La psicosis de volver

Estamos en la primera semana de “aquí no ha pasado nada”. Al menos eso es lo que parece. Sales a la calle y todo es “normal”. Comercios abiertos, gente en la calle, playas con mucha gente. La única diferencia es que de vez en cuando, ves a una persona con mascarilla.

Bueno, igual hay muchas personas con mascarilla, aunque menos de las que deberían.

De resto, todo normal.

Pero yo no me siento normal para nada. No me he dado cuenta hasta ahora de la inseguridad que se ha ido instalando en mi durante estos casi 100 días que han pasado, hasta ahora que ya no hay restricciones de ningún tipo. Ya no hay estado de alarma, y entonces todo es como antes. Solo que no se le parece en nada.

Parece que todos estábamos deseando volar de casa, lanzarnos a la calle y hacer un “pelillos a la mar”, pero a la hora de la verdad, a mí por lo menos, me está costando mucho (mucho) hacerlo.

No me olvido de la mascarilla, ni del gel. Voy diciéndole a Emma todo el rato: no toques nada, como un mantra, y sigo mirando cada día la declaración de nuevos casos.

Cada vez que me han dicho esta semana eso tan común y tan ansiado de: vamos a quedar para vernos, en mi cabeza ha salido un NO, gigante y luminoso, y luego he dicho, bueno, vale… siempre con la boca pequeñita y con ganas locas de volverme a la seguridad de mi casita. He vivido el confinamiento demasiado tranquila, básicamente porque me he relajado. En mi vida normal, hago un esfuerzo importante por socializar. Mi tendencia natural es estar aislada, sola, en silencio. Que también sé que no siempre me viene bien. Y por eso, lucho contra ella, disimulando mi naturaleza para parecer normal. No tener que hacer esto durante todo este tiempo, me ha relajado mucho.

Y analizando esto, me he dado cuenta de lo fácil que es meterse en la caja nuevamente. De lo fácil que es ponerte unas cadenas, tu a ti misma, y quedarte estática mientras ves la vida pasar por la ventana. A veces, hasta saludándote, otras haciéndote una peineta.

Yo todavía no tengo claro cómo me ha afectado esta cuarentena, ni ese número que baila según quien lo de o dónde, pero que a mi me da vértigo nada más oírlo. No sé qué va a pasar, y no sé qué puedo esperar. Y siento miedo, y también angustia. ¿Y si volvemos atrás? ¿Y si se descontrola todo nuevamente?.. ¿Y si…? ¿Y si…?

Hoy me desperté de madrugada, soñando que nos íbamos de viaje. Con esos nervios previos y propios de hacer la maleta, de llegar al mostrador de embarque, de saludar a nuestro grupo.. y ese regocijo al poner tu culo en el asiento del avión. Cuando me he despertado y he vuelto a la realidad, a la de ahora, me ha dado tristeza. Quiero volver a viajar, tengo una lista enorme de sitios a los que volver y a los que conocer. Así que más me vale ir practicando en lo de salir aquí, en mis alrededores, porque no se puede ir de 0 a 100 en dos segundos, que (todavía) no soy un Maserati. Y también porque no quiero perderme más cielos, ni mas flores, ni más azules.

 

Un comentario en “La psicosis de volver”

  1. Yo no es que sea muy sociable pero es que tampoco veo la necesidad de forzar las situaciones. Esta pandemia nos ha cambiado los hábitos y hasta los pensamientos. Tardaremos mucho tiempo antes de quedar con alguien y darle un abrazo sin sentir ese primer impulso de no acercarnos mucho y forzar una sonrisa de disculpa pero es lo que nos toca vivir ahora. Y no lo dudes, el confinamiento volverá antes del otoño. Dicen que fuimos responsables durante esos meses encerrados en casa pero lo cierto es que no lo fuimos, nos limitamos a ser obedientes, responsables deberíamos ser ahora que nadie nos obliga y a la vista está que la gente pasa de todo, triste.

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