El descanso y mi bisabuela Maximina

Tengo las muñecas a tope de power estos días, porque no he hecho más que tejer. Anoche, un un calambre como rayo sutil, me atravesó desde el codo a la muñeca y ahí me salió una red flag.

Pensé que más me valía descansar un poco porque a este paso habré acelerado mi artrosis unos cuantos años, y pensar esto amigas, hace que se me seque un poco bastante la risa.

Así las cosas, me he propuesto descansar.. (mucha suerteh).

De momento he intentado despistarme todo lo posible haciendo otras labores. He hecho tareas domésticas, he visto como mi hermana pequeña, la otra artista, ha maquillado a las tres personajillas que hablan sin parar en esta casa. Me ha dado hasta envidia y he terminado pidiéndole que me maquillara a  mí. Luego, cuando me lo he quitado para irme a la playa me dado una pena tremenda, la verdad.

Se ha quitado el viento, y los días son largos y quietos, con una brisa marina ligera que al menos impide que nos derritamos. Se está bien aquí, por momentos me olvido de todo lo que está pasando por fuera del entorno que es esta casa, pero me acuerdo rápido, porque por la calle pasa gente, y todas llevan mascarilla. La realidad aplasta como el sol de medio día. Todo es incertidumbre, y yo esto lo llevo regular. Creo que por eso he tejido tanto estos días, es la única forma que tengo de evadirme de ella.

Me han traído  el periódico donde escribo, y sigue dándome mucha vergüencita verme ahí, en la página 19. Aunque también me da mucha emoción, para qué te voy a decir otra cosa. Me pongo a pensar en esta bisabuela que no conocí, que enseñó a bailar a mi padre, y que podía pasar horas caminando sin decir una palabra, aunque fuera acompañada. No sé qué pensaría de todo lo que está pasando, de lo poco que se nos pide, y lo mucho que nos cuesta. Igual aprovechaba uno de sus silencios para hacerte entender que lo que pasa es serio, y que no deberíamos tomarlo a la ligera, como parece que hacemos por la cantidad de contagios que hay estos días.

 

 

Huevito duro

Aquí hay una niña que ha vuelto a patinar. Y una madre que va con los dientes trincados todo el camino pensando en que se rompe un brazo. Soy ceniza de naturaleza, aunque te prometo que lucho contra ello cada día.

Ella patina como el viento, yo voy moviendo mis piernitas, recuperando el movimiento, todo el que he perdido durante estos meses. Aprovecho la caminata para escuchar a Moreno, ya que mi compañera de paseo va muchos metros pro delante de mí y no me da conversación. De paso te recomiendo este disco con mucho frenesí. Estoy monotemática con la música. El verano de la pandemia tendrá la música de ChemaMoreno como banda sonora.

A la vuelta, cuando pasamos por calles en las que los patines van en la bolsa, vamos hablando de nuestras cosas, y ayer aprendí un concepto nuevo que me parece fascinante.

Estaba Emma contándome una de sus largas historias sobre un juego en la playa, y que fulanita se la quedaba, y que cuando la pillaron, pues gritó: huevito duro… y que claro, entonces había que pillar a otra.

Yo me quedé un poco en 33.. porque no entendía que tenía que ver una cosa con otra. Entonces empecé a cuestionarme, si tal vez, las reglas del pilla pilla hubieran cambiado. Le pedí a Emma que me explicara la cuestión, porque lo de “huevito duro” no terminaba de entenderlo. Y me cuenta: ser huevito duro es como tener inmunidad. Si eres huevito duro, pues no te pueden pillar, y tampoco te la puedes quedar. Ser huevito duro es un chollo.

Ella se extrañó de que yo no entendiera este concepto. Le expliqué que eso en mi infancia no existía.. Si te pillaban, te la quedabas y listo.

