo la vida en sepia, es que las cosas son sepias en sí.

Con todo, te puedes imaginar que está declarada la situación de emergencia, que ayer en los municipios que había colegio, se suspendieron las clases, y que no hay ni dios por la calle.

Esta semana, nosotras estamos en la semana de vacaciones de Carnaval, porque se supone que esta sería la semana grande de estas fiestas. Los actos del sábado se cancelaron, también el carnaval de día del domingo. Y anoche me dejaron si la Gala Drag, que la pasan al viernes, al parecer.

A mí los carnavales, me empezaron a gustar de hace unos años para acá, y cuando toca ponerse a confeccionar el disfraz me pongo contenta y con cuerpo fiestero.

El viernes fue el pasacalles del cole, y MiMariposita floreció. Nos marcamos un tocado que voy a guardar por si lo puedo llevar a alguna boda, muy contentas quedamos con el resultado.

Y ahora, a seguir aprovechando el encierro para terminar el disfraz del sábado, que es la cabalgata y que por supuesto requiere de nuestra presencia bien ataviadas

 

Recalculando

Hoy tenía pensado rociar por aquí un poco de purpurina y dejarme llevar por los tambores y los pitos. El Carnaval llegó y el mal tiempo también, así que todo está como debe.

La que no está ubicada parezco ser yo.

Hace unas semanas pasó por mis narices una oferta de empleo, yo estoy en mi sabático, pero no estoy ni tonta ni ciega, y si algo parece interesante pues voy y meto la nariz.

La cosa pintaba bien, así que ahí me postulé. Fueron pasando los días, y cada vez que se me venía a la cabeza la oferta, se me dibujaba una sonrisa, luego se quedaba en una mueca congelada, porque me ponía a pensar en la logística que tendría que organizar si superaba el proceso de selección.

Lo hablé con mi heredera, y a ella pareció gustarle la idea de tener que reorganizar nuestras rutinas si la cosa prosperaba.

Pasaron los días y los plazos se agotaron. Por cuestiones varias, como que esto es chico y aquí nos conocemos todos, me entero “que no hice las cosas bien” y la información que yo pretendí hacer llegar, se perdió por los vericuetos del ciberespacio. Voy a tener que revisarme seriamente mis conexiones, porque siempre son mis recursos, CV, y mails los que se quedan en no sé qué agujero negro de la red. Y ya van tres. Voy a interpretar esto como que el Universo me está diciendo: por aquí no.

¡Oh! (suspirito)

Dice MiGurú que decía no sé qué yogui, que: una ilusión = una desilusión. Lo que pasa es que en estos momentos de la vida: ¿qué es una raya más para un tigre?.

Así que, después de recibir el mail donde escuetamente me dicen que no hago las cosas bien, aunque ellos tampoco saben qué hice mal, apagué el teléfono y me fui a caminar.

De vuelta a casa, me encontré con una flor de las orquídeas que decidió que ella no. Primero me dio mucha pena, una plantloquer/lover entenderá esta tristeza. Luego di una vuelta por las demás, todas tienen flores, incluso esa misma vara sigue teniendo otras promesas.

Me pareció una gran metáfora de lo que había pasado esta mañana. Por una que no salió, hay diez que sí. De mí depende… como canta Fredi Leis.

Salí de nuevo de casa, y me compré flores, porque yo, sigo aquí, con mi piel de trigre bien rayada, y con una palabra que me pone contenta:

Recalculando.

 

 

Corazones a tutiplén

Hoy es San Valentín. Me da igual si fue El Corte Inglés, Galerías Preciados, o cualquier otro centro comercial, el que decidió que hoy, se celebraría el día del amor. Que sí, que todos los días nos queremos, que esto es puramente comercial y bla bla bla…

Cuando yo era joven y delgada (como dice siempre MiCompadre), se decía “el día de los enamorados”, de un tiempo a esta parte se le dice el día del amor, me gusta bastante más, sinceramente.

