A tope con La Forte

Tengo el cuerpo, bueno, más bien la mente, en modo vacaciones. Mira que lo intento, pero llega el verano y yo no puedo evitar bajar el ritmo. Se me pone el cuerpo en modo vacación. Yo creo que no me voy a sacudir nunca el espíritu estudiante. Sigo los ritmos de un escolar.

En uno de esos videos – conferencias que veo con asiduidad, escuché decir a Sergio Fernández, que él cada año se da una microjubilación. Y mira, me gustó el concepto, así que voy a sentirme menos culpable, pensando que es una minijubilación cada verano.

Así que ya mismo pongo en reposo mis neuronas y me voy a dar a la Dolce Far Niente. Y de paso me voy a poner al día con mi última obsesión.

Hace un montón, como 15 años o así  que escucho podcast. Recuerdo cuando lo hacía desde mi ipod nano, que ahora usa Emma (gracias Apple por hacer aparatos que duran tanto). En aquel entonces escuchaba todo en inglés, porque en español había entre cero y nada.

Durante este tiempo he ido cambiando de programas, y de canales. También he ido por rachas, unas veces escucho más, otras escucho menos.

Hace un tiempo, vi en los stories de LuciaBe, que soylaforte la había entrevistado para su patio de vecinas. En ese momento, me suscribí al podcast para oírlo después. Y ahí lo dejé.

No fue hasta que llegó la pandemia cuando volvió a cruzarse por mi camino. De lasclavesdesol te vengo hablando hace tiempo, porque me he hecho mega fan. En uno de sus directos de IGTV habló con Enric Sánchez, y mira tú por donde, resulta que es pareja de LaForte. Ya después de esto, pues le puse toda la atención.

Ahí descubrí que tiene dos podcasts, uno sola “Mi patio de vecinas” y otro junto a Enric “Si es lo que parece”. Me puse a escucharlos en cuanto pude, y me hice fan total.

Pero no acaba aquí mi relación con LaForte, escuchando uno de sus podcasts, la oigo decir que tiene un libro. Y a mi que el título me empieza a sonar. Al mismo tiempo dice que no lo busquemos, que ya no está. Y yo ahí que me quedo con el runrún del título y de por qué me sonará tanto.

Como digo, esto fue durante la mitad del estado de alarma, en esos días en el que a casi todas nos poseyó salvajemente el espíritu de MarieKondo. Y ahí estaba yo, haciendo un Konmari en toda regla, cuando en medio del inventario de libros sin leer me encuentro el libro de LaForte. No recuerdo ni cuándo lo compré, seguro fue en la librería de mi pueblo, y seguro que fue por la portada y el título, pero en ese momento ni idea tenia yo de quién era LaForte. Según me di cuenta de que lo tenía, me lancé un mensaje con abrazo al pasado, así bien fuerte. O más bien, recibí un mensaje que me había enviado al futuro hace mucho tiempo. Ayer repasando las fotos del carrete, me encuentro con esta, en la que estoy leyendo el libro. Tengo un sinfín de fotos que me hace aquí MiMariposita sin yo darme cuenta.

Y ya para rematar, pues que se une con las Papirogas y que se marca unos pendientazos, que como buena fan, ya me compré.

Si no la conoces, escúchala y sigue sus stories. Te aseguro que te va a sacar como mínimo un par de carcajadas.

 

De La Concha a Piedra Playa

Hoy vengo tarde, y acalorada, y echando mucho de menos todo lo que me provoca MiNorte.

He estado haciendo recados y cumpliendo obligaciones, que aunque me quiera escaquear, pues no puedo.

En medio de todo el calor, y de todo el corre corre, la mascarilla, y los pelos a lo leona, venía yo pensando, que qué bien.

No sé por qué me acordé hoy, de ese verano del año 2010. Que se dice rápido, pero del que ya han pasado 10 años. Ya no me da vértigo mirar atrás. Y eso, para mí, es todo un logro.

Aquel verano de golpes en la autoestima, en la moral, y en todo aquello que no es físico pero susceptible de golpear. Cuando llegó agosto, yo era un colador, de puro agujero. Luego vino la trinchera. La recuperación. La confusión.

