A tope con La Forte

Tengo el cuerpo, bueno, más bien la mente, en modo vacaciones. Mira que lo intento, pero llega el verano y yo no puedo evitar bajar el ritmo. Se me pone el cuerpo en modo vacación. Yo creo que no me voy a sacudir nunca el espíritu estudiante. Sigo los ritmos de un escolar.

En uno de esos videos – conferencias que veo con asiduidad, escuché decir a Sergio Fernández, que él cada año se da una microjubilación. Y mira, me gustó el concepto, así que voy a sentirme menos culpable, pensando que es una minijubilación cada verano.

Así que ya mismo pongo en reposo mis neuronas y me voy a dar a la Dolce Far Niente. Y de paso me voy a poner al día con mi última obsesión.

Hace un montón, como 15 años o así  que escucho podcast. Recuerdo cuando lo hacía desde mi ipod nano, que ahora usa Emma (gracias Apple por hacer aparatos que duran tanto). En aquel entonces escuchaba todo en inglés, porque en español había entre cero y nada.

Durante este tiempo he ido cambiando de programas, y de canales. También he ido por rachas, unas veces escucho más, otras escucho menos.

Hace un tiempo, vi en los stories de LuciaBe, que soylaforte la había entrevistado para su patio de vecinas. En ese momento, me suscribí al podcast para oírlo después. Y ahí lo dejé.

No fue hasta que llegó la pandemia cuando volvió a cruzarse por mi camino. De lasclavesdesol te vengo hablando hace tiempo, porque me he hecho mega fan. En uno de sus directos de IGTV habló con Enric Sánchez, y mira tú por donde, resulta que es pareja de LaForte. Ya después de esto, pues le puse toda la atención.

Ahí descubrí que tiene dos podcasts, uno sola “Mi patio de vecinas” y otro junto a Enric “Si es lo que parece”. Me puse a escucharlos en cuanto pude, y me hice fan total.

Pero no acaba aquí mi relación con LaForte, escuchando uno de sus podcasts, la oigo decir que tiene un libro. Y a mi que el título me empieza a sonar. Al mismo tiempo dice que no lo busquemos, que ya no está. Y yo ahí que me quedo con el runrún del título y de por qué me sonará tanto.

Como digo, esto fue durante la mitad del estado de alarma, en esos días en el que a casi todas nos poseyó salvajemente el espíritu de MarieKondo. Y ahí estaba yo, haciendo un Konmari en toda regla, cuando en medio del inventario de libros sin leer me encuentro el libro de LaForte. No recuerdo ni cuándo lo compré, seguro fue en la librería de mi pueblo, y seguro que fue por la portada y el título, pero en ese momento ni idea tenia yo de quién era LaForte. Según me di cuenta de que lo tenía, me lancé un mensaje con abrazo al pasado, así bien fuerte. O más bien, recibí un mensaje que me había enviado al futuro hace mucho tiempo. Ayer repasando las fotos del carrete, me encuentro con esta, en la que estoy leyendo el libro. Tengo un sinfín de fotos que me hace aquí MiMariposita sin yo darme cuenta.

Y ya para rematar, pues que se une con las Papirogas y que se marca unos pendientazos, que como buena fan, ya me compré.

Si no la conoces, escúchala y sigue sus stories. Te aseguro que te va a sacar como mínimo un par de carcajadas.

 

Mishima y el girasol

El domingo estuve un buen rato hablando con MiGurú, ahora hablamos por facetime, y nos parece lo más natural del mundo, algo que no se nos había ocurrido hacer hasta que llegó la pandemia. No hay nada como que nos prohíban una cosa, como que queramos hacerla.

Yo a MiGurú lo veo con frecuencia, pero también es cierto que mas que vernos, hablamos. Hablamos mucho, varias veces al día. Hablamos de todo, trabajo, noticias, hijas, pan, pelis, series no, que él no ve… libros.

Este domingo después de hacer un repaso a la albañilería doméstica y a los estiramientos apropiados después de una buena caminata, hablamos de samuráis.

Empezó a hablarme de un samurái “loco” que se hizo un seppuku famosísimo y que terminó siendo una carnicería. En cuánto me contó esto, me vine arriba. “Espera espera.. ese es Mishima”.

“¿Tú conoces a Misima?”. “Pues claro, y lo he leído también”.

Aquí tengo que hacer un inciso, MiGurú no es MiGurú porque a mi me parezca que le va bien el nombre. No. Es que es un Gurú de verdad. Él siempre va por delante. Siempre. Y siempre de forma acertada. Así que esta vez, me vine un poco arriba. Por primera vez en los 42 años que él tiene, yo sabía algo que él no sabía. Este momento era para recordarlo forever.

La cosa es que después de hablar un rato de Mishima, me quedé pensando en lo mucho que me impactó su libro cuando lo leí. Claro que tampoco estaba yo en mi mejor momento, allá por el 2008. Sin pensarlo mucho, busqué el libro, y me dispuse a leerlo nuevamente.

