Por las dudas…

Ya es lunes. Se acabó el fin de semana. Y para variar, estoy triste; más que triste melancólica. He vuelto a mis raíces. He vuelto donde nací, donde crecí, donde maduré…. He vuelto a todo lo que no quería volver. No es porque esto no me guste, ni tampoco por la gente que aqui hay. Realmente no sé por qué me cuesta tanto estar aquí, y pensar que es por tiempo indefinido. No lo sé. Lo que sí sé es que el fin de semana, ha estado bien. Me he reconciliado con mis demonios. Con todos los que dejé hibernando cuando me fui, y con todos y cada uno de los que me torturaron los años que estuve aquí. Este fin de semana los encaré, y pactamos una tregua: ellos irán despertando poco a poco, y yo iré encarándolos según lo hagan. Trataremos de establecer un pacto, ellos habitarán en mi y yo los iré aceptando. Me iré aceptando, tal vez este sea el camino para estar bien, sin importar el sitio geográfico.

Hay una canción de Fede Comín, que dice: “amenazan mil fantasmas, creo que vienen por usted… Por las dudas no se vaya, por las dudas quédese….”, así me siento hoy. Lo bueno es que también hoy, sé, que vendrán de uno en uno. Y lo malo es que a mi lado (físico), desgraciadamente no hay nadie que me de cobijo. Aunque “cualquier cosa usted (yo) me llama, hay poesía en el cajón.

El cambio

Me parece que es el momento. Llegó la hora. Hace once años que vivo en la misma casa, con los mismos muebles y con las mismas cosas, que por supuesto han ido aumentando de número con el pasar de los años. Y ahora, después de todo este tiempo, llegó el momento de empaquetar lo imprescindible y salir de aquí. De mi pisito de color verde, de mi cuarto con muebles negros y de mi gran sillón azul. Ni puedo evitar que se me salgan las lágrimas,  al pensar que esta no será mi casa más.

Soy un animal de costumbres, no me gusta cambiar  de ruta para ir a los sitios, siempre tomo las mismas cosas y apenas me gusta cambiar mi ropa, y ahora tendré que cambiar de vida. Eso es el gran paso par mí. No tengo idea de cómo afrontar esto, de cómo me va a ir en otro lado…. que me importa, yo soy feliz aquí!!! Y no me quiero ir!!.Por donde quiera que mire oigo y veo gente que me anima al cambio: “ya verás que bien estarás, además aquí estamos todos nosotros”; y es en este punto cuando me planteo, cuánto hay de egoísta en estas palabras y cuánto de sinceridad. Yo tengo miedo, yo no quiero cambiar, ¿quiénes de ellos está pensando en esto?.

Agosto…el príncipe

Ya Julio avanza hacia su final. Ya pasó la celebración de la diosa del mar, la que se celebra donde yo nací, donde yo me crié. Yo no fui. No quise ir.

Ya Julio va dando coletazos, dando paso a Agosto, que pretende llegar a nosotros con calor, noches de fiesta, serenatas diurnas, y tardes de helado. El termómetro amenaza con no bajar de 30ºC, y las playas se llenan de gente que solo tiene un propósito: tumbarse al sol. Un niño que juega en la arena, hace un hoyo, con la intención de que su papá pase por encima de él y caiga; una niña que hace un castillo, la imagen que tiene en su mente difiere notablemente del resultado que está consiguiendo allí, aunque eso no importa, la finalidad es poder tener algo en lo que soñarse. Soñarse cautiva, y esperando al príncipe, que ha de venir de lejos para sacarla de allí.

Unos Agostos más tarde, la misma niña ya no hará castillos de arena, ahora leerá novelas de enredos romáticos, y sin embargo, seguirá soñándose cautiva, a la espera de que un príncipe venga de lejos a rescatarla.

Y así pasarán algunos agostos más, ya casi treinta, y la misma “niña” seguirá soñándose cautiva esperando a que un príncipe venga de lejos, la coja en brazos y le diga  con una voz de caricia “ven aquí”….

Puede que cuando hayan pasado treinta y un agostos, esta niña se de cuenta de que el agosto siempre es el mismo, que la gente de las playas son las mismas año tras año, y que el príncipe que tan ansiosamente espera nunca ha de llegar. Porque hay niños en la vida que están dotados de poder soñar, no de poder hacer realidad esos sueños.

Mi mente

LLevo esperando que llegue este día desde hace aproximadamente un mes. El día en el que no tenga que estudiar, ni estar atada al escritorio, los apuntes y la calculadora. Ayer, por fin terminé los exámenes, llevo solo un día de vacaciones y ¿ahora qué?. Mi cabeza ha estado sometida a un estrés tremendo, ni si quiera descansa mientras duermo, porque no podría contar la de veces que me he levantado a las cinco de la madrugada con la solución de un problema que se me había atascado durante el día.

Así que ahora estoy tranquila, sin “obligaciones”, y debería estar feliz y contenta. Pero la realidad es bien distinta.

Tengo la sensación de estar perdiendo el tiempo. Me voy a la playa, tiendo mi toalla, me quito la ropa, me pongo crema, y me acuesto en dicha toalla dejando que el sol me bañe (casi siempre son los únicos baños que tomo… me hago mayor), entonces me invade una horrible sensación: “¿qué hago aquí?, ¡¡¡con todo lo que tengo que hacer!!!”.

Tengo que respirar hondo, e intentar tranquilizarme. Analizo la situación, ayer cumplí con mi deber como estudiante, ahora no tengo nada que me espere, puedo relajarme un rato. Al cabo de unas horas ya no puedo estar más en la toalla.

