Hace unos años, cuando era una persona sola, que leía mucho, tomaba té constantemente, y sufría muchísimo (pero mucho mucho) por amor, me pasaba la semana esperando y deseando que llegara el viernes para salir corriendo hacia MiNorte.
Casi cinco años más tarde, hago lo mismo. Pero ya no sufro, ni bebo tanto té.
Todo ha cambiado, y en el fondo todo sigue igual.
Ya no estoy nunca sola. MiNorte sigue siendo mi refugio y mi fuente de energía.
El viernes, después de la primera semana escolar de Emma, la recogí del colegio y tal como hacía entonces cuando salía de trabajar, pusimos rumbo Norte. La comida en tuppers, el bolso de la playa, unos juguetes y el punto.
Me hace tremendamente feliz que Emma se sienta tan bien allí, y que siempre tenga ganas de ir.
Este fin de semana, fueron las mareas del Pino. Siempre en esta época se llena la marisma, y convierte la playa, en el mejor sitio del mundo para estar con un niño.
Fue la primera vez que Emma vio la marisma. Su cara al verla fue un puro poema. La marisma tiene una altura de entre 30-50 cm, lo que la hace perfecta para un niña de un metro. No existe casi peligro, y la sensación de poder ir y venir al agua ella sola, no tiene precio.
Retomando mis rutinas de entonces, el desayuno lo tomamos fuera. Esta vez fuimos al Mentidero Café. Una cafetería recién abierta, por una pareja conocida y encantadores. Nos tomamos un estupendo café y colacao y un pastel de chocolate con almendras delicioso. Todo casero, y todo agradable. Se convertirá en uno de nuestros sitios de desayuno.
De vuelta a casa, descubrimos que teníamos visita. Dice mi madre que este perenquén (al que ella odia abiertamente, por el miedo que le da) lleva ahí todo el verano, yo no lo había visto hasta este fin de semana, y por la tranquilidad con la que dejó hacerse la foto, creo que está medio domesticado ya.
Las mañanas pasan tranquilas entre el punto, y el jardín. He descubierto que Emma puede pasarse más de una hora regando, quitando hojas secas, mirando, e incluso hablando con las plantas. Lo que nos da cierta independencia a las dos.
Y las tardes después de la playa, son perfectas para dar paseos, por sitios que yo reconozco y que Emma descubre por primera vez.
Y así con tranquilidad, con paz y con alegría pasa el fin de semana. Y yo que sigo siendo la misma pero distinta, hay veces que me paro, y que me cuestiono si todo va realmente tan bien o es un espejismo, si estoy donde y como tengo que estar.. Y así, con la misma impronta con la que llegan las dudas, llegan las señales. Ayer, en uno de esos momentos de ¿es aquí y así donde tengo que estar?, en medio de una reunión en la que me sentía parcialmente ajena.. Sonó “Cuídame” de Pedro Guerra con Jorge Drexler.
Una señal clara y contundente.
Y las dudas, todas, se despejaron, porque en su momento, supe huir de quien maltrataba mi fragilidad.
Autor: BrujaSinEscoba
Vitaminas a media semana
Emma y la Educación infantil
Cuando tienes una certeza, hay que seguirla como a un faro. Cuando tienes una idea clara de algo, también.
Hoy era el día marcado en nuestras agendas, el primer día que Emma iría al colegio, a estar con personas que no conoce, con niños que tampoco conoce, en un ambiente que tampoco conoce.
Bueno, realmente esto no es del todo correcto.
En abril se abrió el plazo de matrícula, y aquí la que escribe, estudió con detalle la oferta académica a la que teníamos acceso. De esa primera cribada, quité de en medio 4 colegios. Con la niña de mano, nos dimos una vuelta turística por los otros 5 que habían superado la primera fase. Después de la visita, y con las condiciones de cada colegio, nos quedamos con 3.
Y tuvimos la grandísima suerte de que Emma fue admitida en el colegio que fue nuestra primera opción.
