Halloween

Después de la noche de Reyes, creo que la de esta noche es mi segunda noche favorita.

Hay una frase por ahí que dice: “y dices bruja y piensas que es algo malo”

Yo llevo lo de bruja como estandarte y con mucho orgullo, por eso esta noche es una noche especial. Hago magia todo el año, pero esta noche con más intención. Las piedras, el palo santo, y las velas, esta noche tienen protagonismo. También las flores, y el pensamiento de todos aquellos que no están para celebrar, pero que los tenemos presentes en nuestro día a día.

El mes ha sido de aquella manera, y no me he podido meter a fondo con la decoración y demás parafernalias para meterme bien en el papel, pero todo se andará. Y aunque sea en último minuto colgaré mis piernas de bruja de la puerta como cada año, y mi cartel de la bruja está dentro, para que no haya pérdida para visitas y allegados.

Hoy me he ido a buscar cuervos, porque para mi es uno de mis animales mensajeros. Cada vez que veo un cuervo, ya lo he contado muchas veces, es una señal de calma y tranquilidad. Es un mensaje del mas allá que me dice que esté tranquila, que todo está bien. Después de este mes de infarto, y siendo hoy día de brujas, necesitaba ver cuervos. Suerte que tengo más de una pareja localizada, y si ellos no vienen a verme a mí, pues Mahoma va a la montaña. Y la bruja se vuelve a casa de lo más tranquila.

Esta noche volveremos a ver Hocus Pocus, la 1 y la 2, y dejaré a la madre estricta durmiendo para llenar la mesa de picoteo y porquerías. Nos acostaremos tarde, y me levantaré temprano para amasar un pan de muerto, que nos merendaremos con un pumpkin spice latte mañana.

47

Hoy cumplo 47… Ya estoy muy cerca del medio siglo. Y mira tú qué cosas, que ya vértigo ninguno.

He tenido un cumple gitano porque aprovechando que casamos a mi hermana la chica este fin de semana, me apropié un poco de la celebración y de paso celebré yo también.

Hoy me he levantado temprano y me he dedicado la madrugada que es algo que me gusta mucho. Es mi autorregalo. El silencio, mis pensamientos y la tranquilidad de venir aquí, y soltar un chorro de letras.

Ahora voy a ponerme delante de mi libreta de desear, y así, numerados uno detrás de otro voy a escribir 47 deseos.

Entre ellos van a estar, seguir sana, seguir riendo, y seguir con ganas.

Ganas de caminar, independientemente de cómo sean los caminos. Seguir andando y seguir descubriendo. Dejar que se me sigan cayendo trozos de la armadura que hace tantos años me coloqué y que ha ido quebrándose con el tiempo. Dejar que siga entrando la luz por esas grietas. Temer cada vez menos cosas, atreverme cada vez a más cosas. Seguir. Aquí. Conmigo.

Estoy de gira

Después de lo que te conté la semana pasada de lo que significa la promoción de un libro, leer que estoy de gira, tampoco te va a sorprender mucho.

La verdad es que la gira es pequeña, pero ambiciosa.

Después de la presentación, algunos medios me han hecho hueco en sus espacios, y me han ayudado a darle visibilidad a esta, mi primera novela.

Se me hace rarísimo verme impresa, de volver a oírme en la radio o verme en video, ni hablamos. Pero la verdad, qué contenta estoy.

Y así, sin casi darme cuenta, hago un envío a Gran Canaria, y mis amigas laneras pueden leerme en papel; y mis otras amigas chicharreras también, porque el Manual de Primavera ha cruzado la Provincia, y ahora está en la Clínica de Psicología y Nutrición  “Nutriestrategic”

Y al dar la posibilidad de que mi Manual esté en una clínica de psicología siento que se cierra el círculo, porque no voy a hacer spoiler, pero tiene todo que ver que Sonia vuelva a la sala de espera donde pudo haber hecho terapia.

