De recuerdos

– Me acuerdo de la cuajada, y de los tomates directamente de la mata. De hacer queso, y de preguntar una y otra vez, para qué servía y cómo se llamaba aquellos polvos que se añadían a la leche. Al rato quedaba separado el suero de la cuajada.

– Me acuerdo de jugar debajo de la mesa del salón, con ElGurú y un montón de playmobils. La moqueta de color verde era la pradera perfecta.

– Me acuerdo de llegar al muelle, y esperar por el Planeta… de ver las caballas dentro de los tanques.

– Me acuerdo de Trufo… me acuerdo mucho, y duele todavía. Me acuerdo de Troylo, y su ausencia también duele. Las siestas en el sofá, los gruñidos, los no-ladridos, y cómo me roba la comida de las manos cuando me despisto.

– Me acuerdo de las cartas que escribí, y de cómo me gustó recibir respuesta.

Este marzo, de recuerdos, está siendo especialmente nostálgico…. Esto todo por inspiración propia, en cuanto encuentre el libro de Joe Brainard, tendré montañas de recuerdos, que me harán vomitar carretadas de letras… Por suerte, ya tengo una libreta lista para acogerlas.

Libro 7 (2010): El Principito

Me lo he leído unas cuantas veces a lo largo de mi vida, aunque tengo que reconocer, que ninguna de las veces lo he disfrutado-sufrido tanto como esta última.
Tengo la sensación de haberlo entendido completamente, de haberme reconocido en cada uno de sus capítulos.
Me he reconocido en el aviador, en la rosa, en el príncipe, en el rey, …. hasta en el zorro.
Sí, en el zorro me he reconocido más que en ningún otro personaje.
En su necesidad por ser domesticado, y en su necesidad de entablar lazos…
Aunque al final, no sale a cuenta, al final el resultado no es el esperado.
Puede que el truco sea evadir la domesticidad, eliminar las expectativas… o simplemente sucumbir a la naturaleza.

Perdona?

Hace rato que tengo asumido que no soy, digamos, muy normal.
Es decir, tengo mi propio código de interpretación de la vida, y de explicación de la misma.
No obstante, intento estar dentro de lo que se suponen niveles de normalización.
Hoy, voy vestida así: pantalón vaquero, camiseta, jersey, pañuelo al cuello, y chaqueta.
De calzado, tengo unas AllStar azul turquesa, hasta que me ponga las botas o calzado reglamentario.
El día está fresco hoy, de ahí tanta vestimenta.
Llego a la reunión de obra. Aparejador en la puerta, como casi siempre.
Primero el saludo rutinario y cortés, pero lo interesante es después.
Aparejador: Buenos días, que?? hoy vas a la playa???
Yo, con cara de ¿ein?: A la playa???
Aparejador, serio: Sí, a la playa?
Yo, con cara de ¿ein?¿ein?: A la playa????
Aparejador, con cara de estar haciendo una pregunta de lo más normal: Si, por los zapatos!
Yo, con cara de super flipada: o_0
Es que a lo mejor me caí de la cama anoche, y aterricé en otro planeta.
Yo a la playa voy en cholas, y con una camisilla larga, o un pantalón corto.
¿Desde cuando unas AllStar son para ir a la playa?
De pronto me ha entrado una risa que dificilmente he podido controlar. De hecho aún ahora, sigo riéndome. Y yo a veces, me considero un bicho raro… Está claro que hay cada uno que para qué.

