19 en cada pierna, y tan ligera como una pluma

Un miércoles por la noche, allá por el 2007, nos encontrábamos LasChicasdelaCruzRoja y yo, sentadas delante de un sándwich “poco a poco”, con algunas cocacolas y unos nesteas, como era habitual los miércoles de esa época. Yo estaba en medio de uno de esos viajes al infierno que me daba, y después de aguantar una de esas arengas mías de la vida es una mierda, y demás sentencias por el estilo, mi amiga LaAbogada me miró fijamente y muy seria me dijo: mira, búscate tu agujero, porque a tí la felicidad se te está yendo por ahí. Lo que provocó que estuviera riéndome más de una hora, y que volviera del infierno en un viaje exprés y sin escalas.
Todavía pasado el tiempo me acuerdo de aquel momento, y vuelvo a reirme sin poder controlar la carcajada.
La anécdota quedó ahí, aunque a mí me marcó profundamente ese momento. Y aunque mis viajes al infierno siguieron dándose lugar, acordarme de su consejo, hacía que la cosa fuera más ligera, y que quisiera volver más rápido. Yo creía que a ella este momento se le había pasado por alto, sin más trascendencia.
Cuando Emma cumplió un año, le regalaron una caja de piezas, en las que todos los asistentes le escribieron un deseo o una felicitación.
Por la noche, cuando recogí las cosas, y me dispuse a leer las piezas de madera, sufrí otro ataque de risa-llanto al leer lo que LaAbogada le escribió. Confirmándome, que para ella tampoco había sido un momento trivial, de charla en un bar.
Han pasado unos cuantos años, y por fin no solo he tapado las fugas por las que se me estaba escapando la vida, sino que ahora me dedico a revisar constantemente mi coraza para comprobar la estanqueidad de la misma. Ayer cumplí 38 años… 38 nada menos.
Ayer festejé, atendí al teléfono, partí una tarta, y dejé que Emma me cantara “pumpeaños peliiiiiiii” varias veces durante el día.
Se acerca peligrosamente la cuarta década, y que mis ahijados empiecen a decirme “pureta”. Lo mejor de todo, es que no me importa, ya no me afecta. El camino que tengo por delante ya no se me antoja pedregoso, ni lleno de baches.. ya no me da miedo vivir, y ese es mi mayor logro.
Al fin entendí de que va esto de vivir, y que la vida aunque a veces pese, se lleva estupendamente en una estructura impermeabilizada, y sin fugas.
Gracias a todos. A los que estuvieron, a los que se lo perdieron, y a los que decidieron no estar.

También leo, y veo series

Me he pasado todo el verano de inapetencia de letras. No he leído nada más que los patrones de las pocas cosas que tejí. En realidad he hecho bastante poco por mis hobbies, aunque he corrido mucho detrás de una niña de 85cm y 12kg de peso. Podría empezar a considerarse deporte oficial, porque creo que hay muchas mamás que lo practican diariamente y con suma dedicación.
Pero llega octubre, las rutinas, y también más horas en casa, y es inevitable, me entran ganas de leer, y de ver tele. Claro que la programación no te ayuda, pero una conexión a internet puede salvarte en esas noches de programación mala  poco atrayente a tu gusto.
He releído dos de mis libros preferidos: El Principito, y La elegancia del Erizo. Y me he leído dos nuevos: La sal de la vida. Ligero de leer, entretenido. Tengo curiosidad por volver a leer a la autora (Anna Gavalda), algo que supongo que haré próximamente; y el segundo libro que me he leído es El Tiempo entre Costuras. Que, la verdad, no me ha entusiasmado. Demasiado descriptivo, llegando a la redundancia y rozando la pesadez en algunos párrafos, para quedarse corto en ciertos episodios a los que había que sacar más miga. Ya sé que es un bestseller, y que bla bla bla.. pero a mí, no me ha llenado. Aún así, ayer me pegué a la pantalla para ver el primer capítulo de la serie. Y bueno, la verdad, me entretuvo más que el libro, al menos de momento.
Y por otro lado, las series que estoy viendo son Homeland, Scandal y Breaking Bad. Las dos primeras están en su tercera temporada, y aunque la primera aún me tiene un poco desconcertada en lo que está pasando, la segunda me tiene totalmente enganchada. La tercera, he esperado a que termine para empezar a verla. LaBajista lleva meses diciéndome que la vea, y finalmente le he hecho caso. Hay episodios que me dejan en shock y otros que tengo que cerrar los ojos, como cuando era pequeña y veía documentales de animales.. Al fin y al cabo, estoy a punto de cumplir 38 pero hay cosas que siguen hiriendo mi sensibilidad.

