Yo porteo, yo concilio

Cuando empecé a leer libros de crianza, me topé con ese desconocido concepto para nuestra sociedad: la conciliación familiar.
Profundicé en él, y de entrada, lo puse en mi lista mental de conceptos utópicos.
Hoy, tengo que devolver este concepto a una posición especial.
Soy ingeniera autónoma. Lo que hasta ahora me ha dado algunos quebraderos de cabeza y muchos ajustes de cinturón, pero hoy, me ha dado la posibilidad de reconciliarme con el mundo.
Desde que me quedé embarazada, sabía que volver al trabajo de forma normal iba a ser difícil, no ya por el cambio de vida que me acontecía, sino por la situación de empleo general. De forma que automáticamente me puse en modo ahorrador, y me conciencié de que estaría de “año sabático” un tiempo indefinido, que seguramente iba a ser más de un año.
La mariposita tiene ya 10 meses, y aunque la situación sigue siendo tremendamente desoladora, yo he tenido la gran suerte de que mi teléfono suene para reclamar mis servicios.
Al trabajar en casa, tengo la posibilidad de combinar mis horarios de producción con las siestas de la niña, y al salir a hacer mediciones me la cuelgo en el sling y allá vamos.
En contra de lo que pensaba inicialmente, he encontrado mucho apoyo en los clientes. Nadie pone mala cara, nadie “juzga” mi forma de portear y trabajar, y nadie duda de mi profesionalidad porque vaya con la niña colgada. Mi trabajo y mi profesión me dan la posibilidad de hacerlo. Es curioso el hecho de que la mayoría de las personas que juzgan el porteo, el colecho, la lactancia más allá de los 6 meses, son otras mamás.. Es curioso y un poco triste, pero yo hoy estoy contenta, mucho, porque yo tengo la gran suerte de conciliar vida familiar con vida profesional.

Viaje en el tiempo con unos calcetines

Hay proyectos que los ves y sientes ese Love at first sight, que es tan peligroso.
No lees el patrón entero, no profundizas en los foros, ni en la experiencia de otras tejedoras, y pasa lo que pasa. Que empiezas un calcetín en el año 2009 y terminas el otro en el año 2012. Eso mismo me pasó con los Pomatomus. Cuando iba tejiendo el segundo calcetín, empecé a vigilar el ovillo que quedaba, temiendo el momento en que se acabara y yo no hubiera llegado al grafting. Llegó el momento de cerrar el calcetín, y el ovillo me cumplió: sobraron aproximadamente 70cm de lana. Ovillo super-aprovechado.
La satisfacción es algo que no se puede medir en este momento, pero tiene mucho de alivio.
El segundo par de calcetines, forma parte del grupo de proyectos llamados “De satisfacción inmediata”, y para quitarme la espinita de tardar tanto tiempo en tejer el par de calcetines anterior. El ovillo fue un regalo de MiAmigaAlemana, es de Katia, y se parece muchísimo a la Zauberball. He seguido un patrón improvisado, haciéndole en la parte trasera una línea de agujeritos. El único pero que le encuentro a esta lana, es que es imposible encontrar el punto en que la repetición empieza, con lo cual, y para no desperdiciar medio ovillo, o tener un segundo calcetín lleno de nudos, he tejido la fibra tal como venía, con resultado de un par de calcetines desparejos. Antes esto era motivo de un disgusto enorme, ahora me voy acostumbrando a no tener calcetines clónicos, y a encontrarle su punto de belleza y originalidad.

