El octavo

Cuando terminó el confinamiento, mis chicas tejedoras propusieron quedar para volver a vernos, así lo conté por aquí a mitad de junio. De esa quedada, salió la propuesta de juntarnos para quedarnos una noche juntas: una fiesta de pijamas, pasados los cuarenta. OMG.

A mi me sonó de primeras como un NO muy grande, y en neón luminoso. Pero ellas saben qué fibras tocar, para que se me aflojen las limitaciones. Acabé accediendo solo por no seguir escuchándolas.

Y allí que nos fuimos, cargadas de salmorejo, buen café, y lanas, por supuesto.

Mi prima puso la casa y las camas, las demás las ganas.

No te quiero contar lo necesario que son estas escapadas con amigas. Las risas, las confidencias, y en las próximas, te aseguro que habrá gintonics y la lista de reproducción de Noches de Fantasía.

Ese mini retiro lo usé para empezar el octavo jersey del año. Sigo en modo CaitlinHunter, con la obsesión compartida con mi amiga LaBosch, de tejerlo todo. Al menos todo lo posible.

Con este patrón me he confiado. Después de tejer seis, ya me creía yo que me lo sabía todo, y leí así, por encima. El resultado es un jersey más crop que jersey. Me di cuenta de que me quedaría más bien ajustado, desde que separé las mangas, pero ¿qué crees que hice?. Seguir para adelante. Cerrando los ojos y confiando demasiado en la  magia del bloqueo. La magia se dio en asentar el tejido, lo de hacerlo crecer, es otra cosa tipo milagrito, y eso, pues no.

El resultado, aunque justo, me gusta. Y así se va a quedar. Igual esto me anima a usarlos más con vestidos y con falda, ahora que he visto que quedan bastante bien.

Estoy enamorada del colorwork, me parece una técnica divertida y amena, y el resultado es siempre espectacular.

Ahora, necesito otra fiesta de pijamas para llevar la máquina de coser, y hacerme unos cuantos vestidos, que ya el siguiente jersey lo tengo en las agujas.

 

El séptimo del año

Después de perder (o ganar) un montón de horas hoy, he conseguido poner un poco de orden en mis fotos. Saco muchas fotos, y las voy pasando al ordenador así, automáticamente. Sin elegirlas, sin borrar las que no quiero, .. nada, todo para adentro, hasta que hoy el ordenador y el teléfono dijeron: INTERVENTION.

Y sin poner una palabra, me llamaron a capítulo para que pusiera un ojo aquí, e hiciera un decluttering en toda regla. MiGurú me ha diagnosticado un Diógenes tecnológico, y quien soy yo para decirle que está equivocado.

Hoy he puesto un poco de claridad aquí, entre tanto archivo, pero sé que voy a tener que dedicarle mucho más tiempo, que tengo fotos duplicadas y triplicadas desde que Emma era un gameto. Será cuestión de que lo ponga en la agenda y de que ese día estén los astros alineados para que yo mire la agenda y para que pueda dedicarle el día.

Una vez que he logrado pasar algunas de las últimas fotos que tenía en mi teléfono, me di cuenta de que no había traído por aquí el último jersey que me he hecho. Es el 7º del año.

Está hecho con una lana de calcetines de Mi Planeta de Lanas, teñida por ella misma y que me tocó en un sorteo que hizo por Instagram hace unos cuantos años. La tenía guardada a la espera del patrón adecuado, y cuando quise hacer este jersey, no tuve dudas. El resto del jersey, es Flora de Drops, ¿he dicho ya que es mi nueva lana favorita?.

Como digo este es mi 7º jersey del año, y no va a ser el último, porque todavía me quedan muchas madejas por gastar. El placer que estoy encontrando en tejer colorwork, no es ni medio normal. Diría más bien que en este punto del año, está siendo casi una adicción. Y como te estás imaginando, el 8º usa la misma técnica.

Después de haber sido valiente como para ponérmelo en plena ola de calor, he pensado que bien me merecía una merienda con té helado y un buen bizcocho de limón y almendra, que ya te he dejado por aquí, pero que la repito, porque es un acierto absoluto.

Pues así se me pasó la semana, entre el calor de un jersey y el del horno encendido, y en la calle más de 35º, pero yo soy una valiente, que rima con inconsciente, para qué nos vamos a engañar. No puedo decir a estas alturas que mi cerebelo no haya sufrido un calentón.