Galletas comibles, fantasmas y murciélagos

La semana se me ha pasado entre certificados y noches sin dormir. Podría decir aquello de que la vida es lo que pasa mientras esperas a que se registren los CEE en la sede de Industria, pero he decidido hacer cosas útiles mientras espero. También he decidido que no me voy a frustrar, ni a impacientar, ni tampoco a enfadar.. Tengo un largo recorrido por delante para domar estos sentimientos que se despiertan de forma incontrolada cuando lidio con ciertas cosas que son ajenas a mi voluntad. Y ésto, se puede hacer extensible a cualquier ámbito de la vida.
Así que una vez más, mis manos, me salvan del atolladero, y de que en cualquier momento compre en el mercado negro un lanzallamas y haga mi propia versión de un Día de Furia.
A lo que iba, y contextualizando: Emma y las galletas. Le vuelven loca las galletas, de cualquier cosa, de cualquier marca, pero aunque le encanta el chocolate, prefiere las galletas sin él. Así las cosas, me fui a la red (ay! gran aliado) y me dispuse a navegar por cuanto blog de galletas encontré. La cuestión es que está taaaaaan de moda el tema galletil, que me encontré envuelta en una cantidad no manejable de blogs y recetarios preciosisimos.. pero poco comibles en mi opinión. Todas las galletas parecen objetos de decoración, con ingredientes extrañísimos: que si cremor tártaro, glicerina comestible, albúminas… y millón de colorantes. Todo ello para hacer algo que le llaman glasa, y que como digo quedan galletas de cine, pero que no se ajustan a lo que yo estaba buscando. Yo quería la receta de una galleta, básica, rica, natural y a ser posible con no demasiado trabajo. Tengo que decir que probé varias recetas con resultados varios. Desde desastrosos, a trabajosos, a algunos poco reconocibles como galletas. Seguí en la búsqueda, y al fin la encontré. Como su propia autora la llama: la receta definitiva de galletas Y sí, es cierto, es LaReceta de galletas. Emma está encantada con estas galletas. La cuestión es que yo quería que comiera galletas sanas, dentro de lo que puede ser sana una galleta, pero que se coma 60 galletas en unos días no me parece muy sano, que digamos. En fin.
Mientras, nos hemos puesto a coser y a cortar murciélagos, fantasmitas y calabazas. Por aquello de aprovechar los tiempos de espera en la preparación de las masas, y de ir cambiando la casa con las fiestas que van llegando. Y llegando poco a poco y muy tímidamente, está el cambio de tiempo. No me atrevo a llamarle Otoño aún, porque aquí no se pone todo naranja, no llueve, y ni siquiera hace frío. Pero los días son más cortos, en el mercado hay otras plantitas, de las que nos hemos traído una albahaca y perejil, y las calabazas están tiradas de precio. Pero lo más que me gusta de esta época, a parte de que puedo (ahora sí) celebrar que los años van pasando, son las flores de algodón que me trae mi tío el mecánico-agricultor. Son tan delicadas, y a la vez tan fuertes que me tienen enamorada. Ya tengo dos bolsitas de algodón natural, que algún día hilaré.. Lo que me recuerda que esta tarea sigue pendiente.

