31 feria del libro

Voy a contarlo hoy, porque en una semana no he podido. Y no te vayas a creer que no he podido porque he estado muy ocupada (bueno, algo sí) sino porque la resaca emocional que me ha supuesto, me ha dejado las manos, secas de palabras.

El lunes pasado, en un descanso entre pliego y pliego, me monté en mi coche y dejé unos pocos manuales en las librerías de mi pueblo. En una de ellas, me dijeron: ¡oye! Que vamos a tener en la feria, a los autores firmando, ¿te quieres venir?

La primera respuesta que cruzó mi cabeza fue: ¿yo? Ni de coña.

Dos coaches y mucho trabajo interno, me hacen reconocer esa voz y el miedo, y ya le pongo atención. Pongo una manita en alto en plan: habla con mi mano. Y dejo a la voz acallada, para sacar la mía.

¡Claro! Voy encantada. Y después de eso me faltó decirlo en el BOC, porque me pasé una semana dando la lata a todo con el que me cruzaba.

El viernes por la tarde me llevé hasta la 31 feria del libro de mi pueblo. En la que de otra forma, llevaba participando un año. Es muy curioso atender a esto. Hace un año me contactaron para asesorar en la organización de la contratación para la producción y ejecución de la feria. Un año después estaba en la feria firmando. Me pareció que se cerraba el círculo, en esa ansia constante que llevo de encontrar señales y magia por todos lados.

Una vez allí, me abrumé viendo la gran mesa, mi nombre, y mis manuales.. todo bien dispuesto y colocado. Fue muy emocionante vivirlo.

Llegaron las chicas, llegaron amigas, llegó gente que no conocía.. Y firmé libros. Y gente que me contó que era la segunda vez que lo compraba. Y otras que me dijeron que lo habían regalado varias veces. Otras están tachando los días ya para empezar.

Yo debajo de la mascarilla, tenía mi labio rojo y una sonrisa que me llegaba de oreja a oreja. De vez en cuando miraba el cartelito y veía los manuales, y entonces me convencía de que todo aquello era real. Las fotos que saqué y me mandaron luego, me ayudan a recordar que sí, que todo pasó.

Tres horas mas tarde, recogí mi bolso y me llevé a MiMariposita a cenar. Hicimos recuento de vivencias, nos reimos recreando momentos, y celebramos la primera firma en una feria del libro.

Y así llevo una semana.

Me viene a la mente Ana Albiol.. y me voy a decir lo que le he escuchado a ella. ¿Suerte?.. maybe.. no lo sé de cierto. Lo que sí sé, es el track del toggl que me dice que durante abril a agosto de 2020 escribí unas tres horas diarias. Las facturas de las mentoras, las diez libretas con pruebas y mas textos, los planes de acción en otras dos libretas. Los 240 minicalcetines que tejí el año pasado, y los 180 que llevo este año. De las horas de trabajo de madrugada en expedientes como el de la feria para poder pagar todas esas facturas, también podría contarte. Pero ahora, con lo que me quedo es con la tremenda emoción de haber estado en la feria, de ver todas esas horas materializadas en un libro rojo precioso, y con todo lo que me cuentan las que lo han leído.

Dice Ana también que los sueños no se persiguen, los sueños se deciden y se cumplen. Y sí. Ana tiene razón.

 

 

En 30 días cambio de número

Dentro de un mes exacto estaré cumpliendo 46. Repito: 46. Lo voy a volver a escribir 46.

Y ¿por qué tanto rollo con un número?. Pues verás. De un tiempo a esta parte, vengo notando que pareciera que luchamos por salirnos de la edad. Quiero decir, hay como una auténtica obsesión en aparentar menos de lo que tenemos. Hay una franja de edad (para mi gusto entre los 45 y lo 65) donde las mujeres son invisibles. Llevo tiempo con ello en la cabeza. No hay muchos referentes en las que podamos mirarnos, o al menos no los había. Hasta los 45 ok. Luego es una lucha de radiofrecuencias, retoques y cremas y ropa cara para mantenerse a toda costa en ese número. Acercarte a los 50 es el acabose, porque tu persona se va diluyendo entre una nube espesa que te invisibiliza.

