Donde antes había un cine

Aquí, en esa esquina formada por la calle Murga, y la calle León y Castillo, había un cine.
El cine Royal.
Cuando vine a vivir aquí, la primera vez, en el 93, lo frecuentaba con mucha asiduidad.
Los sábados por la tarde, en horario de 20:30. Llegaba a tiempo a ver la peli, y volver a la residencia de monjas donde habitaba en aquellos primeros meses de traslado.
Luego, desde el piso de la calle Carvajal, quedaba mucho más cerca, y podíamos ir a ver la peli sin prisas y sin miedo a que nos dejaran en la calle por incumplir el horario.
Tengo muchos recuerdos de este cine. Me gustaba pasar por delante e ir evocándolos poco a poco, se me dibujaba una sonrisa, o una arruga en la frente, algunos recuerdos no son siempre felices.
Ahora, y a golpe de excavadora, el cine ya no está.
Sigo teniendo mis recuerdos, aunque es más dificil traerlos a la mente.
Es inevitable pasar por delante de lo que antes era un marcardor conciso de mi vida, encontrar un socavón, y no sentir que me robaron parte de mi pasado.

Leer para ella

Cuando era pequeña, había un programa de la tele, La Bola de Cristal, creo que a la mayor parte de mi generación, nos marcó este programa. Habia un sketch que en el que salían un montón de borregos y decían: “Si no quieres ser como éstos, lee”. A mí se me quedó grabado aquello, y no es que me marcara profundamente, porque ya leía de antes, pero sí que me impulsó a seguir leyendo.
Creo que es de vital importancia crear un hábito de lectura desde chicos.
Recuerdo también de pequeña, que mi mamá nos acostaba a MiGurú y a mí, y cada noche nos contaba un cuento, sin libro, poniendo voces, y muchas veces inventado. En ocasiones teníamos que recordarle que la noche anterior el mismo cuento era distinto.
Siempre he pensado que hay pocos momentos con un crío, tan placenteros como leerles un cuento.
Este verano, con LaConsentida, pude darme harto gusto haciéndolo.
De noche, en la cama, un libro, imaginación, atención y algunas voces.
Y aunque de entrada dice: Ah, un libro (suspiro)… Tengo la sospecha de que terminará enganchada a las letras.

Rosas en Agosto

Se acabó Agosto. Uno de los mejores de hace mucho tiempo.
Trabajé. Tuve vacaciones.
Tejí un Revontuli, empecé unos calcetines, y aprendí a ganchillear algo más serio que una bufanda.
Leí a Larsson. Vi a los Cullen. Discutí sobre vampiros Vs. licántropos.
Cociné, y recuperé las ganas de hacerlo, que fue más importante.
Hice listas de deseos. Hice listas de fracasos. Todas acabaron en la basura.
Escuché mucho a Alejandro Fernández, y tuve que disimular mucho para que no se noten las lágrimas.
Hablé mucho. Escuché mucho. Reí, reí, reí.
Y para terminar Agosto, que me lleva de la mano al inevitable Septiembre y al temido Otoño, me regalaron flores.
Las primeras flores que no vienen de mamá.
Flores rojas y rosas. Flores con olor. Flores con mensajes subliminares, que a estas alturas sobran.
Unas veces las palabras no me alcanzan, otras veces las palabras me sobran.

Cuatro ingredientes indispensables

The worst picture, ever!

Empecé a ganchillear esta mantita allá por principios de Agosto.
Probé de todo, cambiar el ganchillo; releer mil veces el patrón entero antes de empezarlo; traducirlo literalmente con ayuda de LaBajista; cambiar la lana…
No había forma.
Empezaba con 130 cadenetas, y seguía con la primera vuelta. La primera no se ve nada, sino una tira de palitos altos alrededor de las cadenetas. En la segunda vuelta empiezan a verse los valles y las montañas, y aquí empezó mi calvario.
La primera fila se enroscaba. No había manera.
La hice y deshice un buen número de veces, siempre con el mismo resultado.
La dejé aparcada. El martes pasado en la reunión de LPK, las chicas me aconsejaron trabajar esa primera tira de cadenetas con un ganchillo mucho mayor del que luego usaría, y también trabajarla muy floja.
El sábado por la noche, después de un día de reconstrucción y acondicionamiento de mi cuarto de gritos, de andar peritando daños, de intentar subsanar los desperfectos, de meterme en la cocina para hacer croquetas y pollo tikka-masala, pensé que era el momento oportuno.
Si había podido hacer todo eso en un sábado con los niveles de glucosa bajo mínimos y con las ganas también por el suelo, igual era el momento idóneo para ponerme delante de un obstáculo más y demostrarme que con fé, voluntad, tesón y paciencia todo es posible.
Y… lo fue!