Después de eso, estuvimos en casa comentando el único tema que se comenta cada día en todas las casas del mundo, como es natural. Los adultos más adultos, se ensalzaron en una conversación enredada y achacosa sobre todos esos menos adultos que circulan por las calles como si vivieran en una realidad paralela en la que son inmunes. Emma, que estaba pintando y que parecía que estaba ausente de todo lo que estaba oyendo, le puso palabras: y a estos chicos ¿qué les pasa, mamá, con el coronavirus se creen que se puede ser huevito duro?.

Me pareció un razonamiento maravilloso. Se creen huevito duro.

Temo por el momento que sea un ingreso o una mala noticia, cuando se den cuenta de que en la vida, casi en nada se es huevito duro, bueno, me equivoco.. en el pilla pilla, si tus compañeros de juego te dejan.

Una casa vieja, pero mía

Estoy tratando de aislarme entre tanto brote y tanta noticia tremenda, aunque estoy fallando estrepitosamente, la verdad.

No miro las noticias, y tampoco oigo la tele o la radio, sin embargo, me entero de todo, y en serio te lo digo, interés tengo cero. Yo sigo soñando con mi parcelita vallada a prueba de noticias y disgustos. Una utopía, ya lo sé.

Ayer, cuando ya me harté de ser receptora de cuanta información me rondaba, me calcé las zapatillas y me lancé al camino. Mascarilla puesta, por supuesto.

Siempre que estoy en MiNorte, y me echo a andar, mis pies toman la dirección y me llevan por dos posibles caminos: o a la playa o a las piedras. Ayer, fue este segundo destino el seleccionado.

Me flipan las casas viejas, no sé si alguna vez lo he dicho por aquí. Seguramente que sí, que llevo rajando aquí la friolera de 16 años. Ya puedo decir que mi relación más larga ha sido, sin duda, con este blog. Lo que son las cosas. Bueno, a lo que iba, que las casas antiguas tienen un fuerte poder de atracción en mi. Me encanta verlas e imaginarme qué pudo vivirse allí. En qué tiempo se haría, cuantas alegrías o penas se vivieron entre sus paredes. Soy capaz de imaginar historias completas, con principio, desenlace y final.

Ayer, según llegaba a esta casa vieja, mi cabeza se ponía en modo invent, y yo ahí viviendo mi invención. La cuestión es que esta casa vieja, no es una casa vieja cualquiera. De ésta sí sé cuándo se construyó, y también conocí a algunas de las personas que vivieron en ella. Lo del medio, me lo voy a tener que inventar, una vez más.

En mi ensoñación, me imaginé en mis próximos años, en los que desde una casa nueva, mi escritorio tiene vistas directas a estas piedras, y que con esta vista, voy a ser capaz de hilar perfectamente historias, y con ellas compongo un libro, o dos.. o una saga completa. Que yo cuando me pongo a soñar, soy bastante pro.

Y dando vuelta sobre esas piedras, me fui viniendo cada vez más arriba. Y me di cuenta de que algunas piedras, las han movido, y que hay un camino medio hecho por mitad de mi parcela, y que hasta se me han comido los tunos. Me enfadé mucho ayer la verdad.

Me senté por un lado, y respiré hondo. Me volví a ubicar desde mi escritorio, escribiendo sin tino, y siendo bastante feliz. Vendiendo libros sin parar, imprimiendo muchas ediciones de todas mis novelas. Ganando mucho dinero, como es lógico. Con la cuenta bancaria bien repleta, me levanté y me sacudí la tierra. Me puse en marcha otra vez, y de camino a casa, empecé a llamar a alguien que me presupueste una valla, y a otro alguien que me recoloque las piedras, y ya que estamos, no sé si buscar un bardino que me guarde los tunos. Volví bastante cansada de la caminata, porque ser terratenienta es muy complicado, la verdad.

El octavo

Cuando terminó el confinamiento, mis chicas tejedoras propusieron quedar para volver a vernos, así lo conté por aquí a mitad de junio. De esa quedada, salió la propuesta de juntarnos para quedarnos una noche juntas: una fiesta de pijamas, pasados los cuarenta. OMG.

