Adiós curso escolar

Y en un soplido pasó el curso.

Este año tenía especial necesidad de que llegara este día. Primero porque el agotamiento de los madrugones, las extraescolares, preparar desayunos para el cole, la plancha de los domingos, a esta altura del año es ya importante.

El curso se puede resumir en unas cuantas frases: ¿leiste hoy?, ¿tienes deberes?. Mañana hay que llevar pantalón largo. ¿Sabes qué pasó hoy?. Fulanita no vino ayer. Hoy ha sido un día terrible. Tengo que buscar información sobre… Mañana tengo que exponer. Toma este papel, que mañana lo tengo que llevar firmado. Se me perdió el tupper, ¡ah! No lo tengo aquí.

Ha terminado el curso dando de baja un pantalón y los zapatos. Me encanta ver los zapatos destrozados. Son zapatos vividos, y disfrutados. Saltos, carreras, pasos, a lo largo de estos nueve meses por todas las instalaciones del colegio, por excursiones, por casa. Me gusta sacarle el jugo a las cosas, y ahora al decirles adiós, poder recordar tantas vivencias. Tengo un TOC muy MarieKondo con esto de despedirme de las cosas.

Ha sido un curso complejo, por las materias a las que empieza a enfrentarse, y por las habilidades sociales que ha tenido que ir desarrollando. Habilidades que yo no tengo, y en las que no le puedo ayudar. Yo en cambio, he tenido que hacer lo mío. Desarrollar la paciencia sobre todo, y los me dan igual.

Me da igual no tener el control absoluto de lo que oye, lo que escucha, lo que le enseñan, como se lo enseñan, como lidia con lo que no le gusta y como resuelve el día día.

Me da igual no controlar nada de eso. He asumido que tengo el poder de acompañar, exclusivamente. De confiar en ella y en su proceso, y de intervenir solo en casos excepcionales. Tengo la posibilidad de trabajar con ella a diario, de no perderme ninguno de sus días, pero también he aprendido a apartarme a un lado y que sea ella la que lidere su camino. No es fácil, pero pongo mi empeño.

Se nos ponen por delante casi tres meses de descanso, lecturas, helados y mucha playa. Algún viaje, y algún merecido homenaje, por lo bien que lo hemos hecho. Y vamos a empezar esta misma noche, celebrando el solsticio de verano.

#madrepantoja soplando letras

El pasado domingo activé el modo #madrepantoja desde bien temprano.

Ese día iba a tener lugar la actuación de ballet de MiMariposita. La escuela de ballet organiza un solo espectáculo al final del curso, en el que participa todo el alumnado.

Este año interpretaron El Cascanueces.

Yo estuve en modo #madrepantoja desde bien temprano, como digo. Porque este año, MiMariposita tenía que salir a actuar tres veces. Cada una de ellas con un vestuario diferente. Yo estaba como gallina sin pollo pensando en cómo iba a meter ella a camino tanto tutú, y tanto perifollo. Ella muy tranquila me dijo, “solo me tengo que poner y quitar ropa, mamá; eso lo sé hacer”.

Ahí fue el momento en que tuve que meter, así para adentro, todo mi nerviosismo y ansiedad y acomodarme inquietamente en el patio de butacas.

La obra fue un gran espectáculo, y en el fondo, la disfruté bastante.

Ella, salió en cada uno de sus bailes perfectamente equipada y totalmente concentrada.

Yo, en mi papel de #madrepantoja, eché mis lagrimitas cada una de las veces que la vi bailar. Y me las enjugué con toda la elegancia que pude, cada vez que la vi salir del escenario.

Es en estos momentos cuando me entra la conciencia, y me doy cuenta de que ya no tengo una niña pequeña. Ya hace y deshace muy bien, sin ninguna necesidad de mi intervención. Tengo que aprender a relajarme y a apartarme un poco. Me resulta muy fácil decirlo y pensarlo, y muy complicado en la práctica. Tendré que poner lo mejor de mí para llevarlo a cabo.

