La pregunta y…. la respuesta

Entonces la ventana se abrió de par en par,

como antiguamente, y Peter Pan entró por ella.

Era un niño todavía, mientras ella era una persona mayor.

Se acurrucó al lado del fuego, y no se atrevía a moverse.

Se sentía culpable de ser ya una mujer.

James M. Barrie

Hace días que una pregunta me ronda la escoba, da vueltas alrededor de ella. Yo siento que necesita ser respondida pero aún no puedo hacerlo. Intento darle escobazos, espantarla, mirar para otro lado. Por momentos creo conseguirlo, pero en cuanto vuelvo a fijar la vista en las cerdas de mi escoba, ahí está.

Es inútil, no puedo huir de mis propias preguntas. ¿A qué le temo?, supongo que tanto la pregunta como la respuesta, las conozco perfectamente, pero no puedo afrontarlas. No puedo mirarme a los ojos y reconocerme con ellas. Aún es pronto. Quiero disfrutar un poquito más de esta ignorancia, de este sinsaber.

Porque preguntarme y responder, todo en cuestión de unos segundos, producirá un cambio de años en mí. Se esteblecerá un antes y un después de ese momento, y aún no estoy preparada para dar el salto, no quiero que el polvo de las hadas deje de funcionar en mí.

Por eso, aún duermo con un perro de peluche de color azul, y leo cuentos por la noche, y meto los dedos en la nocilla….

Al día siguiente,

insiste en preguntarme sin saber

que soy consciente

de que ella la conoce más que bien

pues esa otra es ella misma,

aquella niña de la cual me enamoré…

….Existen otros

Luis Quintana

Una muchachita de ojos verdes… que encontró su sitio

And I thank you

From bringing me here

For showing me home

For singing these tears

Finally I’ve found

That I belong here


Depeche Mode/Home

Y como cantaba Sabina, fue una noche después de un concierto cuando me di cuenta de quien era y a dónde pertenecía.

Fueron los “aquí estoy” de Ravelo, el “vivir” de Quintana, los “miedos” de de Paz…. Quise dar de comer a los “patos de la catedral” de Garriga, llevármelos a “la ciudad de los muertos”, que me dijo Serrano donde estaba. Más tarde vino Fermín y me dijo que con “un trozo de trapo”, yo sería feliz. Y vaya! cuánta razón tenía.

Así me di cuenta de quién era yo y de lo que realmente hacía aquí. Hasta ese momento me dedicaba a vagar por las calles, intentando buscar un no sé qué, que se me perdió no sé dónde y que necesitaba para no sé qué.