Libro 30 (2010): Maldito karma

«… Volví a nacer como lombriz en Irlanda. Allí me retorcí, día sí, día también, sobre la tierra húmeda y supe qué quería decir ser hermafrodita. (Por ejemplo, no hay conflictos entre los sexos, con lo cual la vida resulta mucho más fácil).
También supe qué significaba partirse cuando un cortacésped te pasa por encima.
Pero, por encima de todo, supe qué significa sentirse completamente impotente. No podía alejar a Nina y deseaba con fervor que Alex la desterrara de su vida.
Sin embargo, no podía contar con que sucediera esto. Me controlé y me dispuse a acumular realmente buen karma. Mi única esperanza era volver a nacer algún día cerca de Postdam. Así es que acumulé buen karma enseñando a las lombrices a retorcerse para apartarse del camino de los cortacéspedes….»

Libro 29 (2010): La sombra alargada del amor

«..Las sombras son las puertas del país de los muertos. No todas, por supuesto, y no siempre están abiertas, pero por ahí es por donde todo se comunica. Hay un trafico intenso en la tierra de los muertos, existen «barqueros» que conocen los pasadizos secretos y las horas en las que se puede pasar por ellos. Antes de lanzarme al doctorado en sombrologia, yo ejercí ese oficio. Casi todos los muertos recientes quieren regresar. Ya sea para ver de nuevo a las personas que quieren, o para vengarse de los otros, a menudo por los dos motivos. Pocos se quedan mucho tiempo…»

Libro 28 (2010): Valkirias

«.. Recordó que, una vez, un domador le había contado cómo conseguían mantener a los elefantes presos. Los animales, de pequeños, estaban amarrados con una cadena a un tronco de madera. Intentaban salir, pero no lo conseguían, lo intentaban durante toda la infancia, pero el tronco de madera era más fuerte que ellos.

Entonces se acostumbraban al cautiverio. Y, cuando eran grandes y fuertes, bastaba con que el domador les pusiese la cadena en una de las patas, y la amarrase a cualquier lugar, incluso a una estaca, ya que no osaban salir. Estaban presos al pasado..»

Libro 27 (2010): Adaptarse a la marea

«…. Al hablar del lenguaje en los homínidos, estamos confrontados, pues, a un sistema binario de ceros y unos, como ocurre con los ordenadores. Y con un sistema binario es muy difícil matizar. Funciona a las mil maravillas par decir . Pero no puede ir mucho más allá. Cuando los homínidos quisieron expresar sutilezas y matices propios de la conciencia, recurrieron enseguida a las artes plásticas o a la música. Y prueba de ello son los vínculos establecidos entre el lenguaje gestual, el primero utilizado durante centenares de miles de años -al que regresan los que han perdido la capacidad de hablar-, el lenguaje hablado y la música. Que ésta es una variante del lenguaje hablado y la música. Que ésta es una variante del lenguaje hablado lo demuestra el hecho de que determinadas diferencias en las percepciones musicales entre individuos diferentes dependen de cuál haya sido su idioma materno en la infancia.

No es extraño, pues, que una vez más el refranero popular o el sentido común -al afirmar que «hablando la gente se entiende»- represente la antítesis de la Ciencia. El Sol no da vueltas alrededor de la Tierra, como indica el sentido común, y muy a menudo «hablando la gente se confunde». Entre otras cosas, por la capacidad que tienen los humanos -junto a otros mamíferos- de mentir. Lo que distingue a una persona con inteligencias múltiples de un autista es su capacidad de mentir».

Libro 26 (2010): Las cosas que no nos dijimos

«…. Cada noche que te acuestes a su lado y tengas el más mínimo pensamiento por tu amigo del Este, hala, una mentirita que añadir a la lista; un minúsculo instante de anhelo, y hala, otra mentirita más; cada vez que te preguntes si deberías haber regresado a Berlín para arrojar luz sobre tus sentimientos, hala, otra mentirita más, y ya van tres. Espera, déjame calcular, siempre se me han dado bien las matemáticas: pongamos unos tres pensamientos a la semana, dos recuerdos fulgurantes y tres comparaciones entre Tomas y Adam, lo que hace tres más dos más tres, es decir, ocho multiplicado por cincuenta y dos semanas, multiplicadas por treinta años de vida en común, sí, lo sé, estoy siendo optimista, pero bueno…. Asciende a un total de doce mil cuatrocientas ochenta mentiras. ¡No está mal para una vida en pareja!…»

Libro 25 (2010): Come Reza Ama

Normalmente cuando me termino de leer un libro, y como suelo ir subrayando párrafos mientras leo, selecciono uno de ellos y lo transcribo aquí.
En esta ocasión, esto no es posible, ya que tendría que volcar aquí medio libro.
He disfrutado cada página, y cada capítulo.
Hay tantas cosas que me resultan familiares que es como si alguien hubiera estado tomando notas de cómo he vivido muchas de las experiencias que he tenido, eso sí, sin tener que viajar por medio mundo para ello.
La necesidad de un tiempo a esta parte, de encontrar a Dios, y de tener aunque sea 10 minutillos al día para sentarme en silencio y no pensar (que he descubierto que eso es meditar!!) se me hace últimamente tan necesario como el aire.
Empiezo a creer que tengo un yogui dentro que pugna por salir y que no sé de qué manera tengo que reconducirlo para que el mundo hostil en el que me muevo no lo aniquile.
Al terminar de leer, me siento menos perdida, menos desorientada, menos desequilibrada.
Estos últimos meses han sido tipo montaña rusa, he tomado decisiones de las que no he estado totalmente convencida, después de leer, de subrayar, de meditar… estoy convencida de que estoy andando el camino que quiero andar, y que estoy bien orientada.. solo tengo que seguir andando.