Y viene a refutar esto que se me pasaba por la cabeza, el gran revuelo que se formó cuando la grande JLo salió diciendo con la boca bien abierta que cumplía 50. Y todas nos volvimos locas porque ¡oh Llegar a los 50 tan bien puesta!, y con novio nuevo y todo pura felicidad. ¿qué clase de brujería es esta?

Esto no debería llamarnos la atención porque a ver, las mujeres nos solemos morir cerca de los 80 o hasta un poco más.. Pero ¿dónde están las mujeres de 50 o 60??

No sé si seré yo, pero a mí me cuesta encontrarlas. Y vengo a pensar que igual, nos estamos haciendo un flaco favor diciendo que tenemos 45 cuando ya pasamos los 48, y nos volvemos más locas aún, buscando y buscando tratamientos y pócimas que nos dejen ancladas de forma permanente a cualquier número entre los 40 y los 45.

En eso estaba yo enredada, cuando mi querida esposa me mandó este artículo. Y ahí me reafirmé en que no es algo que solo esté pensando yo. Nos dicen que aparentamos menos y nos ponemos contentísimas. Pero ¿y por qué? ¿por qué me pongo contenta en aparentar 10 años menos de los que tengo?

En mi caso, empieza a ser un problema. A ver, no me malinterpretes. Estoy cien por ciento agradecida a mi genética. Tengo 45 y aún no me tengo que tapar las canas, entre otras cosas porque aún me las puedo contar. No es mérito mío, mi abuela se murió con 90 y también a ella le podíamos contar las canas. Tuve la suerte de heredar esos genes, que nada tienen que ver con los de mis otros tres abuelos que desde los 40 tenían el pelo completamente blanco. Mira tú, las cosas de Mendell y sus guisantes. A mí me tocó este premio. Tengo suerte también, de haber crecido en una familia donde el sol ha causado graves daños, y por ello la protección solar forma parte de mi día a día como el lavarme los dientes. He tenido acceso a buena comida y frutas, y dentro de mis capacidades, me muevo a diario. Todo eso, en conjunto, supongo que hace que se me vea más joven de lo que soy. Pero como digo, nada de esto es un comportamiento consciente y deliberado. Yo no quiero aparentar menos, lo que quiero es estar sana.. Llevo con orgullo cada una de las rayas que la vida ha puesto en esta piel de tigresa que llevo, y aunque hubiera prescindido de algunas, no estuvo en mi mano decidir. Todo bien. Cargo con ellas. Y las luzco, porque sigo aquí, y ese es el verdadero triunfo.

Son mis cicatrices de crecer, de haber vivido, y de haber madurado.

Por eso hoy, a 30 días de cumplir 46, quiero dejar esto aquí para recordarme cada uno de estos años cumplidos. Para honrarlos y para seguir cuidándome para brillar, y no cuidarme para taparme o dsimularme.

 

Resumen de Agosto

Ya estamos en uno de mis momentos favoritos del año. No me aguanto las ganas de estrenar libretas y bolígrafos, de cambiar el tablón del estudio y llenarlo de fotos nuevas, intenciones, deseos… porque BREAKING NEWS: soy una intensa.

No, esto no es información nueva, lo que es nuevo es que ya no me importe que se sepa, y que además, me apetezca gritarlo. Me encantaría llevar un cartelito que diga: atención persona intensa, para que los que se decidan a acercarse, sepan lo que se van a encontrar. Que de todos modos, ya tampoco me importan las caras que ponen cuando me desato y me apasiono.

Este año, porque si septiembre me motiva, enero me pone mucho, directamente, pues eso, que cuando llegó enero, hice mis listas y mis objetivos. Uno de ellos era el coaching grupal. En marzo se dio la posibilidad de que hiciera un proceso grupal con Sol Aguirre y fue estupendo. Me abrió los ojos a cosas que no sabía bien que estaban ahí. Después de eso, volví a las sesiones individuales y me puse a trabajar con Roxana.