A mi me sonó de primeras como un NO muy grande, y en neón luminoso. Pero ellas saben qué fibras tocar, para que se me aflojen las limitaciones. Acabé accediendo solo por no seguir escuchándolas.

Y allí que nos fuimos, cargadas de salmorejo, buen café, y lanas, por supuesto.

Mi prima puso la casa y las camas, las demás las ganas.

No te quiero contar lo necesario que son estas escapadas con amigas. Las risas, las confidencias, y en las próximas, te aseguro que habrá gintonics y la lista de reproducción de Noches de Fantasía.

Ese mini retiro lo usé para empezar el octavo jersey del año. Sigo en modo CaitlinHunter, con la obsesión compartida con mi amiga LaBosch, de tejerlo todo. Al menos todo lo posible.

Con este patrón me he confiado. Después de tejer seis, ya me creía yo que me lo sabía todo, y leí así, por encima. El resultado es un jersey más crop que jersey. Me di cuenta de que me quedaría más bien ajustado, desde que separé las mangas, pero ¿qué crees que hice?. Seguir para adelante. Cerrando los ojos y confiando demasiado en la  magia del bloqueo. La magia se dio en asentar el tejido, lo de hacerlo crecer, es otra cosa tipo milagrito, y eso, pues no.

El resultado, aunque justo, me gusta. Y así se va a quedar. Igual esto me anima a usarlos más con vestidos y con falda, ahora que he visto que quedan bastante bien.

Estoy enamorada del colorwork, me parece una técnica divertida y amena, y el resultado es siempre espectacular.

Ahora, necesito otra fiesta de pijamas para llevar la máquina de coser, y hacerme unos cuantos vestidos, que ya el siguiente jersey lo tengo en las agujas.

 

9 años

9 años

¡Ay madre mía qué vértigo!

9 años. 3.285 días.

En serio, ni en mis mejores sueños pensé en llegar aquí, así.

Y no te voy a decir que todo esto ha sido un camino de rosas y de pajaritos, con música de peli de Disney, nada que ver. Ha sido más de llegar a curvas derrapando, y de dar volantazos a último momento. De aprender y casi profesionalizar la técnica de respirar hondo y de intentar decir con calma: no; diecinueve veces a la misma pregunta.

También ha sido de perfeccionar otra técnica, la de bajar las persianas y mandar a la cama a las 9:30 de la noche, cada día, incluso en verano, y de decir con los ojos cerrados para no estallar en grito: si no tienes sueño, lees.

Ha habido muchos: si no te quieres comer el almuerzo, me parece bien, pero es lo que te voy a ofrecer en la merienda, la cena y si me apuras y te aguanta, hasta el desayuno.

En serio, he hecho un máster en paciencia en estos nueve años, solo que no he aprobado aún, por eso me toca seguir practicando… porque ya que estamos, lo voy a contar todo: se me escapa algún grito, y algún: porque lo digo yo, y punto. Se me escapan por algunas rendijas: recoge los juguetes, y no siempre lo digo con los chakras alineados, ya tu sabes.

Pero también ha habido muchas risas, muchas conversaciones de esas que te dejan dos días pensando en dónde habrá oído según qué cosas para que tenga esas dudas sobre cualquier tema.

Me hace gracia porque aunque yo me vuelvo loca con las matemáticas, ella se vuelve loca con el arte, con el ballet, con el cine, y sobre todo con todo lo que hay detrás de la gran pantalla. Ella me cuenta que no se debe levantar una de la butaca del cine, hasta que salen los créditos, y que el croma es importantísimo en cualquier grabación. Si vemos la película en casa, tenemos que ir parándola para ver si se ve algo que revele el tipo de set donde ha sido grabada, y también hay que ver si la historia tiene guión propio o está basada en la historia de alguien o de un libro. Datos totalmente irrelevantes para mí hasta ahora, que te voy a contar.

Es fascinante verla crecer, ver que se apasiona con muchos temas, y que es tan intensa como yo cuando lo hace. Mi pequeña PAS, sí, ella también.