Por cosas del azar, o de esas coincidencias de la vida, en Junio, cuando hacíamos las fotos para entregar la documentación, conocimos en el propio estudio fotográfico a la profesora de Emma. Y fue un amor a primera vista, tanto por parte de Emma como por la mía.
El colegio, una vez que publicó la lista de admitidos (a finales de Junio) nos convocó a los padres y a los futuros alumnos a una primera reunión, para que los niños se conocieran y para que conocieran el colegio. Ese fue el segundo día que me llevé a Emma llorando de allí. El primero fue al ir a formalizar la matrícula, que tampoco quería irse.
Después de eso, hemos ido varias veces, a entregar algún papel más, a ver las listas de la adaptación, y por último a llevar el material escolar.
Todas y cada una de las veces, se ha ido llorando.
Hoy, era el día C. Desde temprano andaba trasteando con la mochila, con el uniforme, con la botella del agua.
A media mañana, llegamos al colegio, ella dando saltitos, yo expectante.
Habían otros niños por allí, con los que se puso a correr en cuanto llegó. A los pocos minutos, la profesora abrió la puerta para hacerles entrar, y los 8 niños entraron casi sin mirar atrás. A Emma la cogí de pasada por la mochila (por fin le veo gran utilidad a la mochila de la cerdita rodaballo), para que me diera un besito, y decirle adiós, al menos.
Las mamás que allí estábamos, pusimos cara de asombro-desconsuelo-risa.
No nos dijeron ni adiós. Estaban como locos por entrar.
Una hora más tarde, los recogimos. Con la misma cara de felicidad con la que entraron.
Cuando nos íbamos Emma tenía cara de disgusto, aunque no lloraba. Al preguntarle qué le pasaba, me dijo muy seria: mamá no me puedo ir todavía, no he estudiado nada.
Creo, que después de esto, poco puedo añadir a lo que ha sido su primer día de colegio.
Ha sido un éxito total. Ella no ha llorado, y yo tampoco.
Y todo esto me hace pensar, y me hace reafirmarme en el camino que me ha traído hasta aquí.
Emma pasó de mi barriga a mis brazos siendo un bebé indefenso, con solo 37 semanas. Han pasado estos tres años en los que la he acompañado muy cerquita, pero dejando el espacio suficiente como para que ella sola vaya descubriendo el mundo. Le he quitado alguna piedra del camino, y otras veces la he levantado para que alcanzara lo que quería. Le he dado teta hasta hace solo 4 meses. Hemos tenido noches en vela, comida hasta en el pelo, pises por muchos sitios… Al mismo tiempo, he tenido que ser firme y no prestar atención a las muchas frases de: uy! cuando se separe de tí, lo que van a llorar… uy! cuando la destetes lo que les va a costar… Seguimos durmiendo juntas.
Crianza con apego, crianza respetuosa… Pues no sé, yo solo sigo mi instinto, y trato de ponerme en su cabeza de 3 años en cada situación. Sigo este principio como si fuera mi faro. Escucharla, entenderla, atenderla.
Yo lo que sé, es que Emma es independiente, valiente, razona, y aunque esto le cuesta un poco más, también escucha.. Y otra cosa que sé, es que me siento tremendamente orgullosa de ella, ayer, hoy, y seguramente mañana.
Mi repro de los años ’30
Ya está terminado. Por fin. 10 años desde el momento en que corté la primera tela, hasta que dí la última puntada.
En el año 2004, en un grupo de yahoo, descubrí a un grupito de mujeres que tenían la misma pasión por el patchwork que yo en aquel momento. De ese grupito, me traje a MiColegui, y a otro montón de mujeres con las que sigo manteniendo contacto.
Este proyecto surgió en ese grupo. Una de las integrantes había visto un quilt en un museo, y se decidió a reproducirlo, animándonos a hacerlo en diferentes estilos. Yo, me decidí a hacerlo en telas de reproducción de los años 30.