Desde la primera sesión pude definir lo que era mi shitzone: una burbuja de un material elástico, que me rodeaba, y que aunque me tenía protegida, de cierta manera también me tenía secuestrada. Semana a semana, hemos ido trabajando la consistencia de mi burbuja. Ha sido un proceso calmado, minucioso y muy consciente. He ido viendo tímidos resultados en este tiempo, porque el gran cambio ha llegado este Agosto.

Lo normal en este mes es que me hubiera cogido mi portátil y me hubiera ido a MiNorte. El trabajo en estos meses está siendo mucho, más de lo que pensé a principios de año. Hubiera mal trabajado durante este mes, pero a gusto de todos, menos mío. Porque ni vacaciones ni trabajo.

Así que este año, abriendo un pequeño agujerito en mi burbuja, pensé en mi. Me quedé en casa, sacrifiqué muchas cosas, pero trabajé a gusto, adelanté mucho y me despegué de “la niña buena” que siempre responde a las expectativas de las demás. Me tomé libre cada jueves para ir a tomar mojitos sin alcohol con mis tejedoras; y me quité sin casi pensarlo, unas pocas creencias limitantes sobre las relaciones y las interactuaciones.

Me tomé solo una semana de vacaciones, sin ordenador, sin teléfono profesional, y sin nada más que con la intención de dormir, leer y mucha agua salada. Y eso fue lo que hice. Creo que hacía tiempo que no dormía la noche entera sin enterarme de nada. Como en un coma profundo. Es una de las cualidades de MiNorte, el sueño es totalmente reparador.

Me sentí valiente después de dormir tanto, y me bañé por primera vez (45 años tengo, yendo  solo  a caminar) en PiedraPlaya. Dejé que MiGurú prácticamente me llevara de la mano a la orilla, y me zambullí. ¿Lo hice con miedo?: Por supuesto. ¿Repetí?: también.

Estos dos pequeños actos sin mucha trascendencia, han sido como un efecto mariposa en mi burbuja. Ese pequeño agujerito que se creó cuando decidí cambiar mi verano, ha ido creciendo, hasta el punto de que he podido sacar las manos. Una vez que las he tenido fuera, saqué la cabeza. Y para cuando ha terminado agosto, ya solo queda de mi burbuja imaginaria, lo mismos desechos que quedan cuando se explota una sopladera.

He vuelto a mandar canciones, y he recibido mensajes que dicen: vi esto y me acordé de ti. He sentido la tranquilidad de pensar que todo está bien, y también la ansiedad de que todo se puede poner peor. Entre medias, soy consciente de que solo me hace falta una dosis extra de ansiedad para rehacer mi burbuja, pero también sé que estirando mucho los brazos, puedo romperla.

Por dentro, tengo la sensación de haber sufrido una micro metamorfosis. Hay cosas que reconozco, hay otras que son totalmente nuevas. ¿Asustada?: bastante. A una freak del control como soy yo, esto no puede parecerle más que un ataque kamikaze. Pero aquí sigo, cogiéndome de la manita y diciéndome que todo está bien, porque amigas, en lo que queda de año, voy con todo.

 

 

 

No vacación

El año pasado en ésta época, estaba disfrutando de mi sabáticol, después de un montón de años de trabajo ininterrumpido. El año 2019 me di el lujo de darme un año libre. No es verdad en realidad, porque me llegó una oferta de un trabajo muy interesante, al que no pude resistirme. Eso fue la excepción durante mi año de descanso. Este año, estoy pringando como la que más. Este año, en lugar de ser un sabáticol, es un no-vacación.

Esto es ser autónoma. No me canso de decirlo, que sí, que un lunes puede que amanezca en la playa, pero hoy viernes mitad de agosto, estoy echando más horas que un reloj, delante de este ordenador. Y no es solo hoy, mitad de agosto. Tiene la misma pinta de seguir así en septiembre, y puede que en octubre. En noviembre me quiero comprometer a parar, ¿podré hacerlo? Who knows.

