La promesa de la primavera

La primavera ha venido, y nadie sabe como ha sido.

Bueno, si que lo sabemos. Yo, por mi parte no he hecho más que tachar días, y descontar frío y viento de este invierno desequilibrado y tormentoso que me ha parecido estar viviendo. Trato de aislarme de noticias e informaciones, porque la verdad, no puedo gestionar tanta incertidumbre. Un poco, pase, pero tanta.. pues mira, no.

Esperar la primavera ha sido uno de mis mayores actos de esperanza estos días. Esperar a las flores, esperar a los días más largos, y a la promesa de dejar de usar la lana, pese a todo lo que me gusta, y empezar a enseñar los brazos, y con ellos los dos tattoos que me hice en diciembre.

Me he vuelto al jardín, y las macetas que se han reproducido como setas en estas semanas. Han salido flores en las plantas que menos esperaba, y observándolas crecer cada día, me ha dado para parar. Respirar, y maravillarme de la belleza.

He acompañado la espera con mucha lectura, y con mucha escritura.

Estos últimos días he escrito como si estuviera canalizando algún mensaje del más allá, y la app de notas del teléfono, amenaza con petar en cualquier comento si sigo guardando escritos ahí. No me importa, seguiré haciéndolo, porque se me antoja necesario. Como la necesidad de flores y calle. Como la necesidad de música y de acabar ausencias.

Salir a la calle, y por momentos, pensar que a pesar de todo, estamos bien.

 

 

A quererse

He tardado unos cuantos años más de lo normal en aprender a distinguir el querer de la basurilla.

Y hoy, en este día tan amoroso, me apetece sacarlo a que le de la luz.

Cuando estaba inmersa en la treintena, quería querer, quería que me quisieran, y lo quería desesperadamente. Mucho querer mal enfocado, la verdad. Y cuánta oscuridad y cuánta mazmorra a cuenta de estos malquereres.

Hace unas semanas, haciendo un ejercicio de evaluación de esos que tanto me gustan, hice una línea de vida. Hacía arriba los momentos buenos, hacia abajo los malos. Todos los momentos buenos, tenían que ver con el trabajo; todos los malos eran corazones rotos. Estaba muy mal enfocada, y todo era porque tenía mal entendido los conceptos.

Estaba trabajando en aquella obra de aquel centro comercial enorme, cuando descubrí que estaba embarazada. Se acercaban las Navidades, y hablando con un encargado de una de las obras privativas, un hombre educado y respetuoso con el que hice buenas migas, me preguntó qué le pedía a los Reyes esas Navidades. Yo le contesté que se habían adelantado, que venía en camino un bebé. Se puso contento, y me felicitó efusivamente. Me dijo algo, que nunca se me ha olvidado, y que me viene a la mente con frecuencia.

Él tenía una hija que acababa de cumplir 22 años en aquel entonces, y se había ido a Londres a aprender inglés. Me dijo: ahora vas a saber lo que es querer, pero querer de verdad, del querer bueno.. aunque también vas a saber lo que es el miedo, uno de verdad también.

Y sí, he sabido de las dos cosas bastante bien desde que me reproduje.

Del miedo tengo un expertise, así que me he centrado en lo de querer, que era mi asignatura pendiente.

Estaba yo muy confundida en lo de buscar querer. Yo ahora quiero, y quiero a mucha gente, tal vez antes también, pero no lo valoraba de igual forma.

Ahora quiero. Sin dobleces, sin tapujos, sin vergüenzas.

No digo que el único amor que es de verdad es el de p/madres a hija/os, nada que ver. Digo que yo he necesitado de este amor para entender. Ahora me doy cuenta de que sé lo que es el amor, y de que antes lo tenía totalmente confundido con necesidad. Ahora tengo estos dos conceptos bien diferenciados, querer quiero a muchos, necesitar, a pocos.

Querer de reir en cualquier sitio, o también de bailar o de llorar. Querer de convertirme en leona, y también de convertirte en un ser de brazos mágicos que curan con solo abrazar. Y no me refiero al cura sana cura sana que les hacemos a los hijos. Me refiero a abrazar a otra persona, y decirle que todo va a estar bien. De dejar también que me abracen y recibir con total confianza el que me digan que todo está bien.

Querer y bailar, de lo mejor que puedes hacer, pero primero vas a tener que saber qué es cada cosa.

Que no haga falta un 14 de febrero para que quieras a brazos llenos.