Mi terraza es un huerto, que con mis uñas pintadas, cuido con esmero


Todo empezó en Enero, cuando a LaBajista le regalaron un kit completo para cultivar tomates cherry.
Su piso, conforma un ambiente super ideal para todo lo que planta (la envidia crece por momentos). Asi que después de que le hubieran germinado tooooodas las semillas, empezó a repartir plantitas porque en casa no le cabían.
De esta forma llegaron a mis manos, cuatro tomateras. Yo, no cabía en mí de gozo.
Siempre me han gustado las plantas, y siempre he pensado que quería tener un huerto.
Si algo he aprendido en estos últimos meses, es que no dejes “para cuando….” lo que puedes tener-acomodar-conseguir hoy.
En mi minipiso tengo una terraza de aproximadamente 1×2,5m, donde está el termo, la lavadora, la secadora, el cubo de la fregona, el cepillo, la mopa, y una caja de agua con gas. Y desde este mes, también hay un huerto, previa partida de Tetris en 3D.
He sufrido un ataque incontrolable de jardinería, y me he puesto a plantar pimientos, rábanos, melisa… He trasplantado una violeta (aquella que me acompaña hace ya tres años!), y ya el colmo: he trasplantado la orquidea que me regalaron cuando trabajaba en El Mirador.
Para mi asombro, y después de 20 días de cuidados, lecturas, atenciones, y mucho tiempo contemplativo, puedo decir que no solo sigue todo con vida, sino que además empiezan a dar frutos!
Los tomates han crecido casi el doble de como llegaron a casa y ya tienen flores, los pimientos y los rábanos están creciendo progresivamente. Y lo más emocionante, y el ojito derecho de mi huerto, mis mandarinas!!!. Planté una sola semilla de mandarina, y ahí está, creciendo!!!
No pensé que andar entre tierra y semillas, me fuera a reportar tanta tranquilidad y alegría.
En estos días, aparte de hacer de jardinera, me he cuidado las uñas, y me las he pintado de colores impensables. He descubierto los esmaltes   Flormar, que son los esmaltes más duraderos que he probado nunca, y que tienen una gama de color super amplia. Me declaro megafan.
Y aquí sigo, pintándome las uñas, y cuidando de mis tomates.

Explorando en orden

Hacía tiempo que necesitaba poner en orden todos los ganchillos, y el montón de agujas rectas (que ya no uso, pero que son casi reliquia, todas heredadas).
En un domingo de madrugón, Jelly Jam en Clan, la máquina de coser dando gritos por el tiempo que hace que no la uso, y listo. Dos guarda-agujas terminadas.
Y así, después de acabarlos, y en un ataque creativo, he diseñado dos wall-hanging bordados. Uno ya está listo y el otro a la espera de bordarlo, me temo que tal y como vamos, este fin de semana, será buen momento.
Hoy nos hemos levantado con lluvia y ganas de explorar, así que en un alarde de aventura, MyLittleButterfly se ha lanzado a gatear!.
El tiempo se me está escapando de los dedos como si fuera arena.
No me queda otra que anunciar que la operación bikini ha dado comienzo, y no por mi gusto.
Ella a gatear y yo a correr detrás de ella.

Fin de semana gastronómico





El sábado por la mañana nos levantamos super temprano para ir al mercado, tan temprano que casi llegamos antes que los propios agricultores. El premio a semejante madrugón, fue poder comprar un kilo de tomates cherry que están espectaculares. Con el frutero y la nevera llena, no quedaba otra que calentar los fogones.

Para empezar una ensalada (tomates cherry, queso gruyere, dátiles, cebolla morada y dados de salmón ahumado), con una mezcla de “hojas verdes primaverales” de las que solo identifico los canónigos y la rúcula. El resto de hierbas no tengo idea de cuáles son, todas comestibles y con sabores bastante peculiares. El próximo fin de semana me daré a la tarea de hablar con la señora que las cultiva para que me informe un poco. Aliñada con vinagre balsámico y aceite de oliva.
De segundo el sábado cus-cus, a mi manera (pimiento verde y rojo, cebolla, dátiles) y una mezcla de especies molidas en molinillo (comino, semillas de hinojo, laurel, cardamomo, canela y pimienta negra)
De segundo el domingo unos espaguetis chinos con verduras (calabacín, berenjena, zanahoria, pimientos y cebolla) y pollo marinado (con soja, limón y jengibre).
Y de postre fresas.
Este fin de semana nos hemos dedicado a alimentarnos bien, a pasear por el barrio, a jugar mucho, a querernos otro poco. Hemos visto un documental sobre la cárcel que hubo en Tefía (tengo que profundizar más sobre este tema, porque lo desconocía por completo) y también “Marley and Me”, para que no quede ninguna duda de que es mi película favorita de todas todas.
Así, con la nevera llena, con la barriga llena también, algunas ojeras, y una ensaladera menos, puedo decir que mi corazón está contento, no un poco, sino muy contento… Y resulta que ser feliz, era esto.

