El octavo

Cuando terminó el confinamiento, mis chicas tejedoras propusieron quedar para volver a vernos, así lo conté por aquí a mitad de junio. De esa quedada, salió la propuesta de juntarnos para quedarnos una noche juntas: una fiesta de pijamas, pasados los cuarenta. OMG.

A mi me sonó de primeras como un NO muy grande, y en neón luminoso. Pero ellas saben qué fibras tocar, para que se me aflojen las limitaciones. Acabé accediendo solo por no seguir escuchándolas.

Y allí que nos fuimos, cargadas de salmorejo, buen café, y lanas, por supuesto.

Mi prima puso la casa y las camas, las demás las ganas.

No te quiero contar lo necesario que son estas escapadas con amigas. Las risas, las confidencias, y en las próximas, te aseguro que habrá gintonics y la lista de reproducción de Noches de Fantasía.

Ese mini retiro lo usé para empezar el octavo jersey del año. Sigo en modo CaitlinHunter, con la obsesión compartida con mi amiga LaBosch, de tejerlo todo. Al menos todo lo posible.

Con este patrón me he confiado. Después de tejer seis, ya me creía yo que me lo sabía todo, y leí así, por encima. El resultado es un jersey más crop que jersey. Me di cuenta de que me quedaría más bien ajustado, desde que separé las mangas, pero ¿qué crees que hice?. Seguir para adelante. Cerrando los ojos y confiando demasiado en la  magia del bloqueo. La magia se dio en asentar el tejido, lo de hacerlo crecer, es otra cosa tipo milagrito, y eso, pues no.

El resultado, aunque justo, me gusta. Y así se va a quedar. Igual esto me anima a usarlos más con vestidos y con falda, ahora que he visto que quedan bastante bien.

Estoy enamorada del colorwork, me parece una técnica divertida y amena, y el resultado es siempre espectacular.

Ahora, necesito otra fiesta de pijamas para llevar la máquina de coser, y hacerme unos cuantos vestidos, que ya el siguiente jersey lo tengo en las agujas.

 

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