… se lo lleva la corriente.. o eso dicen
Este fin de semana, en MiNorte, todos los barquillos salieron a la mar a “calamariar”, o sea, a coger calamares.. No sé si la pesca fue buena, o mala, no me quedé para ver..
Pero sí estuve pendiente de la salida.
A las once de la noche, a la hora en que no se distingue entre el cielo y la mar, donde todo es negro, ver esas luces parpadeantes como flotando en la nada, es todo un espectáculo.
Luego pasan unas pocas horas más, y ves cómo se desplazan esas luces por ese vacío indefinible, y se tornan en rojo primero y en verde después.
Esos pequeños barquitos, que se adentran en el océano, con el motor a toda máquina, y con el ímpetu de un guerrero que aunque sabe lo peligroso del mundo, salen a comérselo a mordiscos; con el optimismo necesario para creer que esta salida será diferente a las demás, y que volverán con las neveras llenas, y género hasta en la cubierta.. haciendo acopio de todas sus fuerzas, para no mirar atrás, y no decir adiós con la mano.. no buscar los ojos cómplices en el muelle, porque si así lo hicieran, todo sería más duro, doloroso..
Se navega hacia el horizonte, con la única idea de volver… y que todo esté como lo dejaron.
Me siento como barquillo.. optimista, valiente, con ganas de comerme el mundo a mordiscos.. pero con muchas ganas de volver…





