Proyectos, camas y mimos

Se me ha pasado la semana entre poemas de Unamuno y el té de rosas.
Disfruto de las letras de la poesía, – que durante estos días sin casi Luna, me llenan los ojos de lágrimas y el pecho de una especie de sentimiento que reconozco pero que no puedo describir-; y el sabor del té me llena los poros.
Estoy deseando que llegue el viernes y poder quedarme en el Apartamento nº4, todo el fin de semana. Llevarme a Unamuno conmigo y enseñarle Mi mar.
Voy terminando proyectos y esto me deja con la mente tranquila, estando aquí MiColegui las máquinas echan humo. Cosimos todo el fin de semana. Mi cojín de acolchado está completamente terminado, la foto no es muy clara, pero de momento no puedo ofrecer otra. El Log Cabin gigante ya está terminado, a falta del binding, que espero poner esta tarde, porque decidí invertir en un colchón + somier para el Apartamento nº4, porque el descanso es importante, y lo que había allí no se le podía llamar cama. Y el Log Cabin se va a quedar en esa cama.
En estos días en los que la lluvia parece querer hacerse presente, y yo dí con mis rodillas en el suelo el domingo pasado, tras una caída tonta como casi todas, y dolorosas como pocas, echo mucho de menos unos mimos, una atención.. Poder llegar a casa con las manos en los bolsillos, y hacer pucheros para que te enjuguen las lágrimas..

Mientras tanto, me consolaré con asomarme a la terraza del Apartamento nº4.

4 opiniones en “Proyectos, camas y mimos”

  1. Cuánta razón tienes… A veces sólo nos hace falta que nos pasen un poco la manita y nos den un beso en la herida que nos duele, ya sea del cuerpo o del alma. Mi pareja no sabe responder ante esas situaciones; en esos momentos, me mira con cara de pocker y me dice cosas como “no entiendo porqué te pones así por ésto cuando hay problemas mucho peores que podrían sucederte” y yo, por mucho que lo intento, no logro hacerle entender que aunque sé perfectamente que un cáncer es mucho peor que una torcedura de tobillo, a mí, en ese momento es mi tobillo el que me duele. Es entonces cuando toda mi necesidad de mimos se transfoma y me entran unas ganas tremendas de darle un puñetazo en la nariz y, acto seguido, hacer la maleta.

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