El 2004 fue un año de muchísimos cambios para mí, así que me dispuse a dibujar y cortar los primeros bloques en medio de una mudanza entre Gran Canaria y Fuerteventura. En esos momentos, las telas y las agujas se convirtieron en una maravillosa trinchera en la que esconderme, y durante el último semestre del año, le di bien duro a las manos. Y cosí gran parte de los bloques.
Seguí con ellos durante el 2005, y era el proyecto que llevaba conmigo, cuando me inicié como profesora en clases de patchwork.
A mitad de ese año, terminé de coser los bloques. Los 99 bloques que forman el top.
Seguí con el sashing. En el quilt original estaba compuesto por tiras de 2 pulgadas de ancho. A mí me parecieron muy grandes, y por mi cuenta y riesgo lo reduje a 1 pulgada.
Según mi diario de labores, a finales del 2005, estaba cosiendo el top. Y aquí vino otra mudanza, por fin a mi piso. Desde ese entonces hasta el año 2008 le di una puntada aquí y otra allí, y no me decidía a elegir ningún borde.
En 2009 me volví a mudar a Gran Canaria, y el top quedó olvidado en el armario de proyectos, en una bolsita. En el 2011, mientras preparaba el nido, para la llegada de Emma, hice inventario de proyectos a medias, para darme cuenta de que podía esconderme detrás de la gran vergüenza que me daba tener tantas cosas a medias. Hice una lista de prioridades, y fue entonces cuando este quilt tuvo la fortuna de subir un par de puestos y colocarse en una posición de preferencia.
En el 2013 (parece que la prioridad no fue tanta), elegí los bordes, y pude ponerle fin al top.
En mis propósitos del 2014, era el número uno. Empecé enero acolchándolo. Y llegué a Junio con el acolchado. Llegó el calor, y aunque solo faltaba ponerle el binding, se me hacía muy pesado ponerme con él.
Al venir de MiNorte, a finales de Agosto, ya no tuve más excusas. Sin casi darme tiempo a pensarlo, lo cosí, en dos noches, y bordé la etiqueta.
Es curioso, que cuando fui haciendo los bloques, había algunos que no me gustaban, pero como me decidí a hacer una réplica exacta del original, los cosí. Así hay bloques de lo más extraños en el top, como el de la piña, el de la gallina, el de la mano… las dos cruces.
Sin embargo, 10 años después, la composición se ajusta perfectamente a lo que he vivido en este tiempo. Tuve que decirle adiós a mis abuelos y a mis perrillos, mientras lo cosía (las dos cruces), hay un ancla: la gran importancia que tiene mi padre en mi existencia; la piña es de mi madre, que quiere comer piña constantemente porque “es muy digestiva”; el águila: la valentía; la gallina: la maternidad; la mano: saber decir stop…
Me encanta mirar ahora mi quilt, y buscar todas estas relaciones… Se ha convertido en un buen diario.
El top está compuesto por 99 bloques, y dos tiras de bordes. Es rectangular, y la medida final está en torno al 2.00×2.40. Está cosido y acolchado a mano. La trasera es una tela de algodón de Ikea del año 1996 (cuando empecé a hacer patchwork).
Ahora está colgado en la tienda de MiColegui, y en unos días, lucirá estupendamente en nuestra cama.
Empezamos Septiembre con una cosa menos en mi lista de pendientes.
Del carnero a las cardas
En Abril, visité la feria agrícola ganadera de la isla, y sufrí un love-crash con este precioso carnero.
Le hice una foto, y me fui a casa sintiendo mariposas en el estómago pensando en nuestro posible idilio.
Esperé al lunes siguiente, y yo seguía con la imagen de aquel sedoso carnero en mi memoria. No me contuve, y llamé a mi primo, el que tiene relación con la parte ganadera de la isla. Me prometió un par de llamadas y que me diría algo.
A la semana, me mandó un mensaje diciéndome que había localizado al ganadero, y por extensión al carnero. Y que tenían previsto esquilarlo en los próximos meses.
La semana pasada mi primo volvió a llamarme. La lana de mi amado venía de camino a mi casa. Esta semana me hice con ella. Dos sacos de lana sedosa y maloliente. Cuando vi tal cantidad me quedé en shock, ¿qué iba a hacer yo con tanta lana?. La metí en el coche, y puse destino MiNorte.
