Tortilla, pasta y fin de curso

A estas alturas de película, ya sabes que tengo yo más de una tarita. Pero que lo de la organización y la planificación llega a cotas de enfermedad estudio.

Tengo cristalino lo que se come los lunes, y tu si has venido por aquí un poco, también: los lunes son para las lentejas. Lo que pasa últimamente, es que aquí mi compañera de piso, si le pongo lentejas solas, como he venido haciendo de aquí para atrás, pues me protesta. Que eso es poco, que le da hambre enseguida. Así que he ido suplementando las lentejas con lo que se me ha ido ocurriendo. Después de unas cuantas posibilidades, el segundo plato que ha ganado su puesto con diferencia, es la tortilla. Así que ahora los lunes son de lentejas y tortilla. Ya solo falta que me acepte la ensalada para complementar, y me va a parecer que he retrocedido 25 años y estoy en el comedor universitario, cualquier lunes.

Y los viernes, pues yo como pasta. Aquí o en cualquier sitio. Me flipa la pasta, y comer pasta el viernes es como cuando te ibas de fiesta los jueves por la noche, para ir ya inaugurando el fin de semana. Que yo esto no lo sé de cierto, porque nunca lo hice, pero que lo supongo, vamos.

Esta salsa de tomate que he descubierto por azar durante el confinamiento, ha pasado a ser una de mis preferidas. Cebolla, tomate, bacon, alcaparras y una guindilla. Yo lo freí todo primero y luego me olvidé de ella unas cuantas horas mientras la crokpott hacía su trabajo. Qué gran invento la olla lenta. Hice un par de kilos de esta salsa, así que tengo para unos cuantos viernes.

El plato de pasta de hoy va a ser al gusto de MiMariposita, que ya está oficialmente de vacaciones. Qué curso más raro le ha tocado vivir, a ella y a todos los niños. Para mí el curso ha sido un poco un chiste, la improvisación, las dudas, los pocos medios, y también las pocas ganas, para que te voy a decir otra cosa; han hecho un curso que además de caótico de por sí, haya sido muy complicado de salvar.

He podido comprobar que mis dotes como docente están entre cero y nada. Actitud y ganas le he puesto, puede que lo que faltó en otros sitios, pero me han faltado las aptitudes y  la paciencia también. He tenido que hacer balance de necesidades y provisiones, y al final me he apuntado a esto de: zapatero a tus zapatos. He pedido ayuda, a personas que además de capacitación tienen pasión por lo que hacen y gracias a ellas hemos salvado los muebles. No ha sido fácil. Y ahora ya, a toro pasado, creo que puedo afirmar que hemos hecho lo que hemos podido, con la mejor de las intenciones. Pero otro curso así va a afectar mucho en el futuro de los escolares.

Tengo tres meses por delante para mentalizarme. Para desarrollar la paciencia, y para preparar un buen temario para el curso que viene ayudada por quien sabe de esto. Ojalá me equivoque, pero me temo que el curso que viene no diste mucho de este que ahora acaba, y algo habrá que hacer. Dicen que la necesidad es la madre del ingenio, y mira tu por donde, tengo yo un papelito que me avala para ingeniar y estoy rodeada de gente que me van a echar una manita en el tema.

 

Mishima y el girasol

El domingo estuve un buen rato hablando con MiGurú, ahora hablamos por facetime, y nos parece lo más natural del mundo, algo que no se nos había ocurrido hacer hasta que llegó la pandemia. No hay nada como que nos prohíban una cosa, como que queramos hacerla.

Yo a MiGurú lo veo con frecuencia, pero también es cierto que mas que vernos, hablamos. Hablamos mucho, varias veces al día. Hablamos de todo, trabajo, noticias, hijas, pan, pelis, series no, que él no ve… libros.

Este domingo después de hacer un repaso a la albañilería doméstica y a los estiramientos apropiados después de una buena caminata, hablamos de samuráis.

Empezó a hablarme de un samurái “loco” que se hizo un seppuku famosísimo y que terminó siendo una carnicería. En cuánto me contó esto, me vine arriba. “Espera espera.. ese es Mishima”.