Me paro y dejo que todo esto que está pasando se me asiente, para poder creérmelo, porque de verdad todo está siendo mucho mejor de lo que me lo imaginé, y yo amigas, tengo una imaginación tremenda. Se me salen las  gracias por todos los poros.

Y casi me lo pierdo… gracias gracias gracias

Presentación oficial

Descubrí, en el campo de batalla, lo que significaba autopublicarse un libro.

Porque te crees que escribes como loca durante una buena cantidad de días, acumulando palabras sin descanso y ya lo tienes hecho. Y resulta que una vez que lo escribiste todo, empieza el proceso de la corrección, que puede ser casi tan largo y tedioso como el tiempo que has pasado escribiendo. Luego viene toda la maquetación, en la que por muchos momentos me he sentido que no me hablaban en español cuando me consultaban según que cosas. Elegir la portada, comprobar que todo queda bien, y mandar a imprimir.

Y llega el momento en el que lo tienes en las manos, y piensas ¡ah! Ahora sí… Pero no, ahora tampoco. Porque entonces te ves con una buena cantidad de cajas por todas partes de tu casa, y un montón de libros que tienen que salir a la calle.

Entonces cargas con una bolsa, y te vas a las librerías, y a las tiendas que te parece que quedaría bien. Y vuelve otra vez el pensamiento: ¡ahora sí!… Pero naaaaa. Ahora tampoco. Entonces queda la promo, y te pasas el día pensando en que estás cayendo pesada con tanto hablar de tu libro, pero entonces miras las cajas que todavía andan desperdigadas por la casa, y te dices que no, que tienes que seguir hablando de tu libro porque tienes que sacar todos esos manuales de la casa.

Y mira, te vienes arriba, y hablas de tu libro hasta durmiendo, y de pronto te das cuenta de que tiene que haber una presentación oficial, y sin pensártelo solicitas permiso en la Biblioteca Municipal, en la que tantas horas he pasado desde que la inauguraron. Soy tan mayor que fui a esa inauguración. Y para tu sorpresa, te dicen que si, que lo puedes presentar… y así abordo esta semana, entre la emoción y los nervios. Pero como me digo últimamente: pues con todo.

El jueves 13 de octubre, a las 19:00 en la Biblioteca Municipal de Puerto del Rosario, estaré más Umbral que nunca, hablando de mi libro. Y de Sonia, y de Pedro y de Tía Enriqueta. Hasta de los cuervos voy a hablar.

Bienvenido mi mes

Llegó octubre, y con él, un montón de eventos y festividades.

Durante estas próximas semanas, presentaré mi nuevo libro, casaremos a mi hermana la chica, y yo anotaré un año más en los años de vida que tengo. Entre otras cosas.

Tu sabes que yo me planifico y ando casi siempre con la agenda pegada al brazo. Todo eso para que todo lo que pretendía hacer durante este año y que planifiqué en diciembre del año pasado, se me juntara sin remedio en el mes diez de este año. Y esta es la cara que creo que tiene el Universo cuando me ve planificar tanto.

Yo que sé, la vida es así. Lejos de agobiarme, pretendo vivir cada acontecimiento con regocijo y goce, que si no, pa’qué.

Además, este es mi mes, no solo porque nací en octubre, sino porque ya el otoño me lo imagino con gusto. Digo imagino porque por estos lares nada de árboles naranjas y bucólicos… bueno, nada de árboles, en realidad. Esperemos que sigan habiendo lluvias como las que dejó Hermine, que hizo las delicias de todos los majoreros, y que nos va a dejar grandes paseos por las medianías, viendo lo verdita que se ha puesto la isla. Todos contentos.

Yo por mi parte, como ya te vengo diciendo, pretendo vivir este mes con todo lo que me traiga. De momento ya he asado un buen trozo de calabaza, y me deleito las tardes con un pumpkin spice latte. Bien rico.