Vamos aprendiendo día a día, y he conseguido alejar de mí ese monstruo alargado y pegajoso que es la expectativa. Cada día lo destierro un poco más lejos.

Me concentro en hoy, en sus avances en cada cosa, en repetir hasta el aburrimiento el: lávate los dientes o recoge los zapatos. Sé que tenemos que aprender mucho, pero estoy terriblemente orgullosa de cómo hemos llegado hasta aquí. Estoy deseando seguir cómo sigue este cuento.

La libertad

Ya estamos oficialmente de vacaciones. De esas de caminatas por la mañana, playa a cualquier hora, siestas con libro, y sin horario para ir a la cama.

Ayer cuando llegamos a la playa, la marea estaba subiendo, y eso supone que va dejando charcos enormes por donde solemos caminar, que es bastante más arriba de la orilla.

Esos charcos son un imán para niñas que necesitan soltar correas.

Tengo bien presente el pulso constante que mantenemos. Ella quiere ir a un sitio, yo digo no; ella quiere hacer algo, yo digo no… y así hasta el infinito. Se queja con frecuencia porque dice que solo digo no, yo le digo que diría más veces sí, si lo que ella pretendiera fuera menos peligroso.

Sé que me entiende, pero se hace muy bien la despistada, y hace como que no comprende. Así que apenas me doy la vuelta, vuelve a la carga.

Por eso, cada día reservo un tiempo para la libertad. Correr por la playa, patinar, meterse en el agua (en aguas mansas, no en Piedra Playa), y ya de remate, mirar hacia otro lado mientras se mete en la cocina a robar una onza de chocolate.

Es complejo esto de mantener el equilibrio, no te creas.

Ayer, mientras la veía correr, sin “correa”, sin límite y sin parecer que había supervisión constante, me di cuenta de que ese momento era la justa representación gráfica de la libertad.

Y la entiendo. Compartimos el mismo valor.

Para mí lo más importante, también es la libertad. Y no me refiero a la libertad de hacer siempre lo que me de la gana, me conformo con tener la posibilidad de poder elegir lo que quiero, en cada instante y en cada situación. Cuando no me siento libre estoy triste, contracturada, y con frecuencia me pongo gruñona.

Me costó un tiempo entender esto en mi vida. Donde primero lo entendí fue en el trabajo. Poder decir: hoy no voy a hacer nada, sin tener que dar explicaciones; me cuesta trescientos euros mensuales, que pago gustosa en forma de recibo de autónoma, pero me compensa con creces. Y ya hace más de diez años que lo hago.

Ahí lo entendí y lo apliqué rápido.

Hay otras áreas, donde me ha costado un poco más, pero ahora mismo siento que soy completamente libre, en todo. Doy las explicaciones que me apetece; solo decido yo sobre cualquier cosa, y voy solo donde me apetece. Y esto no significa que sea una irresponsable, o que deje que se me acumule el trabajo, o las decisiones. No nada que ver, a lo que me refiero es que solo yo soy responsable de mi día a día, y que tengo todas las competencias sobre mis decisiones. Soy libre, y no solo lo soy, también me siento libre. Y tu ¿es para ti importante la libertad?.. ¿cómo de libre eres o te sientes?

 

 

A tope con La Forte

Tengo el cuerpo, bueno, más bien la mente, en modo vacaciones. Mira que lo intento, pero llega el verano y yo no puedo evitar bajar el ritmo. Se me pone el cuerpo en modo vacación. Yo creo que no me voy a sacudir nunca el espíritu estudiante. Sigo los ritmos de un escolar.

En uno de esos videos – conferencias que veo con asiduidad, escuché decir a Sergio Fernández, que él cada año se da una microjubilación. Y mira, me gustó el concepto, así que voy a sentirme menos culpable, pensando que es una minijubilación cada verano.

Así que ya mismo pongo en reposo mis neuronas y me voy a dar a la Dolce Far Niente. Y de paso me voy a poner al día con mi última obsesión.