“¿Tú conoces a Misima?”. “Pues claro, y lo he leído también”.

Aquí tengo que hacer un inciso, MiGurú no es MiGurú porque a mi me parezca que le va bien el nombre. No. Es que es un Gurú de verdad. Él siempre va por delante. Siempre. Y siempre de forma acertada. Así que esta vez, me vine un poco arriba. Por primera vez en los 42 años que él tiene, yo sabía algo que él no sabía. Este momento era para recordarlo forever.

La cosa es que después de hablar un rato de Mishima, me quedé pensando en lo mucho que me impactó su libro cuando lo leí. Claro que tampoco estaba yo en mi mejor momento, allá por el 2008. Sin pensarlo mucho, busqué el libro, y me dispuse a leerlo nuevamente.

Leo con otros ojos, pero hay partes que siguen siendo para subrayar:

“Entre las condiciones de los samuráis, menciona Yamamoto (en el libro Hagakure), en primer lugar la devoción y después la necesidad de cultivar la inteligencia, la compasión y la valentía. La inteligencia no es más que saber conversar con los demás. La compasión consiste en actuar bien con los demás comparándose con ellos y dándoles la preferencia (maltratar a alguien es una conducta diga de un lacayo), y la valentía es saber apretar los dientes”.

Al leer este párrafo lo recordé. Lo escribí un montón de veces en aquella época, y tengo unas cuantas libretas con este texto. Me parece tan perfecto que me lo he llegado a aprender de memoria. Ahora la nueva tarea que me autoencomiendo, es leerme el Hagakure, como habrás intuído.

Apretar los dientes. ¿Cuántas veces me lo habré repetido?

Es uno de mis mantras. «Aprieta los dientes y tira”, porque uno de mis principales valores es la valentía, junto con la libertad. Libertad para ser valiente. Otro de mis mantras.

Yo tiendo a considerarme poca cosa, mi altura y tamaño, siempre me han confinado a pasar desapercibida, haciendo poco ruido, siendo poca cosa. Tengo un montón de miedos, y un chorro de creencias limitantes. Cuando memoricé el texto de Yamamoto, me sentía mejor. Esos cuatro valores, que desarrollaba cada día, eran valores de samuráis… igual ya no era tan poca cosa.

A día de hoy, y pese a saberme samurái durante muchos días, la mayor parte del tiempo sigo luchando con mi impostora. En esto no hay descanso. Pero yo, tengo otra condición más: tenacidad o cabezonería, como prefieras.

Estos días, cuando dudo de mi valentía o de mi capacidad, miro el girasol que plantamos al principio de la pandemia, y en el que yo no tenía fé ninguna. Y él ahí, con su tallo infinito y desafiando todas las leyes de la física, no solo se mantiene erguido, sino que encima florece. Estos días, mi inspiración es el girasol de la pandemia.

Día 5 de cuarentena

Día cinco de confinamiento.

Se nos ha puesto la cosa un poco seria, y nosotros no parecemos enterarnos de lo que va realmente esta cuestión. No quiero ponerme pesimista, ni quiero ponerme a pensar tampoco, en todo lo que pasa por fuera de mi ventana y que yo no puedo controlar.

Tenía la idea de que esto podía pasar, pero también tenía yo más confianza en mis vecinos.

Aquí el fin de semana si hubo algo de respeto a las normas. Hoy y ayer veo que todo el mundo está en su trabajo. Gente sin perro, que camina por la calle, coches que van y vienen.

No entendieron lo que pasó en Italia, y parece que les importa poco lo que significa la curva que hay que frenar.

Cuando Mercurio entró por fin directo, se nos puso por delante Saturno, y nos jodimos.

En fin, que esta es mi casita refugio, y no me quiero poner aquí pesimista, que es lo único que me faltaba para afrontar este encierro.

Si me preguntas a mí directamente, esta situación de encierro no me perturba en lo más absoluto. Llevo toda la vida preparándome para algo así. Ahora tiene justificación la cantidad de lana, tela, papeles y libros que tengo acumulados. Pero lo primero primero, es la nevera, luego el resto.

