Ya está aquí

Llevo mas de un mes desaparecida. He estado bastante ocupada, la verdad, y también dispersa, para qué voy a decir otra cosa. Con un poquito de tiempo para pasearme por petricoreta y dejar el feed lleno de pistas, y poco más

Ha sido un mes lleno de cosas, entre ellas, que he dado otra vuelta al sol. Ya tengo un año más. 45 para ser exactos. Y ni tan mal. Creo que pese a tener un cumple íntimo y con poca presencia, ha sido uno de los más intensos. Vaya, que todo bien.

Lo celebré rascando mortero de mis baldosas hidráulicas nuevas, y limpiando gotas de pintura de la carpintería interior. La reforma ya está prácticamente terminada, a falta de dos tardes de trabajo de carpintería, y listas para empezar a montar cajas y cajas.

Y ¿te crees que eso es todo?, pues no. Me ha parecido super buen momento para ponerme a publicar un libro.

O sea que, mientras, también he aprobado la corrección completa de mi manuscrito, la maquetación, el diseño de la portada, y la edición al completo. Este sábado, amazon me mandó el mail avisándome de que ya mi manual, estaba al aire.

No puedo describir las emociones que tengo ahora mismo, porque son muchas y muy diversas.

Así que aquí está. Aquí te lo presento. Mi Manual de Adviento, y un poquito para que puedas ir haciendo boca, mientras llega.

He pasado el verano tejiendo calcetines y manoplas, haciendo pruebas de cómo quedarían y de cómo las podría combinar. Yo creo que, en este punto, si pones en mis manos, lana y agujas, salen calcetines.

Espero que con estas novedades que traigo, sepas perdonarme la ausencia.

Poco a poco voy a ir sacando la cabeza para algo más que para coger aire, y con suerte, tengo cosas que seguir enseñando por aquí. Espérame ¿sí?.

De plata y batiburrillo

¿Esto es ya la nueva normalidad? ¿O es la segunda ola? ¿O todo es igual pero distinto? ¿O.. same shit, different day?

Mira no sé. No estoy yo muy lúcida para venir aquí a esclarecer el panorama.

No tengo mucho que contar, o para ser más precisa, lo que tengo para contar me da una pereza infinita. Todo septiembre me está dando pereza.

¿A quién le echo la culpa? ¿A Mercurio?

A ver, que estoy haciendo un poquito de dramita,  yatusabesh

La realidad es que estoy en medio de tantas cosas, que estoy buscando desesperadamente el hueco por el que huir, por eso vengo aquí.

Esto siempre ha sido mi lugar de huir, o mi casa de los gritos. Me estaba acordando hoy, de que hace diez años, me la allanaron. Y encima consiguieron que me sintiera culpable de tener voz, y de querer gritar. ¡Habrase visto!

Minuto de reflexión y agradecimiento de que todo eso quedó atrás.

¿Qué de qué estoy huyendo esta vez?

De una reforma, de una mudanza, del inicio del cole, y de un síndrome de la impostora nivel experto.

Ahora mismo quisiera a ese par de gemelos ¿canadienses? Que te reforman la casa mientras tu estás cómodamente intentando seguir con tu vida. Pero ni los gemelos están por aquí, y  me temo que no tengo yo el cash suficiente como para costearlo. Con lo cual, yo elijo, yo mido, yo desmonto, y si me apuras mucho, yo terminaré alicatando la cocina.. (me encomiendo al albañil y que no me lo permita).

Las reformas me dan fatiga. Y las mudanzas no te cuento. Le decía a mi hermana pequeña hoy, que está será mi mudanza 10. Y sé que no será la última, aunque ahora eso no lo voy a pensar, porque si no, ni empiezo.