Mi cuarto de los gritos

Tengo un cuarto pequeño, con paredes acolchadas. Es hermético, y está insonorizado.
Es un cuarto de los gritos. Ahí dejo canciones cantadas a pleno pulmón, poesía recitada que me sacan una sonrisa o una lágrima.
En mi cuarto de los gritos caben gritos, por supuesto, unos de pura felicidad, otros son de pura rabia. Otros son susurros porque me da miedo que al oirlo yo misma me asuste. Y otros son los peores sapos y culebras que pueden salir por la boca.
Son la transformación de un estado tan doloroso que si dejara que siguiera en mí, no podría seguir gritando.
Todos mis gritos están ahí, ordenados por fecha. Al abrir la puerta solo yo estoy acostumbrada a tanta palabra en alto volumen, y a mí no me afecta. Por eso es hermético e insonorizado.
Ayer se abrió una ventana del cuarto de mis gritos. Salieron voces estridentes, que aunque se supone que es la mía, una vez fuera de la fecha y del entorno del cuarto, pierde forma y fondo.
Salieron al aire gritos, palabras, canciones, poemas… Fue como un tsunami ocasionando algunos daños.
Anoche cerré la ventana, y puse silicona en todo su contorno, para recuperar su hermetismo.
Estuve también revisando todo el cuarto y su instalación. Está lleno, demasiado lleno, de demasiados gritos. Estoy haciendo una construcción aledaña para empezar a guardar otros gritos y otras canciones. Creo que es el momento de clausurar el primer cuarto, y dar comienzo al uso del segundo. Pensé en prescindir de un cuarto de los gritos, pero a estas alturas, sería como prescindir del té a las cinco. Solo necesito un nuevo espacio, con nuevas instalaciones, y con nuevo trabajo de insonorización.
Ahora que todo el trabajo técnico está organizado, es el momento de ocuparme de los daños ocasionados en los afectados.

Sin prueba gráfica

Desde hace algún tiempo llevo conmigo la cámara de fotos de forma constante.
Suelo ser discreta y sacarla cada vez que un momento estelar que sea digno de inmortalizar. Llamo momento estelar a cualquier acontecimiento rídiculo, supérfluo o alucinante que acontezca, como por ejemplo una reunión de la familia ante la mesa, ElTécnico lavando el coche, unas manos (las mías casi siempre) tejiendo o la colocación de las cucharas en el fregadero. Es decir, cada vez que me pica la nariz, y esto pasa con tremenda asiduidad.
Hoy, que de verdad necesitaba dejar plasmado un momento histórico, por miserable y rastrero, no llevaba mi cámara conmigo.
Hoy, me dirigí a mi lugar de almuerzo a comer y a ver a Juancho. Hacía casi un mes que no compartíamos el rato del medio día. Lo primero que me encuentro es que la entrada a la playa por esa zona está cerrada, que las escaleras que habían están demolidas, y que en su lugar hay una retroexcavadora arrancando hasta las palmeras.
Me horrorizo pensando qué habrá sido de Juancho. Espero, saco mi lechuga, la aireo un poco. Creo que la lechuga no huele, pero tal vez a Juancho le llegue algo que de momento yo no detecto, y se de cuenta de que estoy allí.
No aparece. Y entonces caigo en la cuenta. Le han desahuciado.
En algunas de nuestras citas no oficiales, me contó que vivía de forma ilegal en la playa, y que se alimentaba de lo que la naturaleza le daba. Era un espíritu libre, se le veía en los ojos.
Supongo que alguien que va por ese paseo, habrá dado la voz de alarma: un lagarto ilegal, viviendo gratuitamente en el paseo, o paga sus impuestos o a los vulgares matorrales del alto campo, como si lo hubiera visto.
Menudo país, este.
Estoy esperando a que en algún momento se ponga en contacto conmigo, porque tengo el alegato perfecto. Tendrán que indemnizarle por sus servicios prestados al municipio en forma de limpiador de cucarachas de la zona. Que eso es un dinero que se han ahorrado en fumigadores.
Si lo hubiera sabido antes, podría haberle asesorado para que se cuadrar en sus patas reptadoras y exigiera sus derechos… las cosas que pasan por estar mal asesorado.