Yonqui de la organización

Esta mañana me levanté al alba, para hacer todo lo que quería hacer antes de las 7:00am. Porque a esa hora justa, empezaba el directo en Instagram de LasClavesdeSol y JuanaFernández.

Y yo, que no me he perdido ninguno de estos directos inspiradores, sabía que este directo me iba a dar esa palmadita en la espalda, que ahora mismo estaba necesitando.

El directo de hoy iba de planificación.

Venga va, voy a descubrir un secreto sobre mí: adoro la planificación (ja! Esto no te lo esperabas)

Total, que en mi cabeza, me puse el directo como si fuera un momento de evaluación. Escuchar a estas dos genias hablando de mi tema favorito, ¿qué mas puedo pedir a un viernes?

Y sí. La evaluación fue positiva. Estoy haciéndolo bien, y si por momentos soy una friki de la organización y la planificación, mi razón para serlo, es grande y poderosa. Como la fuerza de la Guerra de las Galaxias.

Principalmente, tengo un objetivo claro en la vida, y es no andar como pollo sin cabeza en el día a día. Y para eso, el camino es uno. Claro y simple: la agenda.

Ahora me vienes a decir lo de la magia de la improvisación, y la sorpresa, y no tener todo tan calculado.. Y mira, pues igual me estoy perdiendo alguna chispa o algo. Pero mi motivación, es una. Yo quiero hacer determinadas cosas cada día, cada semana, cada mes, cada año. Y quiero hacerlas sin correr. Y yo, para mí, el método es este: la agenda.

Mi organización diaria, está tan sistematizada que se hace sola. Y me ahorro un montón de tiempo en pensar. Pensar si la ropa está limpia o tengo que poner una lavadora. Pensar qué vamos a comer. Pensar qué tengo que comprar. Pensar qué facturas tengo que pagar. Pensar qué tengo que limpiar. Pensar cuándo le toca la revisión al coche… ¿sigo? ¿Tu sabes cuánto tiempo hay ahí para gastarlo en lo que realmente me apetece?

De las cosas que planifico con más detenimiento es lo que quiero tejer durante el año. Y en función de los patrones elegidos, compro la lana. Ahí ves (además de que compro muchas cosas en Charuca) lo que voy a tejer de aquí a junio. Un proyecto por mes. La lana preparada dentro de las bolsas, los patrones en digital en el teléfono, y listo. Ya no voy a perder tiempo en rebuscar qué quiero tejer en cuanto se me acabe lo que tengo entre manos ahora.

Lo mismo tengo con los libros. En la agenda tengo una lista de favoritos para este año. Y también de películas y series. ¿Cuántas veces has tenido dos horas para ver cualquier cosa y te has pasado 45 min viendo el menú, sin saber qué elegir? Pues eso.

Agendo mi ocio, el trabajo, las actividades domésticas, las actividades maternales… Todo está en la agenda, y mi cabeza se maneja ligera durante los días. Y lo que es más importante para mí, eso de “no me da la vida” en mi vocabulario no está, aún siendo yo muy fan de LuciaBe.

Mis propósitos de 2022

El año ya está estrenado, y yo no he venido aquí a contarte de mis propósitos. Sí yo soy de esas frikis que cada año hace una lista obscena de propósitos. Ya tengo bastante práctica, y además me conozco muy bien. Soy disciplinada, pero para mantener esta disciplina, necesito tener clara la meta, el objetivo o el sueño, como le quieras decir. Si eso no está claro y definido, la determinación se me va escapando por los pitidos de la alarma del despertador cada mañana.

Como te digo, tengo un montón de práctica. Y si busco entre mis libretas, ya por allá en el 2007 tenía mi listas de propósitos. Me encanta volver a esos años, para comprobar que aunque algunas cosas no las conseguí ese año, se dieron tiempo después.

Y todo esto, me lleva a recordar algo que dijo Ana Albiol en el grupete de trabajo: el trabajo, la constancia, y la motivación, mantenida en el tiempo es lo que te da el resultado, y es lo que por ahí le dicen suerte. ¡Cómo me gustó esa definición!

Bueno, que me pierdo. Mis propósitos.

Cada año, como te digo, hago una lista en un folio. Pero no una lista de tres o cuatro cosas. No, yo me lío ahí a fliparme, y estoy un buen rato, escribiendo cosas que más bien son chifladuras. Cuando se me llena el folio, comienza el momento descarte. Y voy eliminando cosas. Unas porque en realidad no me interesan tanto, otras porque no son objetivas, y otras porque no estoy dispuesta a esforzarme tanto como requieren para conseguirlas.