Pero bueno, ya me recompongo. Tengo mucho avanzado. He hecho un planning de cómo voy a ir llevándome las cosas, y tengo un diagrama de Gantt de cómo se irá haciendo la reforma (que se note ahí la profesión). De momento lo he ido cumpliendo, y me voy a dar una palmadita en la espalda, porque lo que he hecho, ha ido bien. Tengo ya elegido el suelo, las pinturas, y los muebles que tengo que comprar. Todo under control, parece.

Septiembre ya va listo, y hoy empieza el otoño. Los días deberían empezar a ser naranjas, y los árboles empezar a perder sus hojas. Nos conformaremos aquí, con seguir teniendo días de plata.

Echo de menos ser una Dragon Girl

 

Madre mía la luna llena. Menos mal que ha ido pasando, porque otros dos días a este nivel de intensidad y termino medicada, en serio te lo digo. Yo no sé si a ti te afecta tanto como a mi, que yo estoy descubriendo lo que hace conmigo de poco para acá. Mía ha tenido la culpa. De tanto escucharla voy llevando un registro de lunas y de mis estados de ánimo, y con esta información ya puedo hacer un informe.

La luna llena me pone intensita. Quiero hacer todo, y quiero hacerlo rápido, y además no encuentro límites a seguir añadiendo tareas a la lista.

Así que evalúa el cocktail: septiembre, luna llena, y amenaza de confinamiento constante. El resultado es como una bomba racimo. La reforma esa que tanto he hecho en mi cabeza ya tiene fecha de inicio, para lo cual hay que mover un buen montón de enseres, y que finalmente se coronará todo con la mudanza. ¿Y por qué hacerlo despacito si una puede agobiarse intentando hacerlo todo en 15 días?

¿Quién da más?

Resumen, estoy baldada de mover bolsas y muebles. Y la fiesta esta no ha hecho más que empezar. Así me tiene la luna. Y ahora que ya no hay luna llena, y la energía empieza a bajar, me encuentro metida en un fregao simpático, que ya no tiene vuelta atrás.

Tengo un amigo que siempre me decía: burro cargado, busca vereda. Y pues eso. Esta burra va a buscar el camino de seguir. De encontrar buenas pinturas, y muchas cajas, y con otra luna más y un poco de retención de esta pandemia, me veo mudada en poco más de mes y medio.

Mientras tanto, echo de menos mucho una cosa. No me di cuenta hasta ayer, que transportando un espejo me vi reflejada en él. Morena y lustrosa, pero con unos labios tremendamente pálidos. Echo de menos ser una Dragon Girl, y coger mi lápiz de Nars y ponerme mi boca bien roja antes de salir a la calle.

Ahora que no nos quitamos la mascarilla para casi nada, una no puede ponerse el rouge, si no quiere terminar luego como Lolita Pluma.

Otra cosa que no te perdono, Corona.

Hoy, que me voy a dar un descanso, he terminado de desayunar, me he lavado los dientes, y como no pienso salir de casa para nada, me he puesto bien de rojo. Me faltan muchas cosas de mi vida de antes, pero esto de mirarme y verme con mis labios bien maquillados, esto te lo voy a pelear.

Septiembre pandémico

Me encanta cuando la naturaleza me predispone a vivir lo que viene. Inauguramos hoy septiembre, y desde el fin de semana lo vengo notando.

Hasta me llovió y muestra de ello, la foto que mi hermana sacó. La foto preciosa, porque ¿cómo es de bonita esta foto?. Mi hermana hace cosas increíbles, lo mismo te saca fotos que te compone una canción.

La lluvia del fin de semana la agradecí infinito, porque terminé la semana pasada, huyendo despavorida hacia el norte, donde corriera un poco de aire y me despegara de la cara el calor más asfixiante del año.

En el norte siempre hace fresco, supongo que la orilla del mar tiene mucho que ver. Por lo menos allí, si sientes calor, tienes la orilla fresca donde refrescarte.

Pasados ya esos momentos, el termómetro ha vuelto a lo que espero de él. Unos cómodos 25º y el cielo plomizo, tipo panza de burro. Todo de lo más apropiado para este mes que estrenamos.

