Un nuevo compañero, un viejo amigo


El domingo por la mañana, fui al cine a ver «Tiana y el sapo». Es una película de Disney a la antigua usanza, dibujada toda a mano, sin efectos, sin avances tecnológicos, pero contando una historia muy actual. Como película me gustó, aunque tiene ciertos detalles que me desconcertaron.
Me quedé enamorada de la luciérnaga Ray, que habla cajún, y que a su vez, está enamorado de Evangeline.
Su historia, me trae a la mente el libro Primavera con esquina rota, de Benedetti. Y no sé bien por qué. Esta extraña costumbre de ir hilando cosas que tiene mi cabeza.
Lo importante es que hoy tengo un compañero nuevo, que me ha devuelto la fé.


Esta mañana, me encontré con este regalo cuando llegué al trabajo.
Realmente es un espectáculo, y me produce el mismo efecto que mirar al Atlántico.
Se me cargan las pilas.
Tengo un viejo amigo, que me acompaña cada amanecer, a veces lo tapan las nubes, pero siempre está, aunque no lo vea, aunque no me cargue las pilas, está. Y en eso, también he descubierto la fé.

4 opiniones en “Un nuevo compañero, un viejo amigo”

  1. qué lindooooo, tanto el muñeco como el sol….qué tal la peli, yo esperando a mi sobri que en breve viene e iremos a verla…besitos

  2. ¡Me encanta la luciérnaga!

    Las puestas de sol y sentarme en la arena a contemplar el mar tienen el mismo efecto en mí… me tranquilizan y al mismo tiempo me dan energía positiva… ahora mismo una puesta de sol majorera me vendría que ni pintado.

    Un besito!

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