Y ahora que venía aquí a contar esto, que no quiero que se me olvide, me doy cuenta de que hoy justamente, puede que incluso a esta misma hora, hace 15 años (madredelamorhermoso) escribí aquí por primera vez.

¿Cuánto he cambiado desde entonces?. ¿Cuántas cosas he venido aquí a contarte?.

Ya soy una señora de cuatro décadas.

Llevo el labio rojo, y las uñas también, la mayor parte del tiempo. Me gusta mi piel glow, y yo no me peleo con mi cuerpo. Y sobre todo, ya no sufro por amor, porque ahora me quiero bastante.

Pese a todo, hay algo que se sigue intacto. Y es la necesidad de venir aquí, y vomitar las letras que se me siguen atorando por dentro. Supongo que esto va a seguir igual, al menos durante algún tiempo más.

Empieza mi sabáticol

Hoy ha sido oficialmente, mi último día de trabajo remunerado por cuenta ajena.

Empezó este ciclo hace poco más de un año, y con fecha fijada de finalización. Así que ni sorpresa, ni imprevistos.

Ha sido un año emocionante, no puedo decir otra cosa. Durante mi vida profesional he huido de la Administración Pública. Tenía un gran puñado de creencias limitantes que hacía que no viera con claridad lo que suponía la Administración.

Durante este tiempo atrás, han sido muchas las veces que amigas, conocidas, y colegas de profesión, me han llamado para que estudiara para tal o cual plaza. Siempre me negué.

Solo una vez me puse en serio a estudiar. Estuve meses compaginando el temario (que en aquel momento me pareció tedioso y cero interesante) con el trabajo de “ejerciente libre” – o sea, autónoma –  que venía desarrollando desde el 2010. Estudié, me empapé varias leyes, más de las que creí que podría, y cuando llegó el día me rajé.

Me quedé paralizada en el aparcamiento, dentro del coche, viendo a los que compondrían el tribunal del examen, entrar.

Esa fue la primera y última vez que estudié. Unas semanas más tarde llamé a la que se ha convertido en guía y ayuda en lo que vino después. Mi coach me puso en órbita.

Después de eso, pagué el derecho de otro examen, y fui. Y comprobé que no era nada tan grave, y que aunque tendría que estudiar mucho para sacar una plaza, tampoco era un rito de iniciación que acabara en muerte.

Ese ha sido hasta ahora todo mi contacto con la Administración y la posibilidad de trabajar asalariada por ella.

Hasta el año pasado, que por carambolas del destino, ahí fui a parar.

Durante este año he tenido que estudiar leyes, y no me han parecido tediosas ni aburridas. Es más, y esto dice mucho de mi carácter, me las he leído con ánimo e interés. Porque leer por interés me motiva, leer o estudiar para tener que rendir en un examen, no.

La Ley de Contratos del Sector Público, se ha convertido en mi nueva mejor amiga. He aprendido muchísimo, de la gestión, de los procedimientos, y de las personas; y me ha encantado. He descubierto que la gestión pública me apasiona, y a estas alturas de mi vida, creo haber descubierto mi verdadera vocación profesional. Y a riesgo de sonar pedante, he aprendido muchísimo de mí. Y estoy convencida que es el valor principal que me llevo de este año.

Sigo reafirmándome en mi poco gusto por la socialización, aunque ya no me incomoda que piensen que soy la paria de cualquier sitio laboral. Me importa más estar a bien conmigo que con el resto, la verdad.

He conocido grandes personas, trabajadoras y con criterio, que además van a lo suyo, sin cuestionar a otros profesionales o compañeros. También he podido ver por mí misma cómo se escurren las personas culebras, y lo bien que se mueven en las cloacas de la Administración, que también la hay.

Ahora mismo, y aprovechando la situación que vivo, me voy a tomar unas vacaciones profesionales. Que no he cogido vacaciones para hacer nada, prácticamente desde que me di de alta como autónoma, y ya me va tocando.

Tengo una lista de libros que crece cada día; un montón de proyectos para tejer; mucha playa que caminar, y algún que otro viaje nos vamos a dar también.

Igual este espacio se va a ver muy afectado de mi sabáticol.