No me voy a quejar, no me malinterpretes, ahora mismo tengo trabajo, mucho, y es un trabajo que me gusta mucho hacer. ¿lo seguiría haciendo si tuviera el sueldo nescafé? Probablemente no, porque mi tiempo me gusta más invertirlo en la playa, pasear, leer, tejer.. o mirarme los pies, que me los encuentro bonitos. Hoy, solo vengo a poner  luz aquí. Que a veces, cuando te ven en lo que se supone que es horario laboral, ciertamente relajada, todo son dedos acusadores de «qué bien vives».. “tu que puedes”… de lo que hay detrás se habla poco.

De la cuota de la SS, cobres o no; de trabajar de noche, en agosto o en fin de semana, con una niña que viene a decirte cada cuarto de hora que tiene hambre, o que ha dibujado algo, o que se le ha acabado el rotulador rojo, o que ha venido un amigo nuevo en su isla de animal crossing; de correr detrás de algunos clientes para que hagan frente a tu factura; y muchas veces, de tener que explicar todo lo que supone hacer y firmar «un simple papel» como muchos le dicen a cualquier certificado o informe. No todo es tan bonito o tan light. Hay noches en vela, y recuentos una y otra vez de balances de facturación. Estudio de diversos escenarios posibles, unos más positivos que otros. Y de pensar como darle vueltas a todo para compensar cuando el trabajo viene escaso. Por eso ahora estoy aprovechando este pico de curro. No se sabe cómo será después. Lidiar con esta incertidumbre no es fácil. Aunque también tiene algo de chispa, saber que yo, mi ordenador y mi cabeza pueden procurarme la idea que me haga facturar después, al fin y al cabo, me da también cierta tranquilidad. Casi todo depende de mí. Y no tener que aguantar jefes, o compañeros estorbo, (que alguno he tenido) me ha llenado de paz.

Todo esto es ser jefa. Todo esto es la realidad de una madre sola autónoma. Muchas aristas de una realidad. La de ahora consiste en seguir trabajando. Keep going.

Aunque hoy voy a cambiar mi oficina de sitio, para seguir con mi «no vacación», esto también puedo hacerlo. Y me voy a MiNorte, a trabajar con ruido de niñas de fondo, con salitre en el pelo, y debajo de la buganvilla… al menos por unos días.

La crianza

Estoy estrenando una década como madre. Me cuesta pensarlo, bueno, más bien me cuesta asumirlo. De aquel bebé de dos kilos que vino deprisa, no queda casi nada.

Diez años. 120 meses. 43.800 días. ¿Y sabes qué? Me cuesta un montón recordar como era mi vida antes.

Desde que supe que estaba embarazada, se me cambió el cerebro, o lo que quiera que había ahí adentro. Y ya desde el primer mes de gestación decidí que la canción de mi monjeta era Antes, de Jorge Drexler. Porque además de ser preciosa, describe cien por cien lo que era mi realidad…

Antes que nada yo quiero aclarar

Que no es que estuviera tampoco pasándolo

Mal antes

Tampoco estaba pasándolo mal antes.

Más o menos así. Aunque si eres lector reincidente, también sabes que momentos bien oscuros, pues también los hubieron.

En estos diez años me ha dado tiempo de pensar, no mucho, criar una hija quita mucha energía. Hay que llevar un orden militar en los tiempos y en las energías, porque si no es muy fácil perderte, y cuando vienes a darte cuenta, estás en una rueda que arrastra la corriente, y que no te da tiempo ni a ver si te lo estás pasando bien o mal. Es como un revolcadura de la mar del norte.

Mi amiga Dácil, a la que le debo la mayoría de mi cordura mental, cuando Emma tenía poco más de dos meses, y ante mis quejas de “esta niña no duerme”, me dijo: tienes que acostarla antes. A las 7:00 pm, empiezas con la rutina del baño, y a las 8:00 como muy tarde, esa bebita tiene que estar en la cama. Yo creo que no le he agradecido lo suficiente ese tremendo tesoro de consejo. Desde ese momento, seguí sus indicaciones a pie juntillas. Diez años más tarde, seguimos acostándonos muy temprano, ahora a las 9:30, aunque algún día echamos una canilla al aire, y llegamos a las 11:00. Pero es algo muy muy extraordinario.