De ahí, me quedo con una lista discreta y comedida de propósitos. Y entonces la paso a un folio en limpio y me lo coloco en la pared. Visible y grandito. Para tenerlo bien presente a cada momento.

Yo ya no pongo eso de: hacer deporte, comer bien, meditar, o ahorrar… porque esos fueron propósitos de otros años, y ya los tengo instaurados en mis rutinas. ¿Fue fácil fijar estos propósitos? Unos más que otros. Lo que sí te digo que todos me llevaron más de esos 21 días que dicen por ahí que se tarda en hacer un hábito.

Mis propósitos este año son: escribir, mucho, cada día; no apuntarme a ningún curso on line más y hacer todos los cursos que tengo pendiente; no trabajar más de 40h semanales, ordenar todas las fotos.

Mira con que lista más cortita me he quedado. Si llego a fin de año cumpliéndolos, me voy a dar con un canto en los dientes.

Y hasta aquí mis propósitos.. si hablamos de objetivos, eso ya es otra cosa.

De tejer

Mi carpeta de Fotos del móvil o del ordenador, está llena de un montón de fotos de lanas, capturas de pantalla de jerseys, de mis manos tejiendo y de cosas que acabo de tejer.

Ayer Siona en un post de IG, se preguntaba ¿qué hacía la gente que no tejía?. Y Aroa hace unos días también preguntaba si meditábamos.

Estas dos preguntas, en mi caso, se contestan igual: tejer tejer tejer.

Yo empecé a tejer cuando las agujas rectas eran casi tan largas como lo eran mis brazos en aquel momento. Me las colocaba debajo de las axilas y mi cuerpo se quedaba compactado, mientras tejía y tejía.

Recuerdo perfectamente lo primero que me tejí. Era una especie de jersey sin mangas y con cuello barca de color azul celeste y con tres rayas blancas en la parte del cuerpo. Lo tejí de abajo arriba, y por separado. En el cuello y la sisa, tenía menguados y luego hice una auténtica obra de ingeniería para coserlo todo y que quedara “bien”. Era de un acrílico finísimo que tejí durante todo un verano.

¿Qué me llevó a aprender? Supongo que mis abuelas, que las dos tejían.

Mi madre siempre fue de ganchillo. Con las agujas, aunque sabe tejer, no se termina de entender.

Recuerdo también dos vecinas mayores, con las que pasaba alguna que otra tarde, mientras mi madre hacía recados. Ellas también tejían, y ver cómo ellas se hacían sus propios jerseys o chaquetas, a mi me parecía lo más.

De hecho, recuerdo que a ellas fueron a las primeras a las que les insistí para aprender. A día de hoy me pregunto si ellas seguirán tejiendo.

Tejer me devuelve a mi centro. Tejer me da calma y me recuerda que tengo que respirar y soltar los músculos.

A estas alturas de la vida, en las que ya soy un tigre de muchas rayas, sé que si cada día no tejo, estoy guardando malhumor para el día siguiente. Es como la garantía de que el devenir diario se me hace llevadero. También hay épocas en las que me pongo una suerte de objetivos inalcanzables que me tienen tejiendo hasta la madrugada.

Ahora en verano, es como contradictorio, porque es más agradable hacerlo en invierno, con un ovillo de alguna lana calentita. Pero nada que ver, se puede (y se debe) tejer lana en verano, y bueno, si eres un poco así, pues tejes en algodón, que hay por ahí cada ovillo de algodón que es un espectáculo.

Si me preguntas, y no voy a ser nada objetiva por todo lo que te vengo contando, creo que todo el mundo debería aprender a tejer. Así como aprendemos a cocinar o a mantener la casa limpia. Vale que luego lo delegues y termines comprándote los jerséis en zara o en sitio similar, pero aprende. Vive durante algunos días enredada en la hebra y las agujas. De verdad, es meditar. Es abstraerte de todo lo que está a tu alrededor y entras en una especie de blandura cómoda y acogedora de la que no te apetece salir.

La verdad es que ya no imagino mi vida sin tejer, o sin ovillos en cualquier armario. Esto es un daño colateral. Llega un momento, porque llega, por mucho que te controles y te reprimas, en que tienes más lana de la que puedes tejer. Eso es así. Pero no importa, la lana no caduca, y supongo que mis ganas de tejer, tampoco lo harán.