Leo con otros ojos, pero hay partes que siguen siendo para subrayar:

“Entre las condiciones de los samuráis, menciona Yamamoto (en el libro Hagakure), en primer lugar la devoción y después la necesidad de cultivar la inteligencia, la compasión y la valentía. La inteligencia no es más que saber conversar con los demás. La compasión consiste en actuar bien con los demás comparándose con ellos y dándoles la preferencia (maltratar a alguien es una conducta diga de un lacayo), y la valentía es saber apretar los dientes”.

Al leer este párrafo lo recordé. Lo escribí un montón de veces en aquella época, y tengo unas cuantas libretas con este texto. Me parece tan perfecto que me lo he llegado a aprender de memoria. Ahora la nueva tarea que me autoencomiendo, es leerme el Hagakure, como habrás intuído.

Apretar los dientes. ¿Cuántas veces me lo habré repetido?

Es uno de mis mantras. “Aprieta los dientes y tira”, porque uno de mis principales valores es la valentía, junto con la libertad. Libertad para ser valiente. Otro de mis mantras.

Yo tiendo a considerarme poca cosa, mi altura y tamaño, siempre me han confinado a pasar desapercibida, haciendo poco ruido, siendo poca cosa. Tengo un montón de miedos, y un chorro de creencias limitantes. Cuando memoricé el texto de Yamamoto, me sentía mejor. Esos cuatro valores, que desarrollaba cada día, eran valores de samuráis… igual ya no era tan poca cosa.

A día de hoy, y pese a saberme samurái durante muchos días, la mayor parte del tiempo sigo luchando con mi impostora. En esto no hay descanso. Pero yo, tengo otra condición más: tenacidad o cabezonería, como prefieras.

Estos días, cuando dudo de mi valentía o de mi capacidad, miro el girasol que plantamos al principio de la pandemia, y en el que yo no tenía fé ninguna. Y él ahí, con su tallo infinito y desafiando todas las leyes de la física, no solo se mantiene erguido, sino que encima florece. Estos días, mi inspiración es el girasol de la pandemia.

El día del libro

Ayer celebramos el día del libro. Tuvimos que readaptar nuestra celebración porque youknow..

En una situación normal, hubiéramos ido a Tagoror, nuestra librería de referencia, y nos habríamos quedado allí al menos una hora, remirando y toqueteando todos los títulos que nos llamaran la atención. Cada una en su sección.

Al cabo de un rato, nos hubiéramos tenido que decidir por dos títulos. Emma preguntaría: ¿Puedo estos tres, mamá? Y pondría ojitos de: porfiporfiporfi.

Y yo no sabría como negarme. Porque soy inflexible para casi todo, pero si me pide libros, ahí no sé cómo decir que no.

En casa hay libros por todos lados. Cuando me compré el Kindle, pensé que el problema de almacenaje de libros estaba resuelto, pobre ilusa.

No creo que gaste dinero mejor que en las librerías, bueno sí, el que gasto en viajes y lanas. Eso también es muy buena inversión.

Este tiempo de confinamiento se nos ha hecho mucho más llevadero gracias a los libros. Cada tarde, cada una coge el suyo, y a leer. Ha habido épocas en las que he tenido que obligarla, y con Adijirja he hablado largo rato, si no habrá sido un problema estar tan rodeados de letras, que han hecho que los libros no tengan demasiado interés por su cotidianidad. Ya me ha dicho Adi que no, lo que me alivia bastante. Y estos días lo he podido comprobar, cuando he oído el silencio más rato de lo normal, y me la he encontrado con un asiento improvisado, sobre las cajas de agua, pero pegada a los libros.

Creo que no hay foto que me guste más que ésta. Es como si las piezas se colocaran y cada euro invertido en libros tenga todo el sentido del mundo.

¡Ojalá! que lea siempre, y que encuentre en los libros todo lo que he encontrado yo. No sé qué hubiera sido de mí, si no hubiera leído.

Y tú también, si no estás leyendo ningún libro estos días, es el momento perfecto para empezar.

 

RUN Violeta RUN

Hace un montón de años, en una de esas tardes de cafés y lamentos, mi amiga Malena, me dijo: Líbrenos el Universo de hombres cobardes.

Aquella frase se convirtió en el lema de nuestros encuentros, como nuestro propio Winter is coming.

Aquel lema me alineaba con mi deseo de querer hombres valientes, que lo fuera yo era otro cantar. Un árbol no da frutos en una sola primavera, y fue mucho más tarde cuando me dí cuenta de que la que tenía que ser valiente era yo, para llegado el hombre cobarde, calzarme las zapatillas y RUN, Violeta, RUN.

Desde entonces, he intentado integrar la valentía en mi personalidad, aunque no siempre es fácil. En algún libro de los muchos que he leído sobre el coaching, decía: divide tu objetivo mayor en pequeños objetivos, de forma que sean alcanzables fácilmente.