Esa rutina hizo que aquella bebé durmiera el tiempo recomendado a su edad, y yo tuviera un par de horas al día para estar en silencio mirándome los pies. Que no sabía que era tan importante, hasta que no tuve tiempo para hacerlo. Después, la niña empezó en el colegio, y las actividades, y la trabajera que es tener una vida de niña, hacía que llegara a la cama con todo el cansancio del mundo. Y así hasta hoy.

Yo cambié las horas de mirarme los pies de noche, a levantarme al alba, para mirarme las manos trabajar, o leer. También aseguro que esta rutina de mañana me ha mantenido cuerda hasta hoy.

Y así diez años. Un montón de vivencias, muchas canciones y bailes en el salón, excursiones, viajes, fiebres, caídas, dolores, bailes de fin de curso, zapatillas de ballet, “goodmorning my Little Darling”.. “¿mamá te digo algo?”… “no sabes lo que me pasó en el patio hoy”… “recoge la ropa”… “corre que llegamos tarde”.. “se acabó youtube”.. “marre mía..”.. “a la ducha”.. “hoy no me baño”..”que me quiero ir al Cotillo”.. “que hoy no vamos”… “esto es muy injusto”.. “¿compramos unas papitas?”… “me voy a ver a Roscoe”…

¿Y sabes que?.

No entiendo cómo podía vivir antes.

De tejer

Mi carpeta de Fotos del móvil o del ordenador, está llena de un montón de fotos de lanas, capturas de pantalla de jerseys, de mis manos tejiendo y de cosas que acabo de tejer.

Ayer Siona en un post de IG, se preguntaba ¿qué hacía la gente que no tejía?. Y Aroa hace unos días también preguntaba si meditábamos.

Estas dos preguntas, en mi caso, se contestan igual: tejer tejer tejer.

Yo empecé a tejer cuando las agujas rectas eran casi tan largas como lo eran mis brazos en aquel momento. Me las colocaba debajo de las axilas y mi cuerpo se quedaba compactado, mientras tejía y tejía.

Recuerdo perfectamente lo primero que me tejí. Era una especie de jersey sin mangas y con cuello barca de color azul celeste y con tres rayas blancas en la parte del cuerpo. Lo tejí de abajo arriba, y por separado. En el cuello y la sisa, tenía menguados y luego hice una auténtica obra de ingeniería para coserlo todo y que quedara “bien”. Era de un acrílico finísimo que tejí durante todo un verano.

¿Qué me llevó a aprender? Supongo que mis abuelas, que las dos tejían.

Mi madre siempre fue de ganchillo. Con las agujas, aunque sabe tejer, no se termina de entender.

Recuerdo también dos vecinas mayores, con las que pasaba alguna que otra tarde, mientras mi madre hacía recados. Ellas también tejían, y ver cómo ellas se hacían sus propios jerseys o chaquetas, a mi me parecía lo más.

De hecho, recuerdo que a ellas fueron a las primeras a las que les insistí para aprender. A día de hoy me pregunto si ellas seguirán tejiendo.

Tejer me devuelve a mi centro. Tejer me da calma y me recuerda que tengo que respirar y soltar los músculos.

A estas alturas de la vida, en las que ya soy un tigre de muchas rayas, sé que si cada día no tejo, estoy guardando malhumor para el día siguiente. Es como la garantía de que el devenir diario se me hace llevadero. También hay épocas en las que me pongo una suerte de objetivos inalcanzables que me tienen tejiendo hasta la madrugada.

Ahora en verano, es como contradictorio, porque es más agradable hacerlo en invierno, con un ovillo de alguna lana calentita. Pero nada que ver, se puede (y se debe) tejer lana en verano, y bueno, si eres un poco así, pues tejes en algodón, que hay por ahí cada ovillo de algodón que es un espectáculo.

Si me preguntas, y no voy a ser nada objetiva por todo lo que te vengo contando, creo que todo el mundo debería aprender a tejer. Así como aprendemos a cocinar o a mantener la casa limpia. Vale que luego lo delegues y termines comprándote los jerséis en zara o en sitio similar, pero aprende. Vive durante algunos días enredada en la hebra y las agujas. De verdad, es meditar. Es abstraerte de todo lo que está a tu alrededor y entras en una especie de blandura cómoda y acogedora de la que no te apetece salir.