 

Oficialmente desconfinada

Hoy estoy oficalmente desconfinada.

El 13 de marzo fue el día 1 de todo esto surrealista que nos ha pasado. Ese viernes yo estaba tranquila y con la mente enfocada en lo que estaba viviendo y en lo que tenía que hacer. Justamente el domingo anterior, 8 de marzo, me fui de picos pardos con mis chicas tejedoras. Y aquí que me vine a contarlo.

Y hoy, 13 viernes más tarde, ya en fase 3, vengo a contarte que anoche, volví a sentarme con mis chicas tejedoras en una terraza a tomarnos un algo.

Cuando se propuso la quedada, yo muy en mi línea mejillón me dije: uy no, yo no voy.

Motivos y razones tenía unas pocas: entre ellas mi heredera. Otro día vengo a contarte lo que es la conciliación y otras cuestiones logísticas de la monoparentalidad. La cosa es que los jueves, la abuela, o sea mi madre, suele tener mucha ocupación, y es complicado contar con ella para que se entretengan mutuamente. Así que mis pocas ganas estaban avaladas por mis excusas. Hasta ayer a medio día, que la abuela dice que no tiene ocupaciones y que le apetece infinito chismorrear con la nieta. Por el medio, se me cruza una sesión de coaching, que me puso en órbita y que me relajó con un par de frases, toda mi psicosis post-coronavirus.

Que tuve que tener una sesión de estas para darme cuenta lo muchísimo que me ha afectado el confinamiento, la incertidumbre, y el maldito bicho. Pero eso, también lo contaré otro día, porque lo tengo que seguir rumiando.

La cosa es que parece que se alinearon los astros para que yo fuera ayer con mis chicas tejedoras a tomarme un algo. Y oye, qué bien.

Se me ha llenado la boca esta semana criticando, así con dedo acusador y todo, lo rápido que aquí se olvidaron de los casi tres meses que hemos pasado encerrados. Que en cuanto entramos en fase no sé cuál, y se pudo, la gente se botó a las terrazas. Y yo ahí como la policía del coronavirus o la vieja del visillo, señalando a cada uno de los consumidores de cañas de todas las terrazas que estuvieron al alcance de mi vista.

Qué bocachancla soy, pero qué bocachancla. Mira que cada día me pongo en lucha con la jueza incansable esta que tengo por dentro. Me regaño, me reprendo, y me castigo. Pero siempre se me escapa por alguna rendija. Como decían aquellos de los que no me quiero acordar… estoy trabajando en ello.

Pues bueno, a lo que voy, que yo realmente la caña en la terraza no la echaba de menos. Lo que sí echaba mucho de menos era a mis chicas tejedoras. Y de eso me di cuenta ayer cuando las tuve alrededor y las pude ver en 3D y no a través de la pequeña pantalla del teléfono.

Qué necesario es tener una red que te acoja, y que te haga reír, y que te saque los pies de las chanclas y te haga poner el culo en una silla de una terraza.

La foto es de la reunión de marzo, cuando no había que poner distancia entre nosotras y hacía un sol espléndido y un viento que nos recolocaba las ideas. Y ya desde anoche, tenemos planes para la próxima quedada con agujas y mucho café.

El quinto de la cuarentena y un camino nuevo

Todo apunta a que la próxima semana estaremos en Fase 2, o por lo menos todo de fuera de mí, estará en Fase 2. No sé si me contenta o me asusta. Como casi todo en este tiempo, estoy mitad fascinada, mitad horrorizada.

Durante este encierro he llegado a muchas conclusiones, todas intrascendentes para el resto, de vital importancia para mí. La primera es que odio las palabras: conciliar, reinvención, empoderamiento, normalidad.

Todas me dan náuseas a estas alturas, y mira que antes las usaba con mucha frecuencia porque formaban parte de mi vocabulario. Ahora son como el amor de la Jurado, se nos rompieron de tanto usarlas. Porque mira que se les ha dado uso. ¡Qué fatiga!.

Han sido como los directos de Instagram. Cada vez que entraba en la aplicación, y veía 18 directos a la vez, me daban ganas de salir corriendo. Me daba por pensar, pero tanto a la vez, todo junto. Como los cursos, webinares, reuniones… Pero qué estrés. No te voy a engañar, he visto directos, y también he hecho y comprado cursos, algunos sigo cursándolos, y de algunos estoy verdaderamente satisfecha y agradecida. Pero un poco de mesura pordios.