Y en medio de eso, MiNorte como constante. Piedra Playa con su mar que arrasa, y La Concha, con su tranquilidad. Siempre estuvieron ahí. Siguen estando.

Sinceramente no sé de dónde saqué la fuerza o  cómo superé aquel verano. Fácilmente hubiera podido ser el último. Y en parte lo fue, porque fue el último que pasé siendo una.

Si tengo que asumir todo eso que se le achaca al signo de escorpio de morir y renacer, ese momento fue para mí el último semestre del año 2010. Mi momento Ave Fénix.

Ya no me cuestiono cómo me dejé vencer así, cómo me dejé tratar así, cómo acepté que ese era el dolor que merecía. En verdad han pasado 10 años, y no es que haya llovido mucho, pero ese tiempo que cargo a mi espalda, me ha servido para crecer. Me siento feliz cuando me levanto, y también cuando me acuesto. Me río sin miedo, y también bailo y como sin temor. La vida hoy se me hace muy llevadera. Nada que ver con aquel entonces, que vivir me parecía además de complicado muy trabajoso.

Que bien estar aquí, así, ahora.

En aquel momento era el mar de La Concha, tranquilo y manso, me dejaba hacer sin rechistar. Pero hoy, 10 años después, soy el mar abierto de Piedra Playa.

¡Ay! Si te cojo hoy, hoy te meto una revolcadura que apareces en Cabo Bojador.

petricoreta – Colección #01

Llegó el momento de despejar todas las dudas, y de sacar a la luz donde he invertido mucho de mi tiempo de estas últimas semanas. Entre otras cosas porque si sigo con este estado de nerviosismo, igual necesito toda la tila plantada en el país.

Ya sabes que hace un rato te presenté a petricoreta, mi marca. Con ella pretendo sacar pequeña colecciones de accesorios, tanto personales como domésticos. Confeccionados con mis manos y mediante la técnica del punto o tejido.

No pretendo, por lo menos de momento, hacer un negocio de esto. Digo de momento, porque nunca se sabe dónde o cómo se van sucediendo las cosas, que yo voy tejiendo yo sola en casa y vete tu a saber si termino convirtiéndome en la Amancia Ortega del punto.. Yo, siempre a lo grande.

Mi única idea es tejer. Tejer de forma compulsiva como hago siempre, y de paso, no quedar sepultada bajo mis tejidos. Al mismo tiempo, mis conocidas y amigas, siempre me dicen que teja de forma profesional, que venda lo que tejo. Y bueno, pues ya ves, el confinamiento me ha echado así como para adelante, y aquí está esto.

De entrada, esta es mi Colección#01. Está compuesta por 19 clutchs. No hay dos exactamente iguales porque están hechos a mano,  ya sabes lo que pasa con la artesanía, y como solo son 19 cuando se acaben, chao chao.

Cada clutch mide 17x14cm, y por dentro tiene un forro de tela de algodón. Si quieres ver cómo ha sido el proceso, y también muchos detalles, ve a la cuenta de Instagram de @petricoreta, que en el feed he ido poniendo muchas fotos del tiempo que he trabajado en ellos.

Se puede usar como clutch para cualquier salida rápida, o larga, pero que no te apetezca o no necesites llevar nada más que el teléfono, la tarjeta, las llaves, y un labial. ¿Acaso necesitas algo más?.. Bueno sí, ahora también una mascarilla. Te cabe también.

También te sirve para meterlo en el bolso, y lo puedes llevar como neceser. Para que te hagas una idea, un Kindle cabe perfectamente en él.

Está hecha enteramente con seda vegetal CasaSol, y tejida por mí. Todo lo he hecho yo sola. Bueno, también es cierto que aquí tengo una becaria, que me ha ayudado en algunos momentos a cortar, o a ordenar, o a colocar. Probablemente sea la más crítica y también la que más me ha apoyado en todo este camino.

El coste de cada clutch es 23,00€. Si estás en la isla te lo puedo entregar en mano, y si estás un poco más lejos, te informaré de los gastos de envío, que dependerán de lo lejos que estés.