Por la tarde, y después de estudiar algunas páginas de cómo lavar y cardar, y también de pedir consejo a Piruleta y a Silvia, me puse manos a la obra.
Cogí una buena cantidad de lana, y le fui quitando la mayor porquería que le veía. Al manipularla, tuve la sensación de que se me deshacía entre los dedos, y tuve la brillante idea de meterla en una bolsa de red, de las que se usan para lavar, para que me la contuviera un poco. Hice un primer lavado, con agua solamente y a temperatura ambiente. El agua salió completamente marrón. Saqué y metí la bolsa dentro del agua, intentando no removerla mucho. Deseché el agua y repetí el mismo proceso, hasta dos veces más, hasta que el agua salío bastante clara.
Repetí el mismo lavado, pero ahora con agua templada y con un chorro de champú. La dejé en reposo algo más de media hora.
Luego aclaré todo el champú y dejé la lana sobre una toalla para que se secara. Y aquí fue donde tuve el primer disgusto. Al sacar la lana de la bolsa, descubrí que aún tenía muchas impurezas, y lo peor, es que por parte estaba totalmente apelmazada. El fantasma del afieltrado se posó en mi pensamiento.
Dejé que la lana se secara totalmente, para poder confirmar que por muchas partes, efectivamente, la lana estaba afieltrada. Sin embargo, la parte que estaba suelta, estaba muy sedosa y gustosa al tacto.
Estoy convencida de que el error fue meter la lana dentro de la bolsa, lo que hizo que la misma no se lavara de forma suelta, sino que al limitarle el espacio al interior de la bolsa, tendió a afieltrarse. En ese momento, sentí alivio por no haber lavado toda la lana de una vez, y por tener mas.
Esta mañana, ví este video, y me dispuse a peinar la lana lavada.
Hay que tener paciencia, y también algo de ritmo. Y después de un rato de cardado.. tacháaaan!!! Ahí tengo mi primer experimento lanero.
Tengo que decir, que ha sido más fácil y menos tedioso de lo que imaginaba. Cada vez que abría la bolsa de la lana, y los olores impregnaban todo, sentía que era una empresa muy difícil de acometer. Pero la realidad es que en el patio, y una vez que te haces al olor, es más llevadero y sencillo.
Ahora probaré a hacer lo mismo sin bolsa, para ver si estoy en lo cierto en mis conclusiones sobre el afieltrado.
Todavía me quedan dos experiencias por vivir: el hilado y el teñido. Suerte que aún tengo lanas para seguir experimentando.
La energía de las cosas
Estos días, en MiNorte, estamos en casa de mis padres. Esta casa tiene ya la friolera de 30 años, y se ha ido componiendo en parte, con las cosas se han ido quitando de otros sitios. Es decir, la vajilla por ejemplo está compuesta con los platos que han ido quedando huérfanos de la primera vajilla de mamá, de la vajilla de abuela Eulogia, de abuela Teresa.. Y lo mismo pasa con los cubiertos, calderos, bandejas, etc.. Mamá en el momento en que habitamos la casa, equipó la cocina con todo nuevo, pero con el pasar de los años, y los devenires de la vida, la casa se ha ido recomponiendo con cosas de varios sitios. Y con ello, con la historia de la familia. Puede que me encante darle un toque de cuento y de magia a todo, o puede simplemente que en realidad así sea, pero es aquí, más que en ningún otro sitio, donde siento mis raíces.
En cualquier rincón del pueblo, veo a mis familiares, los que están y los que nos han dejado, incluso a aquellos a los que ni siquiera conocí.