Yo he seguido entreteniéndome con mis agujas. Y ya esta doblado y guardado el último. El quinto de la cuarentena. El Tecumesh. Se nota muchísimo que lo hice pensando en otra cosa, porque tiene un chorro de fallos. Ahora tu dirás que no ves ninguno, pero sí, ahí están, yo los veo. Pero me dan igual. Este ha sido mi curso acelerado a “mejor hecho que perfecto”. Creo que después de este confinamiento, ha quedado cristalino que lo del colorwork a mi me mola. Es más, me mola muchísimo. El sexto, que ya no será de la cuarentena, será del año, ya está en las agujas.

Y ¿por qué estaba pensando en otra cosa mientras tejía este jersey?, pues porque durante este año sabático (aún no se ha cumplido el año, pero apenas falta un mes), yo he estado pensando, imaginando, ideando y también trabajando en otros asuntos. Desde hace tiempo vengo dándole vueltas a empezar algo. Algo que me represente, y que te represente a ti. Algo que yo haga con mis manos, y que tú lo puedas disfrutar. Y algo que sin complementarte, porque por si nadie te lo ha dicho, tu ya estás completa, te acompañe.

Mi nuevo proyecto está entre hilos, telas, letras y muchas risas, y pronto va a abrir los ojos y ver la luz. De momento, lo que tiene es cara, y nombre:

petricoreta

El cuarto de la Cuarentena y un ejercicio para el futuro

 

Una de las cosas malas del confinamiento es que los días de fiesta no se distinguen claramente. Es como si no fueran días festivos de verdad. Claro que los otros días, los laborales, tampoco son como laborales de verdad. Siento que todo es confuso y como en nebulosa. Yo tengo aquí mi libreta, con todos los días de fiesta que este año nos lleva robados.

Sin embargo, ahora que ya han anunciado la desescalada, creo que estoy sufriendo un principio de Síndrome de Estocolmo. Tengo pocas ganas de salir, y de hacer “vida normal”. Que sí, que claro que por momentos me apetece a coger aire y respirar de verdad, y de volver a patearme el pueblo. Pero enseguida me entra la neura, y pienso que aún no me ha dado tiempo a hacer todo lo que quiero hacer.

Si te digo la verdad, no sé ni cómo he hecho lo poco (o mucho) que he hecho. En este estado, tengo la sensación de que las tareas se me multiplicaron y el tiempo se me dividió. Y ahora que no tengo que salir de casa, llego tarde y mal a muchas de las cosas que tengo asignadas en el día. Y esto me ocasiona una frustración monumental.

Si tuviera que hacer un balance a día de hoy de este encierro, diría que efectivamente estar aislada es mi hábitat natural, que el silencio no es que me guste, es que lo necesito. Que tenemos una dieta férrea y estupenda, y que la disciplina diaria nos ha ayudado mucho a no sentir que nos desbordamos. Que internamente tengo el espíritu de una señora británica, que toma scones con té cada tarde o con café por las mañanas. Que tejo a una velocidad considerable. Y que tengo muy baja tolerancia a la mediocridad y a la gente gris, o a la gente sin ganas, como dice Sol. Que echo de menos muy pocas cosas, y que lo primero que voy a hacer en cuanto la cosa se normalice, es meter la cabeza en la marea. He asumido también que según voy cumpliendo años, he ido dejando atrás, la vergüenza, un poco la prudencia y casi todos los complejos. Esto es tan liberador, que me dan ganas de llorar.

Hablando de tejer, aquí te muestro el cuarto jersey que me he tejido durante el estado de alarma. Este jersey lo tejí rapidísimo, porque el patrón me flipó. El color de contraste son dos ovillos de lana para calcetines Katia Darling, y el fondo son otros dos ovillos de Drops Flora, que mi querida compañera de aventuras laneras, y de vida también, me donó. Para esto hay que rodearse de gente con ganas también.

Estoy enamorada de estos caballos, y me sueño con este jersey puesto, una falda vaquera de vuelo, y unas buenas botas. ¿que a dónde voy a ir así?, pues lo tengo clarinete: a pasearme entre mis higueras.