De mis quejas y otras incomprensiones

Soy autónoma e ingeniera. En mi vida profesional me ha tocado saltar diversos obstáculos. Cuando los veía imponerse en mi camino, siempre pensaba en el rédito económico o personal que me iba a suponer superarlos y entonces, apretando los dientes  cogía carrerilla para saltar. Unas veces lo conseguía a la primera, otras a la cuarta, y otras simplemente, abría otro camino dando por terminada la batalla con ese obstáculo en concreto.
Desde que soy mamá, me planteé mi vida profesional de otro modo, y ahora trabajo desde casa, en horas que debería estar durmiendo, o simplemente cuando tengo un hueco entre la comida, el baño y el juego.
Se supone que estamos en la era de internet, donde nos llama la atención que necesitemos ir a cualquier sitio físico a resolver cualquier tipo de trámite, teniendo la posibilidad de que todo este informatizado y hacerlo desde tu pc.
En Junio de este año entró en vigor el certificado de eficiencia energética. Para ello, la Consejería de Industria del Gobierno de Canarias, ha abierto un apartado dentro de su Sede Electrónica, para “facilitar” el trámite del registro del mismo. Desde Junio estoy haciendo certificados. Y desde Junio, he perdido la paciencia a razón de tres veces por certificado y día.
La página cuyo formulario es lento como un paseo de tortugas, tarda en cargarse, lo hace mal, no te carga el certificado digital, o en otros casos no te lo reconoce. Cuando ha de darte el resultado del registro, tarda toda una noche, otras simplemente no te lo da.. y así .. To infinite.. and beyond.
La opción que tienes para manejar este proceso frustrante, es mandar correos de quejas, de sugerencias, o simplemente de desahogo. Siempre te responden, eso sí. A veces, incluso, te llaman. Llamadas en las que son super amables, pero que no tienen nunca claro qué está pasando, ahora, como apoyo y consuelo, funcionan bastante bien.
Un dia cualquiera, entras a la sede, te dispones a hacer tu trabajo, y empiezas a ver que la cosa no marcha, lo que sucede 39 veces de 40.. entonces decides cerrar el navegador y empezar de nuevo. Y al volver a abrirlo, ahí está… el dichoso cartelito: estamos de mantenimiento! o problemas técnicos!. Esa es la manera de resolver el problema.
En serio, no hay un grupo de informáticos cualificados para desarrollar una aplicación que no de problemas? o es acaso que ese grupo de informáticos no son sobrinos, hijos, nietos de ningún miembro de nuestro querido Gobierno Autónomo?
Empiezo a echar profundamente de menos, la oficinita de Industria que existía en la isla (porque ya no hay, la han cerrado, bajo un plan que se llama “recortes”… o algo así). Con gente con pocas ganas de trabajar, y a las que tenías que llevar cafés para salir con tu formulario sellado. Al menos alli sabías qué y quién funcionaba, a qué horas tenías que ir, y de dónde tenías que llevar el café para salír con el trámite resuelto.

Crianza por imitación, análisis por obligación

Emma se ha pasado todo el verano diciendo que no quiere fruta. Que “no guta”. Que no no no no.
Sigo pensando que no debo darle nada por obligación. Me ha salido una niña de buen apetito, que aunque le cuesta un poco probar cosas nuevas, va aceptando sabores y platos, y que come su ración sin problemas ni dramas. Así que si no quiere fruta, pues no la obligo. El problema se presenta en sus intestinos, que no están tan conformes con la falta de fibra que la fruta le aporta.
Así que empiezo a pensar, y a pensar, cuál será el motivo por el cual de pronto, de un día para otro, deje de querer fruta.
Y así, un día encontré la respuesta en mis mismas narices. Estábamos en el baño, y yo me ponía mi crema de día. Desde la puerta y con curiosa atención, Emma me miraba, haciendo los mismos movimientos en su cara que yo en la mía. Ahí fui consciente del problema. Emma a mí no me ve comer fruta casi nunca, porque casi nunca la como. Y ahí empezó mi reflexión.
Está en una edad que todo lo imita, que se fija atentamente en qué digo, qué hago, cómo me siento, cómo bailo.. todo. Me doy cuenta, y por ello, he desterrado de mi vocabulario algunas palabras que antes decía con mucha frecuencia, entre otras cosas. Soy consciente de que me observa, y de que de mí depende de que ella “salga derechita”
Así las cosas no me ha quedado otra que pasar por la frutería e introducir en mi dieta las frutas frescas que aquí podemos conseguir. Tengo la gran suerte de que mi tío mecánico-agricultor me trae cositas de su finca. Manzanitas en miniatura, sabrosísimas; granadas como pelotas; y guayabos que son puro espectáculo de olor y sabor. Aprovechando también que las manzanas están de oferta-temporada, y las zanahorias también, he llenado la nevera con un par de kilos de cada una. La cuestión es que ahora, al tenerlas aquí, me apetece, y se nota el efecto. Emma ha vuelto a comer fruta, y ya por iniciativa propia, no porque yo la esté invitando con ella a cada rato.
No paro de pensar en que cosas tan aparentemente poco importantes, tengan tanta trascendencia en los niños, y en lo fundamental que es que yo, como su madre, tenga una vida sana, segura, equilibrada. Mi vida y mi cabeza, son sus cimientos, y de mí depende lo fuerte y segura que sea su casa después. Por ello me esfuerzo por llevarla de paseo al mar, a la arena, al campo… Me parece una zona de juego más interesante que el parque. Amén de que no me gustan los parques. He hecho un esfuerzo, pero no puedo. Compensamos eso, con el increíble color del cielo que nos regala Octubre, y la tranquilidad del Atlántico en este tiempo. Ahora tengo la certeza de que así como la imitación de la fruta, el amor por el mar, el cielo, la tierra, la música.., se van a fijar también en su cabeza, y estoy convencida de que le van a servir de mucho más que las tardes bregando con otros niños por subirse a un tobogán lleno de basura.