Aunque estos días el pueblo se llena de turistas, aquí está también toda una parte de mi familia, y tanto los días como las tardes-noches, la casa es un paseo de gente que viene, que va, que pasa a saludar. Y es divertido, porque se recupera esa sensación de cercanía, y de vida de pueblo. Mi tío agricultor-ganadero, viene casi cada día, se toma un café, y nos trae leche, huevos, higos, tunos, moras… Otro de mis tíos, también viene, se toma otro café, y nos trae una bicuda recién pescada. Otro, nos llama por teléfono, y nos manda a que bajemos a su casa a buscar unas salemas, que las está terminando de arreglar..
Cada noche veo a mi madre hervir la leche de cabra que trae mi tío, y que solo comen ella y padre (para mí esa leche es demasiado fuerte), y veo cómo mi madre quita la enorme capa de nata que queda en la superficie. Recordaba haber visto en el blog de La vida a lo ancho, unas galletas de nata, así que allí que me fui a ver cómo eran esas galletas. Después de dos hervores de leche, he logrado reunir 200gr de nata, y siguiendo la receta de dicho blog, y después de un rato de divertido amasado con Emma, teníamos 60 galletas. No tenía cortapastas, así que improvisamos las galletas haciendo bolitas que luego aplastamos para darle forma redonda. He intentado buscar información en la familia, por si alguna de mis abuelas las hacía, pero por aquí no recuerdan comerlas de chicos.
Ahora cuando vienen las visitas y se toman el café les saco el tarro de las galletas, y la verdad, se les nota en la cara lo buenas que están.
Y mientras en mi cabeza recompongo o imagino la vida de mis antepasados, pongo las manos en piloto automático. Mi ten stitch blanket está a punto de ser terminada. He gastado unos 13 ovillos enteros y unos 8 medios ovillos. Le he dado un buen bajón a mi stash, y me ha quedado una manta la mar de gustosa para el próximo invierno. Es cuadrada y mide unos 1.30m, perfecta para el sillón. Al mismo tiempo he retomado mis rosetas, por fin termino la número 7, que llevaba olvidada en la caja como dos meses. Y la número 8 ya está en camino.
Y así con la nevera llena de alimentos frescos, recién cogidos o recolectados, las manos ocupadas y la cabeza en pleno movimiento, imaginando cómo podía ser la vida que llevó aquí mi padre, con sus hermanos, con sus tíos, con sus padres, no entiendo la urgencia que nos dio a todos por alejarnos de pueblo. ¿Será cuestión de la edad, o de la madurez?. Porque ahora mis tíos y casi mis padres, pasan más tiempo aquí que en otro sitio, y yo que siempre he tenido esta casa de fin de semana, empiezo a sentir la urgencia por alargar la estancia.
Agosto o el mes en calma
Agosto es sinónimo de fiesta, tranquilidad, playa, sol, vacaciones.. Aunque para mí, Agosto es igual a MiNorte. Y desde hace tres años, también es sinónimo de celebración.
Emma llegó deprisa un cinco de agosto, con casi urgencia. Se suponía que debería haber nacido a finales de mes, cuando estuviéramos recogiendo nuestras bolsas y volviendo a la rutina y al comienzo de curso. Pero ella, imaginándose lo que pasaba fuera, se adelantó. Ya desde pequeña, tenía muy claro dónde quería estar.
Hoy en día, en cuanto nos subimos al coche, pregunta: Nos vamos al norte?. Su destino favorito es siempre el mismo.
Este año, celebramos su cumple un par de días antes. A mí, nunca me han motivado las fiestas de cumpleaños, la verdad. Pero ésta, es una de tantas cosas que he tenido que ir puliendo. Tengo claro que yo nunca voy a hacer una de esas fiestas super organizadas y detallistas.. Simplemente no soy así, y no me salen. Mi motivación es que Emma sople una vela, y se reúna con unos cuantos amiguitos y jueguen. Salten, corran, griten, exploten globos.. Aquí no hay límites. Y de eso hubo mucho.
Luego, nos quedamos la familia, degustando un asado de cordero, del que no me dio tiempo ni a sacar fotos. Me encanta asar una pata de cordero. Simple, fácil y siempre sabrosa.
Fue la primera vez en el año, que Emma estuvo despierta hasta más allá de la media noche. Algo que acusó al día siguiente, lo que hizo que también por primera vez este año, durmiera una siesta en mis brazos.