Mis imprescindibles para acolchar

En medio de las lanas, he hecho un huequito para volver a una de mis vías de escape más efectivas: acolchar.

Tengo un montón de quilts a medias a los que solo les falta el acolchado. En un primer repaso, me incliné por la vía rápida, y pasarlos por la máquina, lo que suele llamarse: para terminar pronto.
Pero en una segunda evaluación y teniendo en cuenta mi escasa práctica acolchando a máquina, he recapacitado. No voy a tener prisa por acabarlos, quiero disfrutar haciéndolo, y de paso, desestresarme y quitarme la “indignación” que de vez en cuando me invade.
Para estos tiempos, entre el petróleo que se acerca peligrosamente, los recortes que nos están asfixiando, y el poco horizonte que parece haber, me viene estupendo ir dando puntaditas, poco a poco, uniendo capas… Al rato de estar así, me parece que no todo está perdido, y que esta crisis tampoco va a poder con nosotras.
Para ponerme a acolchar, voy directa a mi cajita de útiles. Todos son imprescindibles para mí.
En la foto faltan las agujas. Utilizo unas de la marca Richard Hemming & Son, del nº11. Son pequeñitas, pero necesarias para que las puntadas salgan chiquitas.
Otra cosa que no se ve, es el bastidor, utensilio fundamental!. El mío es de plástico cuadrado. Tengo de dos medidas de 45 y de 65cm, dependiendo de lo que vaya a acolchar.
El dedal, es especial para acolchar, y es de plata. Casi que es una joya. Lo traje la primera vez que fui a Chicago, del Quilt Festival (2005).
Suelo utilizar hilo de acolchar de Guttermann, que es de algodón y está encerado. Para mí, es fundamental que esté encerado para acolchar, tanto que a veces la cera se pierde con las puntadas, para lo cual tengo el Thread Heaven, que es cera para el hilo.
Cuando la aguja se atasca, por las telas, o porque las manos sudan un poquito, los discos de goma, son la solución perfecta.
Después de ocultar el hilo entre la guata y la trasera, es necesario una tijera afilada. Es la misma que uso para el punto de cruz.
Otra cosa que viene muy bien, para no tener que marcar todas las líneas de acolchado con el rotulador, es una cinta de 1/4 de pulgada. La pegas donde quieres acolchar, y no tienes más que seguir el contorno. Es reutilizable, así que puedes pegarla varias veces.
Y ya, después de un buen rato de acolchado a mano, y de tener el dedo índice de la mano izquierda (que es el que coloco debajo, y por lo tanto el que alcanza todos los pinchazos) algo perjudicado, el mejor remedio es el Big Balm. Es una especie de grasita, con la que untas el dedo y que calma muy rápido.
Y así, puntada a puntada, olvidando todo lo negativo del día, voy acolchando el top que tengo entre manos.
En breve, irá bajando mi montaña de ufos, lo malo es que ya tengo una buena lista de otros tantos que quiero hacer… No tengo remedio.

Las primeras veces

El año pasado durante la Semana Santa, recibí la visita, aquí, en mi casa cibernética, de un personajillo, que tuvo a bien localizarme en FB y mandarme un mail… Lo mejor que me decía, era que me mandaba a tejer, que para mí es como un pasaje directo al paraíso, así que creo que ni siquiera pudo lograr despeinarme. Y lo recuerdo hoy, porque hago balance de cómo cambian las cosas, pero la magia sigue rodeándome.