Si te gusta alguno, solo tienes que escribirme un mail a petricoreta@gmail.com, o un MD por Instagram, en el perfil de @petricoreta. Tendrías que decirme qué número quieres, y yo te diré si sigue disponible. El pago se hará por bizum, y te daré los datos cuando se formalice la compra. Y poco más, me encantaría decir eso de: corre corre, que vuelan porque todas quieren mis clutchs, y nos posee el ansia viva por tenerlos. En este caso te lo voy a decir, porque la cantidad es pequeñita, y mi familia es grande.

 

Si eres uno de ellos, te odio, fokin irresponsable

 

Me sé bien la teoría, diría yo, que me la sé muy bien. Todo eso de no entrar en bucle en la queja, el pesimismo y la negatividad. Todo eso me lo sé al dedillo. También sé que solo hay que entrenar el ojo para encontrar la belleza o la enseñanza en cualquier situación. Y tan entrenado lo tengo, que bueno, me asombro cada dos pasos que doy, dentro y fuera de mi casa.

Esta mañana en mi paseo, en medio de un alisio que me llevaba de lado, vi de lejos un cuervo, que me fue persiguiendo todo el camino. Más que persiguiendo, diría yo que me fue acompañando. Me gustan mucho los cuervos. Y detrás de darme cuenta de que llevaba compañía, pude ver esta belleza de flor amarilla, en medio de grava 20-40. Sigo distinguiendo los áridos a la perfección, aún cuando hacen ya casi 15 años que dejé la cantera. ¿te acuerdas?. Qué cantidad de aventuras viví en ese volcán.

Voy caminando ciñéndome muy mucho a la teoría que tan bien me sé, pero me siento por dentro como una olla a presión. Y de pronto, me digo a mi misma que como no busque una válvula de escape,  voy a salir explotando. Y por eso, he llegado a la conclusión, que este cuarto mío, que siempre fue como un cuarto de los gritos, donde yo venía aquí y vomitaba lo que me subía la presión, es el mejor sitio para hacerlo.

Así que… vómito va.

Estoy harta. En verdad, estoy muy harta. Estoy super harta. De la gente irresponsable que no toma decisiones, de la ausencia de responsabilidad, de todos esos caraculos que en lugar de tomar responsabilidad de sus cosas y tomar decisiones, tiran con poca elegancia la pelota a tu tejado, y salen palmeándose las manos. No sé si lo he expresado con suficiente claridad: no me gustan los irresponsables.

Y para mí es irresponsable aquel que no es consciente de qué situación vivimos, de los que se ponen la mascarilla por debajo de la barbilla, de los que van a la playa, acampan y allí hasta que se pone el sol. De los que oyen música a tope como si lo que ellos oyen tuviera que oírlo yo también. Todos esos que no respetan normas, o aquellos que como no está prohibido no son capaces de actuar con responsabilidad. Joder que harta estoy.

Estoy harta de tener que aguantar comentarios, ignorantadas y muchas reflexiones que no tienen ni pies ni cabeza, del cuñadismo más burdo. Estoy hasta el moño de los vecinos que no conviven, sino que acampan en edificios como si vivieran solos en una parcela de 10milmetros cuadrados. De la música para todo el vecindario, de los negocios irresponsables que abren puertas sin respetar normativas, y que salen impunes de cualquier tipo de denuncia.

Hasta más arriba del moño de los abusos, los machistas, los estúpidos que se sienten con la autoridad de mandarte, corregirte, o incluso ningunearte. De los gestores que no gestionan, de los que utilizan una cabeza de turco o una cortina de humo para no dar justificación a sus malas prácticas; y de los que siguen poniendo el euro por encima de los habitantes. ¡Yos! Que mala leche tengo.

Me doy cuenta de que aislada, estaba bien. Y feliz. Y podría seguir estándolo, si todos los que ahora no lo estamos, fueran solo, un poquito responsables.

Los recuerdos y los sentimientos

Ha salido mi segundo artículo. Esta vez hablo de mi abuela Teresa, que este año hará 8 años que ya no está. Con ella viví muchísimas cosas, y mi artículo son solo unos pocos de mis recuerdos más tempranos con ella.