Otra cosa que tengo en la lista de “próximamente”, la tierra, la agricultura, una cabra y unas pocas gallinas. Y dos perros bardinos. He hecho mucho esto durante el confinamiento: dónde me quiero ver dentro de diez años, y dentro de cinco, y dentro de uno. Dentro de un mes no, porque probablemente siga aquí. He descubierto que llevo haciendo este ejercicio desde no sé cuándo. Ayer encontré una libreta del 2004 y ya tenía uno hecho. Lo curioso es que cuando lo hice estaba metida en unas angustias y malos ratos, que mas tarde descubrí que eran en conjunto, una depresión como un piano, y probablemente estos ejercicios me sacaban de la realidad de la que quería huir. El sueño que planteaba en esa libreta, en ese momento, para quince años más tarde, o sea ahora, se parece bastante a lo que estoy viviendo hoy. Esto hizo que se me quedaran los ojos como dos huevos fritos. Se me vino todo lo que he leído sobre la visualización y la atracción a la mente. Y corriendo cogí la libreta y escribí: en tres años quiero conocer a John Mayer. En cinco vivir de las rentas y viajar mucho. En diez tener una casa en medio de un montón de árboles, y pasar las tardes viendo la puesta de sol, mientras John me canta sus nuevas canciones.

Ya te contaré.

El ponchassso o Cuarentena tres


¿Qué? ¿Cómo sigues?.

Camino de la sexta semana. Todo igual. Después de toda la fiesta de la semana pasada, el fin de semana pasó tranquilo. Pizza y peli, muchas lanas y muchas letras.

Sigo haciendo potaje de lentejas los domingos por la tarde, mientras plancho la ropa de la semana. Necesito seguir haciendo estas cosas para seguir anclada. Nada de lo que venga cuando podamos salir (¿llegará ese momento?, porque cada día siento que van a pasar los meses, y que llegaremos a diciembre nuevamente y nos dirán: ha sido todo un experimento; y no sé si me horroriza o me fascina pensarlo así), va a ser como era antes, y mantener estas pequeñas rutinas domésticas, me ayuda a no terminar de perder el Norte.

¡Ay el Norte! ¡MiNorte! Anoche soñé que estaba allí, en mi playa. En la que me he rebozado, llorado, reído, y bañado, desde que me salieron los dientes. Estaba allí sola, tranquila y emocionada. Llegaba andando, y sin casi pararme me quitaba la ropa que llevaba puesta y la dejaba hecha un montoncito en la orilla y así como venía seguía andando hasta meterme en el agua. Seguí andando hasta que el agua me llegaba a la cintura, y en ese momento flexioné las rodillas y sumergí la cabeza. El agua fría. El azul del cielo. El sol traspasando el agua. Salí a la superficie, feliz y con sensación de total plenitud,  y ahí me desperté. La sensación de haber estado sumergida me duró solo unos segundos, luego me invadió una desilusión enorme.

Primero, me dio tristeza, luego me dio rabia, luego me dio desesperanza, y de ahí me fui a beber agua y a recolocarme los chakras, porque me sentía caer sin freno en el pozo de la angustia.

Me volví a dormir, pero llevo todo el día con la sensación de haber estado bañándome en MiNorte. Dice Emma que lo primero que va a hacer en cuanto podamos salir, será poner rumbo Norte. Y yo la voy a acompañar, por supuesto.

De paso, me llevo el bolsito, y nos quedamos allí todo lo que podamos. Así me estreno el ponchasso que me tejí hace unas semanas. Desde que se lo vi a LaBosch me volví loca. Claro que el suyo es un espectáculo total. Tejer con lo que tenemos en casa se está convirtiendo en una tarea de total creación y desafío. Porque se podría esperar a que se normalice todo, pero y las ansias… ¿cómo dominamos las ansias?. Porque todo el que teje o cose, sabe que cuando un patrón te pica, hay que meterle mano rápidamente, con lo que tengas a mano. Así hice este poncho, que no es un poncho al uso porque tiene mangas. Me lo tejí en apenas una semana, y lo disfruté de principio a fin. Cada día me gusta más tejer en colorwork. Todos los detalles aquí.

En serio, no veo el momento de ponerme en la orilla de la playa a última hora del día, a pasar fresco con mi poncho. De paso me saco unas fotos decentes, que esto también será algo que tenga que explorar y mejorar. Hacer buenas fotos en casa, requiere de táctica, técnica y mucho ingenio. Que de momento estoy empleando para seguir encontrando materiales tejibles.