Nuestros días están marcados por tres momentos importantes: el vermú a medio día, la playa después de comer, y el café de media tarde.
Hace como un mes que decidí unirme al vermú que proponía AllColorsAreBeautiful, aunque por una cosa u otra, no fueron “grandes vermús”. Ahora en la terraza de mamá, con una niña que se entretiene sola y bastante rato, yo saco el kindle y la brisita de MiNorte me refresca, son momentos casi perfectos.
En la playa, hemos dado un avance importante: estoy llevando el kindle, y mientras Emma construye y destruye, puedo seguir leyendo otro rato más.
Al volver de la playa, aún con los bikinis mojados, y ensalitradas, preparamos frapuchinos. Afición que he extendido al Patrón, que a la voz de: esta tarde no hay golosineo??, se prepara para recibir su frappé.
De estos días, lo más destacable es lo bien que se lo pasa Emma aquí. Y la diferencia tan grande que hay entre la niña de dos años del año pasado y la que acaba de cumplir tres. Cada día es más independiente, cada día es más habladora, y cada día me suelta cada ocurrencia que unas veces me deja con la boca abierta, y otras con los ojos a cuadros.
Un poquito de bricolaje
Suele sucederme, que en cuanto llega Julio, me visto de vacaciones, aunque tenga un montón de obligaciones esperándome a cada vuelta de día. Pero es que el calor, esta temperatura tan ideal, que por fin me permite estar sin tener que taparme los brazos, solo me anima a salir a la arena y a meterme en remojo. Y el resto del tiempo lo paso bebiendo té con hielo, y soñando con los mil bordados que me gustaría hacer.
Paso como puedo por el día, intentando llegar a todas mis obligaciones, y deseando que poder sentarme en la orilla de la playa con la pala y el cubo, y dejar pasar las horas con Emma.
Y cuando llega la noche, me pongo una infusión fría, y me siento a ver cualquier capítulo de la serie que esté siguiendo. Que en este momento son House of Cards, y Leftovers, y saco la aguja, y me dedico a dar puntadas o a hacer cruces.
El lunes pasado, viendo que ya estaba terminando otro bordado, me decidí a hacer inventario de todo lo que tengo hecho. Revisando el blog de Cova-Libre, quedé maravillada con su solución para no enmarcar y terminar haciendo cuadros de todo lo que se borda.
Rebuscando en mis cajones, encontré estas dos cajas de puros palmeros, de hace no sé cuantos años. Ni siquiera huelen a tabaco.
Las lijé con un papel de esmeril del 00. Las limpié bien con trapito y las pinté primero por dentro, y luego por fuera. Le dí dos manos a cada una y de cada color. La pintura es acrílica al agua, y la granate y la vainilla es satinada, la azul es brillante. Aunque en realidad las dos parecen igual.
Planché muy bien los bordados escogidos, y lo almidoné un poco.
Corté una pieza de cartón blanco del que suelo usar para los trabajos de scrapbooking, y con cinta de doble cara, pegué primero una capa finita de guata, y de ahí el bordado en sí.
Y ya con el cartón forrado con el bordado, lo pegué a la caja, también con cinta de doble cara.
La caja granate, será una caja donde guarde cosas relacionadas con Emma, cosas que en algún momento ella tendrá junto con el diario que le escribo. El bordado, no podría estar mejor escogido. Hay muchas cosas que me gustaría enseñarle a Emma, pero hay una que sobresale del resto: ser independiente, y creer en sí misma. Una veces le harán falta arcoiris y unicornios para llegar a donde ella quiera, otras veces alas, y otras veces lo conseguirá solo andando. Pero lo fundamental, es que ella sepa que va a poder llegar, donde quiera, como quiera. Y que no necesitará bastones, apéndices, ni mochilas, y que la que de verdad cuenta, es ella.
Cuando le enseñé el dibujo bordado, le entusiasmó. Le expliqué que lo pondríamos en la tapa de una caja, y con los ojos muy abiertos me dijo: ¿una caja para tesoros?.