Para mí y desde que dejé atrás mi etapa oscura, es decir, aquella en la que tenía una relación tormentosa con la comida (me encantaría saber a quién debo agradecerle esa definición, porque es perfecta), auspiciar una buena semana, empieza por llenar la nevera.

Luego de eso, refrescar la masa madre y prepárame para amasar el pan de la semana, y detrás, encender todos los electrodomésticos. Dicen que todo lo que obtengo de ahí se llama batchcooking, y se supone que es dedicarle un par de horas o tres a la cocina, y tener los menús semi resueltos para la siguiente semana.

De mis básicos, basiquísimos: pan, caldos, granola y de unas semanas para acá: yogures.

Se los ví a Siona en Instagram, y ya saben, de mi culoquierismo. Me salí corriendo a casa de Mamá, a rescatar su yogurtera. Creo que entró en su vida, un mes después que yo. Esa edad tiene. Cuando era chica mi madre la usaba muchísimo, y nosotros siempre tomábamos esos yogures. Luego vinieron las extraescolares, y la necesidad de mi madre de ir con el pelo para atrás en la carrera de dejar a cada uno de nosotros tres, en el lugar que nos tocaba. La yogurtera pasó a acumular polvo en uno de los estantes del sótano. De ahí la saqué yo hace un mes. Un buen fregoteo, y un buen lavado de cara y ahí está. Haciéndome yogures dos veces en semana. Nos los tomamos con fruta y con la granola, y qué maravilla. He probado a hacer yogures de otros tipos, pero en casa triunfan los naturales. Básicos, y tomando un yogur griego de base.

Con el caldo, y el libro que me compré hace unas semanas, estoy tratando de hacer ramen. Digo tratando porque estoy muy lejos de que me salga algo delicioso, creo. De momento está bueno, me reconforta y lo disfruto mucho, pero aún no se me han saltado las lagrimillas. No pierdo la esperanza, el libro es maravilloso y tengo la intención de seguir probando.

Pues fíjate todo lo que me esmeré por propiciar una semana bien alimentada, y lejos de contratiempos, pero ya ves, uno propone, y la vida dispone, mediante mercurio directo, o cualquiera sabe qué planeta dando guerra.

 

Desayúnate bien

 

Hoy recibí la newsletter de Erika de la Vega, que si no la conoces, ya estás tardando. En ella hablaba de la relación que tenía con su abuela, y que ella sentía que su abuela la quería mucho. Cuando la llamaba, le hacía una batería de preguntas, a modo checklist. Ella decía que al morir su abuela, ese espacio de que alguien se preocupara por ella, se había quedado como vacante. Pronto asumió que ese lugar es el suyo propio, y que ahora es ella misma la que se preocupa por hacerse el cheklist.

A mí esto me recordó a cuando estaba estudiando en GranCa, y mamá llamaba cada noche.

También nos hacía una batería de preguntas: ¿qué comieron?; ¿fueron a clase?; ¿se abrigaron?; ¿están contentos?…

Siempre cuando iba a colgar ya no preguntaba, decía: hasta mañana y desayúnense bien.

Lo decía en plural porque allí estábamos MiGurú y yo, y aunque hablábamos por separado con ella, nos decía lo mismo a los dos, y nos incluía en su lenguaje.

Mamá le daba vital importancia al desayuno, se la sigue dando. Porque ella nos crió oyendo eso de que el desayuno es la comida más importante del día, y que si no se desayuna bien, pues no se rinde. Eso lo sabe todo el mundo.

La cosa es que, para mí, también el desayuno es la comida más importante del día. No porque no rinda, sino porque es un momento tranquilo, autodedicado, y que, con un poquito de atención, se convierte en todo un deleite. Porque a ver si no nos vamos a merecer desayunar como las grandes señoras que somos.

Yo madrugo bastante, y para cuando me siento a desayunar, ya tengo hambre porque han pasado dos buenas horas desde que me levanté.

