El descanso

Ayer escuché el último programa del podcast de Cristina Mitre. En él habla con la Dr. Marián Rojas Estapé. Me hice super fan de esta doctora, después de leer su libro Como hacer que te pasen cosas buenas.

Creo que después de Los Cuatro Acuerdos, es el libro que más he regalado. Yo lo pondría de lectura obligatoria en todos sitios. ¿Sabes leer? Lee esto.

En el programa, habla de la cronopatía. Y lo define como el trastorno que sufren algunas personas que se obsesionan por no perder el tiempo. Y según iba escuchándolo, más me daba cuenta de que lo sufro en todo su esplendor.

Soy una talibana de la gestión del tiempo y del control total de dónde empleo cada uno de los 1440 minutos diarios de los que dispongo. No me parece tener un mayor problema queriendo exprimir cada hora y con ello cada día. Lo que me asombró es que sin darme cuenta me estoy elevando muchísimo los niveles de cortisol, que vienen aparejados con la sensación de estar alerta todo el día.

Hace tiempo que le tengo la guerra declarada al cortisol, ni que decir tiene que me gana cada batalla que afrontamos. También tengo que decir que ir perdiendo la mayoría de las veces, no ha hecho que merme mis ganas de seguir plantándole cara.

Me conozco bien, y sé que romper la agenda de ahora para después no va conmigo. Y que yo mis tiempos, los tengo que ir digiriendo. Así que como la agenda es impepinable, y siguiendo las recomendaciones de mi querida Sol, lo que he hecho es agendar descansos.

Pero descansos de verdad. No dormir, no estar con Emma, no tomar café con… no-one… ahora esto ya no lo hacemos.

Descansar para mí significa leer, pasear sola mirando la costa. Tirarme en el sofá. Hacerme la manicura con calma y esmero, ponerme una mascarilla, darme un automasaje. Empezar un proyecto de punto nuevo. Cerrar los ojos mientras escucho a John cantarme.. Y sobre todo dejar la mente en blanco. Con todo esto.. me doy cuenta de lo mucho que me cuesta descansar. Lo de dejar de pensar es algo que no me resulta fácil. Mi meta para esta semana va a ser ralentizar estos pensamientos. Tarea titánica.

Estos días estamos disfrutando de las vacaciones de Semana Santa. Y ayer, cuando llegaba yo a estas conclusiones y me disponía a sacar la agenda para ver cuáles serían mis ratos de descanso, mi querida heredera, se plantó delante de mí con la maleta hecha, comunicándome que se iba con los abuelos dos días, que necesitaba descansar y cambiar de aires. De primeras me quedé en shock, de segundas le alabé la acción, y de terceras le di la enhorabuena y la bendición, por tener tan claros los descansos que le pide su cuerpo.

He tenido una tarde de verdadero descanso, y me he levantado con esta cara. Yo creo que lo del cortisol lo voy controlando.

 

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