Dar gracias

Desde hace casi una década, todo el mes de noviembre nos dedicamos en esta casa, a dar gracias.

Siempre estoy dando gracias, pero este mes las doy acompañada y con mayor consciencia.

Hubo una época en mi vida, en que todo me pesaba. Vivía en la mazmorra y no era plenamente consciente de cuánto tenía para agradecer. Podría venir aquí y tirarme el rollo de que un día me pasó X y mi cerebro hizo click. Podría. Pero no sería cierto.

Lo de agradecer lo aprendí en los libros, como casi todo. Estaba perdida y al oscuro, y encontré luz en la lectura. De lo primero que integré, de todo lo que leí en esa época, fue lo de agradecer. Lo he dicho hasta la saciedad, y no me voy a cansar de repetirlo. Dar gracias y estar triste, es incompatible.

Y espérame un momento aquí. No se trata de dar gracias a lo pendejo. Me refiero a dar gracias por una enfermedad, por tropezarte con un capullo que te arruina la existencia, o por tener que lidiar con un compañero de trabajo que es un miserable. No entiendo qué cabeza que funciona con cierta normalidad puede dar gracias por esto. Yo me refiero a dar gracias por cuestiones que sí son de agradecer, aunque de tan habituales, parece que tengan menos valor. El techo, la nevera, la salud. No le quites valor a nada de esto, porque nada, está garantizado en esta vida.

Yo hoy quiero darle gracias a la Violeta de hace unos años, cuando se le cruzó por la cabeza la idea de escribir, y de proyectarse, y de visualizarse soñando muy fuerte.

La misma que barrió de un plumazo la vergüenza y se decidió a escribirle a Erika, y a contarle la propuesta que traía. Lo mejor de todo, es que Érika dijo sí, y nuestra relación traspasó la transacción empresarial.

Cuando estaba en la Universidad y leía con devoción, leí Los Designios Torcidos. Escrito por Domingo Fuentes, y que hizo prender la chispa de la escritura de forma realista. También estaba por aquella época en mi pensamiento Marcos Hormiga. También escritor majorero al que me daba mucha vergüenza encontrarme por las calles de Gran Canaria, porque era como ver a alguien a quien admiras. Se te junta la vergüenza con el ser fan, y se me activaba el poder de la invisibilidad. Y me convertía en la mosca, como Lola Flores. He seguido sus trayectorias. Leído sus textos. Y cultivando esta admiración en secreto.

Hoy casi 25 años después. He compartido con ellos una Feria del Libro. No tienen idea de lo que ha sido poder darme este regalo de vivirlo. Y no solo para mi, sino para la jovencita que fui, y que tan hostil le parecía el mundo. Este regalo es principalmente para ella.

No puedo sino agradecer a la vida haber podido experimentar estas dos vivencias. Compartir con Érika proyecto, y ratos con estos escritores majoreros que despiertan siempre tanta admiración en mí.

La reunión de Adviento

El año pasado, en un momento de descompensación de alguna de las cuestiones que me mantienen cuerda y a salvo, y que fabrica mi propio cuerpo; me vine arriba, y a finales de mes un grupo apañadísimo de mujeres me siguieron la corriente en esta locura transitoria que me dio, y nos celebramos en una merienda de Adviento.

Este año, que parece que la química de mi cerebro está más equilibrada, no contemplé en mi planificación organizar nada similar. Y entonces llegó octubre, y cumplí años, y presenté el Manual de Verano, y volví a reunirme con gente, y a romper otro puñadito de creencias que me quedaba por aquí.

Desde que se acabó toda la trabajera del Manual de Verano, y me senté a descansar, la química, otra vez volvió a hacer de las suyas. Igual no es la química y es la termodinámica. El caso es que me puse entrópica total y tendente al caos.

Me desequilibré, y en un par de horas, la idea de repetir la merienda se hizo una llamada poderosa en mi cabeza.

Quise despistarme, y quitarme la idea de donde quiera que hubiera surgido, pero… cuando una llama se me prende por dentro y empieza a calentarme, yo misma sé que no hay caso lucharla.