Una de las cosas más emocionantes de la maternidad y la crianza, es la novedad. Todo es nuevo, cosas importantes como la primera palabra, o cosas menos trascendentales como paseos en coche. Pero todo es nuevo, y por ello, casi mágico.
Hemos entrado en los 8 meses, aunque me parezca absolutamente increíble, de una manera casi triunfal. Hace casi un mes que balbucea palabras incomprensibles, pero hay una que la dice alto y claro: mamá-mamá-mamá…. Así, de tres en tres, y haciendo paraditas entre una vez y otra.
El suelo es de sus sitios preferidos, y ya hace incursiones más allá de la manta de juegos, aunque marcha atrás siempre.
Esta semana, y de una forma totalmente extraordinaria, se ha descubierto las manos, lo que la hace estar largos ratos contemplándolas.
Pero no todo es tan agradable, esta Semana Santa, hemos sufrido la primera fiebre.
Casi 38,5º durante tres días, cierta pérdida de apetito, muchísima necesidad de estar pegadita a mí a todas horas (incluso cuando dormía), sin congestión nasal ni tos. Lo que me dejaba totalmente descolocada.
Una llamada de teléfono, una pequeña evaluación, y unas palabras tranquilizadoras, valen más que cualquier fármaco milagroso. Gracias Dácil!
Al pasar la fiebre, un leve sarpullido en cuello y cara, que fue bajando al tronco con las horas. El diagnóstico estaba claro: exantema vírico, que en algunos lados lo conocen como escarlatina. Diagnóstico que fue corroborado por la pediatra días más tarde.
Y pasada una semana de este malestar, nos topamos con la agradable sorpresa de que ya hay 4 dientes más!! Las paletas e incisivos superiores, que por qué van a salir de uno en uno, si pueden hacerlo de 4 en 4?.
Y ahí va la eterna pregunta: qué fue primero, la fiebre o el diente?

De las piedras de mi camino

Me gustan mucho las piedras. En mi casa hay un bol lleno de piedras.

Tengo piedras de muchos sitios, hay algunas que ni siquiera las he traído yo.
Mi preferida es esa rosa del desierto, traída desde Túnez, por MyGirlFriend.
Esa rosa es frágil, pero ahí está. En medio de todas las demás, de mayor dureza, y sin alcanzar ni un rasguño. Es frágil, pero dura.
Tiene esa fragilidad de la amistad. Aguanta, aguanta, aguanta.. pero si sufre un golpe, éste la dejará destruída, totalmente irreparable.
En eso he estado pensando estos días, en la amistad.
Una de las muchas cosas que me ha dado la maternidad, es una claridad de visión que antes no tenía. Me creía afortunada porque tenía muchas “amigas”. Realmente tengo más suerte de la que creía, tengo menos amigas, pero mucho más valiosas.
Durante años, he tenido cerca algunas personas que yo creía que valoraban mi persona-amistad, sin embargo, no han estado a la misma distancia en ninguno de los momentos de estos ocho meses, en que mi vida ha cambiado, y eso que ha sido para bien. Si hubiera tenido un problema grave, igual hubieran emigrado.

Voy a desvelar un secreto. La mayor parte de la gente que ve las piedras, supone que son un elemento decorativo, y nada mas lejos.
Mis piedras me recuerdan personas, vivencias, tropiezos.. y las tengo ahí, para no tropezar dos veces con la misma.

Llegó la alimentación complementaria

Esta semana pasada, he celebrado que ya llevo aquí un año, como majorera retornada.

