RUN Violeta RUN

Hace un montón de años, en una de esas tardes de cafés y lamentos, mi amiga Malena, me dijo: Líbrenos el Universo de hombres cobardes.

Aquella frase se convirtió en el lema de nuestros encuentros, como nuestro propio Winter is coming.

Aquel lema me alineaba con mi deseo de querer hombres valientes, que lo fuera yo era otro cantar. Un árbol no da frutos en una sola primavera, y fue mucho más tarde cuando me dí cuenta de que la que tenía que ser valiente era yo, para llegado el hombre cobarde, calzarme las zapatillas y RUN, Violeta, RUN.

Desde entonces, he intentado integrar la valentía en mi personalidad, aunque no siempre es fácil. En algún libro de los muchos que he leído sobre el coaching, decía: divide tu objetivo mayor en pequeños objetivos, de forma que sean alcanzables fácilmente.

Y en una de esas formas extrañas en las que une y razona mi cerebelo, me he dicho: ¿calcetines en verano? Eso es de valientes, seguro.

Sigo con la idea de tejer un par de calcetines al mes, más por la urgencia de ir usando las lanas acumuladas en los altos de los armarios, que por la necesidad de tener calcetines. Me preguntaron esta semana que cuantos tenía, y la verdad es que no tengo ni idea, igual es el momento de hacer recuento.

Durante el mes de junio con la locura del inicio del verano tejí bastante poco. Y el par que me tocaba en ese mes, lo he tejido este. Un par de medias clásicas, perfectas para tejerlas mientras MiMariposita perfeccionaba su técnica de natación.

Para los del mes de julio estoy usando una lana que teñí con koolaid hace un montón de tiempo, y este patrón. Definitivamente no me termina de enganchar empezarlos por la puntera.

Otra cosa de valiente que he hecho esta semana es encender el horno, y hornear un queque de limón. Me encantan estas recetas calculadas para familias monoparentales que no quieren estar comiendo queque una semana. Esta receta va directa a la libreta.

Y ya el remate de la valentía, es tener la agenda en blanco. No tener listas de cosas que hacer, no ir de una cosa a otra con el bolígrafo en la mano, poniendo Check en todo lo que hago. Fluyo.. creo que no he hecho nada tan valiente este año como esto. Y con todo este tiempo de fluir sigo leyendo, mucho, más de lo que nunca pensé que podía leer.

Esta semana he leído este libro, y me he encontrado con este párrafo. El triángulo dramático. Hay que ser valiente para detectarlo, y sobre todo salir corriendo, porque de ser valiente, nunca te vas a arrepentir.

A veces el signo de mayor valentía es correr. RUN Violeta RUN.

 

 

Un fin de semana haciendo cruces

Si tuviera que hacer memoria, para recordar qué fue lo primero que aprendí a hacer con hilo y aguja, seguramente me remontaría muchos años atrás, y diría que fue el punto de cruz.

Creo que lo primero que hice fue un tapete, con una fresa. Tenía color rojo, blanco, y verde. No usé hilo en madeja, sino una especie de ovillos, y la tela era una de esas Aida que tanto me horrorizan ahora. Las cruces eran enormes y la trasera era un auténtico desastre.

¡Ojalá supiera dónde fue a parar ese tapete! Me encantaría recuperarlo y tenerlo ahora y recrearme en cómo he ido mejorando a lo largo de todo este tiempo.

Supongo que me enseñó mi madre, aunque tampoco lo tengo claro. Para eso de aprender sigo siendo igual. Veo algo, siento que tengo que reproducirlo, y me obstino en probar una y otra vez hasta que logro algo que se le parezca.

Recuerdo ver a mi madre bordando en una tela de vichy roja. Haciendo cruces en las esquinas y en la mitad de los lados, algo que después sería un mantel. Recuerdo comer muchas veces sobre él, una vez que estuvo terminado. Seguramente ahí fue cuando empecé a darle la lata a mi madre para que me diera hilos y aguja y me dejara probar.

Tengo vagos recuerdos, como flashes, de estar sentada, en aquel porche lleno de plantas, en la segunda casa en que viví con mis padres, cuando solo éramos cuatro. Recuerdo estar sentada con una lata a los pies donde estaban los ovillos de hilo y una pequeña tijera. Recuerdo la concentración en ir haciendo las cruces. Y también la sensación de total satisfacción al ver mi fresa terminada.