La verdad es que ya no imagino mi vida sin tejer, o sin ovillos en cualquier armario. Esto es un daño colateral. Llega un momento, porque llega, por mucho que te controles y te reprimas, en que tienes más lana de la que puedes tejer. Eso es así. Pero no importa, la lana no caduca, y supongo que mis ganas de tejer, tampoco lo harán.

La eterna estudiante

Acabo de ver en Instagram que justamente hoy es la Luna Nueva. Mía Astral es mi total gurú sobre lunas y planetas. Si, ya, que me vas a decir que bla bla bla.. y bueno, yo solo te digo que le des un chance a esta señora, las escuches, y luego me digas.

La cosa es que esta Luna Nueva, dicen que es buena y poderosa y mogollón de cosas más, y todo está bien. Pero no es eso en lo que me he dado cuenta, justamente al escuchar a Mia. Me ha llamado la atención, que en cuanto he visto que daba una serie de información, yo me he ido a mi libretita y mi boli, y he tomado notas.

Tomar notas. ¿Cuántas libretas tendré llenas de este tipo de notas? Muchas de ellas no las he vuelto a leer. Sin embargo, es harto probable que recuerde mucha de la información que están en ellas. Porque el acto de escribirlas hace que, de alguna manera, se fije en mi cerebro. Ese vicio me quedó de estudiar.

Y ahí es donde se me ha ido toda la atención. Llevo toda mi vida estudiando.

Cuando se me acabó la formación reglada, busqué formación sobre hobbies o intereses. He hecho cursos de muchísimas cosas diferentes, tanto en vivo como on line. Hasta un curso de masas nórdicas on line hice. Que te parecerá una locura, pero no sabes lo instructivo que fue. Y casi todo el recetario que aprendí lo sigo haciendo cada día.

Después de eso, he hecho cursos de fotografía, de scrapbooking, de punto, de escritura, de dibujo.. yo que sé.

Durante el año pasado la cosa se me fue de madres. La formación online creció de manera exponencial, y yo, de vocación estudiante, se me hizo imposible resistirme.

Del año pasado me hice el #putoplan de Noe Gil, que es probablemente el p*t* mejor curso sobre “como tirar para adelante” que he hecho en mi vida; todos los de Sol Aguirre; unos pocos de Hello Creatividad; y otros tantos de domestika. Esos que te he puesto aquí, los tengo casi todos terminados. Alguno hay por ahí que me falta alguna clase. Luego llegaron los bundles, y aydiosito.

Soy como una formación-adicta. Cada vez que veo: formación online, seminario, webinario, training… whatever, siento cosquilleo en la barriga. Y tengo que hacer un gran esfuerzo para no seguir apuntándome a todo lo que se publica, porque ahora mismo, es muchísimo y para mí inviable.

De todo esto, me he puesto a pensar, que lo que hay en el fondo de tanta formación, es un síndrome de impostora como un piano. ¿Por qué quiero/necesito seguir haciendo formación?. Siempre siento que no estoy suficientemente preparada.

Hace unos días empecé a escuchar el podcast de Lady Meraki, y justamente tiene un capítulo sobre la formación y cómo se la planifica. Me pareció tener un a-ha moment. Con la iluminación del momento me vine al ordenador, y me hice un Excel de todo lo que tengo acumulado, lo hecho y lo por hacer. Ahora lo tengo todo ordenado y planificado, porque ya sabes que si no está en la agenda no existe. Y también tengo un plan de formación. Tengo claro qué formación “puedo” seguir haciendo, el resto, por muy atractiva que me parezca, lo voy a dejar correr.

A nadar

Hace ya unos cuantos años que vengo a contar por aquí más o menos lo mismo. Es inevitable repetirse después de 17 años. Porque en ese tiempo yo he cambiado bastante, y mi vida también, aunque supongo que la esencia sigue intacta.