Unos días más tarde y unos pocos cafés también, todo estaba listo.

Habrá reunión de Adviento este año.

Las novedades son unas poquitas, no será merienda, será Brunch. Y vamos a mover las manos.

Ya saben que yo tengo una misión con esto de que nos convirtamos en señoras que mueven las manos. El año pasado las señoras que asistieron se fueron con las ganas de haber sacado las tijeras y la barra de pegamento y haber hecho su propio calendario allí mismo. Este año voy a dar respuesta a esas ganas, porque como dispondremos de más tiempo, podremos meternos en harina, como se suele decir.

No haremos un calendario, haremos otra cosita que de momento voy a dejar en suspense, para crear el hype, ya tu sabes.

Apúntate la fecha: 26 de noviembre, en Fuerteventura. Cerquita de muchos sitios, y en un lugar que inspira muchísimo.

¿Quieres más detalles?… está todo explicadito aquí.

Prepárate para el Adviento

Si te digo la verdad, yo no sé cómo hemos llegado aquí.

Mira que tengo un expertise en estar presente, en disfrutar cada minuto, y en concentrarme en el aquí y ahora. Y se supone que lo llevo a la práctica, y entonces debería ser consciente de cómo han pasado estos 10 meses.

Pero no, se me escapa. Es como si todo este tiempo me hubiera volado por encima. Como una ola que te revuelca y te bota en la arena. Tengo la misma sensación. Esa que no me termina de gustar, y que me lleva a pensar que se me está escapando la vida por todas las costuras.

Cada vez que me asaltan estos pensamientos, voy a la galería de fotos, y trato de hacer recuento, y convencerme de que realmente estos meses los he vivido de verdad, no solo me han pasado por encima.

Cuando veo las fotos, y luego miro el calendario, la sensación es agridulce. No sé todavía como compensar esto.

De momento, sigo pendiente del tiempo que falta para terminar el año, y buscando las formas de hacer que se me quede la sensación de vivencia, no solo de atropello de días.

Pensando así, y aprovechando lo que viene, me ha dado por pensar que lo mejor es ir arranchando el barco.

No sé si todo el mundo conoce esta expresión. En mi casa es muy común.

Supongo que sabes que vengo de familia marinera, y tengo integrado en el ADN la responsabilidad de estar siempre arranchando el barco, que no es otra cosa que hacer el mantenimiento y preparación para la travesía. El trabajo en un barco es inacabable. Siempre hay cosas que hacer.

En nada estaremos celebrando la Navidad, el Final de año, y los Reyes. Ya sabes que yo celebro también el Adviento. Y que me ayuda de alguna manera a que todo esto de las fiestas y los días, no se me pasen tan deprisa, y que me deje la sensación de que les he sacado el jugo; y que los días, los he vivido con intención e intensidad.

Fíjate cómo de obsesionada estaré con estas cosas, que escribí el Manual de Adviento, pensando mucho en ello. Y ahora ha llegado el momento de sacarlo de la estantería y darle una leída. Organizarte, planificarte y prepararte para vivir un Adviento del que te vayas a acordar siempre, y que te deje sensaciones de vivido, no de pasado por encima.

Spooky Season

Me encanta octubre. Por un montón de motivos, como son los cumples de personas importantes en mi vida (incluida yo), Halloween, y que todo sea naranja.

Aquí no vivo un otoño de película, y como uno de mis mantras de vida es el Fake it till you make it, mientras no esté en París, o en Maine, con todos los árboles naranjas, un pumpkin space latte en la mano, John de fondo, libros y punto cerca, y unos buenos brazos que me hagan de cobija humana… me lo monto yo.

De momento decoro la casa con la corona de la puerta otoñal, añado caminos de mesas, salvamanteles, y tapices en casa tengan como temática el otoño. Y lo lleno de calabazas. De las de verdad y de las de mentira. Este año tejí algunas y las esparcí por la casa. Me ha gustado hacerlo, y creo que es un patrón al que volveré cada año para ir aumentando la colección.