Resiliencia y vasos

Leyendo a Maeva, he recordado el concepto de resiliencia. Lo estudié en ciencias de materiales primero, y en ensayo y construcción de maquinaria después. Recuerdo, que en aquel momento no sabía que este concepto se aplicaba también a la psicología, pero dada mi facultad de encadenar conceptos, me fue fácil hacerlo por iniciativa propia.
Me paraba a pensar, y a estudiar, cómo y cuánto de resiliente tenía yo. Recuerdo hablarlo incluso con ElGurú, aunque a él le entusiasmaba más el concepto de resonancia. Bueno, que me disperso.
La cuesitón, es que es importante ser resiliente, eso es lo que pienso en estos días. Y me acuerdo también, de aquella frase que escuché una vez en un programa de radio, que para sobrevivir, había que ser flexible, adaptarse a las circunstancias, como los árboles. Si nos ponemos firmes ante una ciclogénesis explosiva, por ejemplo, nuestras ramas terminarán por quebrarse.
Antes yo, tomaba el café en taza, siempre en taza. Tengo más de 40 tazas que atestiguan lo que escribo. De un tiempo para acá, lo tomo en vaso.
Tengo, recientemente adquiridos, una colección de vasos de Hello Kitty, y ahí tomo mi café.
Y aunque puede ser algo aleatorio, sin sentido, y puramente casual, a mí me parece un acto completamente resiliente.

En El Viento con el Principito

“Al principio te sentarás un poco lejos de mí, en la hierba.
Yo te miraré de reojo y tu no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos.
Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…
Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, desde las tres ya empezaré a ser feliz.
A medida que avance la hora más feliz me sentiré.
Al llegar las cuatro me angustiaré y me sentiré inquieto.
¡Descubriré el precio de la felicidad!.
Pero si vienes en cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón…
Tiene que haber ritos”

El Principito (Antoine de Saint-Exupéry)

De fantasmas o demonios

Tomándome un café, ayer temprano, con el silencio que da la madrugada, se me vino a la cabeza la entrada del blog de Yas, y pensaba… pensaba mucho.
Es difícil entender, explicar, compartir… y vivirlo.
Por qué se tienen problemas con los kilos, la comida, con el cuerpo.. cada uno tiene su propia batalla, cada caso es distinto.
Yo sé del mío. Algunos de los que me rodean lo saben también, otros lo intuyen, y otros no tienen ni idea.
No es fácil, y de simple tiene muy poquito.
Este demonio a mí me atacó cuando tenía 26. No le presté atención al daño que me causaba hasta que cumplí los 30, y me pasé esos 4 años esquivando explicaciones y haciendo malabares, para no ingerir más de una comida diaria. Llegué a anular completamente el deseo o las ganas de comer. Ni hablar del placer de la satisfacción, eso quedó en un recuerdo.
Cuando cumplí 30, rondaba los 46 kg, claro que con mi metro cincuenta y pico, tampoco estaba mal.
Dentro de mí, sabía que el demonio había ganado la batalla, que me dominaba completamente, y que yo estaba a su merced. No sé de qué forma ni de donde saqué las fuerzas, yo misma pedí ayuda.
Proceso duro, intenso, doloroso y de muchísima lucha fue esa ayuda, pero ayudó.
Comprendí que estar concentrada en calcular las calorías que se ingiere al día, te deja sin tiempo para afrontar tus verdaderos problemas.
Descubrí que uno de los regalos que este demonio me dejó, fue una completa distorsión de mi propia imagen. Y la percepción que tengo de mis dimensiones no corresponde para nada con la realidad.
Después de eso, ya rondaba los 32. Algunas cosas las fui recuperando, como ir reconociendo el hambre, sentir cierta satisfacción al comer, compartir la comida….
El demonio se convirtió en fantasma. Y aunque ya no dominaba, de vez en cuando me hacía visitas.
Es un demonio sigiloso, poderoso, estratega, sabe de manipulación, de convicción, y de destrozos.
Destroza lo que toca, y ni siquiera te puedes dar cuenta. Observas el daño, y lo encuentras bien.
Han pasado 8 años, desde que este demonio entró en mi vida. He conocido muchas formas de luchar contra él, las he probado todas, unas con más éxito que otras, todas duras batallas.
Hoy, ayer, esta semana… he aprendido, que la última batalla aún no se ha librado. Que no puedo despistarme ni un poquito, porque siempre encuentra una rendijita por la que colarse y seguir causando daño.
No es fácil, y no es simple, y al menos en mi caso, el fondo de su fuerza no reside en conseguir unas medidas o un peso. Normalmente siempre, el fondo del problema es otro. Cuesta encontrarlo, cuesta aceptarlo, y sobre todo cuesta compartirlo.
Ya van para 6 años desde que escribo aquí. He hablado de muchísimas cosas, de este demonio también. Sin embargo nunca me he mostrado tan desnuda. Hoy necesitaba hacerlo.
Creo, que esta es la mejor estrategia para luchar.

