Uno se levanta una mañana, y todo parece igual, todo es igual.
Desayuna, saca al perro, se hace una mueca en el espejo del baño…
Llega al trabajo, o lo que sea, y se ocupa durante horas.
Sale de la oficina, o lo que sea, y se va a comer. Y tiene la mala costumbre de ver las noticias a esa hora, la única hora del día que ve la tv. Ya se sabe, de ahí no suele salir nada bueno normalmente y menos a esta hora.
Y las noticias llegan, y la comida se atraganta, y las neuronas se mueven rápido intentando buscar un plan de emergencia, para afrontar una situación de crisis.
Era su compañía, era su ruta, era su base, era su trabajo…
Y uno no se da cuenta de lo mucho que le importan las personas, de lo mucho que las necesita.
Yo, que siempre quiero creer que soy sola.
Y uno, hace fuerzas, reune coraje, y se atreve a buscar el número en la agenda del telf.
Y las neuronas, que unas van para un lado y otras para otro, se atreven a lanzarte mensajes confusos.. y si no contesta? y si nunca más le oyes?
Y la parálisis es total, y el corazón se desplaza de su sitio hasta la garganta, y se empeña en seguir bombeando fuerte, como para no oír lo que pasa al otro lado del telf.
Pero al otro lado suena la voz de siempre tras ese número, también confusa, también angustiada, también triste..
Entonces a uno se le aflojan las piernas, y haciendo acopio del coraje y de la fuerza aparenta normalidad, preocupación, pero normalidad.
Se cuelga el telf, pero ya da igual, las lágrimas brotan, y hay que buscar una silla para no caer al suelo, ante la flojera.
No quiero, no puedo, soy incapaz de imaginar todos los que han vivido lo mismo, y han tenido la mala suerte de que nadie respondiera al otro lado.
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Parloteo incansable
Una fortaleza relativizada
En MiNorte, hay un castillo, que lleva ahí desde que yo me acuerdo, probablemente porque su construcción fue mucho antes de que yo naciera. Teóricamente era un fuerte, y fue construido por el siglo XVIII para defender la isla. Desde luego su emplazamiento es idóneo para eso. Actualmente es un punto de información turístico, combinado con una sala de exposición.
La cuestión, es que esta torre, está en todos esos recuerdos de mi vida, desde mi infancia, a la adolescencia, a la madurez que se supone que vivo ahora.
Este mismo fuerte, ha sido el eje de muchas de mis aventuras imaginarias durante toda mi vida.
Cuando era pequeña sobre todo… yo que tuve/tengo un complejo de princesa muy acentuado, era mi castillo, ¿dónde se ha visto una princesa sin castillo?. Me subía a las escaleras, y esperaba, porque seguro mi príncipe iba a llegar y me iba a encontrar ahí, solo que en lugar de venir cabalgando, lo haría navegando, claramente.
Luego cuando mis pensamientos empezaron a opacar la capacidad de mi imaginación, lo veía perfecto para esconderme: era fuerte, robusto, sólido… era la perfecta fortaleza. Y me gustaba imaginar que de forma metafórica podría ser mi refugio.
Hoy, ha pasado a ser una de mis referencias. Cuando siento que todo no va como debiera, o como a mí me gustaría, necesito tomar referencias, tener una constante, que me haga quedarme aquí, y no sufrir un choque neuronal, como escenificaban en alguna serie. Me subo a la azotea, o me bajo al charco, lo mismo da, desde los dos sitios tengo una buena vista de mi constante.
Hoy, ya no lo siento como castillo, porque me he dado cuenta de la relatividad de la fuerza, y que aunque sean sólidas sus paredes, no me van a salvar, no me van a proteger, si yo, en cualquier sitio no me siento sólida, no me siento protegida.
Me acuerdo de aquella canción: Mira como tiemblo dentro de tu abrazo.. y me doy cuento de lo indefensa que me puedo sentir dentro de una fortaleza, y lo fuerte que me siento hoy dentro de mi cuerpito de poco más de metro y medio.
Curiosa la relatividad de las cosas. He pasado de ver el blanco y el negro, para ver el relativo, puede que me equivoque, pero creo que avanzo.
Light jellyroll
He pasado la semana reforzando ese punto de apoyo que pedía Arquímides, para que el mundo se levante, y de paso se sacuda un poco. A ver si con suerte cae toda la porquería que le estamos echando encima. Con más suerte todavía, caen algunos indeseables, que nos amargan el desayuno ciertos días.
He pasado la semana soñando con conciertos, con canciones que nunca he oído, pero que al parecer conozco. Supongo que tengo ya necesidad de un concierto en vena de mi cantautor favorito, y de paso de un quinto compartido, y un abrazo de esos suyos que le dejan a una cargadísima de energía.