 

 

Cuarentena -gruñona- Dos

Estamos ya en Semana Santa. Y yo que soy muy fiel a mis tradiciones, me he tomado la semana libre. Y tu dirás, libre de qué.. pues libre de mi.

Libre de planificación, organización, horarios, y agenda.

Voy a dedicarme únicamente a labores vitales para la subsistencia, a dormir, y a hacer lo que me vaya latiendo.

Quería hacerme una cura de sueño, y ya sé que eso no va a ser posible, no si antes no me pongo el uniforme de la vecina gruñona y antisocial que tiene que ir dando golpes en puertas y ventanas para que unos bajen la música, y otros dejen de pelearse.

Vivir en un edificio no es fácil. Vivir en confinamiento en un edificio es otro nivel. Así como dicen que no todos estamos preparados para vivir en aislamiento, en el campo o en según qué condiciones, hay un buen número de personas que tampoco están preparados para esta sociedad. Porque se presupone que vivir en sociedad es algo que todos sabemos, y mira, pues no.

Esto de fumar en la ventana de un patio interior, mientras los demás cogen tus humos, lo ven normal. Poner la música al volumen de una verbena un martes a media mañana, lo ven normal también. Dar portazos, arrastrar muebles, o poner la lavadora (o cualquier otro electrodoméstico) antes de las 8 o después de las 11 pues parece que también es normal. Ya no te digo nada de eso de sacar la bolsa de la basura a la puerta. Claro que si te parece bien vivir en un sótano, lo demás te parece una tontería. Sabes qué es lo bueno, que son inquilinos, y que en aproximadamente dos tres meses se dan cuenta de lo inhabitable que es vivir en un sótano, y se van. Pasan otros dos o tres meses sin inquilinos, y vuelve a empezar el ciclo. Estos están recién estrenando el sótano, en plena cuarentena, ¿cuánto tiempo les damos?

Ya no sé si es el confinamiento o que simplemente estoy gruñona hoy, pero madre mía qué hartura tengo. Ya no cuento los días para que se acabe la cuarentena, cuento los días para poder irme a nuestra nueva casa.

Lo último que hice la semana pasada, fue un super diagrama de Gantt con todo lo que tenemos que hacer para empezar a llevar nuestras cosas. En cuanto nos den vía libre, me pongo manos a la obra. Porque de esta cuarentena me han quedado claras dos cosas: mejor sin vecinos, mejor con terraza. Las dos cosas las cumplimos en nuestra nueva dirección. Y fíjate, que no sé si es el día, o que tengo activada la intuición, pero aún sin salir de esta, tengo la ligera sospecha de que no va a ser el último confinamiento que vamos a vivir.

Mientras, tengo las agujas echando fuego. El segundo de la cuarentena es el Soldotna. Hecho íntegramente con lana que tenía por casa. Me quedo corta si digo que estoy encantada con el resultado. Lo tejí en apenas una semana, y ya cuando lo tenía bloqueando, monté el siguiente. También de colourwork y también de la misma diseñadora. Un crush total con la técnica y con sus patrones.

Lo he tejido mientras veía la temporada completa de Locke & Key, que no me pudo gustar más, y que me situaron, salvando las distancias (espero), en lo que viviremos próximamente: la reforma de una casa antigua.

 

 

He dejado de contar los días

 

He dejado de contar los días. No cambia mucho la cosa, y he pensado que por primera vez voy a funcionar sin meta.

Siempre he necesitado del objetivo, contabilizado por tiempos, y creo que esto es lo que voy a sacar en claro de esta situación. A veces, los tiempos no se pueden medir, y también tendré que adaptarme a ello.

Tengo baja tolerancia a la incertidumbre, y ya que no puedo controlar nada, he pensado que este será mi curso acelerado (o no) para hacerme amiga de la incertidumbre. No sé si lo conseguiré, pero de entrada lo voy a intentar.

Estamos viviendo los días como un sábado permanente. Y dentro de esta situación totalmente anómala, hemos creado una pseudonormalidad. Por la mañana cada una atiende a sus trabajos, a medio día cocinamos, después de comer atendemos a las tareas domésticas, descansamos un rato, compartimos otro rato, ejercicio y rutina nocturna.

