Mermelada de fruta

Mi padre se crió en un paraje del Norte de Fuerte, que se llama La Rosa de los Negrines.
Allí cultivaban la tierra y cuidaban algún ganado.
Desde pequeña recuerdo oír historias de este sitio, mientras pasábamos por allí, rompiéndonos las rodillas entre las piedras, mis primos, mis hermanos y yo.Uno de mis tíos tiene parte del terreno que cultivaban mis abuelos.
Es total tradición, estar en Agosto en MiNorte y comer fruta recogida en LaRosa.
El sábado pasado, mi padre me llamó: ¿Quieres fruta, estoy en LaRosa?.
A medio día llegó al Apto.nº4 con un cubito lleno de fruta.
No sé por qué, llamamos fruta a los higos. Creo que es algo que viene de atrás, porque siempre en la familia de mi padre he oído referirse a los higos como fruta.
Así que después de comer unos pocos directos del cubito, (no hay muchos placeres comparables), me di cuenta de que eran demasiados para irlos comiendo solos, ya que aunque en el Apto.nº4 éramos tres, ni ElTécnico, ni SuConsentida quisieron acompañarme a degustar tremendo manjar.
Lo tenía claro. Separé unos pocos para ir comiéndolos durante el finde, y el resto, derechitos al caldero para hacer mermelada.
Me encanta hacer mermelada y sobre todo, me gusta el olor que se queda en la casa.
Me huele a hogar, y eso me hace falta en estos días, que parece que los lugares en que habito son solo sitios donde pernoctar.
Tengo cuatro tarros de mermelada de higos, y ahora que me voy a ir una semanita a MiNorte, ya estoy pensando en alguna tartita en la que emplear al menos un bote. Necesito, aunque sea durante una semana hacer de cocinera.

E’ tutto finito

Se acabó el Revontuli. En este preciso momento se está terminando de bloquear, proceso que creo que es la primera vez que he acometido como Dios manda.
Ha sido muy placentero tejerlo, y me han entrado ganas de tejer otro shawl. Me voy a lanzar al Rav, a ver qué patrón encuentro que me deje boquiabierta.
Llevo en una especie de bloqueo literario varios días. No sé si ha sido el fin de semana que acabo de vivir, si es la cantidad de emociones que tengo revoloteando por dentro, o simplemente es el miedo.
Miedo a necesitar lo que he vivido de forma constante, y pensar que lo puedo perder en cualquier momento.
Dicen que el miedo es el peor de los encierros, te deja parado, en el sitio, sin movimiento.. Probablemente tengan razón.

Ideas, amigas y nuevas tecnologías

El sábado pasado, llegó a este mundo, mi segundo sobrino postizo: Álvaro.
Pensé, pensé, pensé, qué me apetecía hacerle. Y después de darme varias vueltitas por red, encontré una mantita que acaparó mi interés. Y desde ese momento hasta ahora, todo ha sido una sucesión de actos encadenados.
1º Pienso en la lana. Acudo a mi lanería, pero ¡ay! tiene horario de verano, no voy a poder ir a comprar.
2º Pienso en mis compañeras de fatigas laneras, una de ellas, puede ir a buscar lo que yo quiera comprar. Llamo a la lanería y hablo con Dévora. Le cuento.
3º Las modernas tecnologías que nos rodean, me hacen fácil la elección de colores y calidades. Via mms tengo un muestrario de lo que me recomiendan.
4º Elijo.
5º Y de un momento a otro, la lana estará en mi poder.
Y por último, dibujo una sonrisa de placer pensando en lo fácil que es elegir, ayudarte de buenas amigas, utilizar las nuevas tecnologías que tenemos al alcance de la mano.

Para olvidarme de que es Agosto

Para empezar Agosto, el Sol hizo su entrada, Eolo desapareció, y el termómetro se volvió loco. Llegando a marcar más de 40º. Temí seriamente por el estado físico de la materia de los cuerpos de mis trabajadores, por momentos pasaban del estado sólido a la evaporación pura. El agua embotellada corrió de mano en mano durante dos días.
Yo combatí este tiempo haciendo cosas distintas.
Invertí en unas gafas de sol, y ahora al mirarme me identifico con esas estilizadas mujeres de Jordi Labanda. Mi imaginación es mía y yo decido a con quien me imagino, o no?.
Luego leí largos ratos, y después de unos capítulos de Millenium, se me quedó el pelo liso y mis uñas se vistieron de negro…
Hubiera estado bien, verdad?. Pero no, la realidad es que fui a ver a Octavio, que me peinó durante un rato, deshaciendo todos mis rizos; luego Laura dio color a mis manos.
Seguí leyendo, y seguí tejiendo. El Internado me rompe el silencio durante esos ratos.
Y todo esto es necesario, para olvidarme de que es Agosto, de que quiero estar en MiNorte, que ElTécnico se va por unos días, que MyGrilfriend se fue ya de vacaciones, que a mí me siguen lloviendo marrones, que los brazos opresores del control siguen haciendo efecto, y que ya no me quedan en la nevera, gazpachos del Mercadona, al que tan adicta me he hecho.