Durante un montón de años fui una gris. Cada fiesta de estas me ponía de mal humor, y me creía mejor (hola ego) por refunfuñar y atacar toda esta “superficialidad” de las celebraciones. Cada celebración de este tipo sacaba lo peor de mí, ya no es que fuera solo gris, es que me convertía en una grinch de manual. Han tenido que pasar muchas horas de terapia, otras tantas sesiones de coaching, y sobre todo mucha comedura de tarro, para quitarme todo eso de encima.

Creo que el 14 de febrero de 2011 fue el primer paso hacia mi cambio, de dejar de ser una gris me refiero, o por lo menos el día más consciente.

Ese día fue la primera cita con MiMariposita. Fue el día en que me habían programado la ecografía de las 12 semanas. La primera vez que la vi, y la segunda vez que la escuché. En aquel momento, mientras la tocóloga hacía medidas y muchas preguntas, me enamoré. De verdad y profundamente.

Cuando salí de allí me dije que no había mejor forma que aquella de celebrar mi primer San Valentín. Me prometí también, que desde aquel día en adelante, celebraría todos los que pasara con ella.

La cosa se me ha ido un poco de las manos, porque ya no es que celebremos este día, es que celebramos cualquier mínimo acontecimiento que se nos cruce por el medio: las estaciones, las navidades, Halloween, Semana Santa, cumpleaños, logros personales… todo, en casa, lo celebramos todo. Cualquier excusa es buena para poner cosas por las paredes, disfrazarnos si la ocasión lo merita, hacer algo rico para comer, y bailar y cantar. Me ha costado un poco, pero ya tengo cristalino que lo único que me voy a llevar de aquí son estos ratos, y el mejor regalo que le puedo hacer a MiMariposita es este tiempo. Me he certificado como Professional Memory Maker, y me lo estoy tomando muy en serio.

Este año, hemos sacado papeles, y telas y hemos hecho alguna decoración. Hicimos un corazón con materiales de scrapbooking que hemos colgado en la puerta de la entrada. La personalizamos poniendo una foto nuestra, para ir subiendo el grado de pastelosidad que esta fiesta requiere.

También cosimos un tapiz para el salón. Las ocupaciones diarias no nos han permitido terminarlo apropiadamente, y para no caer en lo que hablaba el martes, no hemos metido quinta para terminarlo haciendo una chapuza. Se quedará así de momento, hasta que los astros se alineen y yo pueda sentarme tranquilamente (y con ganas) en la máquina de coser, para terminarlo.

Como te imaginas, estoy poniendo todo mi empeño en traerme a MiMariposita al lado oscuro de las manualidades, porque todo el mundo sabe que estas pasiones compartidas siempre son mejores. De momento muestra bastante interés por el scrap, algo menos por lo demás, pero no pierdo la esperanza.

¿Y qué falta en una celebración que se precie?: La comida, por supuesto.

Hace un par de años, que Repostería Encantada tuvo a bien mudarse muy cerquita de casa, sus cupcakes nos acompañan en casi todas las celebraciones. La dueña sabe de nuestra debilidad, y como nos une amistad y hobbies desde hace tiempo, me manda mensaje para avisarme de que tiene hornada lista para llevar. Para allá que salgo yo, veloz como el rayo, no me vayan a dejar sin mis red velvet.

Y la fiesta este año va a consistir en: hacer galletas, de corazón por supuesto,  con esta receta que es maravillosa que ya es un clásico en casa, y hacer sushi. Sí queridas, aquí MiMariposita salió fina (y nada boba) de paladar, y el sushi le pirra. Así que esta noche, pondremos música y nos meteremos en la cocina. Luego nos daremos unos regalitos, y daremos buena cuenta de lo que hemos cocinado.

Y tú, deberías hacer lo mismo. Este día, este momento, es solo ahora.

Quiere, y quiérete.