Después de esa fresa, bordé muchas mas, en un camino de mesa, con una Aida más pequeña, tal vez fuera Panamá, y que no recuerdo haber terminado. Igual este si que está por casa de mamá.

El punto de cruz es como una constante. Cuando siento que hay muchas variables a mi alrededor que me llenan de incertidumbre y que no está en mis manos controlar, vuelvo a él.

Vuelvo a las cruces, vuelvo a los esquemas, y vuelvo a la lata de galletas, llena ahora de madejas.

Con las redes, internet, Pinterest, y la gente que he conocido a lo largo de todos estos años, también he cambiado mi forma de hacer el punto de cruz. He dejado de lado mis lecciones autodidactas, y he ido investigando aquí y allí.

Ahora bordo con madejas, algunas de ellas teñidas a mano, y en lino Belfast. Ahora entiendo cuando hablan de counts, y de cruces 2×2. Conozco un montón de diseñadores, y tengo hasta mis preferidos. Por fin encontré un punto de cruz distinto al que traía “Labores del Hogar”, que no había forma de que sacaran otra cosa distinta que fueran ramos de flores o bodegones.

Hoy en día, tengo muchos esquemas bordados, ya no se pierden por el tiempo o las mudanzas. Hace ya diez años que, de tela, me fabriqué unos rollitos que me sirven para guardarlos. Muchos de los esquemas bordados están enmarcados colgados por casa, adornando cajas, (ahora que aprendí a hacerlas) y otros… demasiados, están sin acabar.

Este fin de semana fue un fin de semana de mucha incertidumbre, no por nada en concreto, o por todo en general, me sentía con el piso como gelatina. Así que no tuve dudas, me fui directa a mi caja de hilos.

Allí me encontré con lo que tengo empezado: el bordado de la quinta caja del SAL de Covi; el segundo diseño de House of a Needlework (de LHN); otro apenas empezado de un esquema de invierno lleno de copos y finalmente mi reto de este año.

Cuando empezó el año, me propuse bordar cada mes un cuadrito. El mes de junio fue tipo torbellino y dejé de lado todos mis propósitos (que en enero me creí un poco superwoman y me propuse demasiadas cosas, la verdad). Así que este, que era el que más retraso tenía fue el elegido para darle rienda a mi inestabilidad.

Terminé con el de junio y también el de julio. Qué dos mensajes: Simplicidad y Paciencia.

De verdad, hay veces que en todos lados veo mensajes ocultos.

Si no quieres ser como aquellos, lee

Hoy me he despertado a las 6:00am como siempre, ya no necesito despertador, porque mi biorritmo está completamente ajustado a activarse a esa hora.

Me he estirado y me he sentado en la cama. Como cada mañana.

De pronto, al sentarme para empezar la meditación, como cada mañana, me ha dado un tirón tremendo en la ingle izquierda. Tanto que me ha dado la sensación de que la pierna se me quedaba “desunida” del cuerpo.

Poco a poco estiré las piernas y recuperé la respiración.

Lo volví a intentar, y otra vez el tirón. Más fuerte.

Salí de la cama, cojeando, y bastante preocupada.

Mi cuerpo empieza a acusar la edad, ¿será eso? ¿En serio?.

La mañana avanza lentamente y cada vez que hago un movimiento con la pierna izquierda, ahí noto algo.

No esperé mas. Me fui derecha a la App de las citas del SCS (Gracias Sanidad Pública) y cogí una cita con mi doctora de cabecera. Para hacer el cuento corto, tengo un desgarro muscular, y el tratamiento es reposo absoluto.

Mi cabeza se pone en marcha ipsofácticamente.Bien, estaré sentada, que no quieta.

Me he aprovisionado de todas las cosas que tengo a medias de punto, de bordado, incluso de costura; he hecho una lista de los podcasts que tengo pendientes de escuchar; las series que tengo a medias y los libros que tengo por leer.

He hecho balance de los libros que he ido leyendo este año. En mi listado de propósitos de año nuevo, tenía: leer un libro por semana, y la verdad voy bastante mal con este propósito. Pienso que el Universo me está dando la oportunidad de ponerme al día con él.