Hace un montón, como 15 años o así  que escucho podcast. Recuerdo cuando lo hacía desde mi ipod nano, que ahora usa Emma (gracias Apple por hacer aparatos que duran tanto). En aquel entonces escuchaba todo en inglés, porque en español había entre cero y nada.

Durante este tiempo he ido cambiando de programas, y de canales. También he ido por rachas, unas veces escucho más, otras escucho menos.

Hace un tiempo, vi en los stories de LuciaBe, que soylaforte la había entrevistado para su patio de vecinas. En ese momento, me suscribí al podcast para oírlo después. Y ahí lo dejé.

No fue hasta que llegó la pandemia cuando volvió a cruzarse por mi camino. De lasclavesdesol te vengo hablando hace tiempo, porque me he hecho mega fan. En uno de sus directos de IGTV habló con Enric Sánchez, y mira tú por donde, resulta que es pareja de LaForte. Ya después de esto, pues le puse toda la atención.

Ahí descubrí que tiene dos podcasts, uno sola “Mi patio de vecinas” y otro junto a Enric “Si es lo que parece”. Me puse a escucharlos en cuanto pude, y me hice fan total.

Pero no acaba aquí mi relación con LaForte, escuchando uno de sus podcasts, la oigo decir que tiene un libro. Y a mi que el título me empieza a sonar. Al mismo tiempo dice que no lo busquemos, que ya no está. Y yo ahí que me quedo con el runrún del título y de por qué me sonará tanto.

Como digo, esto fue durante la mitad del estado de alarma, en esos días en el que a casi todas nos poseyó salvajemente el espíritu de MarieKondo. Y ahí estaba yo, haciendo un Konmari en toda regla, cuando en medio del inventario de libros sin leer me encuentro el libro de LaForte. No recuerdo ni cuándo lo compré, seguro fue en la librería de mi pueblo, y seguro que fue por la portada y el título, pero en ese momento ni idea tenia yo de quién era LaForte. Según me di cuenta de que lo tenía, me lancé un mensaje con abrazo al pasado, así bien fuerte. O más bien, recibí un mensaje que me había enviado al futuro hace mucho tiempo. Ayer repasando las fotos del carrete, me encuentro con esta, en la que estoy leyendo el libro. Tengo un sinfín de fotos que me hace aquí MiMariposita sin yo darme cuenta.

Y ya para rematar, pues que se une con las Papirogas y que se marca unos pendientazos, que como buena fan, ya me compré.

Si no la conoces, escúchala y sigue sus stories. Te aseguro que te va a sacar como mínimo un par de carcajadas.

 

De La Concha a Piedra Playa

Hoy vengo tarde, y acalorada, y echando mucho de menos todo lo que me provoca MiNorte.

He estado haciendo recados y cumpliendo obligaciones, que aunque me quiera escaquear, pues no puedo.

En medio de todo el calor, y de todo el corre corre, la mascarilla, y los pelos a lo leona, venía yo pensando, que qué bien.

No sé por qué me acordé hoy, de ese verano del año 2010. Que se dice rápido, pero del que ya han pasado 10 años. Ya no me da vértigo mirar atrás. Y eso, para mí, es todo un logro.

Aquel verano de golpes en la autoestima, en la moral, y en todo aquello que no es físico pero susceptible de golpear. Cuando llegó agosto, yo era un colador, de puro agujero. Luego vino la trinchera. La recuperación. La confusión.

Y en medio de eso, MiNorte como constante. Piedra Playa con su mar que arrasa, y La Concha, con su tranquilidad. Siempre estuvieron ahí. Siguen estando.

Sinceramente no sé de dónde saqué la fuerza o  cómo superé aquel verano. Fácilmente hubiera podido ser el último. Y en parte lo fue, porque fue el último que pasé siendo una.

Si tengo que asumir todo eso que se le achaca al signo de escorpio de morir y renacer, ese momento fue para mí el último semestre del año 2010. Mi momento Ave Fénix.

