Ottolenghi

Hace ya unos cuantos años que conozco a Ottolenghi. Si no recuerdo mal fue delicioustories quien me lo presentó en una de sus entradas, que por cierto echo mucho de menos. No creo que me lea, pero por si lo hace que lo sepa. En una de sus entradas, como digo, nombraba el libro de Jerusalem. Fue un flechazo.

Desde que lo vi, salí corriendo a mi librería de referencia, y lo encargué. A la semana lo tenía entre mis manos. Desde entonces, lo miro y remiro con bastante frecuencia.

Imagínense, entonces, mi cara al desembocar una esquina y de pronto encontrarme con uno de sus restaurantes.

Me puse a dar saltitos y manotazos al aire, casi sin poder articular palabra. Mis compañeros de viaje me miraban sin entender bien qué me estaba pasando. Menos mal que allí estaba MiCompadre, que me conoce un poco, ató cabos.

Entramos al establecimiento como una exhalación, con la boca abierta sin poder elegir qué queríamos probar.

Compramos un merengue, que comimos despacito y saborándolo. Me compré también una bolsa de tela para la compra, que ya hoy  paseé orgullosa por el super.

Después de esta aparición mariana en medio de Londres, encontré también una tienda de especies, en Borough Market y pude por fin traerme a casa Za’tar y Sumac, que se usan mucho en las recetas de Ottolenghi.

Y así de aprovisionada e inspirada, encendí el horno.

Hice un bizcocho de albaricoques. Hace otro montón de años, mi amiga Birgit, me invitó a uno así. Y mientras lo comíamos, me decía que para ella hacer ese bizcocho era el símbolo inequívoco de que había llegado el verano. Se me quedó grabada aquella conversación. Recuerdo haber pensado, que tenía que fijar relaciones con la comida que marcaran momentos del año. Algo así como establecer tradiciones. Cuando sea viejita, y Emma mayor, me encantaría oírla hablar de mis galletas de jengibre cuando llegaba la Navidad, o de los Semlor en Semana Santa, o de las torrijas de Carnaval.

El que hice yo, es receta de otra gran amiga virtual, que tuvo a bien compartirme la receta. Es el típico bizcocho de yogur, pero con albaricoques on top. Esta vez voy a dejar guardada la receta en mi libreta, porque ésta, la voy a repetir cada final de junio.

Ahora que me tomo tan en serio las cinco comidas, tener un trozo de este bizcocho para acompañar el té de la tarde, es una muy buena idea. Me quiero mucho cuando nos mimo de esta forma.

Y hoy que el día está bastante chof, con Mercurio Retrógrado y con toda esta gente que tiene por lema: “quítate tú, para ponerme yo” dando mucho p*rc**o, hacen que el ambiente esté bastante enrarecido, tanto que yo he perdido un poco – bastante –  la fé en la sociedad que me rodea, en los políticos que pretenden gobernarme, y en la mayoría de opinólogos de la calle. Así que no he tenido otra opción que encender la crockpot y hacer un caldo. Le he puesto todas las verduras que tenía a mano, además de  costilla, un hueso de jamón y dos buenos puñados de garbanzos. Lo voy a dejar así al menos medio día. Me da bastante igual el calor, y que no sea el momento. Si me encuentro desamparada, no hay nada mejor que un buen caldo para sentirme en casa y a salvo.

Un comentario en “Ottolenghi”

  1. Sabes que en cualquier otro momento te hubiera dado la razón, pero me está afectando mucho eso de Mercurio retrogado y estoy más quejica que de costumbre. Eso y que me compré dos pantalones una talla más grandes y aún así me quedan justos. Por esta vez creo que debo decir no a tu bizcocho de melocotón (pero me lo pido cundo cambie mi mala luna) Besos.

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