Aun así, he hecho recuento de lo que he leído este año, y traigo lo que más me ha gustado.

Libros de mujeres, que diría yo, son lecturas recomendadas y obligatorias. Si tuviera que quedarme con uno solo, diría que me quedo con el de Sue Hubbel, que probablemente releeré. Su manera de escribir, te transmite mucha tranquilidad, y mucho sosiego. Con un punto irónico y una manera tan natural de describir las cosas, que por momentos dan ganas de tirarse al campo.

Con el de Tara Westover lo pasé mal. Seguí porque sabía que la historia terminaba muy bien, porque los primeros capítulos del libro son bastante terribles, o a mi juicio así me lo parecieron.

El de Michelle Obama, es muy motivador. Me ha conquistado completamente, y me ha hecho romper muchas barreras, somos todas iguales. Su “am I enough?” me ha hecho reconocerme completamente en su historia, aunque nuestras vidas no tengan nada que ver.

Y el último que he leído es el de mi amiga Laura Castañón. Maravilloso. Una historia familiar, bien hilada, deliciosamente narrada, y que hace que te pegues a las páginas hasta que acabas con él. Es una maravilla.

Y con esto, me vuelvo al sofá, a ver si mi reposo va haciendo efecto. Tengo una pila importante de libros pendientes, así que estaré bien entretenida.

Se me grabó a fuego aquello de La Bola de Cristal,… “si no quieres ser como éstos (borregos), lee”

Como una cabra

Estoy días estoy verde, muy verde.

¿No te pasa? Hay días en que me apetece comer  un color. No el color, no te vayas a creer que me pongo a roer los alpinos, sino que la comida sea principalmente de ese color. Por ahí leí, que eso es comer intuitivo. Se supone que el cuerpo te pide algo que necesitas. Puede ser. O no.

Lo que está claro es que ahora soy y estoy en modo verde.

Llego al mercado y pido dos hojas de todas las hierbas que están a la venta. Algunas ni el propio tendero sabe qué son o como se comen. Confío en él, y espero que ninguna sea venenosa. Ahora mismo no me viene muy bien enredarme en un lío de hospitales y lavados de estómago, la verdad.

La cuestión es que me apetecen plantas y hierbas principalmente. También puede ser que esté en modo cabra. De esas que rumian y te miran, con expresión de nada.

Me siento bastante cabra estos días, si lo pienso.

Veo y escucho un montón de cosas que por minutos me hacen arder, luego respiro, rumio, y nada.

Ni me pronuncio. ¿Será que maduré? ¿Será que todo me importa cada vez menos?.

No lo sé. Igual es el cielo y sus astros, que siguen todos revueltos y retrógrados, y con eclipse. Sí, otro eclipse, hoy. Se acaba aquí la temporada. Por fin.

Me afectan tantas cosas que me saturo de mí misma. Me ha pasado siempre.

Julio siempre ha sido un mes así como para pasarlo en piloto automático. Coger hierbas y plantas, y rumiar con cara de nada.

Mientras preparo ensaladas quince minutos antes del almuerzo, algo totalmente extraordinario, porque en casa llevo a raja tabla lo del meal prep los lunes, y hacer poco más el resto de la semana, pero como ahora no tengo otras urgencias que atender que  me coman las horas, puedo hacerlo justo a la hora de las comidas. No te creas que es fácil hacerse cargo de esto.

Me está pasando que me despierto a las 6 como siempre, con el piloto puesto de todo lo que tengo que atender durante el día, con la rutina de trabajadora de hace un mes. Un mes ya, y todavía no me deshago de esa sensación de obligación.

Estamos yendo mucho a la playa, y allí me asaltan otra vez los fantasmas.

Estoy leyendo tranquila, oyendo a Emma en sus interminables diálogos de personajes que juegan con ella, y de pronto, la voz en mi cabeza:

Pero ¿Qué hago un lunes por la mañana en la playa?.

Corre corre corre.. que tienes algo pendiente que hacer.

¿Cómo se te ocurre tirarte a la bartola aquí?

¡¡¡¡¡Levántate y recoge… en alguna parte te están esperando!!!!

Es la pesadilla recurrente. Me pasaba después de haber terminado los exámenes. Me pasaba en las vacaciones. Me pasa ahora, que estoy sin obligaciones.