17 años de posteo intermitente

Hoy hace exactamente 17 años desde que abrí esta ventana.

Llevo 17 años escribiendo aquí de forma intermitente.

Este espacio me ha servido para desahogarme, compartirme, reflexionarme, mostrarme, quejarme, estudiarme y muchas veces descubrirme.

Mucho de lo que soy hoy, tiene que ver con que hace 17 años se me ocurriera abrir este blog.

Durante estos años he pasado de un portal a otro, he subido un montón de fotos, he cambiado varias veces la cabecera… el blog ha ido mutando, como lo he ido haciendo yo.

Por aquí hay más de 1000 posts. De cuando iba a conciertos, de cuando me enamoraba, de cuando me rompían el corazón, de cuando me encerraba, de cuando dejaba de comer, de cuando no entendía nada, de cuando creía que lo entendía todo, de cuando perdí a mis perros, de cuando me despedí de mis abuelos, de cuando me embaracé, de cuando me reproduje, de cuando descubrí qué era de verdad ser madre, de cuando publiqué un libro, de cuando enseñé lo que tejía, de cuando vendí lo que tejí…

Muchas canciones. Muchos libros, y sobre todo agua. MiNorte. La playa. La mar.

Y también piedras. Todas las que he ido apartando del camino y que me han servido para ir delimitando mis lindes.

Hoy celebro estos 17 años, con mi labio rojo y los cupcakes de Repostería Encantada. Que la conozco casi desde el mismo tiempo. Celebro con emoción contenida, con ganas de bailar. Y sobre todo de hacer fiesta.

Y por todo esto. A partir de hoy, ya, puedes hacerte con uno de los sayos.

Todos los datos los tienes en el post anterior. Hay dos de cada color. Y la venta será por orden de llegada, como la cola del médico 😉

Escríbeme un DM en Instagram, en @petricoreta y te guardo el tuyo.

Cada sayo vale 35,00€; y si estás por aquí, te lo entrego en mano, a partir del lunes. Si te lo envío tienes que añadir el gasto del correo, que serán 6,00€.

Y con esto y mi cupcake, me voy a celebrar, que además,  hoy es viernes.

 

 

Los Sayos y la Colección #3

 

Y volver… a la casa donde siempre me siento bien, y donde me encuentro en cada letra.

Hoy vengo, después de un montón de tiempo sin decir pío por aquí, (por otros lados he dicho algo más que pio y pio, si no sabes a lo que me refiero, búscame aquí y aquí). Y también hoy, vengo a decir unas pocas cosas. A mi lo de resumir se me da regular, así que voy a echarte el cuento, prepárate un té o un café.

Fue allá por enero cuando se me ocurrió la idea de hacerme un bolero. Y se me ocurrió porque ordenando toda la lana que he tejido para mí, encontré un shrug o bolero, que me hice allá por el 2009, en Semana Santa para ser exactos. Aquel era cortito y era justo para los hombros. Lo usé muchísimo, porque era tan práctico como llevar un foulard en el bolso y ponérmelo por encima si refrescaba. Luego lo dejé de usar, no me preguntes por qué, porque no lo sé. La cosa es que al verlo de nuevo, pensé que mi estilo ha cambiado un poco, y que ya pegado a los hombros no iba conmigo.

No te creas que le di muchas vueltas. Busqué ovillos aparentes al patrón que se iba fraguando en mi cabeza y tras unos breves cálculos, monté puntos.

Yo creo que todavía estaba recogiendo parte de los envoltorios de reyes cuando ya lo había terminado, y el resultado me fascinó. Entre eso, hacer un pedido, y ponerme a tejer compulsivamente, pasó exactamente lo que tardó el cartero en traerme el paquete.

Los tengo terminados desde finales de febrero, pero aquí la impostora sigue dándole para adelante a los días, y no los termino de enseñar. Y eso se acaba hoy.

Una vez que los colgué todos juntos y viendo que llegábamos a mitad de mayo, se me ocurrió que realmente esto no son ni boleros ni shrugs (fuerte palabra difícil de decir), realmente son los sayos que no tienes que quitarte hasta el 40 de mayo, y que dejamos atrás ayer.