Con el fin de octubre y toda esta decoración esparcida por la casa, tengo mis dones brujeriles a tope de power, y aunque no tengo escoba sí que tengo otros utensilios de bruja a los que saco brillo estos días. Leo conjuros y predicciones, y me dispongo a sacar el caldero para cocinar una pócima protectora que nos mantenga a salvo, todo lo que sea posible.

A lo mejor te parece que todo esto es un recurso literario para dejar un post bonito. Las que me conocen saben la verdad. Se me ha dado bastante bien disimular mi verdadera naturaleza, y aunque no soy muggle, me manejo con total discreción entre ellos. Es la única semana del año, donde en lugar de ponérmelo, el disfraz me lo quito.

Mañana veremos Coco y HocusPocus, 1 y 2, y hornearé un pan de muerto para el día 1, y rendiremos culto a los que ya no están.

Mi último día con 47

Hoy es mi último día con 47 años.

Todavía recuerdo aquellos años en que, llegada esta fecha, activaba el modo mejillón máxima seguridad. Me aislaba y me encerraba en una concha impenetrable.

Afortunadamente, la vida es otra ahora, y aunque sigo siendo una persona a la que no le encantan las aglomeraciones de gente y la algarabía, ahora sí que disfruto de la celebración.

Me acerco rápidamente a la mitad de siglo. Madre mía, da igual todo, ya soy una Señora. No tengo canas, pero calzo 25 años en cada pie, y poca broma con eso amigas.

Desde hace unos cuantos años, los días antes de mi cumple, hago una lista de tantos deseos como años cumplo. He decidido que esa lista va a parar en los 50. Va a parar de crecer en deseos, no es que vaya a dejar de hacerla. Nada que ver.

Me encanta hacer listas, nada nuevo para los que llevan tiempo por aquí. Es más, en este blog, durante algunos años, esa lista fue pública y cada vez que tachaba alguno de los deseos, venía a contarlo por aquí.

Se me ocurre, que en algún momento, voy a venir por aquí con mucho tiempo y ganas, y voy a sacar algunos de los posts que he hecho durante estos 19 años, y los voy a juntar todos, con notas.

Mira, este va a ser el deseo 18 de este año. Sería una buena forma de celebrar los 20 años del blog.

En mi lista hay cosas muy variadas. Desde hace unos cuantos años, la lista la encabeza la salud. Como no podía ser de otra manera. Y luego hay desde hábitos que quiero mantener (yoga, meditar, entrenar…) a cosas que quiero vivir (cafés con conversaciones nutritivas, amaneceres, atardeceres, el baño del verano…) Y por supuesto, algunas cosas que me quiero agenciar, como unas nuevas birkens, una kitchen aid… Y otros super ambiciosos porque involucran a otros (ver a John con mi eterno-novio americano, o comer riquísimo mientras charlamos sin parar, con mi esposa)

La lista me sirve para enfocarme en lo que quiero vivir, para agradecer lo que voy viviendo, y para poner un poco de orden cuando me pongo entrópica entre proyectos, ideas y objetivos.

De momento, pretendo vivir… cosa que para la Violeta que lleva por aquí casi 20 años, es ya un gran logro.

Presentación del Manual de Verano

El próximo sábado, después de desayunar y de pasar la media mañana con calma, será un buen momento para que te alistes, y te dirijas a la Feria del Libro.

Sobre las 11:30, allí estaré yo, acompañada de mi amiga Maru. Con unos pocos de nervios, y la ilusión desmedida.

Durante media hora charlaremos sobre este nuevo Manual, del que como podrás intuir voy a hablar bastante de aquí a final de año.

Va a ser un buen momento para que nos veamos las caras, nos saludemos, y si quieres te puedes llevar los libros firmados. No me quiero poner en plan pedigüeña, pero a ver, que me lo he hecho yo solita, el libro digo, y tengo que venderlos todos, que ocupan un buen espacio en mi casa.

La feria de este año, que empieza el 18, tiene un programa sin desperdicio. También te convoco a venir a la mesa redonda que tendrá lugar el viernes 20 a las 18:00. En la que estaré moderando una charla entre cuatro escritores que usan Fuerteventura como inspiración para sus obras.