Mi cabeza juega conmigo, y se ríe de mí. Lleva toda la vida haciéndolo. Pero ya no soy la que he sido hasta ahora. Ahora, cuando la angustia y el estrés llega en medio de ese momento relajante tirada en la arena, respiro, me miro los pies, doy un sorbo a mi té, y me digo: ahhh si, este es mi trabajo hoy.

Bebés de distintas especies

Esta semana me la he pasado dando vueltas en distintas oficinas, intentando arreglar documentos varios, de esos que voy relegando al montoncito de “cuando tenga tiempo”. Pues el momento ha llegado, y yo ya no tengo excusa para seguir alargando el trámite. No me ha quedado otra que coger el toro por los cuernos, y hacer cola. Y mientras tanto Mercurio Retrógrado.

Me he tomado la semana como un curso acelerado de paciencia. Porque las vueltas que he tenido que dar, y las contestaciones que me han dado, se merecieron en más de una ocasión, incluso, una galleta con la mano abierta. Una galleta de esas de “pam” y te borro la cara.

Pero no, yo soy una mujer pacífica, y pequeña. No olvidemos este dato que es bien importante, porque igual si midiera 20 o 30 centímetros más, sí que me ponía farruca, y ofrecía galletas.

Así que me he mirado mucho los pies, he sonreído todo lo que he podido, y a esta hora del viernes, mi montoncito de pendientes está libre.

Para ir desprendiéndome de todo ese clima hostil que circunda el ambiente, me he puesto a tejer como loca. Hay unos bebés en camino, que bien merecen un pelele y una capota.

El pelele es sencillo, fácil, y muy ligero de hacer. Yo lo he variado sacando los tiros desde la parte de atrás, en lugar de tejerlos aparte y luego coserlo. Ya sabes que yo lo de coser tejido, si me lo puedo ahorrar, no lo pienso. Están los dos tejidos en merino baby, y listos ya para que llegue el fresco que ahora no queremos producir ninguna lipotimia en los pequeños.

El patrón de la capota, es otro patrón de satisfacción inmediata. Es un diseño de mi amiga Siona, y queda fina y resultona a partes iguales. También aquí eliminé lo poco de coser que había, y las tiras para unirlas, las hice remontando tres puntos y tejiendo un icord.

Ambos conjuntos han partido a sus respectivas casas. Mientras tejía, y estando ya en verano, me fue imposible no rememorar el verano del 2011 cuando yo tejía este mismo tipo de patrones, pero para mí. He recordado mucho durante estos días mi embarazo, y todos los sentimientos que me embargaron durante esos meses.

Ahora los sentimientos son otros, y los miedos o preocupaciones también. Hay días en los que parece que me están examinando otra vez, de integrales dobles. No tengo idea de que hacer, dudo constantemente de las decisiones que tomo, o incluso me quedo en blanco en determinadas situaciones.

Estos días, y después de haber pasado por la librería de mi pueblo, me he puesto a leer el libro de PatriRamírez. Como cuando estudiaba, me preparo un té, y busco mi material de estudio. Ciertamente el libro es material de estudio y obra de consulta. Tiene un montón de juegos, y de explicaciones que ayudan muchísimo. Estoy muy contenta de haber encontrado a esta mujer por las redes sociales.

Echo mucho de menos a mi bebé, pero disfruto enormemente de las salidas, las charlas y la compañía de la niña que es hoy.

Sigo teniendo esa necesidad de cuidar, tal vez por eso, estoy llenando mi casa de plantas. Hace unos días descubrí una cuenta en Instagram que me ha puesto en modo plant lover total. Con esto removiéndome los pies, salgo corriendo al centro de jardinería de aquí, y me voy directa a la mesa de las desahuciadas. Esta semana en esa misma mesa he encontrado estas dos pileas. No daba crédito. Después de verlas tanto en la red, las tenía aquí tan cerca.

Las he cogido las dos y me las he traído a casa. Necesitan atención continua, y mucho mimo. Me han parecido perfectas para satisfacer esa necesidad de mamá gallina que me ha brotado de pronto.