La magia del pan llegó con el tiempo

Hace ya algunos años que sigo el blog de Ibán Yarza. Desde entonces tengo guardado un pdf de cómo hacer masa madre y cómo hacer pan. Releía sus apuntes como si fuera un tratado de alquimia. Y para adentro me decía: algún día.. algún día.

Tengo la firme convicción de que hay cosas en la vida que marcan su momento. Tu puedes emperretarte en tejer cierto patrón o en leer tal libro, y pasan los días y no consigues engancharte al libro, ni memorizar el patrón. Lo más común es tirar la toalla y dedicarse a otra cosa, que la vida es corta y cosas para hacer hay miles. La cuestión es que un tiempo más tarde, pueden ser días, meses o años, el mismo libro o el mismo patrón se ponen de nuevo en tu camino, y voilà… sale de un tirón!. Por ello, cuando algo que quiero intentar se me atraganta, lo dejo en espera… Tarde o temprano se alinearán los astros y será el día. En el fondo, y casi en general, el único ingrediente importante en la vida es el tiempo.

Así me pasó con el pan. Llegó el momento, y me puse a panificar. Primero con levadura artificial y luego con masa madre. Lo que me pasó, es que se cruzó en mi camino alguien a la que ya le voy debiendo unas cuantas cosas, entre ellas este virus panadero. Hay videos muy buenos de Ibán Yarza sobre los pasos a seguir, sobre cómo amasar, sobre ingredientes básicos… La verdad, hacer masa madre y pan, es algo casi mágico. Te obliga a tener paciencia, a ir haciendo paso a paso, a esperar los tiempos sin tener la urgencia del reloj marcando minutos, ni a estar pendiente de él.

He hecho masa madre de centeno, con unos resultados espectaculares en tan solo tres días; y masa madre de trigo que es un poco más lenta, pero con otro olor y otro sabor totalmente distinto. Los panes que he hecho con ella son increíbles. Se parecen tanto a los que compraba en la tienda de la esquina como un huevo a una castaña. He logrado ir haciendo una rutina panadera, y en mi congelador siempre hay pan para la semana. Será difícil que vuelva a comprar pan en esos negocios dónde el pan tiene dudosa procedencia.

En estos días en los que yo he metido sin miedo, las manos en masas de distintas texturas y olores, Emma ha hecho lo mismo. Estamos empezando a trabajar la plastilina. Tuve un primer intento de plastilina casera. No me gustó el resultado: huele, se ensucia, y se pone mal en poco tiempo. La mejor alternativa ha sido la plastilina de Imaginarium. Tiene buen tacto, no huele, y los colores son bastante brillantes.

Y en medio de todo esto, el verano que dicen que se fue, creo que hace mejor tiempo ahora que en Agosto, y hay que sacar las cosas de otoño, aunque solo sea por aparentar. Tengo unos días de poco movimiento de manos, no me apetece ni coser, ni tejer.. Pero en cambio, me he reconciliado con el bordado y el punto de cruz.. Y con los libros. De nuevo vuevlo a leer de forma constante. Una vez más, las cosas eligen su tiempo de ser.

Y este tiempo esta siendo de pan, de hilos, de John Mayer y de recuerdos que se fueron y que ni con un tremendo esfuerzo de concentración, vuelven… Para todo hay un tiempo, hasta para olvidar.