Que trabajas, estás ocupada, o tienes otras citas (que no sé qué puede ser de más interés que esto, ya tu me dirás), tienes una última oportunidad. El domingo por la mañana estaré en el stand de la librería Tagoror, firmando lo que me lleves. Cheques, contratos o escrituras no firmo, ya te lo digo. De resto, lo que quieras.

Así que allí te espero, en cualquiera de estos momentos del fin de semana.

Venirse venirse.

Manual de Verano

El 9 de enero de este año, intentando parecerme a Isabel Allende, me senté delante del ordenador, a reconectar con Sonia, Pedro y Tía Enriqueta.

Desde noviembre del año anterior, fui acumulando notas y datos, que creí importantes para continuar.

Así que cuando me senté, tenía algunas palabras sueltas, y algunas ideas. No era la hoja totalmente en blanco.

Durante un montón de mañanas, acompañadas por Raúl Ornelas y su Manual de lo Prohibido, me senté delante del ordenador. Unos días me salían 1500 palabras, otros, no llegaba ni a 400… Algunos días dejaba la mesa con tal motivación que sentía que iba levitando por el día… Otros, sentía un peso terrible en las espaldas, que casi no me dejaba avanzar.

Y así me puse en el final de mayo. Yo tenía una planificación perfectamente organizada, y empecé a ver que los días se me iban acercando, y yo no había llegado ni a la mitad de mi objetivo de palabras.

En ese momento, me dispuse a derribar una terrible creencia que tenía incrustada en mi cabeza. Hasta ahora, escribía 1500 palabras, aprox. Porque era lo que me salía en la hora que tenía para escribir. Así lo hice para el Manual de Adviento y el Manual de Primavera. Durante la escritura de estos dos libros, yo tenía un chorro de cosas más a las que prestar atención. Este año, por circunstancias varias, no tenía tantas cosas a las que atender, sin embargo, yo seguía escribiendo solo una hora al día. Mira tu si es limitación.

Cuando me di cuenta de esto, me senté delante del ordenador, sin reloj y sin objetivos palabriles. Y se hizo la magia. Unos días 3000 palabras, otros hasta casi el doble.

Fulminé la creencia y me descubrí frente a otras muchas posibilidades de desarrollar la misión que me había puesto por delante.

A finales de junio, pude decirme aquello de misión cumplida. Punto y final al manuscrito, tal y como había previsto en mi planificación.

De ahí corrección, ilustración, revisión, maquetación, revisión y finalmente impresión.

Y aquí está. El manual de verano es ya un libro físico o digital. Para gozo mío y disfrute de ustedes.

Todo lo que no se ve

Hace unos días vi un reel en Instagram, de Almudena Grandes, donde decía que la escritura a ella le ha dado oficio y disciplina. Empezó a escribir para otros, y eso hizo que se tomara en serio lo de venir a la mesa y sentarse cada día, un buen puñado de horas, como si fuera un trabajo de oficina.

Adquirió esa disciplina porque tenía que entregar aquello que escribía y que le habían encargado.

Lo mismo le oí decir a Isabel Allende. Cada día escribes, y durante un montón de días vas a tener un buen puñado de páginas, que probablemente no sirvan para mucho. Pero de pronto, el día 101 la página que has escrito, te parece que está bien, que tiene eso que buscas cuando escribes. Caes en la cuenta de que han tenido que pasar más de 100 días haciendo lo mismo, para llegar a algo que te guste.

Tengo claro que en esto de escribir, hay una historia romantizando el acto, pero que poco tiene que ver con la realidad de los que escribimos.

Todo lo que no se ve, es lo que está por allá del risco, que aunque no se vea, está.

Detrás del risco, hay muchas madrugadas de lectura, de escritura aparentemente vacía, de páginas arrugadas que has descartado, de un montón de mensajes de voz que te envías a un chat de whatsapp en el que solo estás tu; una pila interesante de libretas en las que has ido tomando notas random porque pensaste que alguna podía servirte. También hay un buen puñado de canciones, y unas cuantas películas. Muchos litros de café, té, o agua con gas. Algunos bailes con John y muchos suspiros contenidos.