Vivimos en una isla, y la cosa de aprender a nadar siempre ha sido importantísimo para mí. Igual tiene que ver que mi padre se haya pasado prácticamente toda su vida en la mar. Igual tiene también que ver que sobreviviera a un naufragio porque sabía nadar y porque tuvo mucha suerte. Mi padre conoce la mar. Mi madre teme la mar. Yo disfruto mucho en el agua, pero siempre donde haga pie, y donde sienta que puedo correr si me veo apurada.

El tema piscina y agua, ha venido siendo recurrente cada verano desde que me reproduje. La primera vez creo que fue esta. Lo mal que yo lo pasé en aquel cursillo de natación no puede compararse con nada de lo que haya vivido hasta ahora como madre. Tuve que hacer acopio de todo lo que había leído, escuchado, y aprendido para superar aquellos primeros 40 minutos de llanto inconsolable.

Después de ese primero cursillo, han venido otros. Tenemos la gran suerte de vivir en una isla pequeña, y que aquel monitor que tanto se preocupó por quitarle el susto en aquellos primeros días, sigue pendiente de todos los alumnos en la piscina.

Ayer, volvimos.

Nuestro cursillo anual se vio interrumpido el año pasado.. you know why. Pero este año hemos vuelto a la piscina.

Han cambiado tanto las cosas, que es posible que se me salten algunas lagrimillas (Por momentos se me hace increíble pensar que estemos llegando a la década juntas). Ahora es ella quien demanda el cursillo. Ahora es ella la que se calza, se viste y se desviste en las afueras de la piscina. Ahora es ella la que se tira al agua, aunque el tema zambullo aun no lo tiene dominado.

Me pregunto qué hubiera pasado si hubiera hecho caso a aquel miedo terrible que se me agarraba a la barriga y al impulso de protección que me decía que la sacara corriendo de aquella masa de agua que amenazaba con comérsela, la primera vez que fuimos.

Me pregunto cuántas cosas me he perdido por haberle hecho caso.

Esto de criar es bastante difícil, qué quieres que te diga. Y por días, se me hace bastante bola. No hay noche que no me vaya a la cama y me cuestione cada una de las cosas que le he dicho durante el día, o lo que quiera que haya pasado. Supongo que todas lo pasamos igual. Ya podría haber otra forma. Alguna que te fuera indicando que vas haciéndolo bien. Esto es una asignatura sin calificar todo el tiempo, y eso para mí, que soy bastante adicta al control, pues me viene regular. Yo quiero saber si voy bien, si me estoy equivocando, qué tengo que mejorar… Supongo que si me espero, voy a saberlo, solo he de aprender a lidiar con la incertidumbre, mientras tanto. Por si acaso, junto al fondo de estudios, he ido destinando una cantidad mensual a la terapia.

 

17 años de posteo intermitente

Hoy hace exactamente 17 años desde que abrí esta ventana.

Llevo 17 años escribiendo aquí de forma intermitente.

Este espacio me ha servido para desahogarme, compartirme, reflexionarme, mostrarme, quejarme, estudiarme y muchas veces descubrirme.

Mucho de lo que soy hoy, tiene que ver con que hace 17 años se me ocurriera abrir este blog.

Durante estos años he pasado de un portal a otro, he subido un montón de fotos, he cambiado varias veces la cabecera… el blog ha ido mutando, como lo he ido haciendo yo.

Por aquí hay más de 1000 posts. De cuando iba a conciertos, de cuando me enamoraba, de cuando me rompían el corazón, de cuando me encerraba, de cuando dejaba de comer, de cuando no entendía nada, de cuando creía que lo entendía todo, de cuando perdí a mis perros, de cuando me despedí de mis abuelos, de cuando me embaracé, de cuando me reproduje, de cuando descubrí qué era de verdad ser madre, de cuando publiqué un libro, de cuando enseñé lo que tejía, de cuando vendí lo que tejí…

Muchas canciones. Muchos libros, y sobre todo agua. MiNorte. La playa. La mar.

Y también piedras. Todas las que he ido apartando del camino y que me han servido para ir delimitando mis lindes.