Un buen sayo ha de tenerse siempre a mano, que aunque hoy estemos aquí transitando por una calima importante, todas sabemos que pasado mañana a las ocho de la tarde tienes que echarte algo por encima porque va a hacer fresco. Y esto es, o son. La colección #3 o los Sayos.

He tejido un total de 10, en 5 colores distintos. Todos de las mismas medidas, que se puede decir que son una talla S-M, si es que esto se puede tallar, pero vamos, que lo único que tienes que tener en cuenta para saber si son para ti, es definir qué estilo te gusta más, si justo o ancho.

Para que te sirva de referencia, yo mido 1,58. Los sayos miden, sobre los hombros, de un extremo a otro 85cm. De alto, o sea desde el cuello a la cintura, 47cm, y el ancho de la manga son 17cm.

En las fotos ves como me quedan a mí, para que te hagas una idea.

Todavía me falta pulir unos detalles, pero calculo que estarán listos para que elijas y te lleves el tuyo el día 20 de junio. Si quieres verlos mejor, puedes irte por Instagram, donde he dado bastante la tabarra con ellos. Si tienes claro que quieres uno, escríbeme por allí a partir de ese día, y te lo hago llegar. ¡Ay que nervios!

Y con esto, y el porrón de cosas que tengo que hacer, doy por inaugurada la Colección #3, y mi vuelta a casa.

El resumen del libro

 

15 de enero, me ha parecido un gran día para volver a fichar por aquí.

Se me ha ido el Santo al Cielo, y llevo desaparecida de estos lares. Qué mal. Ya sé, ya sé.. pero mira, esta vez no voy a comprometerme, ni a obligarme, voy a poner de mi parte para recordar lo bien que me hace venir a dejar mis cosas por aquí.

No queda otra que hacer balance. Lo último que te conté fue que tenía un libro. Y hoy lo primero que voy a contarte es que ya no hay libro. Hasta la próxima Navidad, al menos.

Me pasé dos meses paseándolos, mascarilla y gel mediante, de un lado a otro de la isla, viendo como los escaparates de las librerías de mi pueblo los lucían. Hablé para la tele, la radio y el periódico. Y ya de rematada, me envalentoné, y terminé presentándolo en sociedad, en pettite comité, como marcan las normas ahora, en la sala donde yo he visto a grandes escritores y escritoras. Mira, yo creo que a mí este año pasado lo de la visualización se me fue de las manos.

Si te digo que he pasado nervios, no te miento. Pero si te digo que he disfrutado como nunca pensé que lo haría, pues tampoco.

Ha sido un viaje emocionantísimo. Y ya hoy, que he cerrado proyecto con las librerías, los otros establecimientos y los señores de Amazon, puedo sentirme super satisfecha. Voy a ponerlo aquí, por si en algún momento me da por ponerme en plan dramas a tope con la impostora.

De otro lado, hemos pasado unas Navidades con los más de cerca, en una casa nueva para nosotras, vieja de edad, y aún estamos deshaciendo cajas. Uno de mis propósitos este año era apuntarme a hacer entrenamiento de fuerza. Yo creo que el Ayuntamiento, que ya no me da trabajo, ha querido hacer algo por mí, y se ha puesto a hacer trabajos en la calle donde estamos. Hacer una mudanza dejando el coche a casi medio kilómetro de distancia, es el mejor entrenamiento. Mas de dos meses de obras, y lo que te rondaré morena. Así que al gimnasio, este año, no creo que vaya. Ese dinero que me voy a ahorrar lo voy a invertir en lanas y libros. Esto es un win win, lo mire por donde lo mire, aunque cuando voy cargando con las cajas, solo me sale jurar en arameo.

Empiezo el año sin melena, con muchas cajas que deshacer, y con la cabeza llena de proyectos que materializar. De momento me digo: keep going, y hasta donde el bicho nos deje.

 

 

Ya está aquí

Llevo mas de un mes desaparecida. He estado bastante ocupada, la verdad, y también dispersa, para qué voy a decir otra cosa. Con un poquito de tiempo para pasearme por petricoreta y dejar el feed lleno de pistas, y poco más

Ha sido un mes lleno de cosas, entre ellas, que he dado otra vuelta al sol. Ya tengo un año más. 45 para ser exactos. Y ni tan mal. Creo que pese a tener un cumple íntimo y con poca presencia, ha sido uno de los más intensos. Vaya, que todo bien.