Desayunar fuera es otro de los gustazos que me gusta darme. Encontrar un sitio donde sirvan un buen café, con pan y algo rico que ponerle encima, ha sido una tarea que me ha tenido bastante ocupada estos últimos años. Con MiMariposita o con MisAmiguisTejedoras. Llegar, pedir, comer y dedicarte a tejer, hablar o leer. Yo no sé tu, pero a mí me parece un planazo.

He encontrado un sitio en el OtroNorte de la isla, que cumple con todos los requisitos anteriores. Y cada vez que puedo, sobre todo fines de semanas, nos vamos allí a desayunar sus PoshEggs.

Pero si no encuentras un sitio así, pues te lo preparas tu. Yo para el desayuno tolero dulce o salado, lo que no puede faltarme es el café.

Siempre tengo pan en el congelador, mío o comprado, pero buen pan. También suelo tener bollos, o donuts. Estas masas congelan especialmente bien. Encima del pan, le pones cualquier cosa, pero si te concentras, y decides que vas a darte un premio, pues te lo curras, que te lo va a agradecer no solo tu estómago. Parece una tontada, pero preparar bien la mesa, servirte la comida con esmero, y cuidar los detalles, te predispone de otra forma. Tu estado de ánimo cambia.

Esta última semana me esmeré en prepararme un buen desayuno: Pan de plátano, tostada de aguacate con cebolla encurtida,  de tomate con jamón, de queso-atún-tomate-cebolla. Y ayer, me dio por el porridge. Es otro desayuno al que recurro con frecuencia según apetencia, o si el día se prevé movidito.

Desayunar bien para mi, marca la diferencia de un día mierder a un dia estupendo. Tu decides.

 

Dando paseos para despejar la mente

Se me están pasando los días entre paseos y poniéndome flores en el pelo.

Tengo alrededor a tres chiquillas que cotorrean constantemente. Varían desde las aventuras que corren cada día entre riscos y arena, a las historias que se inventan, que son de lo más variadas y entretenidas. Sus invenciones no tienen límite.

Me tienen bastante entretenida, en realidad.

Si me ven tranquila, leyendo o haciendo cruces, vienen corriendo a traerme una flor para el pelo. Afortunadamente el hibisco está cargado de flores estos días, y a mi no hay gesto que me enternezca más, que me regalen flores, aunque sean recién cortadas de mi propio jardín.

Cuando el alegueteo se hace ya demasiado persistente, me calzo las cholas, reconozco que paso la mayor parte del tiempo descalza, y me voy a andar.

No sé de quién fue la idea de poner ese banco sobre el risco, pero es la idea más maravillosa de la década.

Te sientas ahí, y miras. Apenas a cinco minutos de casa, el espectáculo es gratis.

El Atlántico a tus pies, el muelle, el charco. Y el concierto constante y gratis que te ofrece el océano. A riesgo de ser plasta: no hay nada que la mar no arregle.

Creo que los días son mejores si puedes ver esa masa de agua que se mece armoniosamente y que te regala un sonido que si cierras los ojos te sumes en una meditación profunda.

Si el juego con las tres personitas ha sido mas agotador de lo corriente, el paseo que preciso darme ha de ser más largo, y entonces camino más lejos. No me había dado cuenta del molino tan apañado que tenemos tan cerca. Tengo que aprovechar otro de estos días para acercarme de verdad, y estudiarlo a fondo.

Dice mi padre que lleva ahí toda su vida, y que ahí llevaban el grano para moler y sacar el gofio.

¿Cuántas historias podría contarme ese molino, ahora reformado?

Es curioso pensar que por estas mismas calles, y por estas mismas piedras, se pasearon mis abuelos, y mis bisabuelos.

Da cierto asombro pensar que mi abuela, que nació en 1906 estuvo aquí no hace tanto. Y digo no hace tanto, porque aunque hace ya 31 años que se fue, yo me acuerdo perfectamente de ella. Eso me lleva directamente a darme cuenta de que aunque yo me siga viendo como una jovenzuela, ya voy camino del medio siglo.

Cuando mis pensamientos se ponen así de intensos, es la señal de cambiar la dirección y volver al punto de partida. Donde las conversaciones de estas tres chiquillas me devuelvan al hoy, y a querer dejarles a ellas, tantos o más recuerdos de los que tengo yo de mi abuela o de mís tíos.