No subestimes el poder de un mecánico

Hace siete años que conduzco como una flecha mi querido coche. De él he hablado aquí y aquí .
Me ha dado pocos disgustos, y muchos kilómetros a la espalda.
Respondió muy bien cuando un desaprensivo se saltó un stop y me empotró en una casa, y también se portó muy bien en dos años de conducciones por las autopistas grancanarias.
Y desde hace unos meses, notaba yo que no era el mismo. La cosa se puso muy seria cuando camino de Costa Calma, con unos 40º fuera del mismo, quise adelantar a un coche de licencia y por mucho que apreté el acelerador, no subió de 2.500rpm y no alcanzó más allá de los 80km/h.
Este no era mi coche, que apenas rozaba el acelerador se lanzaba como un rayo.
Entonces llegó ElPatrón, y me convenció de que era urgente pasar por el taller.
Y llegas allí, con las manos temblorosas, pensando más en el importe de la factura que tendrás que abonar que en el problema en sí.
Ahora los mecánicos no abren el capó, ni pegan la oreja al motor, ni toquetean por aquí y por allá. Ahora es todo mucho más rápido. Conectan a tu coche un ordenador, dan contacto a la llave, y el ordenador empieza a volverse loco, a enseñar lucecitas por todos lados, a emitir pitiditos…
Yo cada vez más nerviosa sin saber muy bien dónde ponerme.
Ocho fallos de motor, O-CHO..
Los ojos inquisitivos del mecánico mirándome como si le debiera algo antes de empezar a hablar, son algo que me va a costar olvidar. Detrás de esa mirada, vino el dedo acusador, y la retahílas de: este coche no se puede tratar así, esto es un buen coche que no está siendo cuidado y bla bla bla..
Yo a estas alturas del diagnóstico, estaba pegadita al suelo pidiendo perdón, y hablándole muy bajito, le pedí un presupuesto, acompañándolo de muchos porfavores.. Un pastizal, el presupuesto de la reparación de las ocho averías era un pastizal.
Dudé un momento, y le pedí la llave para irme a casa y meterme en la cama a pensar cómo solucionar la papeleta. Y es entonces cuando el mecánico me miró, entrecerrando mucho el ojo derecho, y diciéndome: quieres ver lo que le pasó a un coche exactamente igual que el tuyo con el mismo problema?? y cuánto le va a costar ahora al dueño arreglarlo?… Acompáñame… Pero yo que tú, no movería este coche de aquí, a no ser que se le arreglen las ocho averías…
Y fui y miré el otro coche, y ahí estaba todo lleno de mugre, y grasa, y tornillos rotos, y camisas rayadas, y pistones partidos…
Así las cosas, no me quedó más remedio que irme a casa andando, y decirle adiós a mi coche, hasta nuevo aviso, porque cuando un mecánico te dice que no muevas el coche, tu le haces caso.
Me lo han devuelto esta semana, arregladito, con su motor que hace suavemente bruuumm brummm, que acelera que es un peligro, y con el motor perfectamente limpito, tanto, que se puede comer en él.
Y a esto me he dedicado estos días sin coche, a cocinar, y a recrearme en los últimos platos con melón y sandía… Y además me he tomado unos vinos, que me han sabido a gloria bendita. Ha sido la única forma que he encontrado de olvidar la mirada acusadora e inquisitiva de mi mecánico.

Guardando Agosto a buen recaudo

 