Ya no me cuestiono cómo me dejé vencer así, cómo me dejé tratar así, cómo acepté que ese era el dolor que merecía. En verdad han pasado 10 años, y no es que haya llovido mucho, pero ese tiempo que cargo a mi espalda, me ha servido para crecer. Me siento feliz cuando me levanto, y también cuando me acuesto. Me río sin miedo, y también bailo y como sin temor. La vida hoy se me hace muy llevadera. Nada que ver con aquel entonces, que vivir me parecía además de complicado muy trabajoso.

Que bien estar aquí, así, ahora.

En aquel momento era el mar de La Concha, tranquilo y manso, me dejaba hacer sin rechistar. Pero hoy, 10 años después, soy el mar abierto de Piedra Playa.

¡Ay! Si te cojo hoy, hoy te meto una revolcadura que apareces en Cabo Bojador.

Si eres uno de ellos, te odio, fokin irresponsable

 

Me sé bien la teoría, diría yo, que me la sé muy bien. Todo eso de no entrar en bucle en la queja, el pesimismo y la negatividad. Todo eso me lo sé al dedillo. También sé que solo hay que entrenar el ojo para encontrar la belleza o la enseñanza en cualquier situación. Y tan entrenado lo tengo, que bueno, me asombro cada dos pasos que doy, dentro y fuera de mi casa.

Esta mañana en mi paseo, en medio de un alisio que me llevaba de lado, vi de lejos un cuervo, que me fue persiguiendo todo el camino. Más que persiguiendo, diría yo que me fue acompañando. Me gustan mucho los cuervos. Y detrás de darme cuenta de que llevaba compañía, pude ver esta belleza de flor amarilla, en medio de grava 20-40. Sigo distinguiendo los áridos a la perfección, aún cuando hacen ya casi 15 años que dejé la cantera. ¿te acuerdas?. Qué cantidad de aventuras viví en ese volcán.

Voy caminando ciñéndome muy mucho a la teoría que tan bien me sé, pero me siento por dentro como una olla a presión. Y de pronto, me digo a mi misma que como no busque una válvula de escape,  voy a salir explotando. Y por eso, he llegado a la conclusión, que este cuarto mío, que siempre fue como un cuarto de los gritos, donde yo venía aquí y vomitaba lo que me subía la presión, es el mejor sitio para hacerlo.

Así que… vómito va.

Estoy harta. En verdad, estoy muy harta. Estoy super harta. De la gente irresponsable que no toma decisiones, de la ausencia de responsabilidad, de todos esos caraculos que en lugar de tomar responsabilidad de sus cosas y tomar decisiones, tiran con poca elegancia la pelota a tu tejado, y salen palmeándose las manos. No sé si lo he expresado con suficiente claridad: no me gustan los irresponsables.

Y para mí es irresponsable aquel que no es consciente de qué situación vivimos, de los que se ponen la mascarilla por debajo de la barbilla, de los que van a la playa, acampan y allí hasta que se pone el sol. De los que oyen música a tope como si lo que ellos oyen tuviera que oírlo yo también. Todos esos que no respetan normas, o aquellos que como no está prohibido no son capaces de actuar con responsabilidad. Joder que harta estoy.

Estoy harta de tener que aguantar comentarios, ignorantadas y muchas reflexiones que no tienen ni pies ni cabeza, del cuñadismo más burdo. Estoy hasta el moño de los vecinos que no conviven, sino que acampan en edificios como si vivieran solos en una parcela de 10milmetros cuadrados. De la música para todo el vecindario, de los negocios irresponsables que abren puertas sin respetar normativas, y que salen impunes de cualquier tipo de denuncia.

Hasta más arriba del moño de los abusos, los machistas, los estúpidos que se sienten con la autoridad de mandarte, corregirte, o incluso ningunearte. De los gestores que no gestionan, de los que utilizan una cabeza de turco o una cortina de humo para no dar justificación a sus malas prácticas; y de los que siguen poniendo el euro por encima de los habitantes. ¡Yos! Que mala leche tengo.