Para mí, como para muchos, el año tiene dos comienzos, en enero y en septiembre. Empezar septiembre es como un ensayo general de lo que vendrá. Siempre pongo grandes esperanzas en este mes, y este año aunque me esfuerzo por conservar mi ilusión, sé que tengo una sombra oscura, alargada y pegajosa, de la que me es muy difícil desprenderme. Tengo mucha angustia, generada por toda esta incertidumbre colectiva. Se me hace harto difícil dilucidar qué puede pasar o cómo vamos a salir de esta. Aunque también soy consciente de que yo solo puedo hacer una cosa, o bueno, dos: ponerme la mascarilla y mantenerme distanciada.

Septiembre empieza y debería empezar el curso escolar también. A día 1 no sabemos qué pasará. Después de seis meses no se sabe nada. Debe ser que no se ha tenido tiempo para evaluar posibles escenarios y con ello trabajar las distintas modalidades de clase. Estoy muy enfadada, ¿para qué lo voy a ocultar más?. Aquí sobra burocracia y faltan decisiones. Y me molesta infinito pensar que por culpa de estas dos cuestiones,  las personas que cobran (porque nosotros les pagamos) para ello, no actúan de manera efectiva para terminar con el papeleo y ponerse manos a la obra. Debería empezar  el curso, pero más bien parece un “sálvese quien pueda”.

MiNorte sin fiestas

Este fin de semana si todo hubiera sido como el año pasado, habríamos despedido las fiestas de la Vírgen del Buen Viaje, con pena y cansancio. Habríamos comido puchero, ido a ver cómo embarcaban la Vírgen, oído los fuegos artificiales, visto a San Martín de Porres mientras se acercaba al pueblo… oído la verbena desde casa, escuchado las amanecidas de los verbeneros…

Pero ya saben que este año, pues la cosa no es lo que era.

Este año no dimos ni un beso, tampoco vimos a la Vírgen embarcarse ni a San Martín venir. No hubo verbenas, ni amanecidas, ni parrandas ni jolgorios.

Comimos puchero dos veces, eso sí.

Este año no vimos a los habituales que vienen de turisteo a MiNorte. Había gente, alguna, nada que ver con otros años, aunque mucha más de la que me esperaba. Muy poca mascarilla pese a que fuese obligatoria.

Lo único que permaneció igual este año fue la playa, las puestas de sol, y el viento. El viento imbatible e incansable que de alguna forma me ayuda a encontrar la constante. Las caminatas por los riscos, la tertulia en la sobremesa, y los croasanes para desayunar. El té después de la playa, y los quintillos antes de la cena.

Tengo un deseo profundo e intenso por recuperar lo que fue, sin embargo, la cordura me induce a acostumbrarme a lo que es hoy.

De momento, estamos de vuelta. Instaladas y organizadas, con caras largas y pocas ganas de hacer cosas. Resignadas y envueltas en la incertidumbre de qué pasará con el curso. Todavía me niego a creer que no empiece el curso, sin embargo, la misma voz que me dice que me acostumbre a lo que es hoy nuestro día a día, me dice que vaya mirando el temario de cuarto de primaria, y que empiece a repasar lecciones.

El descanso y mi bisabuela Maximina

Tengo las muñecas a tope de power estos días, porque no he hecho más que tejer. Anoche, un un calambre como rayo sutil, me atravesó desde el codo a la muñeca y ahí me salió una red flag.

Pensé que más me valía descansar un poco porque a este paso habré acelerado mi artrosis unos cuantos años, y pensar esto amigas, hace que se me seque un poco bastante la risa.

Así las cosas, me he propuesto descansar.. (mucha suerteh).

De momento he intentado despistarme todo lo posible haciendo otras labores. He hecho tareas domésticas, he visto como mi hermana pequeña, la otra artista, ha maquillado a las tres personajillas que hablan sin parar en esta casa. Me ha dado hasta envidia y he terminado pidiéndole que me maquillara a  mí. Luego, cuando me lo he quitado para irme a la playa me dado una pena tremenda, la verdad.