Hoy, como cada viernes, me traslado a MiNorte, y después de que MiPc hiciera crash y MiGurú lo arreglara, me he pasado la tarde intentando ponerlo como estaba, sin pensar demasiado en los posibles archivos que se han ido para nunca volver, tal vez hasta eso, sea bueno.
Así he descubierto un programa que te recupera las fotos borradas de la tarjeta de la cámara, menudo chollo, porque ya daba por perdidas todas las fotos del mes de Julio, gracias a esto, las tengo toditas otra vez. 
Se me ha pasado la tarde enredada en la operación pc-recover, que casi me quedo sin mi baño. Cuando me percaté de la hora, me bajé corriendo a mi charquito, de forma que a la hora en que se abría no sé qué portal que cambiará el mundo, yo estaba sumergida en este pedacito de Atlántico. Tal vez mi energía se haya visto renovada, removida, y recuperada. Porque después de meses luchando contra las pocas ganas de ponerme delante de la máquina de coser, he sentido necesidad de hacerlo. He cogido uno de los kits sin empezar que tengo aquí, y partiendo de la primera foto, he llegado a la segunda. Me gustan los proyectos que ves claros desde el principio. Es un kit compuesto por un jellyroll de moda y algunas yardas más, que formarán un bonito quilt.
Al mismo tiempo, tengo entre manos otro proyecto, para mí bien importante, que no tengo ni idea de cómo va a acabar, sólo sé, que hoy, mis secretos me pesan menos
De frente
Después de unas charlas que me han servido para reconocerme, reecontrarme, aceptarme y enorgullecerme de quien/que soy.Curry de atún para uno
Vente.. me volvió a decir el infierno
Vente – Carlos Chaouen… y yo..fui… con 143 puñaladas en sesión aleatoria en el ipod…parezco un colador
Crónica de un adiós
La primera vez que nos vimos ellos estaban en dos dimensiones, en un catálogo en color, de esos que me llegaban por correo a mi domicilio de Gran Canaria. En ese tiempo, solo había una tienda de esta franquicia, que sigue existiendo, en la conocida calle de Mesa y López. Esperé pacientemente a que la tienda los recibiera, y cuando llegaron, corroboré que el flechazo que había sentido a primera vista, era de verdad y muy intenso. Casi salí de la tienda con ellos puestos.Transparente y sin inspiración
Dice Benedetti, que los pensamientos son opacos, y los sentimientos transparentes, pero que entre medio hay una valla sutil que son los seres humanos. (Vivir adrede, delicioso)
Me pregunto también, si será esta misma opacidad la que me tiene anulada la inspiración, y también un poco las ganas.. Abro mi armario, y vagueo por las telas, y todos esos proyectos que están muy bien apilados en zipbags, esperando ser tocados con la varita mágica que lleva la inspiración y las ganas, para dejar de ser proyectos inacabados y convertirse en un quilt, un wallhanging o simplemente un cojincito.. pero nada, la varita está estropeada, porque nada consigue ponerme en marcha con las telas. Tengo esta LoneStar hace demasiado tiempo sin terminar, le falta el borde, y no tengo idea de qué ponerle para que no quede demasiado sosa, porque se está afianzando la idea de seguir poniendo tiras de tela del background.. y esto es un camino seguro hacia la sosez más absoluta, así que tendré que inspirarme de alguna manera, porque también me estoy aburriendo del quilt que está sobre mi cama, y comprar otra funda nórdica no es una opción.Iba a escribir
Iba a escribir que he pasado un fin de semana estupendo, sin demasiados sobresaltos, lleno de cosas normales, como mucha playa, mucha arena, millones de letras en libros que he disfrutado, hilos entrecruzados que forman dibujos que en algún momento voy a colgar en la pared de mi cocina.
Cosas normales como una tarde noche de costura compartida y llena de charla.
Cosas normales como un almuerzo en buenísima compañía, con un colega de profesión, una colega de akelarre, y una colega de locura por la lana.
Cosas normales como una travesía en barco, corta pero estupenda, con el mejor patrón del mundo..
Iba a escribir todo eso, y decir que tal vez la perfección existe en estas pequeñísimas cosas, pero acabo de encender la tele, y veo a Dani Martín en el documental de cuatro, y entonces me paralizo, y me quedo sin palabras, y las mariposas que llevo en el cuerpo casi vuelan, y es que me gusta esa chulería que tiene, y esa pinta de macarra.. ¿¿será que va siendo la hora de ir levantando el muro??