E’ tutto finito

El “ajuar de bebé” de Sara.
Compuesto por un little pink dress, tres babitas, unos Saarjtee booties, y un Coil Nautie.

La Smokin’ para ElTécnico El Peak’s Island Hood, para mí.
Y como voy acabando con todo, voy a acabar también con un fantasma. Sé que me va a costar desahuciar este muerto, porque lleva tanto conmigo que forma parte de mí.Pero también sé que voy a conseguirlo, porque como es sabido……… cuando yo me propongo algo…..

Martes de Patchwork

Pareciera que últimamente solo me alimento de letras, y aunque es medio cierto, sigue habiendo hueco por aquí para otras cosas.
El viernes, volví a vestirme de exploradora, armada con el GPS que me regaló papá, y con dos acompañantes pusimos rumbo al sur, como cantaba Ana Belén.
Llegamos a Arinaga, y allí descubrí un pequeño paraíso. No tiene nada, o tal vez lo tiene todo. Quedé prendada de esa avenida. Allí echamos la tarde entre lanas, inglés y cafés. Si no fuera porque soy gatufóbica, y allí habían demasiados gatos entrando y saliendo, hubiera sido una velada diez.
Tengo que repetir, mochila a la espalda, y botines a los pies. Esta avenida se va a convertir en mi segunda casa de acogida, para situaciones de emergencia.
Y en estos cuatro días libres, (gracias Sr. Carnaval), y como viene siendo tradición, me dediqué a coser.
Creo que ya van 6 años, los que dedico a esta labor el lunes por la noche, mientras la mayor parte de la gente de alrededor, decide ponerse un disfraz, aunque yo creo que lo que hacen en realidad es quitárselo, y dejar libre la verdadera personalidad que tienen oculta el resto del año, pero esa es otra historia que no viene al caso. La cuestión es que yo me siento muy yo todo el tiempo, y los Carnavales, pues como que ni fú ni fá, y el entorno tampoco me ayuda demasiado, que hacen fiestas y ni me invitan, pero bueno, esa es otra historia también.
Hoy estoy dispersa.
Yo dedico la noche del lunes y el martes de Carnaval, a coser. Retomo un UFO y le doy matarile.
Esta vez le tocó al JellyRoll que empecé allá por el año 2008, si no me falla la memoria.
Me encantan los colores y el resultado final. Ahora solo falta la trasera y ponerme a acolchar. Lo quiero hacer a máquina, y estoy ya en prácticas para ver si me decido por el acolchado libre o sigo con mis líneas rectas.
Lo mejor de estos días así, metida de lleno en una labor, es la concentración que adquiero según pasan las horas. El silencio me acompaña minuto a minuto, solo el suave ronrroneo de la máquina de coser. Cortar, coser, planchar. Es un trabajo sistemático, pero que requiere concentración. Las piezas deben estar perfectamente unidas, para que no hayan desajustes milimétricos, que luego son terribles errores en resultado final.
Estos días son pura metamorfosis. Así como construyo un quilt, me construyo un poco por dentro. Y me voy descubriendo ahogando gritos, sonriendo a escondidas, o disimulando alguna lágrima.. y sintiéndome que yo no tengo que ponerme o quitarme ningún disfraz para encontrar un poquito de felicidad.

Libro 6 (2010): El club de los viernes

Lectura amena y sencilla. Es un libro rápido de leer, y bueno, una historia entretenida.
Aunque a mi parecer tiene vacíos.
El tema de la lana y el punto está muy vago, y las historias realmente, no siento que estén tan bien “entretejidas”, y el tema sentimental queda definido de forma superficial.
O tal vez, a mí me lo parezca así. Tiene momentos muy alegres, y otros muy tristes, sin embargo, de la forma en la que está escrito, a mí ni frío ni calor.
O como digo, tal vez sea yo…