Me doy cuenta de que aislada, estaba bien. Y feliz. Y podría seguir estándolo, si todos los que ahora no lo estamos, fueran solo, un poquito responsables.

Los recuerdos y los sentimientos

Ha salido mi segundo artículo. Esta vez hablo de mi abuela Teresa, que este año hará 8 años que ya no está. Con ella viví muchísimas cosas, y mi artículo son solo unos pocos de mis recuerdos más tempranos con ella.

Los artículos que irán saliendo en El Enfoque, son extractos de escritos mas largos que no sé si en algún momento verán la luz. De momento me contento con sacarlos de mi cabeza, al estilo pensadero de Dumbledore.

Lo que voy escribiendo es lo que recuerdo, mis vivencias, o puede que mis invenciones. Una vez leí que Gabriel García Márquez, decía que la vida no es lo que te pasó sino lo que recuerdas que pasó. En otro sitio, no recuerdo quién lo dijo, ni dónde; igual fue Punset, en Redes… Decía algo así como que el cerebro solo almacena ciertas cosas, y la mente rellena para no tener espacios en blanco. Entonces, es posible que recuerdes cosas que no pasaron, o que tal vez tus recuerdos no sean copias fidedignas de lo que fue. Esto me genera mucha ansiedad. Tengo, siempre la he tenido, una gran tendencia a la fantasía. Antes, ahora menos, lo que pasaba en mi cabeza siempre era más divertido y brillante, de lo que pasaba en la realidad. Por eso, cuando echo mano a mi copia de seguridad mental, me entra la duda de cuánto de realidad habrá ahí.

Esta angustia se ha instalado tan profundamente en mi persona, que ahora que todo esto está siendo publicado, y que no solo yo lo estoy leyendo, siento unos nervios terribles hasta que alguien lo valida. Normalmente mis primas mayores, que deben tener más recuerdos y seguro que más reales que los míos, sobre estas mujeres que formaron nuestra familia.

Y ayer mismo, cayendo en la cuenta de esto, me di un par de tortas. Aquí está de nuevo la impostora. ¿Por qué son más válidos los recuerdos de otras personas que los míos?. ¿Por qué he de buscar soporte y apoyo siempre para creerme lo que pienso, lo que recuerdo, o simplemente lo que me pasa?. No le encuentro demasiada explicación, pero supongo que cada uno siempre tiene su propia perspectiva de lo que pasó en función de cómo se sintió, y ahí nadie puede decir si es correcto o no, porque en cómo te sientes sólo mandas tu. Que no validen nuestros sentimientos, a día de hoy, me parece el mayor de los maltratos. Te dicen que lo que sientes no es correcto, como si hubiera una forma correcta de sentir. En función de lo que a los demás les venga bien. Todo esto me ha traído de cabeza durante tanto tanto tiempo que es probable que me recuerde haber estado contradiciendo mis sentimientos toda mi vida.

A base de sentir, que sentía mal, fui anulando lo que sentía. Parece un trabalenguas, pero es justamente así. Hasta hace unos años, todo parte del mismo momento. De escuchar a Emma, de prestarle atención en sus sentimientos, y en cómo los expresaba. Empecé a reconocerme, y como con casi todo lo que me pasa, me puse a buscar información. Pues la encontré, porque lanzada la pregunta, siempre hay respuesta, solo hay que encontrarla.

Hay una etiqueta, como para casi todo, que da explicación a esto que nos pasa. Personas altamente sensibles. Y aunque las etiquetas tienen tanta mala prensa, porque pueden condicionar, si te digo que en este caso, lo que ha hecho es darme mucho alivio. Todo esto que muchos no entienden tiene una explicación, y no es un invento que ha hecho mi cerebro para rellenar un hueco en blanco que por un fallo, mi mente no almacenó.

No es que ahora por saberlo todo se haya resuelto, pero lo que sí pasa es que ya no voy en contra de lo que siento, y estoy mucho más pendiente de lo que Emma siente también. Esta vez, la etiqueta nos ha dado mucho alivio.