Libro 24 (2010): Crónica de una muerte anunciada

«.. Siete de las numerosas heridas eran mortales. El hígado estaba casi seccionado por dos perforaciones profundas en la cara anterior. Tenía cuatro incisiones en el estómago, y una de ellas era tan profunda que lo atravesó por completo y le destruyó el páncreas. Tenía otras seis perforaciones menores en el colon trasverso, y múltiples heridas en el intestino delgado. La única que tenía en el dorso, a la altura de la tercera vértebra lumbar, le había perforado el riñón derecho. La cavidad abdominal estaba ocupada por grandes témpanos de sangre, y entre el lodazal de contenido gástrico apareció una medalla de la Vírgen del Carmen que Santiago Nasar se había tragado a la edad de cuatro años.
La cavidad torácixa mostraba dos perforaciones: una en el segundo espacio intercostal derecho que le alcanzó a interesar el pulmón, y otra muy cerca de la axila izquierda. Tenía además seis heridas menores en los brazos y las manos, y dos tajos horizontales: uno en el muslo derecho y otro en los músculos del abdomen. Tenía una punzada profunda en la palma de la mano derecha. El informe dice: «Parecía un estigma de Crucificado». La masa encefálica pesaba sesenta gramos más que la de un ingés normal, y el padre Amador consignó en el informe que Santiago Nasar tenía una inteligencia superior y un porvenir brillante…»

Libro 23 (2010): Kafka en la orilla

…»Mientras le decía a la piedra lo primero que se le pasaba por la cabeza, el joven tuvo conciencia real de que en toda su vida no había hecho más que estupideces. De las seis chicas con las que había salido, al menos a cuatro cabía de calificarlas de buenas chicas (las otras dos le daba la impresión de que, objetivamente hablando, tenían un carácter un poco problemático). Por lo general lo habían tratado bien. No habían sido bellezas de esas que quitan el hipo, pero ninguna carecía de encanto. Hoshino se acostó con ellas tanto como quiso. No se quejaban si se saltaba los preliminares, que le parecían un engorro, e iba directo al grano. Los días de fiesta le preparaban la comida, le hacían regalos por su cumpleaños, le prestaban dinero antes de la paga sin pedirle a cambio garantía alguna (apenas recordaba habérselo devuelto alguna vez). Y él no se lo había agradecido jamás. Porque eso le parecía lo más natural del mundo.
Mientras salía con una chica no se acostaba con otras. Jamás había sido infiel. Al menos, en este punto, se había portado decentemente. Sin embargo, a la que ellas formulaban la mínima queja, a la que se empecinaban en convencerlo en alguna discusión, a la que se mostraban celosas, a la que le sugerían que ahorrara, a la que tenían un pequeño ataque de histeria periódico o a la que empezaban a expresarle su preocupación por el futuro, lo perdían de vista. Siempre había creído que lo esencial en una relación amorosa era que no creara complicaciones. En cuanto surgía una molestia se iba. Se buscaba otra mujer, volvía a empezar desde el principio. Hoshino siempre había creído que ése era el modo normal de proceder…»

Libro 22 (2010): Cien años de soledad

«…Un hilo de sangre salió por debajo de la puerta, atravesó la sala, salió a la calle, siguió en un curso directo por los andenes desparejos, descendió escalinatas y subió pretiles, pasó de largo por la Calle de los Turcos, dobló una esquina a la derecha y otra a la izquierda, volteó en ángulo recto frente a la casa de los Buendía, pasó por debajo de la puerta cerrada, atravesó la sala de visitas pegado a las paredes para no manchar los tapices, siguió por la otra sala, eludió en una curva amplia la mesa del comedror, avanzó por el corredor de las begonias y pasó sin ser visto por debajo de la silla de Amarante que daba un a lección de aritmética a Aureliano José, y se metió por el granero y apareció en la cocina donde Úrsula se disponía a partir treinta y seis huevos para el pan…»
No me voy a cansar de decirlo… Me encanta Gabriel García Márquez.. Me hace reír casi de forma espontánea, ahora que tanto echo en falta tener motivos para hacerlo.

Libro 21 (2010): A tres metros sobre el cielo

«… Desilusionada, sola. Se queda con un vaso vacío entre las manos y algo más difícil de llenar en su interior. Ella, simple abono de esa planta que a menudo crece encima de la tumba de un amor marchito. Esa rara planta cuyo nombre es felicidad..»
Me costó cogerle el gusto. Demasiada violencia.Pero finalmente me enganchó, y estoy al acecho de la segunda parte