El segundo bordado es de Little House of Needleworks bordado en un lino Belfast, teñido con té de chocolate. Está guardado desde diciembre. Aún no tengo claro que uso le daré a esta segunda caja. Aunque eso no me preocupa en absoluto, las cajas son siempre útiles, siempre hay grandes y pequeños tesoros que se pueden guardar en ellas.
Simply Life
Domingo de nuevo. Los domingos tengo la norma de no hacer nada por obligación. El trabajo, las tareas domésticas, las obligaciones, todas las dejo en standby hasta el lunes. Nada va a pasar por ello. Y a lo único a lo que me obligo es a dejar pasar el día, con tranquilidad y sin estreses. Pasar el día haciendo lo que realmente me apetece, y disfrutando de dejar la mente en blanco.
Para estos días tengo ciertas rutinas, que voy cambiando dependiendo de la estación en la que estemos.
Hoy, me he levantado temprano, por propio gusto. Al despertarme aún no eran las ocho, y sintiendo el cuerpo y la mente descansada me he puesto en pie. Al pensar en el desayuno en caído en la cuenta de que no teníamos pan. Hace ya cierto tiempo que no compro ningún tipo de pan. Antes compraba el típico pan de molde para bocadillos, pero desde que probé esta receta de pan de molde, ya ni eso. He puesto a trabajar a mi querida maquinita y para cuando Emma se despertó, el pan estaba listo. El desayuno dominical, se convierte en un rato que pasa despacio, y que me permite comer tranquila, leyendo incluso.
Después del desayuno, y recoger mínimamente la cocina. Emma se ha puesto a jugar con su último puzzle, que la tiene totalmente enganchada. A mí me llama la atención lo rápido que le ha cogido el truquillo, y ya casi ni requiere mi ayuda para acomodar las piezas. Yo aprovecho el rato para tomarme un vaso de leche con hielos de té chai, y alternando entre el ganchillo y la poesía.. Ay! la poesía!. Llega julio y a mí me entran unas ganas necesidades de leer poesía que no puedo controlar. Normalmente recurro a mis fijos, pero mi cartera se ha portado muy bien esta semana, y diligentemente me ha traído un libro de poesía sensacional: muchísimas gracias Rafa, me has arreglado Julio.
Seguimos en esa etapa en la que yo como modelo a imitar, tengo que vigilar cada mínimo detalle de movimiento. Emma es una auténtica “copiona”, y si yo leo, ella lee, si yo tejo ella juega, si yo no como fruta, ella tampoco…. Oh Damn!!
Esta semana casi al mismo tiempo que a mi me llegaba el Cicatrices, a ella le trajo nuestro librero esta nueva joya de Mónica Carretero. Hace mucho tiempo que la sigo en su blog, y me encantan sus ilustraciones. Este libro es precioso, ideal para la edad que tiene Emma (a puntito de cumplir los tres años) donde se fija mucho en mí, y en qué me pongo, al mismo tiempo que empieza a tener curiosidad e incluso opinión en lo que le pongo a ella. El libro tiene preciosos dibujos y pocas letras, ideal para este momento.
Como llevo diciendo algún tiempo, estas noches después de que Emma se duerme, y yo siento el silencio aprovecho para darle movimiento a las manos. Esta semana he hecho una auditoría de la cantidad de cosas que tengo a medias, que debo ir acabando, y a las que realmente me apetece meterle las agujas. Otra tradición de julio, es que me apetece siempre bordar, ya sea punto de cruz, o bordado en sí.
Me compré el libro de Marie Suárez cuando Cova decidió realizar un SAL sobre el libro. Y no me apunté. Quería dedicarle tiempo, y sabía que no era el momento. En la segunda edición del SAL no llegué a tiempo, pero ya tenía el libro. Intenté empezarlo sola, hace unos meses, y el resultado fue desastroso. Guardé todo en una cajita la mar de mona, y a pasar el sueño de los justos. Anoche, y después de releer el blog de Cova, me entró como el gusanillo. Busqué la cajita, y me puse a leer y mirar. Me puse un nuevo capítulo de True Detective, y me puse a darle a la aguja. Está claro. Cada cosa tiene su momento, solo hay que estar atenta saber detectarlo.