Ottolenghi

Hace ya unos cuantos años que conozco a Ottolenghi. Si no recuerdo mal fue delicioustories quien me lo presentó en una de sus entradas, que por cierto echo mucho de menos. No creo que me lea, pero por si lo hace que lo sepa. En una de sus entradas, como digo, nombraba el libro de Jerusalem. Fue un flechazo.

Desde que lo vi, salí corriendo a mi librería de referencia, y lo encargué. A la semana lo tenía entre mis manos. Desde entonces, lo miro y remiro con bastante frecuencia.

Imagínense, entonces, mi cara al desembocar una esquina y de pronto encontrarme con uno de sus restaurantes.

Me puse a dar saltitos y manotazos al aire, casi sin poder articular palabra. Mis compañeros de viaje me miraban sin entender bien qué me estaba pasando. Menos mal que allí estaba MiCompadre, que me conoce un poco, ató cabos.

Entramos al establecimiento como una exhalación, con la boca abierta sin poder elegir qué queríamos probar.

Compramos un merengue, que comimos despacito y saborándolo. Me compré también una bolsa de tela para la compra, que ya hoy  paseé orgullosa por el super.

Después de esta aparición mariana en medio de Londres, encontré también una tienda de especies, en Borough Market y pude por fin traerme a casa Za’tar y Sumac, que se usan mucho en las recetas de Ottolenghi.

Y así de aprovisionada e inspirada, encendí el horno.

Hice un bizcocho de albaricoques. Hace otro montón de años, mi amiga Birgit, me invitó a uno así. Y mientras lo comíamos, me decía que para ella hacer ese bizcocho era el símbolo inequívoco de que había llegado el verano. Se me quedó grabada aquella conversación. Recuerdo haber pensado, que tenía que fijar relaciones con la comida que marcaran momentos del año. Algo así como establecer tradiciones. Cuando sea viejita, y Emma mayor, me encantaría oírla hablar de mis galletas de jengibre cuando llegaba la Navidad, o de los Semlor en Semana Santa, o de las torrijas de Carnaval.

El que hice yo, es receta de otra gran amiga virtual, que tuvo a bien compartirme la receta. Es el típico bizcocho de yogur, pero con albaricoques on top. Esta vez voy a dejar guardada la receta en mi libreta, porque ésta, la voy a repetir cada final de junio.

Ahora que me tomo tan en serio las cinco comidas, tener un trozo de este bizcocho para acompañar el té de la tarde, es una muy buena idea. Me quiero mucho cuando nos mimo de esta forma.

Y hoy que el día está bastante chof, con Mercurio Retrógrado y con toda esta gente que tiene por lema: “quítate tú, para ponerme yo” dando mucho p*rc**o, hacen que el ambiente esté bastante enrarecido, tanto que yo he perdido un poco – bastante –  la fé en la sociedad que me rodea, en los políticos que pretenden gobernarme, y en la mayoría de opinólogos de la calle. Así que no he tenido otra opción que encender la crockpot y hacer un caldo. Le he puesto todas las verduras que tenía a mano, además de  costilla, un hueso de jamón y dos buenos puñados de garbanzos. Lo voy a dejar así al menos medio día. Me da bastante igual el calor, y que no sea el momento. Si me encuentro desamparada, no hay nada mejor que un buen caldo para sentirme en casa y a salvo.

London Calling

 

Nuestras primeras vacaciones del 2019 fueron un fin de semana de relax y desconexión en un todo-incluido al Sur de la isla. De esto no hay testimonio gráfico, sino vivido.

Era necesario este descanso para afrontar con la energía a tope de power, nuestras segundas vacaciones del 2019. Destino: London, Baby!

Le tenía yo a UK como cierta indiferencia. Cuando tenía 13-14 años me moría por ir y practicar allí mi estudiado inglés. A mis padres no les llamaba demasiado la atención, y yo no fui lo suficiente persistente, debió ser. La cosa es que fue algo así como: cuando quise no pude, y ahora que puedo, no quiero. Hasta este verano. Todo pasa cuando tiene que pasar.

He vuelto completamente encantada con Londres. Quiero decir, la ciudad que me tiene enamorada es París, esto es así, pero he sentido que si debía ser infiel, Londres era un buen motivo.

El paseo hacia Buckingham Palace era nuestro primer must. Como fieles devotas de su Majestad, no podíamos faltar al cambio de Guardia Real. Me gustó ver a mujeres entre los Guardias, y una señal de fé  para mí, me estaba esperando en el gorro de uno de ellos.

