Las etiquetas

Llegó la calima y se fue el alisio, ¿no querías verano?. Aquí lo tienes.

No sé que pasa con los extremos, que aquí parece que o calvo o con tres pelucas. Y así, no puedo. Que a mi lo que me gusta es el equilibrio, hombreya.

Ahora mismo estamos en casa atrincheradas, con las ventanas cerradas para que no entre la tierra esta, y luego a la noche, todo sean estornudos y ojos hinchados.

No tengo ganas de hacer nada, me cuesta hasta pensar, supongo que el calor se está mezclando con la edad, y yo no sé si esto van a ser sofocos o simplemente es que hace un calor considerable.

En estas circunstancias solo hay dos cosas que me apetece hacer: beber té helado y comer salmorejo. Que bueno, que lo que yo hago no es salmorejo, al parecer.

Durante la cuarentena, cogimos la manía de irnos cantando el menú por el grupo de whatsapp, para que los que no lo tenían planificado tuvieran alguna inspiración. De ese tiempo se nos quedó la costumbre, y ya, fuera de confinamientos, nos lo vamos diciendo igual. Almuerzos y cenas, y de paso nos mandamos alguna foto también.

Uno de esos días, yo dije que cenaba salmorejo. Me pidieron la receta, y en cuanto dije que yo no le ponía ajo, y le ponía zanahoria, me quisieron amonestar por usar un nombre que no aplicaba.

Puede que sea cierto, que a veces nos ponemos muy puristas, y ensalzamos eso de: ahhhhh noooo, eso no es salmorejo. Que yo lo entiendo, no te vayas a creer. Entiendo que quien conoce bien un plato, reclame la originalidad del mismo, y se moleste cuando se le pone cualquier cosa que el cocinero, que ese día se siente inspirado, le añada, sin contar con nadie, y basándose solo en su gusto, y no ateniéndose a la rigurosidad de la receta tradicional.

Si te digo la verdad, yo soy un poco anárquica con esto, porque yo en la cocina hago un poco lo que me da la gana. Quiero decir, sé que el salmorejo lleva ajo y yo no le pongo, porque me sienta fatal. Y además cometo el sacrilegio de hacer salmorejo de cualquier cosa: tomate, tomate y zanahoria, remolacha, melón, sandía… Si viene un cordobés igual le da un parraque oyéndome o mejor dicho leyéndome, escribir esto. Tal vez la culpa es mía, por usar una etiqueta que no aplica. Así que me he propuesto no usar esos sustantivos tan complejos que se asocian a platos muy específicos: salmorejo, gazpacho, paella, mojo.. A partir de ahora, mis menús serán como los de esos restaurante de renombre. Cambiaré el salmorejo por: sopa fría de lo que sea; el gazpacho por: licuado de verdura fresca; paella por arroz con cosas, y el mojo por salsa para acompañar papas o pescado. A ver quien me va a decir ahora que estoy usando mal las etiquetas.

 

2 opiniones en “Las etiquetas”

  1. Jajajajajaja yo he trabajado durante 7 años en escuelas de hostelería y una vez una alumna canaria llamó paella a esa versión que hacemos por aquí que en mi casa siempre llamamos «arroz amarillo». La pobre nos contó que le gustaba con aceitunas, gambas y palitos de cangrejo.Había un Valenciano en la sala, no te digo más. La que se montó. Jajajajajaja, ahí aprendí que en lo referente a gastronomía, como todo, las palabras importan y mucho y son capaces de sanar y de curar. Así que yo siempre digo » esta es mi versión del…» y así nadie se me enfada. Yo soy bastante hippy y no me molesta mucho cuando alguien versiona platos de aquí, pero entiendo perfectamente que se pongan rojos de colera al ver variaciones muy sui generis de platos tradicionales. Me gusta ver a la gente apasionada con el tema, jajaja significa que le importa. Por eso jamás de los jamases de nunca jamás digo pan tumaca jajajaja, o lo escribo bien en catalán o digo pan con tomate, tengo mucho cuidado a lo que llamo mojo y de la tortilla hablamos otro día jejeje. Son discusiones siempre divertidas en clase, porque se suelen llegar a concensos interesantes.

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