 

Las primeras cajas del SAL de Covi

Llevo un montón de años por estos mundos tecnológicos. A través de ellos he conocido a un montón de gente. Algunos han pasado sin pena ni gloria por mi vida, otros tuvieron su momento, otro montón, uno bastante grande y bueno, se quedó para siempre con nosotras (como mi queridísima esposa sin ir mas lejos).
Hay otras tantas mujeres que no conozco personalmente, pero que siento cerca, y que me sirven de inspiración diaria. Entre ellas está Covi.
Hace muchísimo tiempo que sigo su blog. Me quedo embelesada viendo sus pulcros bordados, las fotos de su jardín y sus rosas, que son un espectáculo total, y ya me remata su prosa. Te cuenta todo con detalle y de una manera que te transmite paz y tranquilidad. Que debe ser la misma con la que ella emprende cada labor.
De entre todas las muchas cosas que ella hace con sus manos, tenía yo especial fijación por las cajas. El  partir de cartón y retales, y acabar con una caja del tamaño y características adaptada a tus necesidades me parecía la bomba. Así que cuando ella propuso hacer un SAL para aprender a hacerlas, volé a dejar mis datos para poder apuntarme.
A estas alturas de año, ya tenemos cinco cajas previstas y dispuestas para hacer. A estas alturas de año yo he terminado completamente dos, otras dos tengo a mitad y una en proyecto.
Tengo por casa muchos bordados de punto de cruz enmarcados y colgados, y tengo otros tantos guardados en un roller, esperando encontrar otro destino que no fuera la pared.
Para las dos primeras cajas, escogí dos esquemas que ya estaban bordados y que por medidas se ajustaban perfectamente a las necesarias para las cajas.
Creo que ha sido la primera vez en mi vida, que he cogido unas instrucciones y me las he leído de principio a fin varias veces antes de meter las manos en los materiales. Y debe haber sido la primera vez también que las he seguido al pie de la letra. Como no era de extrañar, las instrucciones están perfectas. No hay una explicación que falte, ni una indicación que sobre. Son puro oro, en realidad.
Cuando hube terminado la primera, no cabía en mi de gozo. Me sentía que podía acometer cualquier cosa. Parece una tontería, pero el hecho de lograr algo que llevaba un montón de tiempo admirando cada vez que veía un trabajo de cartonage, me empoderó.
Meter el cutter para la segunda no me costó mucho más.
La primera se convirtió rápidamente en un joyero. La segunda es el costurero donde guardo el Centennial Quilt.. ¡Ah! que de esto también tengo novedades, pero te las cuento otro día.
Me doy cuenta de que con cada una que hago, las imperfecciones que cometí en la primera, se van puliendo, y como con casi todo en la vida: la práctica hace al maestro.
No sé cuántas cajas voy a tener que hacer para quedarme contenta del todo, probablemente no haya tanto cartón en el mundo, viendo mi nivel de exigencia en la vida; pero de momento estoy deleitándome con cada trozo de cartón pegado y aún más estoy disfrutando el uso que les doy.

Shadow days..



Hard times help me see
I’m a good woman with a good heart
Had a tough time, got a rough start
But I finally learned to let it go
Now I’m right here, and I’m right now
And I’m hoping, knowing somehow
That my shadows days are over
My shadow days are over now


Así canta John, y explica bien estos meses que han pasado. Y no es que haya pasado nada en concreto, nada en particular. Ha pasado la vida y el invierno.

Y he tenido la necesidad de mirar para dentro, de recluirme y de trabajar en y por mi.
La primavera me ha traído La Luz, y el sol, y poco a poco la calidez.
El invierno y su gris pasó, y se llevó con él la cama compartida y leer para ella.
Ahora cada una duerme en su cama, y ahora cada una se lee sus propios libros.
Han vuelto también los paseos a la hora de las extraescolares, y he recobrado la tranquilidad y las ganas de mirar el azul. El del cielo y el del Atlántico que me rodea. Me he vuelto a sentir pequeñita ante tanto azul.