Los artículos que irán saliendo en El Enfoque, son extractos de escritos mas largos que no sé si en algún momento verán la luz. De momento me contento con sacarlos de mi cabeza, al estilo pensadero de Dumbledore.

Lo que voy escribiendo es lo que recuerdo, mis vivencias, o puede que mis invenciones. Una vez leí que Gabriel García Márquez, decía que la vida no es lo que te pasó sino lo que recuerdas que pasó. En otro sitio, no recuerdo quién lo dijo, ni dónde; igual fue Punset, en Redes… Decía algo así como que el cerebro solo almacena ciertas cosas, y la mente rellena para no tener espacios en blanco. Entonces, es posible que recuerdes cosas que no pasaron, o que tal vez tus recuerdos no sean copias fidedignas de lo que fue. Esto me genera mucha ansiedad. Tengo, siempre la he tenido, una gran tendencia a la fantasía. Antes, ahora menos, lo que pasaba en mi cabeza siempre era más divertido y brillante, de lo que pasaba en la realidad. Por eso, cuando echo mano a mi copia de seguridad mental, me entra la duda de cuánto de realidad habrá ahí.

Esta angustia se ha instalado tan profundamente en mi persona, que ahora que todo esto está siendo publicado, y que no solo yo lo estoy leyendo, siento unos nervios terribles hasta que alguien lo valida. Normalmente mis primas mayores, que deben tener más recuerdos y seguro que más reales que los míos, sobre estas mujeres que formaron nuestra familia.

Y ayer mismo, cayendo en la cuenta de esto, me di un par de tortas. Aquí está de nuevo la impostora. ¿Por qué son más válidos los recuerdos de otras personas que los míos?. ¿Por qué he de buscar soporte y apoyo siempre para creerme lo que pienso, lo que recuerdo, o simplemente lo que me pasa?. No le encuentro demasiada explicación, pero supongo que cada uno siempre tiene su propia perspectiva de lo que pasó en función de cómo se sintió, y ahí nadie puede decir si es correcto o no, porque en cómo te sientes sólo mandas tu. Que no validen nuestros sentimientos, a día de hoy, me parece el mayor de los maltratos. Te dicen que lo que sientes no es correcto, como si hubiera una forma correcta de sentir. En función de lo que a los demás les venga bien. Todo esto me ha traído de cabeza durante tanto tanto tiempo que es probable que me recuerde haber estado contradiciendo mis sentimientos toda mi vida.

A base de sentir, que sentía mal, fui anulando lo que sentía. Parece un trabalenguas, pero es justamente así. Hasta hace unos años, todo parte del mismo momento. De escuchar a Emma, de prestarle atención en sus sentimientos, y en cómo los expresaba. Empecé a reconocerme, y como con casi todo lo que me pasa, me puse a buscar información. Pues la encontré, porque lanzada la pregunta, siempre hay respuesta, solo hay que encontrarla.

Hay una etiqueta, como para casi todo, que da explicación a esto que nos pasa. Personas altamente sensibles. Y aunque las etiquetas tienen tanta mala prensa, porque pueden condicionar, si te digo que en este caso, lo que ha hecho es darme mucho alivio. Todo esto que muchos no entienden tiene una explicación, y no es un invento que ha hecho mi cerebro para rellenar un hueco en blanco que por un fallo, mi mente no almacenó.

No es que ahora por saberlo todo se haya resuelto, pero lo que sí pasa es que ya no voy en contra de lo que siento, y estoy mucho más pendiente de lo que Emma siente también. Esta vez, la etiqueta nos ha dado mucho alivio.

Cada día más tierra

 

¿Sabes eso que se dice que los animales domésticos, que se tienen como mascota, se van mimetizando con sus dueños, hasta el punto que se parecen físicamente?

Creo que me está pasando lo mismo, a fuerza de habitar este trozo de tierra, que cada día me hace parecerme más a ella.

Me reconozco en cada recoveco, en cada trozo de piedra, y en cada orilla.

De norte a sur esta tierra es ella. Una tierra que parece hostil al visitante que llega por primera vez, o al que lleva aquí tiempo, y tiene tanto ruido interior que no es capaz de apreciar la belleza del silencio atronador que esta isla emana.