Notas sueltas

– Estoy leyendo a Stieg Larsson. Me ha costado casi 250 páginas, engancharme al libro y aún creo que no lo he hecho del todo. He tenido que leer algunas páginas que me han sido totalmente desagradables. Será que soy extremadamente impresionable.

– Estoy tejiendo el Revontuli. Tengo un ovillo prácticamente gastado, y 7 filas de agujeros. Tengo ganas de acabarlo. En mi cabeza se amontonan muchos proyectos nuevos que intentar. Será que soy mentalmente hiperactiva.

– Tengo que ponerme las botas y coger el metro, pero no tengo ganas de medir nada hoy. Las obligaciones me dejan inmóvil.

– Hace rato que estoy buscando un disco nuevo, que me enganche, y no lo encuentro por ningún lado. Será que ya no habrá música que me enganche.

– Hay un paquete viajando desde Granollers a Marpequeña, y no termina de llegar. Me tiene de los nervios. Soy una impaciente.

Pequeñas notas a finales de Julio, que me sirven para tomar contacto terrenal.

Los huecos que rellena

Muchas veces al tejer, apoyo los codos en los muslos, haciéndose un huequito entre la pierna y el brazo, y ese huequito se queda vacío esperando que algo o alguien lo ocupe.
Troylo siempre está atento, y apenas apoyo los codos, se levanta de donde quiera que esté y mete por ahí su cabeza, apoyando también la misma sobre mi pierna.
Nos hemos acostumbrado a estar así. Yo tejo, y él descansa pegadito a mí.
Es agradable tejer en silencio, con la compañía de Troylo.
Desde que estoy aquí, estoy sin él.
Tengo vacío algún hueco más, aparte del que se forma cuando tejo.
En unos días, volveré a tejer mirando al Sur, con la cabeza de Troylo en el hueco que se forma entre mi codo y mi muslo, mientras, sigo tejiendo viendo capítulos sueltos del Internado.

My lunch partner

Hace varias semanas que ocupo un banco del paseo de La Garita a la hora de almorzar.
Las mismas semanas que vengo observando de lejos y muy tímidamente a un lagarto enorme. Se asoma a hacer lo mismo que hago yo con él, o sea observarme.
Las semanas han ido pasando, y a costa de observarnos de reojo cada día, hemos establecido una especie de vínculo: comer al Sol, varios días a la semana, une.
Le he puesto nombre: Juancho. Tengo un vago recuerdo de unos dibujos animados donde había un Lagarto Juancho. Es probable que nunca hayan existido estos dibujos y que sea producto de mi imaginación. De cualquier manera, creo que él se siente cómodo con el nombre.
Cuando llego, saco del bolso el tupper, y entonces empiezo a oír sus patas moverse, acercándose a una piedra más alta de forma que podamos observarnos cómodamente.
Mi tupper casi siempre contiene vegetales, él es un poco más carnívoro.
Mientras yo ingiero mis lechugas, él devora una o dos cucarachas, que supongo que ha cazado durante la mañana y las mantiene en un lugar fresco esperando la hora del almuerzo conmigo.
Ayer, otro lagarto, mucho más hostil, se acercó, supongo que o bien quiso apropiarse del botín de Juancho, o bien quería observarme. Como fuera, y con un par de movimientos rápidos y firmes, Juancho se impuso. El hostil huyó.

Nunca me han gustado mucho los reptiles. Con el tiempo, he dejado de lado esa especie de desagrado para mostrar solo desinterés. Creo que esto está cambiando, y al llegar el medio día, tengo ganas de verle aparecer, y observar qué tiene en su tupper cada día.

Contando y Des-contando

Llego al lunes con la sensación de las pilas recargadas. Me hacen falta, sabiendo la semana que me espera.
Ahora tengo doble trabajo, porque soy “tonta” pero eficiente, y entonces me hago el blanco perfecto para dispararme un marrón, saben con seguridad, que no voy a soltarlo, porque yo no soy la típica que dispara o suelta marrones.
Tengo las pilas cargadas, porque he pasado un fin de semana renovándome.
He cocinado fajitas para ocho.
He dado un paseo turístico por los Mercadonas de Las Palmas.. (cómo me gustan estos supermercados!!)
He tejijdo muchísimo, y he logrado acabar algunos pendientes.
Me enganché al Internado, y ya me he visto las dos primeras temporadas.
Me fui de verbena, en las fiestas de Marpe. Y disfruté de fuegos artificiales. Y esto es una absoluta novedad, porque no me suelen gustar, me suelen dar miedo, pero esta vez fue distinto.
Me duele el cuello, pero mereció la pena.
Tengo en la memoria el recuerdo de una de las mejores noches que he pasado este año.
Verbena, cerveza, perrito caliente, traca de preguntas, sorpresas de respuestas..
La semana se presenta agitada, pero yo estoy tranquila y positiva..
Y lo mejor, es que estoy des-contando días. En 4 días me subo al binter, y aterrizo en el terruño.
Me estoy preparando para el efecto que va a causar el equipaje que llevo esta vez.