Despedí septiembre con un paseo por MiNorte, y una visita a Mojo Art Shop, donde ya se encuentra mi Manual de Primavera, entre un montón de boniteces que diseña Erika.

También mandé una sherpa al sur, y ya pronto, voy yo a hacerme la foto pertinente. Y mi libro también está en otra preciosa tienda de esas tierras, en Trecepeces.

Mi segundo libro ya está aquí

La semana pasada te conté cómo me había llegado la inspiración para escribir el Manual de Primavera. Hoy te cuento la materialización de esta novela.

De mis libretas, me puse a hacer refritos y a ir inventándome lo que me parecía oportuno. La cuestión es que tirando del hilo y dejando fuera de la habitación donde escribía, a la niña y a la jueza que habitan de forma casi permanente en mi, fui capaz de construir una historia.

En abril de 2021 escribí los primeros párrafos. Hice mi Excel para saber cuántas palabras al día tenía que escribir, en función de la longitud que quería que tuviera el libro, y de los meses que iba a estar escribiendo. Durante los meses siguientes, mi vida tuvo dos escenarios: mi vida, y la vida de Sonia, Pedro y Enriqueta. Me pasé un montón de madrugadas, escuchando a Gian Marco, mientras escribía y trataba de  entender qué estaba haciendo, aunque al final creo que nunca lo logré. Pero me impuse el keep going que llevo tatuado en la pierna y seguí hacia adelante.

Un año después puse punto y final a mi primera novela. Después vinieron muchas semanas de inseguridad total, y lo dejé todo en cuarentena. Después de un mes lo retomé y lo leí del tirón, y me gustó, y me sentí satisfecha con el resultado.

Le eché narices, y le encargué a Érika Castilla la portada. No sabía muy bien qué contarle sobre el libro, porque en aquel entonces no tenía ni la sinopsis clara. Ella me pidió un capítulo entonces, y ahí me ví, que tampoco sabía por dónde cortar. Le mandé el libro entero y le dije que se pusiera a leer y que cuando se cansara que parara. Para mi sorpresa, fue de las primeras que lo leyó, y su feedback fue la patada que necesitaba para seguir adelante a paso ligero. Cuando me mandó su propuesta para la portada me dejó sin palabras, el resultado es mejor que si lo hubiera encargado a medida. Erika captó de lleno la esencia de la novela.

Luego se lo pasé a mis lectoras beta, y ahí estuve explicando y moldeando lo que yo entendía, porque lo había escrito yo, y lo que sobraba porque ya se entendía. Vamos, que saqué la tijera y la cinta métrica y le di otra vuelta. Y al final dije: se acabó y para la editorial lo mandé. Hoy lo tengo entre manos, y no puedo esperar más a que también lo tengas tu y me cuentes que te dice.

Mi segundo libro ya está aquí

La semana pasada te conté cómo me había llegado la inspiración para escribir el Manual de Primavera. Hoy te cuento la materialización de esta novela.

De mis libretas, me puse a hacer refritos y a ir inventándome lo que me parecía oportuno. La cuestión es que tirando del hilo y dejando fuera de la habitación donde escribía, a la niña y a la jueza que habitan de forma casi permanente en mi, fui capaz de construir una historia.

En abril de 2021 escribí los primeros párrafos. Hice mi Excel para saber cuántas palabras al día tenía que escribir, en función de la longitud que quería que tuviera el libro, y de los meses que iba a estar escribiendo. Durante los meses siguientes, mi vida tuvo dos escenarios: mi vida, y la vida de Sonia, Pedro y Enriqueta. Me pasé un montón de madrugadas, escuchando a Gian Marco, mientras escribía y trataba de  entender qué estaba haciendo, aunque al final creo que nunca lo logré. Pero me impuse el keep going que llevo tatuado en la pierna y seguí hacia adelante.

Un año después puse punto y final a mi primera novela. Después vinieron muchas semanas de inseguridad total, y lo dejé todo en cuarentena. Después de un mes lo retomé y lo leí del tirón, y me gustó, y me sentí satisfecha con el resultado.