He saboreado unos deliciosos Benedict Eggs, que han hecho que me tome muy en serio la tarea de practicar hasta conseguir la receta perfecta. Dicen que los ingleses comen mal, no me lo ha parecido en absoluto. Y si no he vuelto con unos cuantos kilos de más, ha sido porque cada día hacíamos a pie más de 15km.

Me he flipado con las puertas, con todas y cada una de las casas de South Kensington y Notting Hill. Me he vuelto loca con los jardines, las flores, y los bancos de madera que hay por cada jardín. Y con las inscripciones que hay en la mayoría de ellos. Me he visto casi florecer en esos jardines.

Fuimos a la Tate Modern Gallery, y dejamos  comentarios sobre nuestras percepciones allí. Hay un cuadro que me paralizó durante media hora. En mi cabeza escribí media novela solo contemplando ese cuadro. Da para un post. Otra media hora la pasé escuchando a un cantautor en la puerta antes de entrar. Eso da para otro post y para otra novela, también. Emma flipó mucho al encontrar y reconocer un Picasso, y también un Mondrian. Allí también nos compramos postales, que luego nos enviamos, como viene siendo tradicional en cada una de nuestros viajes.

Nos pasaron cosas curiosas también, y de las que no tenemos testimonio gráfico. Como que en el backyard de la casa donde nos alojábamos entró un zorro. Como que nos comimos un plato de fish and chips casi de nuestro tamaño. Como que desvirtualicé a una de las personas que ha sido guía en este último año, y que me ha hecho una vaticinación de mi futuro, la mar de interesante, en un típico pub inglés, frente a unas pintas y mi cara de total asombro. Como que nos caminamos juntas y solas Oxford Street sin comprar nadita.

Hemos exprimido los días, y yo me vengo con dos firmes propósitos: conseguir la receta de los Benedict Eggs, y volver.

Eclipse total de Sol en Cáncer

De toda mi vida me ha gustado mirar al cielo.

La luna me parece fascinante, y la pena que tengo ahora mismo es que desde donde estoy no veo bien las estrellas.

Hoy hay eclipse.

Eclipse completo de Sol, en Cáncer. Que haya eclipse de Sol, significa que hay Luna Nueva.

Un eclipse es algo así como: lo ves, no lo ves, lo vuelves a ver. Tal como lo explica Mía Astral, que si te interesa la astrología, y no la conoces, vete corriendo a su IG.

A mi la astrología me ha interesado de siempre, claro que no había encontrado la tranquilidad necesaria para ponerme a estudiarla, porque uno ve una carta astral, y piensa: será más fácil aprender a hablar chino mandarín.

Luego empiezas a leer, a escuchar, a hacerte tus pequeñas notas, y algunos de esos jeroglíficos se descifran. Algunos, que no todos.

Pues lo que te digo, que hay eclipse. Y que te lo creas o no, te va a afectar. ¿Cómo? Who knows.

Te cuento algunas cosas que he ido aprendiendo: la luna nueva es siempre un comienzo, un principio. El Sol es la persona. El individuo. El yo. Cáncer es el signo del hogar, de nuestra casa, donde tenemos la raíz. Uniendo todos estos datos, yo podría decirte que el eclipse va a influir en la forma en la que nos manejamos en  casa, en el círculo más cerrado, incluso con los miembros de nuestra familia. Y a partir de ahí, puedes fliparte como yo, buscar más información, y adaptarlo a tu existencia en particular.

Yo por mi parte, tengo el palo santo preparado, una libreta llena de letras que forman la infinita lista de cosas que quiero que comiencen, y de un montón de deseos y propósitos.

Adiós curso escolar

Y en un soplido pasó el curso.

Este año tenía especial necesidad de que llegara este día. Primero porque el agotamiento de los madrugones, las extraescolares, preparar desayunos para el cole, la plancha de los domingos, a esta altura del año es ya importante.

El curso se puede resumir en unas cuantas frases: ¿leiste hoy?, ¿tienes deberes?. Mañana hay que llevar pantalón largo. ¿Sabes qué pasó hoy?. Fulanita no vino ayer. Hoy ha sido un día terrible. Tengo que buscar información sobre… Mañana tengo que exponer. Toma este papel, que mañana lo tengo que llevar firmado. Se me perdió el tupper, ¡ah! No lo tengo aquí.