De lo que más me ha costado hacerle entender a Emma, es la necesidad de vestirse como si fuera a salir, peinarse, y no encender la tele desde que se levanta. Ayer me dijo: me siento en una prisión. Y se me vino un poco el alma al piso. No puedo hacer nada para que se sienta distinto, y en parte, creo que tampoco debo. Esta situación es la que es, y endulzarla y ponerla bonita, tampoco creo que sea lo más indicado. Me estoy centrando en no regodearnos en ella. Saltar a otro tema que nos atraiga y con el que podamos disfrutar algo.

Ella ha elegido pintar, lo de los huevos le gustó. Está pintando todo lo que encuentra. Yo estoy manejando mis niveles de tolerancia a las manchas, y a los desórdenes.

Al mismo tiempo, estoy revolviendo. Sigo revolviendo. Tengo demasiadas cosas. Creo que eso ya lo dije. Pero entre tanto, voy encontrando cosas a medias, que en algún momento (creo que el momento es este) hay que acabar. Entre ellas, poner orden en las fotos. Tengo un montón de fotos impresas que en su día imprimí para hacer álbumes, pero que dejé de lado porque no encontraba las ganas. Pues sigo sin encontrarlas, pero me temo que las circunstancias me van a obligar a ello, porque se me está acabando la lana. Nunca pensé que iba a decir esto. Pero estoy encontrando un stash escaso. Emma ha empezado una lista de cosas que va a hacer en cuanto podamos ir saliendo. Yo lo tengo claro: tengo que esperar a que se activen los mensajeros y haré un gran pedido de lana. Esa es mi prioridad.

Esta semana la saldo con el Vintersol acabado. Este jersey es muy curioso de hacer. Se empieza a la altura del pecho, y en un montaje provisional. De ahí se teje hacia arriba y se hace el canesú. Luego se retoma hacia abajo y se termina el cuerpo. Finalmente se hace las mangas. Ha sido muy entretenido de hacer, aunque la verdad pensar en la talla correcta me ha costado un poco. Finalmente creo que me ha quedado bien.

Voy a hacer un recopilatorio de las cosas que he ido haciendo durante esta cuarentena, igual soy capaz de aligerar mis cajones.

 

Reunión lanera, cuando era posible

 

Día 8 del confinamiento.

Todo va bien. Al menos dentro de nuestras paredes. Todavía nos queremos, no nos hemos agredido, seguimos alimentadas y ejercitadas. Nos ha dado para mantener la casa en orden, para entender la importancia de las rutinas y la disciplina. Vaya, que no ha cambiado mucho la cosa.

He aprovechado para tejer, mira que novedad. Y para poner en orden mis prioridades a la hora de empezar nuevos proyectos. Me he acordado hoy, al revolver entre mis lanas, de la última reunión lanera que disfruté.

Hace ya algunos años, que tengo aquí a mi grupo de mujeres sostenedoras. En este caso, lo que nos ha unido es la lana.

La lana une no te imaginas cuánto. Aunque entiendo que no es la lana en sí, es la necesidad de compartir con otros la pasión por algo. En este caso: tejer.

Estas tres mujeres han llegado a mi vida por motivos varios, y aunque la relación ya traspasa la lana, la excusa para vernos de manera continuada es enseñarnos lo que estamos haciendo, pedirnos consejos sobre próximas combinaciones y tomarnos un café mientras tejemos juntas.

Lolly lleva toda mi vida en mi vida, valga la redundancia. Es mi prima, y me lleva unos años, así que cuando yo llegué, ella ya estaba aquí. Nos unimos de mayores por esta obsesión que tenemos de no dejar las manos quietas. Patchwork, punto de cruz, tejido, scrap… Mi prima me pega a todo, y lo mejor es que todo le queda bien. Tiene un carácter que pretendo imitar cada día. Le da a las cosas su justa importancia, que suele ser poca a casi todo. Es constante, con afán de superación cada día, y a base de taconeos ha dejado atrás un montón de creencias autolimitantes que dice que tenía. Yo nunca se las vi.