Le eché narices, y le encargué a Érika Castilla la portada. No sabía muy bien qué contarle sobre el libro, porque en aquel entonces no tenía ni la sinopsis clara. Ella me pidió un capítulo entonces, y ahí me ví, que tampoco sabía por dónde cortar. Le mandé el libro entero y le dije que se pusiera a leer y que cuando se cansara que parara. Para mi sorpresa, fue de las primeras que lo leyó, y su feedback fue la patada que necesitaba para seguir adelante a paso ligero. Cuando me mandó su propuesta para la portada me dejó sin palabras, el resultado es mejor que si lo hubiera encargado a medida. Erika captó de lleno la esencia de la novela.

Luego se lo pasé a mis lectoras beta, y ahí estuve explicando y moldeando lo que yo entendía, porque lo había escrito yo, y lo que sobraba porque ya se entendía. Vamos, que saqué la tijera y la cinta métrica y le di otra vuelta. Y al final dije: se acabó y para la editorial lo mandé. Hoy lo tengo entre manos, y no puedo esperar más a que también lo tengas tu y me cuentes que te dice.

La inspiración

Ya tu sabes que este blog es mío, y voy a aprovechar la autoridad que me da mandar aquí, para ponerme en modo Paco Umbral y hablar de mi libro, y de cómo me llegó la inspiración.

Todo empezó en abril del 2021. Hacía ya cuatro meses que toda la operación Manual de Adviento había concluido. Fue toda una experiencia y un viajazo para mí. Y quería seguir en este mundillo.

Durante un montón de días me sentaba delante del ordenador, al alba, a teclear, como dice Isabel Allende. Mucho de eso que escribí fue a parar a la Papelera, física y virtual.

Un día, un poco desesperada, porque la Impostora estaba siendo muy poderosa en todo este trance y veía que me iba ganando la partida; me puse a revolver en mis libretas.

Llevo muchos años escribiendo, eso suponen un montón de libretas. De unos años para acá escribo mañana y noche, en libretas separadas. Antes, todo junto en una sola libreta.

Por la mañana me centro más en cómo me siento y en qué estoy pensando. Por la noche es un resumen del día, al estilo cuaderno de bitácora. Así estuve leyendo la del 2020, con el confinamiento y los miedos que tenía por aquellos días. Y también encontré la del 2007. ¡Vaya año mas mazmorro! Pero qué de inspiración tenía mi bolígrafo. Me hice un té y me puse a leer. Y fui capaz de volver a vivir muchas de las experiencias que guardé en esa libreta. Los olores, los sabores, las sensaciones. Probablemente fue la época más oscura de mi vida, pero también la más real.

Volví a leer los libros que leí en aquella época, y también vi las películas. Saber todo esto me fue muy fácil porque además de hablar de cómo me sentía, en cada página, hacía un relato preciso de qué llenaban mis días en aquel año. Aun en el 2007 no tenía separadas las libretas en la mañana y la noche, y escribía cada vez que tenía la necesidad de hacerlo. Casi a cada hora.

Haciendo una mezcla de estas dos libretas, y dejando libre a la musa, creo que fui capaz de construir una historia que me mantiene viva e ilusionada aún a día de hoy. Porque probablemente, la historia continue.

Cerrar círculos

Toda mi vida he sentido mucho apego a las cosas y a las personas. Bueno, en realidad me apego a todo. Soy un poco garrapata en este sentido.

Me apego a las cosas que poseo y que he elegido con conciencia y según yo, criterio. Me apego a las personas que quiero y que de alguna forma he sentido que formaban parte de mi existencia. Me apego a los espacios, a la música, a los sitios. Y esto, amiga mía, es un problema enorme. Porque mucho tiempo me lo he pasado cargando una mochila enorme con el miedo que me da perder cualquiera de estas cosas.

He tenido que ir haciendo un trabajo fino de aceptación para que esta mochila que cargo, me pese cada vez menos y pueda seguir andando.