Y en una de esas formas extrañas en las que une y razona mi cerebelo, me he dicho: ¿calcetines en verano? Eso es de valientes, seguro.

Sigo con la idea de tejer un par de calcetines al mes, más por la urgencia de ir usando las lanas acumuladas en los altos de los armarios, que por la necesidad de tener calcetines. Me preguntaron esta semana que cuantos tenía, y la verdad es que no tengo ni idea, igual es el momento de hacer recuento.

Durante el mes de junio con la locura del inicio del verano tejí bastante poco. Y el par que me tocaba en ese mes, lo he tejido este. Un par de medias clásicas, perfectas para tejerlas mientras MiMariposita perfeccionaba su técnica de natación.

Para los del mes de julio estoy usando una lana que teñí con koolaid hace un montón de tiempo, y este patrón. Definitivamente no me termina de enganchar empezarlos por la puntera.

Otra cosa de valiente que he hecho esta semana es encender el horno, y hornear un queque de limón. Me encantan estas recetas calculadas para familias monoparentales que no quieren estar comiendo queque una semana. Esta receta va directa a la libreta.

Y ya el remate de la valentía, es tener la agenda en blanco. No tener listas de cosas que hacer, no ir de una cosa a otra con el bolígrafo en la mano, poniendo Check en todo lo que hago. Fluyo.. creo que no he hecho nada tan valiente este año como esto. Y con todo este tiempo de fluir sigo leyendo, mucho, más de lo que nunca pensé que podía leer.

Esta semana he leído este libro, y me he encontrado con este párrafo. El triángulo dramático. Hay que ser valiente para detectarlo, y sobre todo salir corriendo, porque de ser valiente, nunca te vas a arrepentir.

A veces el signo de mayor valentía es correr. RUN Violeta RUN.

 

 

Si no quieres ser como aquellos, lee

Hoy me he despertado a las 6:00am como siempre, ya no necesito despertador, porque mi biorritmo está completamente ajustado a activarse a esa hora.

Me he estirado y me he sentado en la cama. Como cada mañana.

De pronto, al sentarme para empezar la meditación, como cada mañana, me ha dado un tirón tremendo en la ingle izquierda. Tanto que me ha dado la sensación de que la pierna se me quedaba “desunida” del cuerpo.

Poco a poco estiré las piernas y recuperé la respiración.

Lo volví a intentar, y otra vez el tirón. Más fuerte.

Salí de la cama, cojeando, y bastante preocupada.

Mi cuerpo empieza a acusar la edad, ¿será eso? ¿En serio?.

La mañana avanza lentamente y cada vez que hago un movimiento con la pierna izquierda, ahí noto algo.

No esperé mas. Me fui derecha a la App de las citas del SCS (Gracias Sanidad Pública) y cogí una cita con mi doctora de cabecera. Para hacer el cuento corto, tengo un desgarro muscular, y el tratamiento es reposo absoluto.

Mi cabeza se pone en marcha ipsofácticamente.Bien, estaré sentada, que no quieta.

Me he aprovisionado de todas las cosas que tengo a medias de punto, de bordado, incluso de costura; he hecho una lista de los podcasts que tengo pendientes de escuchar; las series que tengo a medias y los libros que tengo por leer.

He hecho balance de los libros que he ido leyendo este año. En mi listado de propósitos de año nuevo, tenía: leer un libro por semana, y la verdad voy bastante mal con este propósito. Pienso que el Universo me está dando la oportunidad de ponerme al día con él.

Aun así, he hecho recuento de lo que he leído este año, y traigo lo que más me ha gustado.

Libros de mujeres, que diría yo, son lecturas recomendadas y obligatorias. Si tuviera que quedarme con uno solo, diría que me quedo con el de Sue Hubbel, que probablemente releeré. Su manera de escribir, te transmite mucha tranquilidad, y mucho sosiego. Con un punto irónico y una manera tan natural de describir las cosas, que por momentos dan ganas de tirarse al campo.

Con el de Tara Westover lo pasé mal. Seguí porque sabía que la historia terminaba muy bien, porque los primeros capítulos del libro son bastante terribles, o a mi juicio así me lo parecieron.

El de Michelle Obama, es muy motivador. Me ha conquistado completamente, y me ha hecho romper muchas barreras, somos todas iguales. Su “am I enough?” me ha hecho reconocerme completamente en su historia, aunque nuestras vidas no tengan nada que ver.

Y el último que he leído es el de mi amiga Laura Castañón. Maravilloso. Una historia familiar, bien hilada, deliciosamente narrada, y que hace que te pegues a las páginas hasta que acabas con él. Es una maravilla.

Y con esto, me vuelvo al sofá, a ver si mi reposo va haciendo efecto. Tengo una pila importante de libros pendientes, así que estaré bien entretenida.

Se me grabó a fuego aquello de La Bola de Cristal,… “si no quieres ser como éstos (borregos), lee”