Lejos queda aquel día, con el coche cargado hasta la vaca, haciendo malabarismos para que todo cupiera, fue como jugar al tetris en 3D.
La primera patada de MyLittleButterfly, la sentí aquel día.
Pasaron casi 15 días hasta que todo estuvo en su lugar, y hasta que encontré un lugar para cada cosa, incluído para mí.
Ya saco horas al día, para dar unas clases de tejido, para sacar mis agujas, para retomar todo lo que quedó en espera hace un año.
He terminado de acolchar este estupendo tapete, que está hecho con la técnica del nine patch que desaparece, y que hizo MiColegui, hace casi una década ya.
Y como el tiempo es implacable, ya mi mariposita tiene casi 8 meses. Irremediablemente hemos tenido que empezar a introducir otros alimentos, además de mi leche,
que sigue siendo el alimento principal.
He seguido a pies juntillas los consejos de Carlos González en todos sus libros. Y lo primero que probamos fue la manzana, rayada, con un fracaso total. Seguimos con la pera, con un poco más de aceptación; el plátano, que fue recibido con una rotunda ovación de paladar, pero una dudosa aceptación de estómago; pero el éxito total y absoluto se lo ha llevado la mezcla de papaya y naranja, combinación perfecta entre sabor y digestión.
De ahí hemos pasado tímidamente a las verduras cocidas, y aplastadas con tenedor. Parece que de sabor no están muy allá, pero que estén tibias al llegar a la boca, las hace muy apetitosas.
Y así, llegamos a esta semana, que hemos probado el pollo mezclado con zanahoria, papa, y calabacín. Todo servido en textura grumosa, y calentito. Nuestra amiga la thermomix, tiene más que asegurado su trabajo en estos meses.
Estoy introduciendo cada alimento por separado, y probándolo tres días. A la vista de no reacción, pasamos a otro. Aún no hemos llegado al gluten, y tampoco tenemos prisa.
Es curioso ver como espera paciente la cuchara, para ver qué sabor nuevo va a descubrir.
No hemos tenido prisa por empezar a comer, sigo pensando que la leche materna, es la mejor de las alimentaciones, amén de la más práctica y cómoda.
Ahora que de día come otras cosas, de noche, suple la cantidad de leche que no come durante el día, y así como antes comía leche cada 3 o 4 horas, ahora lo hace cada hora y media. Gracias al colecho, casi que ni nos movemos para comer.

Icarus



O mi propio Escorial…

Ha sido eterno tejer este chal.
Lo empecé por primera vez en el año 2007, con lana de handpaintedyarn. Le dí unas cuantas vueltas y lo metí en el cajón más recóndito y olvidado de mi casa.
Me fui, pasaron dos años, y volví..
Cuando llegué de nuevo a mi casa, la puse patas arriba para poder acomodar todo lo nuevo que había acumulado, y en el cajón más recóndito lo encontré. Justo como lo había dejado, ni una vuelta más ni una menos.
Lo saqué, le quité el polvo, y lo deshice.
Durante el verano pasado lo volví a montar, y le di duro a las agujas. Cuando estaba a punto de empezar el calado, me puse de parto.
Pasó conmigo en el hospital esos cuatro días, y me hizo grata compañía por las noches, cuando no podía dormir esperando que llegara de nuevo la hora de visitar Pediatría.
Luego vinieron esos meses, en los que mi tiempo pasó a ser propiedad total y absoluta de MyLittleButterfly y terminó el 2011.
Volví a rascarle horas a los días, y lo retomé. Empecé el primer chart del calado, mientras miraba de reojo el ovillo que me quedaba. Iba haciendo cálculos mentales sobre las vueltas que me quedaba y los metros de lana que podía guardar aquel ovillito, cada vez mas pequeño.
Sobre la marcha, y antes de tener que lamentar males mayores, decidí anular una de las repeticiones del calado, y ponerme directamente con el último chart.
La lana se acabó cuando faltaban unos 100 puntos por rematar.
Casi sufrí un síncope. Volvió a una bolsa y a dormir el sueño de los justos.
Pasado un mes, me reconcilié con el chal de marras, y encontré una fibra tremendamente similar.
Lo rematé, lo bloqueé y ahí está.
Ha sido tan largo el camino, que no puedo valorar de forma objetiva el resultado, la verdad.
A ver si cuando empiece el buen tiempo, y lo use, cambio de opinión.