Se ha quitado el viento, y los días son largos y quietos, con una brisa marina ligera que al menos impide que nos derritamos. Se está bien aquí, por momentos me olvido de todo lo que está pasando por fuera del entorno que es esta casa, pero me acuerdo rápido, porque por la calle pasa gente, y todas llevan mascarilla. La realidad aplasta como el sol de medio día. Todo es incertidumbre, y yo esto lo llevo regular. Creo que por eso he tejido tanto estos días, es la única forma que tengo de evadirme de ella.

Me han traído  el periódico donde escribo, y sigue dándome mucha vergüencita verme ahí, en la página 19. Aunque también me da mucha emoción, para qué te voy a decir otra cosa. Me pongo a pensar en esta bisabuela que no conocí, que enseñó a bailar a mi padre, y que podía pasar horas caminando sin decir una palabra, aunque fuera acompañada. No sé qué pensaría de todo lo que está pasando, de lo poco que se nos pide, y lo mucho que nos cuesta. Igual aprovechaba uno de sus silencios para hacerte entender que lo que pasa es serio, y que no deberíamos tomarlo a la ligera, como parece que hacemos por la cantidad de contagios que hay estos días.

 

 

Huevito duro

Aquí hay una niña que ha vuelto a patinar. Y una madre que va con los dientes trincados todo el camino pensando en que se rompe un brazo. Soy ceniza de naturaleza, aunque te prometo que lucho contra ello cada día.

Ella patina como el viento, yo voy moviendo mis piernitas, recuperando el movimiento, todo el que he perdido durante estos meses. Aprovecho la caminata para escuchar a Moreno, ya que mi compañera de paseo va muchos metros pro delante de mí y no me da conversación. De paso te recomiendo este disco con mucho frenesí. Estoy monotemática con la música. El verano de la pandemia tendrá la música de ChemaMoreno como banda sonora.

A la vuelta, cuando pasamos por calles en las que los patines van en la bolsa, vamos hablando de nuestras cosas, y ayer aprendí un concepto nuevo que me parece fascinante.

Estaba Emma contándome una de sus largas historias sobre un juego en la playa, y que fulanita se la quedaba, y que cuando la pillaron, pues gritó: huevito duro… y que claro, entonces había que pillar a otra.

Yo me quedé un poco en 33.. porque no entendía que tenía que ver una cosa con otra. Entonces empecé a cuestionarme, si tal vez, las reglas del pilla pilla hubieran cambiado. Le pedí a Emma que me explicara la cuestión, porque lo de “huevito duro” no terminaba de entenderlo. Y me cuenta: ser huevito duro es como tener inmunidad. Si eres huevito duro, pues no te pueden pillar, y tampoco te la puedes quedar. Ser huevito duro es un chollo.

Ella se extrañó de que yo no entendiera este concepto. Le expliqué que eso en mi infancia no existía.. Si te pillaban, te la quedabas y listo.

Después de eso, estuvimos en casa comentando el único tema que se comenta cada día en todas las casas del mundo, como es natural. Los adultos más adultos, se ensalzaron en una conversación enredada y achacosa sobre todos esos menos adultos que circulan por las calles como si vivieran en una realidad paralela en la que son inmunes. Emma, que estaba pintando y que parecía que estaba ausente de todo lo que estaba oyendo, le puso palabras: y a estos chicos ¿qué les pasa, mamá, con el coronavirus se creen que se puede ser huevito duro?.

Me pareció un razonamiento maravilloso. Se creen huevito duro.

Temo por el momento que sea un ingreso o una mala noticia, cuando se den cuenta de que en la vida, casi en nada se es huevito duro, bueno, me equivoco.. en el pilla pilla, si tus compañeros de juego te dejan.