Dácil también lleva bastante tiempo rondando mi vida. Ya sabes que esto es chico, y al final, aunque no seas de aquí, nos conocemos todos. Aquí la teoría de los seis grados de separación se cumple a la perfección. Pero a Dácil el cariño real se lo cogí cuando MiMariposita llegó. Dácil es enfermera de profesión y de pasión. Si no fuera por ella y por los grandes consejos que me dio, sobre todo los primeros días del nacimiento, esto no hubiera sido lo mismo. Con Dácil puedo tirarme horas hablando de cualquier cosa, porque su curiosidad sobre todo es infinita. Solo hay una cosa de la que no podemos hablar, la línea temporal de Outlander. Ahí no podemos entrar.

Y Bea, llegó con la maternidad. Nos reprodujimos con un año de diferencia, y ella me buscó, porque tenía un interés enorme por coger las agujas y aprender. Así que primero le di clase, y luego ya nos hicimos amigas. Bea se apunta a un bombardeo, y es un gustazo enorme verla tejer después de lo mucho que ella dudó de sí misma.

Hace dos domingos, cuando todavía estar en la calle era lo normal, nos dimos el día. Allí festejamos nuestro propio 8M. Nos sentamos en una cafetería y echamos el día entre cafés, comidas, más cafés, y hasta unos chupitos.

Solo sé que en cuanto esto acabe, en la próxima reunión que podamos hacer, el desayuno se va a juntar con el almuerzo, y es probable que con la cena.

My New Paper Dolls

La primera prenda tejida de este 2020, fue la misma que la última que monté en 2010.

En el 2010, un poquito después de saber que estaba reproduciéndome, monté rápidamente el PaperDolls en las agujas. En aquella época, yo no estaba muy consciente de nada que no fuera lo que estaba pasándole a mi cuerpo. Me encontraba tan bien, que soñaba con tener un embarazo perpetuo, o por lo menos me hubiera gustado quedarme con las sensaciones que mi cuerpo y mente experimentaban en aquellos días.

Los kilos de más que tanta falta me hacían en aquel entonces, y la sensación de una felicidad permanente, aunada a la sensación de poder con todo. Porque claro, en noviembre de aquel año, mi cuerpo llegó a su punto más bajo de peso, 39kg en 158cm.. Y en ese estado de extrema necesidad de todo, pudo concebir. Aún hoy me parece un milagro absoluto.

En esos momentos, y también ahora, me doy cuenta de que en mi 158cm y mis ahora 49kg de peso, soy capaz de casi todo, porque si en aquel momento pude llevar casi a término (LaMariposita tenía prisa por venir, no fuera a perderse la fiesta de MiNorte) un embarazo, ¿con qué no podré ahora?. Ese fue el momento justo en que todas mis piezas se encajaron, y no es que me sienta invencible, nada que ver, lo que siento que es voy a ser capaz de bregar con lo que la marea me traiga.

Bueno, la cosa es que en aquellos días me sentía tan bien, que soñaba con quedarme así. Tanto fue, que me tejí el jersey para ese justo momento y los meses que vendrían después, y en los que mi cuerpo fue llegando a sumar kilos por semanas.

Obviamente, pasado el embarazo, no me he vuelto a poner el jersey, porque digamos que ahora mismo, me queda como un saco.

Y ese jersey es tan bonito, que tenía la espinita de volver a tejérmelo desde que lo dejé de usar, prácticamente.

Empecé enero con nada en las agujas, y este patrón fue el primero que monté. Tejí mientras LaMariposita patinaba. Tejí en casa. Tejí con mis chicas tejedoras. Tejí en automático. Hasta que llegué a las muñecas. Ahí activé el modo concentración y en poco más de una semana las muñecas estaban listas. Para ese momento me tocaba enfrentarme a las vueltas cortas, que por cierto, las de este patrón están explicadas regular. Lo subsané cogiendo las del Stasis, que tiene similitud de puntos, y que ya tengo controladas.

Esta segunda versión quedó bastante mejor que la primera, por varios motivos, como que tengo mejor trabajado el colorwork, porque la lana es más apta para este trabajo, y porque se notan todos los puntos que he tejido durante estos diez años que han pasado.

Total que antes de que terminara enero tenía mi jersey terminado. A día de hoy, tengo que decir que me lo he puesto más de lo necesario. Ni siquiera lo bloqueé. Ya sé que me tengo ganado estar fuera de la lista de las tejedoras pro, pero es que al mismo tiempo pretendo seguir ostentando el puesto a la más ansias de la blogosfera.