Aquí hay que venir sin corazas, sin capas, y con sumisión. La isla te va a quitar de un plumazo toda esa ropa que te pones para no ver lo que de verdad tienes dentro, y que según pasan los años, cada vez pesa más.

Esta isla va a absorberte la energía y te va a dar viento y calima. Arena volando, y vegetación cero. Y si ahí no te ves, no te vas a ver en ningún sitio.

Dicen que la isla es desértica, árida y salvaje. Sí, probablemente lo sea. Y en muchos sitios sigue siendo el destierro de Unamuno.

Y yo, voy siendo cada vez más viento, y cada vez más calima. Mi silencio no deja que oiga el ruido de aquel que no es capaz de callarse. Hace que por mis grietas, las mismas que las de la costa oeste, se pierda la inconsciencia de aquel que viene pensando que sabe tanto, y despreciando lo que aquí conocemos. Y como la gruesa arena de MiNorte, borro las huellas de aquel que se creyó con el derecho de molestarme hasta dolerme.

Y me viene a la mente la canción de Jamiroquai, o la de LaBajista, y el libro de Gioconda Belli.. ellos sintieron lo mismo que yo.

Esta isla no es para todos, pero sin lugar a dudas, es mi lugar en el mundo.

El séptimo del año

Después de perder (o ganar) un montón de horas hoy, he conseguido poner un poco de orden en mis fotos. Saco muchas fotos, y las voy pasando al ordenador así, automáticamente. Sin elegirlas, sin borrar las que no quiero, .. nada, todo para adentro, hasta que hoy el ordenador y el teléfono dijeron: INTERVENTION.

Y sin poner una palabra, me llamaron a capítulo para que pusiera un ojo aquí, e hiciera un decluttering en toda regla. MiGurú me ha diagnosticado un Diógenes tecnológico, y quien soy yo para decirle que está equivocado.

Hoy he puesto un poco de claridad aquí, entre tanto archivo, pero sé que voy a tener que dedicarle mucho más tiempo, que tengo fotos duplicadas y triplicadas desde que Emma era un gameto. Será cuestión de que lo ponga en la agenda y de que ese día estén los astros alineados para que yo mire la agenda y para que pueda dedicarle el día.

Una vez que he logrado pasar algunas de las últimas fotos que tenía en mi teléfono, me di cuenta de que no había traído por aquí el último jersey que me he hecho. Es el 7º del año.

Está hecho con una lana de calcetines de Mi Planeta de Lanas, teñida por ella misma y que me tocó en un sorteo que hizo por Instagram hace unos cuantos años. La tenía guardada a la espera del patrón adecuado, y cuando quise hacer este jersey, no tuve dudas. El resto del jersey, es Flora de Drops, ¿he dicho ya que es mi nueva lana favorita?.

Como digo este es mi 7º jersey del año, y no va a ser el último, porque todavía me quedan muchas madejas por gastar. El placer que estoy encontrando en tejer colorwork, no es ni medio normal. Diría más bien que en este punto del año, está siendo casi una adicción. Y como te estás imaginando, el 8º usa la misma técnica.

Después de haber sido valiente como para ponérmelo en plena ola de calor, he pensado que bien me merecía una merienda con té helado y un buen bizcocho de limón y almendra, que ya te he dejado por aquí, pero que la repito, porque es un acierto absoluto.

Pues así se me pasó la semana, entre el calor de un jersey y el del horno encendido, y en la calle más de 35º, pero yo soy una valiente, que rima con inconsciente, para qué nos vamos a engañar. No puedo decir a estas alturas que mi cerebelo no haya sufrido un calentón.

 

Las etiquetas

Llegó la calima y se fue el alisio, ¿no querías verano?. Aquí lo tienes.

No sé que pasa con los extremos, que aquí parece que o calvo o con tres pelucas. Y así, no puedo. Que a mi lo que me gusta es el equilibrio, hombreya.

Ahora mismo estamos en casa atrincheradas, con las ventanas cerradas para que no entre la tierra esta, y luego a la noche, todo sean estornudos y ojos hinchados.

No tengo ganas de hacer nada, me cuesta hasta pensar, supongo que el calor se está mezclando con la edad, y yo no sé si esto van a ser sofocos o simplemente es que hace un calor considerable.