My shadow days are over… y yo estoy lista para volver y vivir.

Betancuria

Vuelve a ser lunes. De enero y de frío, que yo estoy pasando mucho frío estos días, y no sé bien por qué. Estoy en casa calentita y a gusto. En el momento de salir, miro por la ventana, y veo el cielo despejado, azul. El sol calentando y los árboles quietitos. Y, yo, que parece que caí aquí ayer, salgo con lo puesto, y claro, tiritera en poco rato. Que parezco nueva.
Nueva como los normandos que llegaron aquí, hace ya un montón de siglos.
Estos días estoy descubriendo el gran desconocimiento que tengo sobre la historia local. Afortunadamente, tengo gente alrededor bien formada e informada, y me he puesto manos a la obra a ponerle remedio al desconocimiento.
Para saber cómo hemos llegado a donde estamos, iniciamos nuestro viaje a la sabiduría, (mira qué bonito) en Betancuria.
Ayer nos subimos al coche y pusimos rumbo sur. Llevamos una guía de excepción que fue contándonos acontecimientos y hechos que tuvieron lugar allí.
El paisaje, en contra de lo habitual, está verde y frondoso, y los colores se te meten por la retina explosionando.
Si te digo que Betancuria se fundó en 1.404, ¿cómo te quedas?
Si te digo que hay un Convento, que se mantiene en pie, desde 1.416 ¿qué me dices?
Si te digo que hay un montón de historia de señores con muchas ganas de «conquistar», y de hacer suyo lo que ya tenía dueño;  de locales que vieron desaparecer todo lo que conocían, que tuvieron que bajar la cabeza a cambio de salvar la vida (probablemente), y de «convertirse» en algo que probablemente no entendían y que con seguridad rechazaban.
Se me remueve una cosa por dentro, como si en algún gen perdido mío, quedara algún vestigio de uno de esos locales.. Como le pasó a Lavinia con el zumo de las naranjas en la Mujer Habitada.
Con absoluta vergüenza tengo que decir que es la primera vez que camino por ese Convento sin techo, y por la solemnidad de su construcción ya bastante deteriorada por el tiempo.
Con absoluta seguridad, sé que no será la última.

Resaca de Día de Reyes

Doy por finalizada la operación Navidad2018, pero no quiero cerrarla sin dejar la crónica del día de Reyes.
Es un día de nervios, de excitación máxima, y de pura ilusión.
En los días previos fui haciendo los pasos iniciales para el roscón y el día cinco por la tarde, con las dos masas levándose, nos fuimos a la cabalgata de Reyes.
Aquí es una cabalgata discreta, con apenas tres carrozas y los tres Reyes Magos.
Nosotras solemos ir tempranos, para verlos desembarcar (aquí los Reyes Magos llegan en barco, como es lógico), y que nos pasen por delante.
Este año el atardecer estaba precioso, aunque los móviles nunca llegarán a captar la verdadera esencia del atardecer de aquí.
Había más gente que otros años, me pareció a mí, aunque nosotras llegáramos temprano, no nos pudimos acercar tanto como otras veces. En la espera, Emma fue poniéndose cada vez más nerviosa. Hablaba sin parar, preguntaba sin parar. 
Tengo que decir, que durante toda la semana, se la pasó ideando un plan para poder verlos en casa. Dejando los walkie-talkies encendidos para oirlos y despertarse.. dejarles notas secretas… aunque finalmente se decantó por dejarles una hoja con la comanda de firmar. Me dio tal ataque de risa que difícilmente pude disimular. Me dio la impresión de que quería hacerles el control horario de productividad.
Ya en casa, colocamos los zapatos bajo el árbol, y con gran dificultad para mí, pude dedicarme a las tareas de ayudante de Rey Mago.
Digo difícil tarea, porque Emma estuvo despierta hasta más allá de la una de la madrugada… Y yo con una mensajera excepcional esperando la señal acordada para que me trajera mis paquetes. 
Hay demasiada suspicacia ya en esta niña, y dudo seriamente que el año que viene pueda seguir manteniendo este teatrito.
Mientras ella dormitaba, yo me puse con la lana tejida para regalar. Este año le tocó al Gurú y familia. Gorros y calcetines para todos. Ambos patrones son los básicos, pero eligiendo la lana adecuada, el resultado es de lo más satisfactorio. Lo bueno de elegir bien a las personas a las que regalas lo que sale de tus manos, es que lo aprecian verdaderamente. Y también, el placer de verles recibirlo con tanta emoción, es la mejor manera de sentir que te lo agradecen.
La lana de los gorros, fueron dos ovillos de Mundial, que me trajo una lectora del blog, hace ya dos años. Sigo recordando ese encuentro y el que vino después, con mucha alegría. Con esos ovillos pude hacer cinco gorros. Tres para las mujeres del Gurú, y otros dos para Emma y para mí. Desde que tuve los ovillos en las manos vi claramente los gorros con su correspondiente pompón. El resultado final es exacto al que visualicé.
Después de dormitar algunas horas, me desperté para hornear los roscones, y al aroma de ellos, se despertó Emma.
Alegría y sorpresa a partes iguales al ver los paquetes junto a su zapato. Sin decidirse a cuál abrir primero, intentando averiguar qué eran por la forma.
Con la curiosidad satisfecha, salimos pitando para casa de los abuelos. Con los roscones calientes y el día clareando. Un amanecer casi igual de bonito que el atardecer del día anterior.
Pasamos el día entre paquetes y alegrías. Niñas corriendo y trozos de roscón con chocolate. Yo, no sé tu, pero a la vida no le pido muchas más cosas que seguir disfrutando con la misma ilusión de la noche de Reyes.