Y te cuento esto porque la semana pasada tuve que darme de bruces con la posibilidad de tener que ir pensando en cambiar de coche. Tengo mi coche desde el 2006, aunque en realidad él existe desde el 2001. Esto significa que ha dado bastante rueda por el mundo, aunque yo lo he tratado con mucho cuidado y atención. La cuestión es que los repuestos cada vez son menos y los precios, insoportables. Amén de que la tecnología que tiene ya está completamente obsoleta. Y todo esto me lo dijo con palabras menos amables, el señor de la ITV. No sé si a ti te pasa, pero pasar la ITV es uno de los peores momentos del año para mí. Me genera un nivel de estrés que me cuesta mucho manejar.

Estoy muy apegada a mi coche. Es el primero que me compré eligiéndolo yo, con mi sueldito, y que me ha llevado cuando entraba y salía de la mazmorra; me salvó de un accidente tremendo porque un idiota se saltó un stop y me empotró contra una casa; y ha llevado a la Mariposita desde que nació, por toda la isla. Pero entiendo que los círculos se cierran y que muchas cosas se cierran para que otras tantas puedan empezar.

Aprender a manejar toda esta teoría me ha supuesto mucha frustración, no te voy a engañar, y muchas tardes frente a la marea, viendo como el agua viene y va. Este movimiento me ha ayudado a entender que da igual cómo me ponga, las cosas van a pasar; y casi todo tiene una fecha de inicio y otra de fin.

Todavía falta bastante para que esto suceda, pero ya me estoy preparando y haciendo conciencia, porque también he aprendido que a mi me van las cosas mejor con tiento y amabilidad. A mi venme con el cuento de que el gato se subió al árbol.

Objetivos nuevos de último cuatrimestre

Me gusta mucho la palabra que usan en Francia para referirse a esta recién estrenada semana y mes: La rentrée. Me suena a arrancadilla, a coger impulso y a entrar con todas las ganas.

En estas estoy esta semana. Ya tengo todo listo para el cole de Emma, y también para afrontar el mes. Ya no puedo decir eso de que he sido estudiante media vida, porque la realidad es que hace demasiados años que dejé de ir a formaciones regladas, es decir: cole, instituto, universidad… sin embargo, sigo estudiando. Tengo alma de estudiante eterna.

Septiembre es además, el inicio del cierre del año, y esto también me estimula a planificar y organizar.

Ya te conté que cada año me hago una lista de propósitos y objetivos. Que desde el año pasado, que hice el Taller de Objetivos de Ana Albiol, soy capaz de filtrar concienzudamente cada meta que pongo, y saber qué quiero y para qué. Sobre todo el para qué. Es lo único que me queda al final cuando siento que las fuerzas me fallan. Si mi para qué está claro, y me mueve la barriga, me van a importar menos las piedras que vaya teniendo que saltar en el camino. En este momento del año, me planto delante de mi listado, elimino lo que ya está conseguido, o lo que ya no me interesa; que esto también me pasa. Lo que me movía en enero ya no lo hace en septiembre, y ¿sabes qué? Que no pasa nada. Se tacha y listo.

En este septiembre tengo tres grandes objetivos que dependen mayoritariamente de mí: repetir los cursos de Vanessa Marrero, para de verdad conseguir Tranquilidad Económica, que por momentos se me esfuma; presentar mi Manual de Primavera y hacer que lo lean hasta en Tombuctú; y un proyecto secreto que aún no te puedo contar. Ya lo sé, esto no se hace, pero es que en esta ocasión es así. Me lo perdonas.

Por medio de este último cuatrimestre, cumpliré años, casaré a mi hermana la chica, trataré de mantener la casa en condiciones mínimas sanitarias, descansaré, educaré, me beberé la culpa y me esmeraré en conservar todo mi brillo.

Deséame suerte y una agenda del tamaño de Isla de Lobos.