
Mi padre se crió en un paraje del Norte de Fuerte, que se llama La Rosa de los Negrines.
Allí cultivaban la tierra y cuidaban algún ganado.
Desde pequeña recuerdo oír historias de este sitio, mientras pasábamos por allí, rompiéndonos las rodillas entre las piedras, mis primos, mis hermanos y yo.Uno de mis tíos tiene parte del terreno que cultivaban mis abuelos.
Es total tradición, estar en Agosto en MiNorte y comer fruta recogida en LaRosa.
El sábado pasado, mi padre me llamó: ¿Quieres fruta, estoy en LaRosa?.
A medio día llegó al Apto.nº4 con un cubito lleno de fruta.
No sé por qué, llamamos fruta a los higos. Creo que es algo que viene de atrás, porque siempre en la familia de mi padre he oído referirse a los higos como fruta.
Así que después de comer unos pocos directos del cubito,

(no hay muchos placeres comparables), me di cuenta de que eran demasiados para irlos comiendo solos, ya que aunque en el Apto.nº4 éramos tres, ni
ElTécnico, ni
SuConsentida quisieron acompañarme a degustar tremendo manjar.
Lo tenía claro. Separé unos pocos para ir comiéndolos durante el finde, y el resto, derechitos al caldero para hacer mermelada.
Me encanta hacer mermelada y sobre todo, me gusta el olor que se queda en la casa.
Me huele a hogar, y eso me hace falta en estos días, que parece que los lugares en que habito son solo sitios donde pernoctar.
Tengo cuatro tarros de mermelada de higos, y ahora que me voy a ir una semanita a MiNorte, ya estoy pensando en alguna tartita en la que emplear al menos un bote. Necesito, aunque sea durante una semana hacer de cocinera.