Ha terminado el curso dando de baja un pantalón y los zapatos. Me encanta ver los zapatos destrozados. Son zapatos vividos, y disfrutados. Saltos, carreras, pasos, a lo largo de estos nueve meses por todas las instalaciones del colegio, por excursiones, por casa. Me gusta sacarle el jugo a las cosas, y ahora al decirles adiós, poder recordar tantas vivencias. Tengo un TOC muy MarieKondo con esto de despedirme de las cosas.

Ha sido un curso complejo, por las materias a las que empieza a enfrentarse, y por las habilidades sociales que ha tenido que ir desarrollando. Habilidades que yo no tengo, y en las que no le puedo ayudar. Yo en cambio, he tenido que hacer lo mío. Desarrollar la paciencia sobre todo, y los me dan igual.

Me da igual no tener el control absoluto de lo que oye, lo que escucha, lo que le enseñan, como se lo enseñan, como lidia con lo que no le gusta y como resuelve el día día.

Me da igual no controlar nada de eso. He asumido que tengo el poder de acompañar, exclusivamente. De confiar en ella y en su proceso, y de intervenir solo en casos excepcionales. Tengo la posibilidad de trabajar con ella a diario, de no perderme ninguno de sus días, pero también he aprendido a apartarme a un lado y que sea ella la que lidere su camino. No es fácil, pero pongo mi empeño.

Se nos ponen por delante casi tres meses de descanso, lecturas, helados y mucha playa. Algún viaje, y algún merecido homenaje, por lo bien que lo hemos hecho. Y vamos a empezar esta misma noche, celebrando el solsticio de verano.

#madrepantoja soplando letras

El pasado domingo activé el modo #madrepantoja desde bien temprano.

Ese día iba a tener lugar la actuación de ballet de MiMariposita. La escuela de ballet organiza un solo espectáculo al final del curso, en el que participa todo el alumnado.

Este año interpretaron El Cascanueces.

Yo estuve en modo #madrepantoja desde bien temprano, como digo. Porque este año, MiMariposita tenía que salir a actuar tres veces. Cada una de ellas con un vestuario diferente. Yo estaba como gallina sin pollo pensando en cómo iba a meter ella a camino tanto tutú, y tanto perifollo. Ella muy tranquila me dijo, “solo me tengo que poner y quitar ropa, mamá; eso lo sé hacer”.

Ahí fue el momento en que tuve que meter, así para adentro, todo mi nerviosismo y ansiedad y acomodarme inquietamente en el patio de butacas.

La obra fue un gran espectáculo, y en el fondo, la disfruté bastante.

Ella, salió en cada uno de sus bailes perfectamente equipada y totalmente concentrada.

Yo, en mi papel de #madrepantoja, eché mis lagrimitas cada una de las veces que la vi bailar. Y me las enjugué con toda la elegancia que pude, cada vez que la vi salir del escenario.

Es en estos momentos cuando me entra la conciencia, y me doy cuenta de que ya no tengo una niña pequeña. Ya hace y deshace muy bien, sin ninguna necesidad de mi intervención. Tengo que aprender a relajarme y a apartarme un poco. Me resulta muy fácil decirlo y pensarlo, y muy complicado en la práctica. Tendré que poner lo mejor de mí para llevarlo a cabo.

Y ahora que venía aquí a contar esto, que no quiero que se me olvide, me doy cuenta de que hoy justamente, puede que incluso a esta misma hora, hace 15 años (madredelamorhermoso) escribí aquí por primera vez.

¿Cuánto he cambiado desde entonces?. ¿Cuántas cosas he venido aquí a contarte?.

Ya soy una señora de cuatro décadas.

Llevo el labio rojo, y las uñas también, la mayor parte del tiempo. Me gusta mi piel glow, y yo no me peleo con mi cuerpo. Y sobre todo, ya no sufro por amor, porque ahora me quiero bastante.

Pese a todo, hay algo que se sigue intacto. Y es la necesidad de venir aquí, y vomitar las letras que se me siguen atorando por dentro. Supongo que esto va a seguir igual, al menos durante algún tiempo más.