Estamos en casa, con todo ordenado, con las listas: listas; y preparadas para encarar Septiembre de manera optimista y que no acabe con nosotras.
Para quien como yo, se haya pasado la mayor parte de su vida estudiando, Septiembre es como empezar el año. Claro que ahora no tiene la novedad y la ilusión de las nuevas libretas, los bolígrafos, y todo el material escolar que me hacía olvidar un poco lo bien que había sido el Agosto en MiNorte.
Ahora Septiembre se envuelve de lavadoras que poner, ventanas que sacudir, y nevera que llenar. Ahora entiendo un  poco mejor los agobios de mamá cuando volvíamos a casa.
Este Agosto, y como siempre, me fui cargando costuras, agujas, lanas, hilos.. Menos mal que ahora con el kindle, no voy cargando también un montón de peso en libros, claro que los libros los llevé. Tres o cuatro que tenía especial interés en leer..
Nada, no toqué nada. Absolutamente nada.
Trabajar de mañana, alguna que otra tarde noche, y ya. Eso fue lo que hice por y para mí exclusivamente.
El resto del tiempo lo tenía repartido en comer los ricos tunos que traía TíoJuan; el café de mamá tempranito con los papás y ElGurú; la playa, mi playa, mi querido océano…; pescar tortugas y mariposas; y sentarme en la acera, a ver cómo se encendía la luz naranja de las farolas cuando todavía Lorenzo no se había despedido.
Tengo la sensación de que me fui con un bebé y volví con una niñita. Ayer la escuchaba en el coche, ya me va hablando, frases enteras que ella sola conjuga, con su sujeto, su predicado, su verbo y sus complementos. Al llegar a casa decidió que no volvería a bañarse en la nañera chititita, sino en la naaande como mamá; me pide la tuchaya y el teñeor para comer ella sola… El tiempo que se me escurre de la mano como arena.
Ya estamos metidas en la rutina, la dulce rutina, que durante más de un mes hemos tenido alterada.
Alterada, bonita palabra para definir muchas cosas, la rutina, el pensamiento, las ideas..
Va siendo hora, de que coja según que cuernos y empiece a desaparecer toros.

Bienvenido Septiembre

Coroneles, madres, y paseos con queso

El sábado pasado, y de forma extraordinaria, La Casa del Coronel, abrió sus puertas, para que un conjunto de artesanos textiles pudieran mostrar sus diseños y productos para la difusión y venta de los mismos.
Aprovechando que estábamos por el norte, y que una de las artesanas es familia directa nuestra, nos fuimos a echar la mañana del sábado.
La Casa del Coronel, que no debe ser confundida con La Casa de los Coroneles, es una construcción típica canaria que ha sido restaurada recientemente. Tiene la particularidad de que la casa cuenta con dos propietarios: uno particular y otro municipal (o sea que parte es del Ayuntamiento y la otra parte es de una familia). La parte municipal es la que está restaurada y se le ha dado un uso, a mi parecer, muy acertado. Todos los martes y jueves se realiza un mercado tradicional, en el que puedes encontrar desde verduras, hasta cerámica, pasando por panes, quesos, aceites, dulces, calados…
Este sábado, la muestra estaba compuesta por bolsos, pareos, pulseras, gorros… Todo bastante trabajado y bonito. También había una pequeña muestra de quesos bastante curiosa. Queso al curry, a la pimienta, al romero.
Cuando veo algo así, mi primera reacción es rechazarlo. El queso es queso, y el curry es para cocinar. Pero luego me antepongo a esto y me decido a probarlo. La realidad es que el queso al curry me encantó, y me pareció el aperitivo perfecto para cualquier tardecita de verano, con una copita de vino y unos trocitos de bizcocho de Tiscamanita. Pensé incluso, en la perfecta compañía para disfrutarlo, y entonces me decidí a comprar un trozo. Aquí lo tengo, esperando a que llegue mitad de mes y con él, mi ex-room-mate de la Galia, y podamos darnos una de nuestras charlas trasnochadas.
La historia de la casa, del Coronel y su madre Sebastiana Cabrera, que si mis capacidades de atar cabos siguen bien afinadas, está enterrada en la iglesia de La Oliva, me dan via libre para imaginar un montón de historias al más puro estilo de Cien años de Soledad. Lástima que yo no sepa bien dónde buscar o no contar con historiadores cercanos que puedan arrojar más luz a todas mis curiosidades sobre esta familia de mi tierra, pero todo eso tendrá solución en pocos años, cuando mi ahijado se haga historiador y por fin el Archivo histórico de Fuerteventura, entre en funcionamiento. Entonces yo cogeré mi pluma, y me saldrá una novela histórica-mágica-romántica-, que se leerá más que los folletos de ofertas del Mediamarkt.
Estos paseos me encantan, porque nos dan pie a ir descubriendo el mundo, despacito y con lo que tenemos a mano. Emma va identificando las cosas que nos encontramos: flores, perros, gatos, niños.. Y en cuanto se pone en el suelo se arrodilla a buscar bititos.
Hemos pasado a otra etapa del porteo. La compra de la Manduca, fue un acierto completamente. Después de usarla durante unos 9 meses delante, sigue siendo útil para el peso (10.5kg) y la edad de Emma, pero ahora a la espalda.
Hasta entonces, seguiremos visitando lugares e imaginando.