Una casa vieja, pero mía

Estoy tratando de aislarme entre tanto brote y tanta noticia tremenda, aunque estoy fallando estrepitosamente, la verdad.

No miro las noticias, y tampoco oigo la tele o la radio, sin embargo, me entero de todo, y en serio te lo digo, interés tengo cero. Yo sigo soñando con mi parcelita vallada a prueba de noticias y disgustos. Una utopía, ya lo sé.

Ayer, cuando ya me harté de ser receptora de cuanta información me rondaba, me calcé las zapatillas y me lancé al camino. Mascarilla puesta, por supuesto.

Siempre que estoy en MiNorte, y me echo a andar, mis pies toman la dirección y me llevan por dos posibles caminos: o a la playa o a las piedras. Ayer, fue este segundo destino el seleccionado.

Me flipan las casas viejas, no sé si alguna vez lo he dicho por aquí. Seguramente que sí, que llevo rajando aquí la friolera de 16 años. Ya puedo decir que mi relación más larga ha sido, sin duda, con este blog. Lo que son las cosas. Bueno, a lo que iba, que las casas antiguas tienen un fuerte poder de atracción en mi. Me encanta verlas e imaginarme qué pudo vivirse allí. En qué tiempo se haría, cuantas alegrías o penas se vivieron entre sus paredes. Soy capaz de imaginar historias completas, con principio, desenlace y final.

Ayer, según llegaba a esta casa vieja, mi cabeza se ponía en modo invent, y yo ahí viviendo mi invención. La cuestión es que esta casa vieja, no es una casa vieja cualquiera. De ésta sí sé cuándo se construyó, y también conocí a algunas de las personas que vivieron en ella. Lo del medio, me lo voy a tener que inventar, una vez más.

En mi ensoñación, me imaginé en mis próximos años, en los que desde una casa nueva, mi escritorio tiene vistas directas a estas piedras, y que con esta vista, voy a ser capaz de hilar perfectamente historias, y con ellas compongo un libro, o dos.. o una saga completa. Que yo cuando me pongo a soñar, soy bastante pro.

Y dando vuelta sobre esas piedras, me fui viniendo cada vez más arriba. Y me di cuenta de que algunas piedras, las han movido, y que hay un camino medio hecho por mitad de mi parcela, y que hasta se me han comido los tunos. Me enfadé mucho ayer la verdad.

Me senté por un lado, y respiré hondo. Me volví a ubicar desde mi escritorio, escribiendo sin tino, y siendo bastante feliz. Vendiendo libros sin parar, imprimiendo muchas ediciones de todas mis novelas. Ganando mucho dinero, como es lógico. Con la cuenta bancaria bien repleta, me levanté y me sacudí la tierra. Me puse en marcha otra vez, y de camino a casa, empecé a llamar a alguien que me presupueste una valla, y a otro alguien que me recoloque las piedras, y ya que estamos, no sé si buscar un bardino que me guarde los tunos. Volví bastante cansada de la caminata, porque ser terratenienta es muy complicado, la verdad.

El octavo

Cuando terminó el confinamiento, mis chicas tejedoras propusieron quedar para volver a vernos, así lo conté por aquí a mitad de junio. De esa quedada, salió la propuesta de juntarnos para quedarnos una noche juntas: una fiesta de pijamas, pasados los cuarenta. OMG.

A mi me sonó de primeras como un NO muy grande, y en neón luminoso. Pero ellas saben qué fibras tocar, para que se me aflojen las limitaciones. Acabé accediendo solo por no seguir escuchándolas.

Y allí que nos fuimos, cargadas de salmorejo, buen café, y lanas, por supuesto.

Mi prima puso la casa y las camas, las demás las ganas.

No te quiero contar lo necesario que son estas escapadas con amigas. Las risas, las confidencias, y en las próximas, te aseguro que habrá gintonics y la lista de reproducción de Noches de Fantasía.