Menos luz

De nuevo en mi lugar de trabajo, después de una semana de vacaciones.
Una semana que yo hubiera eternizado en el tiempo.
La vuelta ha sido dura, pero tampoco tanto. Al llegar no he encontrado ningún desastre no subsanable, supongo que eso también me ayuda a enfocar de forma optimista la vuelta.
No he encontrado cambios muy notables, el trabajo marcha sin prisa pero sin pausa.
Lo único nuevo es que han empezado con la cubierta, y mucho me temo que eso sí que lo voy a notar en breve. Me están tapando las entradas de luz.
Esta mañana cuando desperté, me llamó la atención la poca luz que entraba por la puerta.
Aún no ha acabado el verano, pero parece que el otoño está como loco por llegar. Por traernos sus días más cortos, la luz mermando, el frío..
Le tengo miedo al otoño, y ya creo que no es tanto el frío el que me afecta, sino la falta de luz.
Tengo demasiado fresco el recuerdo de este último invierno, que no paró de llover.
Para ir contrarrestando, y como si tuviera que ir acumulando provisiones, la lista de proyectos tejeriles va en aumento.
Y como broche a un Agosto distinto y especial, hoy reunión de LPK, a tejer y a rajar un ratito.

Datos técnicos de una tortilla de papas

1kg de papas, 1 cebolla, 3 huevos de casa, uno pedido a la prima-vecina.

Picar todo adecuadamente, salar.

Calentar aceite y freir en varias veces.

Batir los huevos, e ir agregando las sartenadas de papas y cebollas fritas.

Dejar reposar al menos 10 minutos.

Volcar sobre una sartén que no se pegue. Guisar-freir por un lado.

Darle la vuelta.

Comprobar que ambos lados están igual de guisados-fritos; para ello usar un plato que a ser posible no contenga restos de jabón.

Servir.
Esto me pasa por cocinar con hambre y prisas, y también con un punto de chulería.
Tengo que hacer otra para quitarme la espinita.
ElTécnico es todo un caballero, y comió sin quejarse, a la voz de: “solo es un pequeño toque en algunos puntos”

A mitad de camino

Hace ya algunas semanas que terminé el Just Enough Ruffles. Un patrón rápido y sencillo, a la par que ponible.
O sea un proyecto 10.
Lo tejí con algodón orgánico de Rowan, menos de dos ovillos.
Lo empecé y terminé en El Charco, y aquí, en MiNorte es donde he empezado a usarlo, se puede decir que es perfecto.
Es un buen trabajo para aprender y tejer vueltas cortas, que en otros proyectos parecen mucho más complicadas.
Una vez que entiendes la primera, se hace bastante fácil seguir la rutina de todo el patrón. Menudo descubrimiento, las vueltas cortas, me sugieren un sin fin de posibilidades.
Estos pequeños proyectos, me sirven para hacer un break entre tanto empezado y no terminado.
Estoy a mitad de mis primeras vacaciones de este año. No he podido desconectarme totalmente de LaObra, supongo que es inevitable, mientras haya teléfonos, y gente que sabe que aunque me vaya, sigo estando.
Las fiestas de MiNorte, este año están siendo diferentes, y al mismo tiempo iguales. No sé cómo serán las próximas, pero al menos éstas me están sirviendo para comprender que aunque en distintas circunstancias, se puede vivir lo mismo; que con compañía también el camino en practicable, y que yo sé andar de las dos maneras.

Tiempo de relax

Hoy, a partir de las 14:00h darán comienzo de forma oficial mis vacaciones.
Solo una semana. Espero que sea suficiente para desintoxicarme del trabajo.
No estaré desconectada.
Voy a dedicarme a tejer.
A beber café/té/mate con ElTécnico.
Darme baños de mar en El Charco.
Largos paseos de un Norte a otro con Troylo.
Leer mientras me acurruco en algún hueco.
Y sobre todo acometer algunas conversaciones.
No veo la hora de meterme en el Binter, aunque sé que mis vacaciones de verdad, empezarán el domingo a las 10:00h, contigo.