2019: te voy a beber

Estamos ya en otra vueltita al Sol.. Y mira, yo no sé, si es por la cuestión de empezar algo, de la página en blanco, o por la energía de Marte en Aries, y Saturno en Capricornio, pero estoy a tope de power.
Desde finales del año pasado, de casualidad empecé a escuchar cosas sobre astrología por todas partes. Pudiera ser casualidad, pudiera ser coincidencia; pero yo, tan dada a ver señales everywhere puse la atención ahí, y vaya sorpresa. Ahora escucho atenta los IGTV de MiaAstral, y flipo mucho.
Ya tu sabes que lo mío es fliparme, es mi estado natural.
Pues en esas estoy, con toda la energía en la cabeza. He hecho mis listas de deseos, de propósitos, y de manifestaciones. Y además, para puro y propio deleite, he encontrado en la red varios retos, (super tópicos y típicos, pero igual de estimulantes para mi flipadura natural).
El primero es un MarieKondo en forma de decluttering total. Empezó el día 1, y yo me pongo la lista de John, y a fondo con el decluttering.
El segundo es para sumergirse en el yoga. Desde que tuve que dejar la práctica por problemas logísticos  domésticos, es algo que echo en falta cada día. Así que encontrarlo me ha dado mucha alegría. A ver qué tal se me da.
Así las cosas, encaro este nuevo año con alegría y optimismo. Con muchas ganas, y pocos miedos.. (no es verdad, tengo muchos más miedos que el año pasado.. voy interiorizando que el miedo es directamente proporcional a los años que voy cumpliendo, solo que se va controlando mejor).
He pensado que este año me lo voy a beber.. con el café de las mañanas, las sidras los viernes por la noche, y algún quinto ocasional.
También me lo voy a comer.. picantito. Que desde que descubrí este Sambal Oelek, se lo pongo a casi todo.
Al Sambal de verdad lo conocí por MiGurú, que trajo una muestra de Sumbawa, allá por abril, y que después de probarlo aún me picaba en agosto. MiGurú tiene su receta particular, que sigue siendo igual de picante que original. Pero este Sambal comercial, es apto para occidentales y ciertamente está bien rico en muchos platos, como el arroz.
El arroz en mi casa admite cualquier cosa que le quieras poner. Este tiene cebolla morada y tacos de bacon, pasado por aceite y fuego lento y largo. Casi caramelizados. Tomates cherry y millo. Todo salteado. Y ya para rematar, una cucharada de postre de sambal.
Para un día dos de enero, ¿qué más quieres?.