Lo celebré rascando mortero de mis baldosas hidráulicas nuevas, y limpiando gotas de pintura de la carpintería interior. La reforma ya está prácticamente terminada, a falta de dos tardes de trabajo de carpintería, y listas para empezar a montar cajas y cajas.

Y ¿te crees que eso es todo?, pues no. Me ha parecido super buen momento para ponerme a publicar un libro.

O sea que, mientras, también he aprobado la corrección completa de mi manuscrito, la maquetación, el diseño de la portada, y la edición al completo. Este sábado, amazon me mandó el mail avisándome de que ya mi manual, estaba al aire.

No puedo describir las emociones que tengo ahora mismo, porque son muchas y muy diversas.

Así que aquí está. Aquí te lo presento. Mi Manual de Adviento, y un poquito para que puedas ir haciendo boca, mientras llega.

He pasado el verano tejiendo calcetines y manoplas, haciendo pruebas de cómo quedarían y de cómo las podría combinar. Yo creo que, en este punto, si pones en mis manos, lana y agujas, salen calcetines.

Espero que con estas novedades que traigo, sepas perdonarme la ausencia.

Poco a poco voy a ir sacando la cabeza para algo más que para coger aire, y con suerte, tengo cosas que seguir enseñando por aquí. Espérame ¿sí?.

petricoreta – Colección #01

Llegó el momento de despejar todas las dudas, y de sacar a la luz donde he invertido mucho de mi tiempo de estas últimas semanas. Entre otras cosas porque si sigo con este estado de nerviosismo, igual necesito toda la tila plantada en el país.

Ya sabes que hace un rato te presenté a petricoreta, mi marca. Con ella pretendo sacar pequeña colecciones de accesorios, tanto personales como domésticos. Confeccionados con mis manos y mediante la técnica del punto o tejido.

No pretendo, por lo menos de momento, hacer un negocio de esto. Digo de momento, porque nunca se sabe dónde o cómo se van sucediendo las cosas, que yo voy tejiendo yo sola en casa y vete tu a saber si termino convirtiéndome en la Amancia Ortega del punto.. Yo, siempre a lo grande.

Mi única idea es tejer. Tejer de forma compulsiva como hago siempre, y de paso, no quedar sepultada bajo mis tejidos. Al mismo tiempo, mis conocidas y amigas, siempre me dicen que teja de forma profesional, que venda lo que tejo. Y bueno, pues ya ves, el confinamiento me ha echado así como para adelante, y aquí está esto.

De entrada, esta es mi Colección#01. Está compuesta por 19 clutchs. No hay dos exactamente iguales porque están hechos a mano,  ya sabes lo que pasa con la artesanía, y como solo son 19 cuando se acaben, chao chao.

Cada clutch mide 17x14cm, y por dentro tiene un forro de tela de algodón. Si quieres ver cómo ha sido el proceso, y también muchos detalles, ve a la cuenta de Instagram de @petricoreta, que en el feed he ido poniendo muchas fotos del tiempo que he trabajado en ellos.

Se puede usar como clutch para cualquier salida rápida, o larga, pero que no te apetezca o no necesites llevar nada más que el teléfono, la tarjeta, las llaves, y un labial. ¿Acaso necesitas algo más?.. Bueno sí, ahora también una mascarilla. Te cabe también.

También te sirve para meterlo en el bolso, y lo puedes llevar como neceser. Para que te hagas una idea, un Kindle cabe perfectamente en él.

Está hecha enteramente con seda vegetal CasaSol, y tejida por mí. Todo lo he hecho yo sola. Bueno, también es cierto que aquí tengo una becaria, que me ha ayudado en algunos momentos a cortar, o a ordenar, o a colocar. Probablemente sea la más crítica y también la que más me ha apoyado en todo este camino.

El coste de cada clutch es 23,00€. Si estás en la isla te lo puedo entregar en mano, y si estás un poco más lejos, te informaré de los gastos de envío, que dependerán de lo lejos que estés.

Si te gusta alguno, solo tienes que escribirme un mail a petricoreta@gmail.com, o un MD por Instagram, en el perfil de @petricoreta. Tendrías que decirme qué número quieres, y yo te diré si sigue disponible. El pago se hará por bizum, y te daré los datos cuando se formalice la compra. Y poco más, me encantaría decir eso de: corre corre, que vuelan porque todas quieren mis clutchs, y nos posee el ansia viva por tenerlos. En este caso te lo voy a decir, porque la cantidad es pequeñita, y mi familia es grande.