En estas circunstancias solo hay dos cosas que me apetece hacer: beber té helado y comer salmorejo. Que bueno, que lo que yo hago no es salmorejo, al parecer.

Durante la cuarentena, cogimos la manía de irnos cantando el menú por el grupo de whatsapp, para que los que no lo tenían planificado tuvieran alguna inspiración. De ese tiempo se nos quedó la costumbre, y ya, fuera de confinamientos, nos lo vamos diciendo igual. Almuerzos y cenas, y de paso nos mandamos alguna foto también.

Uno de esos días, yo dije que cenaba salmorejo. Me pidieron la receta, y en cuanto dije que yo no le ponía ajo, y le ponía zanahoria, me quisieron amonestar por usar un nombre que no aplicaba.

Puede que sea cierto, que a veces nos ponemos muy puristas, y ensalzamos eso de: ahhhhh noooo, eso no es salmorejo. Que yo lo entiendo, no te vayas a creer. Entiendo que quien conoce bien un plato, reclame la originalidad del mismo, y se moleste cuando se le pone cualquier cosa que el cocinero, que ese día se siente inspirado, le añada, sin contar con nadie, y basándose solo en su gusto, y no ateniéndose a la rigurosidad de la receta tradicional.

Si te digo la verdad, yo soy un poco anárquica con esto, porque yo en la cocina hago un poco lo que me da la gana. Quiero decir, sé que el salmorejo lleva ajo y yo no le pongo, porque me sienta fatal. Y además cometo el sacrilegio de hacer salmorejo de cualquier cosa: tomate, tomate y zanahoria, remolacha, melón, sandía… Si viene un cordobés igual le da un parraque oyéndome o mejor dicho leyéndome, escribir esto. Tal vez la culpa es mía, por usar una etiqueta que no aplica. Así que me he propuesto no usar esos sustantivos tan complejos que se asocian a platos muy específicos: salmorejo, gazpacho, paella, mojo.. A partir de ahora, mis menús serán como los de esos restaurante de renombre. Cambiaré el salmorejo por: sopa fría de lo que sea; el gazpacho por: licuado de verdura fresca; paella por arroz con cosas, y el mojo por salsa para acompañar papas o pescado. A ver quien me va a decir ahora que estoy usando mal las etiquetas.

 

Mi estación favorita

Ha llegado el tiempo por el que más he suspirado en todo lo que va de año. Ha habido momentos durante este primer semestre en los que se me encogía el corazón pensando que este verano sería distinto. Y probablemente lo será, pero de momento vamos a poder disfrutar de nuestros placeres veraniegos cotidianos. Yo no quiero un verano de vacaciones de todo incluido, que por cierto, no hay vacaciones que me horroricen más que esas. No entiendo cómo alguien puede venir aquí, siendo foráneo, y encerrarse en un complejo con pulsera y no mover el culo del bar de la piscina. No voy a convertirme en muy popular diciendo esto, pero ojalá alguna cabeza pensante que cambie el modelo turístico de la isla. Mejor me callo y me salgo del bosque, que me pierdo muy fácilmente y luego no sé salir.

A mí, me gusta el calor, me gusta el verano, me gustan las tardes largas, y esa sensación de que todavía queda día, porque el cielo no esta negro aún siendo las nueve y pico de la noche. Encender una vela de jazmín mientras me leo con tranquilidad cualquier novela de las que voy acumulando durante el año, y que no las leo porque la atención no me da para mucho más en el trajín de los meses de rutina. Las siestas pegajosas que soy incapaz de echar el resto del año, y el viento fuerte que pega en MiNorte durante julio y agosto. Es una contradicción total, gustándome como me gusta tejer lana. Pero es así.