Ese mini retiro lo usé para empezar el octavo jersey del año. Sigo en modo CaitlinHunter, con la obsesión compartida con mi amiga LaBosch, de tejerlo todo. Al menos todo lo posible.

Con este patrón me he confiado. Después de tejer seis, ya me creía yo que me lo sabía todo, y leí así, por encima. El resultado es un jersey más crop que jersey. Me di cuenta de que me quedaría más bien ajustado, desde que separé las mangas, pero ¿qué crees que hice?. Seguir para adelante. Cerrando los ojos y confiando demasiado en la  magia del bloqueo. La magia se dio en asentar el tejido, lo de hacerlo crecer, es otra cosa tipo milagrito, y eso, pues no.

El resultado, aunque justo, me gusta. Y así se va a quedar. Igual esto me anima a usarlos más con vestidos y con falda, ahora que he visto que quedan bastante bien.

Estoy enamorada del colorwork, me parece una técnica divertida y amena, y el resultado es siempre espectacular.

Ahora, necesito otra fiesta de pijamas para llevar la máquina de coser, y hacerme unos cuantos vestidos, que ya el siguiente jersey lo tengo en las agujas.

 

9 años

9 años

¡Ay madre mía qué vértigo!

9 años. 3.285 días.

En serio, ni en mis mejores sueños pensé en llegar aquí, así.

Y no te voy a decir que todo esto ha sido un camino de rosas y de pajaritos, con música de peli de Disney, nada que ver. Ha sido más de llegar a curvas derrapando, y de dar volantazos a último momento. De aprender y casi profesionalizar la técnica de respirar hondo y de intentar decir con calma: no; diecinueve veces a la misma pregunta.

También ha sido de perfeccionar otra técnica, la de bajar las persianas y mandar a la cama a las 9:30 de la noche, cada día, incluso en verano, y de decir con los ojos cerrados para no estallar en grito: si no tienes sueño, lees.

Ha habido muchos: si no te quieres comer el almuerzo, me parece bien, pero es lo que te voy a ofrecer en la merienda, la cena y si me apuras y te aguanta, hasta el desayuno.

En serio, he hecho un máster en paciencia en estos nueve años, solo que no he aprobado aún, por eso me toca seguir practicando… porque ya que estamos, lo voy a contar todo: se me escapa algún grito, y algún: porque lo digo yo, y punto. Se me escapan por algunas rendijas: recoge los juguetes, y no siempre lo digo con los chakras alineados, ya tu sabes.

Pero también ha habido muchas risas, muchas conversaciones de esas que te dejan dos días pensando en dónde habrá oído según qué cosas para que tenga esas dudas sobre cualquier tema.

Me hace gracia porque aunque yo me vuelvo loca con las matemáticas, ella se vuelve loca con el arte, con el ballet, con el cine, y sobre todo con todo lo que hay detrás de la gran pantalla. Ella me cuenta que no se debe levantar una de la butaca del cine, hasta que salen los créditos, y que el croma es importantísimo en cualquier grabación. Si vemos la película en casa, tenemos que ir parándola para ver si se ve algo que revele el tipo de set donde ha sido grabada, y también hay que ver si la historia tiene guión propio o está basada en la historia de alguien o de un libro. Datos totalmente irrelevantes para mí hasta ahora, que te voy a contar.

Es fascinante verla crecer, ver que se apasiona con muchos temas, y que es tan intensa como yo cuando lo hace. Mi pequeña PAS, sí, ella también.

Vamos aprendiendo día a día, y he conseguido alejar de mí ese monstruo alargado y pegajoso que es la expectativa. Cada día lo destierro un poco más lejos.

Me concentro en hoy, en sus avances en cada cosa, en repetir hasta el aburrimiento el: lávate los dientes o recoge los zapatos. Sé que tenemos que aprender mucho, pero estoy terriblemente orgullosa de cómo hemos llegado hasta aquí. Estoy deseando seguir cómo sigue este cuento.