Y esto, es parte de nuestro domingo. Y esto para mí es Simply Life. O Simple felicidad.
Alimentando barrigas ajenas, para digerir la frustración
Llega la noche, después de un día agitado entre escapes, frustraciones, y diálogos.
La misión pañal se está complicando por momentos. Y no puedo sino pararme y reflexionar. Realmente todo ha sido tan sumamente fácil en esta aventura de tres años y medio, que he perdido la objetividad en el asunto, y apenas una piedra en el camino y ya me creo que hemos perdido la batalla. Es como cuando era estudiante de bachiller, tan acostumbrada siempre al sobresaliente, que un notable me sentaba como un suspenso. Y es ahí donde me pierdo. Pierdo perspectiva. Pierdo visibilidad.
Se me hace muy difícil aceptar que lo que está condicionando toda esta etapa son mis expectativas, que se ven aceleradas por esas “condiciones” que se impone propone desde los colegios. La entrada inminente al cole, me está obligando a darme prisa en algo que debería ser mucho más lento. Y sin darme cuenta, voy dejando que nos comparen con otros, y también sin darme cuenta, mi seguridad en mi instinto maternal y en ella, empieza a tambalearse. Y ahí es donde se abre hueco la frustración, la inseguridad, incluso el miedo.
Esta semana pasada, fueron días de bloqueo. Y tuvo que caer la noche. Sentarme aquí mismo, empezar a devorar toda clase de artículos sobre pises, cacas, y pañales, y por fin desterrar toda la frustración que estaba haciendo campamento en mi consciente. Y pienso, y evalúo, y finalmente cambio de táctica.
Y llega la noche, y asoma la Luna. Y respiro hondo y me dedico a poner en movimiento mis manos. Con la obsesión el firme propósito de seguir rebajando stash, me pongo a ganchillear posavasos. Realmente este cometido de ir eliminando ovillos, si que va bien. La 10 stitch blanket va viento en popa. Rozando el metro por metro, y ya puedo taparme con ella mientras tejo. Mi stash de mississippi va llegando a su fin, así que estimo que la medida final será de 1,5m, cuadrada.
Me doy cuenta de que para mí, es necesario antes de meterme en la cama hacer dos cosas: tejer-ganchillear-coser-bordar, y leer un poco. Si hago estas dos cosas, siento que duermo descansada de cuerpo y mente, y me levanto de otro humor. Bueno, del humor esperado a las 5:30am.
El fin de semana lo pasamos más tranquilas, intentando respirar hondo, y aceptar que todo en la vida no responde a ciencia exacta, y que aunque las cosas no salen según nuestras expectativas, no tienen por qué salir mal.
Y como siempre la mejor manera de olvidar la frustración es meterse en la cocina. Estos días ando descubriendo nuevos sitios de recetas muy recomendables. He repetido varias veces esta ensalada de pimientos asados con ventresca de atún. Y aprovechando que los morales de mi tío el mecánico agricultor están en su máximo esplendor, ando comiendo moras en cualquier momento y de cualquier forma. Con yogur griego y avellanas es simplemente un manjar.
Ayer domingo, preparamos comida para cuatro, y nos metimos en el coche. Si hay algo que me guste más que cocinar, debe ser convidar con lo que he cocinado a la gente que quiero. Se me hace bastante difícil explicar por qué realmente es importante para mí este hecho. Pero la realidad es que siento una inmensa gratitud al sentarme en la mesa, con esas personas que están siempre por nuestro alrededor, y llenarles los platos de lo que quiera que se me haya ocurrido preparar ese día.
Con la barriguita llena, los ánimos sosegados, y un buen baño de mar, volvemos a casa. La semana empezando, y nosotras firmes y seguras en nuestros pasos.