Hoy celebro estos 17 años, con mi labio rojo y los cupcakes de Repostería Encantada. Que la conozco casi desde el mismo tiempo. Celebro con emoción contenida, con ganas de bailar. Y sobre todo de hacer fiesta.

Y por todo esto. A partir de hoy, ya, puedes hacerte con uno de los sayos.

Todos los datos los tienes en el post anterior. Hay dos de cada color. Y la venta será por orden de llegada, como la cola del médico 😉

Escríbeme un DM en Instagram, en @petricoreta y te guardo el tuyo.

Cada sayo vale 35,00€; y si estás por aquí, te lo entrego en mano, a partir del lunes. Si te lo envío tienes que añadir el gasto del correo, que serán 6,00€.

Y con esto y mi cupcake, me voy a celebrar, que además,  hoy es viernes.

 

 

Los Sayos y la Colección #3

 

Y volver… a la casa donde siempre me siento bien, y donde me encuentro en cada letra.

Hoy vengo, después de un montón de tiempo sin decir pío por aquí, (por otros lados he dicho algo más que pio y pio, si no sabes a lo que me refiero, búscame aquí y aquí). Y también hoy, vengo a decir unas pocas cosas. A mi lo de resumir se me da regular, así que voy a echarte el cuento, prepárate un té o un café.

Fue allá por enero cuando se me ocurrió la idea de hacerme un bolero. Y se me ocurrió porque ordenando toda la lana que he tejido para mí, encontré un shrug o bolero, que me hice allá por el 2009, en Semana Santa para ser exactos. Aquel era cortito y era justo para los hombros. Lo usé muchísimo, porque era tan práctico como llevar un foulard en el bolso y ponérmelo por encima si refrescaba. Luego lo dejé de usar, no me preguntes por qué, porque no lo sé. La cosa es que al verlo de nuevo, pensé que mi estilo ha cambiado un poco, y que ya pegado a los hombros no iba conmigo.

No te creas que le di muchas vueltas. Busqué ovillos aparentes al patrón que se iba fraguando en mi cabeza y tras unos breves cálculos, monté puntos.

Yo creo que todavía estaba recogiendo parte de los envoltorios de reyes cuando ya lo había terminado, y el resultado me fascinó. Entre eso, hacer un pedido, y ponerme a tejer compulsivamente, pasó exactamente lo que tardó el cartero en traerme el paquete.

Los tengo terminados desde finales de febrero, pero aquí la impostora sigue dándole para adelante a los días, y no los termino de enseñar. Y eso se acaba hoy.

Una vez que los colgué todos juntos y viendo que llegábamos a mitad de mayo, se me ocurrió que realmente esto no son ni boleros ni shrugs (fuerte palabra difícil de decir), realmente son los sayos que no tienes que quitarte hasta el 40 de mayo, y que dejamos atrás ayer.

Un buen sayo ha de tenerse siempre a mano, que aunque hoy estemos aquí transitando por una calima importante, todas sabemos que pasado mañana a las ocho de la tarde tienes que echarte algo por encima porque va a hacer fresco. Y esto es, o son. La colección #3 o los Sayos.

He tejido un total de 10, en 5 colores distintos. Todos de las mismas medidas, que se puede decir que son una talla S-M, si es que esto se puede tallar, pero vamos, que lo único que tienes que tener en cuenta para saber si son para ti, es definir qué estilo te gusta más, si justo o ancho.

Para que te sirva de referencia, yo mido 1,58. Los sayos miden, sobre los hombros, de un extremo a otro 85cm. De alto, o sea desde el cuello a la cintura, 47cm, y el ancho de la manga son 17cm.

En las fotos ves como me quedan a mí, para que te hagas una idea.

Todavía me falta pulir unos detalles, pero calculo que estarán listos para que elijas y te lleves el tuyo el día 20 de junio. Si quieres verlos mejor, puedes irte por Instagram, donde he dado bastante la tabarra con ellos. Si tienes claro que quieres uno, escríbeme por allí a partir de ese día, y te lo hago llegar. ¡Ay que nervios!

Y con esto, y el porrón de cosas que tengo que hacer, doy por inaugurada la Colección #3, y mi vuelta a casa.