Durante el invierno sueño con meter la cabeza debajo de esa agua cristalina, y  hundir los pies en la arena blanca que se sacude tan fácilmente. Volar hacia la buganvilla y el hibisco y quitarle todas las hojas pochas que voy encontrando, mientras cuento las flores nuevas que hay de un día para otro. Admirar el aloe y contarle de dos en dos, los hijos que ha sacado durante el invierno. Preparar una plancha de lapas y ver relamerse a los jóvenes que las degustan. Ahí también te das cuenta de que el tiempo está haciendo mella en ti. Cuando eres joven puedes comerte una, dos, o hasta tres planchas de lapas, con su mojo verde y su quintillo. En cuanto pasas de los cuarenta sientes lo indigestas que son, y las evitas a toda costa. Pese a que su olorcillo se te cuele por la nariz, y tus papilas empiecen a salivar afanosas.

El verano es mi momento favorito del año, sin ninguna duda. Y por fin está aquí. Abrazo con fruición la lentitud, la tranquilidad y todos esos cafés con hielo que voy a tomarme en los dos meses (mínimo) que tengo por delante.

El autoempleo

Se acabó el primer semestre del año. Vaya gasto inútil en agendas, amigas.

Yo que este año me propuse ciento y la madre, me vine muy arriba en diciembre y me compré tres agendas, porque, por qué comprarme una, con todo lo que tengo que planificar.

A ver, que tiene explicación. Yo que me organizo muy bien, o al menos lo intento, tengo mi sistema, no te vayas a creer.

Utilizo la agenda de MrWonderful de día vista para apuntar a modo de lista lo que tengo que hacer durante el día. Ahí apunto desde poner una lavadora, hasta sacar un tupper del congelador. Luego tengo una agenda de Charuca, de semana vista, donde apunto las cosas con su horario. Ahí por ejemplo pongo: de 13:00, tareas domésticas, y me voy a la otra agenda y sé qué tengo que hacer. Y finalmente tengo la agenda de LucíaBe que uso cada noche para llevar un registro de lo que ha sido el día. Mira, yo qué sé, cada una con sus taras.

La cosa es que este año, pues ya me dirás. Se me están pasando las semanas con las hojas en blanco. Y eso a la jefa que llevo dentro, pues no le gusta, porque tiene una especial afición a sentir que se produce, y ver las las agendas vacías, pues la pone un poquitito ansiosa.

Ahora mismo que se habla tanto del teletrabajo, y de trabajar desde casa, me ha dado por hacer análisis de cómo soy como jefa, y mira, la verdad, soy un poco bastante coñazo. Estoy todo el día en el hacer, hacer, hacer. Llevo diez años autoempleada, y aunque cuando me pongo en plan jefa soy bastante insufrible, también es cierto que soy comprensible y me doy muchos días libres. El horario en mi oficina es estricto, y después de unos años trabajando a diestro y siniestro, sin horarios ni calendarios, ahora por fin he implantado el horario fijo de mañana y en jornada reducida. Me exijo, pero también me valoro. Tengo una libertad impensable en un trabajo por cuenta ajena. Libertad que no es gratis, porque la responsabilidad de absolutamente todo está en mi espalda, o en mi cabeza mejor dicho. Pero compensa.

Hoy por ejemplo me siento cansada, con la energía muy baja. ¿Será que ya presiento el eclipse del domingo o será Marte en Tauro?. La cosa es que la jefa que hay en mi dice: espabila coño que no llegamos a los objetivos que hemos puesto para la semana, mira, ni siquiera has rellenado la agenda de objetivos; y la empleada dice: ay que es que no puedo con la vida, la cabeza me da únicamente para ponerme a tejer. Y no hay aquí una tercera personalidad que imponga sentido común. Porque la explicación es fácil. Aquí jefa y empleada se pasaron el fin de semana entre agujas, cafés, charlas y muy buenas vistas. Y aunque no hubo alcohol, hay resaca. Y así, pues no se puede trabajar.

La empleada va pidiendo vacaciones, sobre todo mentales, pero la jefa dice: ahora no se puede que estamos a tope con los propósitos. (¿qué propósitos?. ¿no volaron todos con la pandemia?)

Menos mal que tengo a la tercera en discordia: la hija de la empleada/jefa, que dice que ya está bien. Que salgamos a la calle, que nos metamos en remojo, y que van a venir las vacaciones, sí o sí. Y ¿sabes qué? Esta niña, como jefa es imbatible.

Jefa y empleada asienten, se ponen la cremita solar y cogen los bolsos, calladitas la boca, y nos fuimos.