Y lo que hay después de eso, es una historia que te ha salido de dentro, y que te apetece mucho compartir.

Chance and choice

La oportunidad y la opción, que lo pongo en inglés, porque estoy a fondo con el tema. Pero eso forma parte de un plan de acción con cierto retorcimiento, que prefiero no contarte o hacerlo en otro momento.

A priori, igual te parece que es lo mismo. Tener una oportunidad o una opción. A mí me lo parecía también. Hasta que rasqué. Ya sabes que rascar aunque no pique es de mis tareas favoritas en la vida.

La oportunidad, para mí, surge. Es como una ventana que te muestra algo. Puedes tener la oportunidad de conocer a alguien, de hacer algo por ti, de hacer algo por otros. Una oportunidad es una circunstancia. Que se de, puede depender de ti o no. Lo que depende de ti es lo que harás con esa oportunidad. Una vez la tienes delante, tu tienes la opción de aprovecharla o no. De tomarla o de dejarla pasar.

Una opción, es la posibilidad de elegir. Si no tienes opciones, no puedes elegir.

Por esto, me he volcado en generar opciones, que es de lo que yo puedo ser responsable. Buscarlas, conocerlas, o incluso fabricarlas. Cada día me entreno un poquito en tener varias opciones sobre lo que quiera que esté haciendo o viviendo.

Este mes, que me he centrado en cuidar mis telómeros y ser valiente, he tomado las opciones pertinentes con las oportunidades que se me presentaron.

Hace unas semanas se hizo público una jornada cuyos ponentes son un chute al cuidado de mis telómeros. Siendo valiente, y teniendo en cuenta una serie de cuestiones logísticas, he estudiado la oportunidad que tenía de aprovechar esta jornada. Y una vez hecho el estudio, he optado por no perdérmela.

La oportunidad se dio, yo dije sí. Aquí está bien clara la diferencia.

Talitá kum

La expresión aramea Talitá kum se encuentra en el Evangelio de Marcos, capítulo 5, versículo 41. Traducida significa: «Niña, yo te digo, levántate». Jesús dirige estas palabras a la hija de Jairo, una pequeña de doce años yacente a la espera de sus funerales. Pronunciadas estas palabras, Jesús tomó su mano y ella inmediatamente se levantó y caminó.

No es que ahora me haya dado por leer la Biblia, aunque todo se andará. Escuché esto en un reel en IG, y me dio curiosidad. Lo he buscado y lo he adaptado mi cuestión.

Aplicado a mi rollo, equivale a mi Keepgoing. O: ¡Camina!

Ahora mismo, no creo que venga ningún Mesías a darme la mano, ni a decirme el Talitá kum, así que seré yo misma, o tu mismo que lees, el que deberá darse la mano, el empujón o la patada en el culo. Yo (tu) veré lo que me hace más falta según el momento. Lo que tengo claro es que hay que levantarse, seguir, caminar.

Durante algún tiempo esperé. Esperé porque creía que ese empujón debía venir de afuera. Aprendí a base de esperar más de la cuenta que la mano en la que debía apoyarme para levantarme, era la mía.

Como la mar. Ir y volver, con olas o sin ellas, con mar de fondo o en calma. Seguir. Continuar. Levantarte y seguir.

Me doy cuenta de que de todo lo que aplico cada día, de todos los consejos que me doy, y de todas las cosas que he ido aprendiendo, esto, es lo que llevo en el ADN. Durante las vacaciones, hablé mucho de todo esto, porque sorpresa: vivo rodeada de gente tan intensa como yo, que reflexiona y va a lo profundo; ya dicen que de casta le viene al galgo…

La filosofía o enseñanza de cualquiera de estos tres mantras, porque para mi ya son mantras, es el pilar de mi día a día. Seguir, siempre seguir. Levantarme. Caminar. Con pena o con alegría, pero seguir.