Llego a casa y me pongo a acolchar. Inicialmente disfruto. Pero al cabo de media hora, tengo otra vez la horrible sensación. Es la misma sensación de que se te ha parado el despertador cuando tenías que levantarte. Se te acelera mucho el pulso, y notas los latidos del corazón en la cabeza, que parece que va a explotar, todo eso mezclado con una ola de sudor frío que te recorre el cuerpo.

Mi mente me juega malas pasadas.

Me la imagino mándandome estos mensajes de agobio, y luego muriéndose de risa al ver el estado de ansiedad que provoca en mí… Y la verdad, no la culpo, debe ser bien divertido.

Mi amigo

Tengo un amigo que me viene a ver cada día. Que me cuenta cada cosa que le preocupa; que me comenta cada proyecto que se le ocurre; que me lee todo lo que escribe; que me arropa por las noches y me despierta por las mañanas.

Tengo un amigo que veo todos los días, que le enseño cada puntada que doy al día; al que le pido opinión sobre lo que me rodea; con el que comparto mis penas; al que arropo cada día; y al que despierto por las noches.

Somos dos amigos que algunas noches compartimos unos vinos, unos quesos y unos palitos de cangrejo; que detrás de la copa soltamos alguna lágrima, alguna risa. Somos dos amigos que caminamos juntos por la vida, yo delante, abriendo las ventanas; y él detrás cerrándolas

¿Y lo demás, que importa?. A mí no me importa dónde esta mi amigo; a mi amigo no le importa dónde estoy yo. A mí no me importa con quién está mi amigo; a mi amigo no le importa con quién estoy yo. A mí lo que de verdad me importa es saber cómo esta mi amigo, y a mi amigo le importa que yo sea feliz.

Por eso da igual el tiempo, el sitio o la ciudad. Mi amigo siempre está conmigo, y yo voy donde el va. Nos encontramos en un punto, y desde entonces compartimos nuestra soledad.

Amigo, hace tiempo que no te veo; ve preparándote, que voy sacando el vino, el queso y el pan.

El amor…el…ella

Hoy, recibí esto vía e-mail. Gracias Alberto, por mandarme estas cosillas.

Después de leerlo, he llegado a la conclusión de que no conozco mejor definición sobre el amor. Dos individuos que se encuantran, se conocen y deciden caminar juntos, claro, que lo que piensa cada uno poco tiene que ver con lo que piensa el otro.

“Él

A ella le gusta el amor. A mí no. A mí me gusta ella, incluido, claro está, su gusto por el amor. Yo no le doy amor. Le doy pasión envuelta en palabras, muchas palabras. Ella se engaña, cree que es amor y le gusta; ama al impostor que hay en mí. Yo no la amo y no me engaño con apariencias, no la amo a ella. Lo nuestro es algo muy corriente: dos que perseveran juntos por obra de un sentimiento equívoco y de otro equivocado. Somos felices.

Ella

Pretende que yo estoy enamorada del amor y que a él sólo le interesa el sexo. Dejo que lo crea. Cuando su cuerpo me estremece, lo atribuye a sus muchas palabras. Cuando mi cuerpo lo estremece, lo atribuye a su propio ardor.

Pero me ama. Y no lo saco de su engaño porque lo amo. Sé muy bien que seremos felices lo que dure su fe en que no nos amamos”.

( Raúl Brasca )

¿Por qué…..?

Hoy, me invade una duda, ¿por qué siento esta necesidad de escribir?. Desde hace ya años que llevo siempre un diario conmigo, que va a todas partes donde yo voy, y que a cada dos pasos de mi camino se abre para recibir las letras que salen, unas veces de mi mente y otras de mi corazón. A veces solo es un pensamiento circunstancial, otras veces son planes, y otras muchas veces son esos sentimientos que parece que me van a desbordar y que me terminarían engullendo si yo no los saco hacia fuera primero.

Puede ser que, yo, en mi escaso metro sesenta, sea incapaz de albergar tantas cosas, y por eso escribo…. Me gustaría sentir por otro, para comprobar que todos sentimos igual, para demostrarme que lo que yo siento no es diferente a lo que sienten los demás. Querría sentirlo todo, un poco de amor, un poco de rabia, un poco de odio, un poco de tristeza, y un poco de melancolía. Esos son los sentimientos que necesitaría vivir de otro. La alegría no, porque esa sí que estoy segura de que todos la sentimos igual.

Las apariencias

En Diciembre, compré tres plantas. Una era hermosa llena de flores; otra tenía una única flor pero robusta y fuerte; y la última tenía dos flores preciosas pero un aspecto muy débil.

Han pasado los meses.

La que estaba llena de flores cayó primero. La cambié de sitio, el tiempo de riego, le hablé, la mimé… en cuanto murieron sus flores, no lo soprtó más y murió entera.

La robusta cayó tres semanas más tarde. La cambié de sitio, el tiempo de riego, le hablé, la mimé… pero aún así, murió sin más.

Sin embargo, aquella, la de las dos flores, la más débil de las tres, sobrevivió al invierno, y pasó triunfante por la primavera; y ahora que estamos en verano, me regala una de sus espectaculares flores.

Una vez más, esta vez la naturaleza, me demuestra que las apariencias engañan. No se debe juzgar por la primera impresión.

Sombra…..

Mi sombra se está desatando. Me pide con fuerza que la deje salir, que tiene mucho que decir, mucho que gritar… Me enseñaron de pequeña a reprimirla, a darle a ella todo lo que no debía, tenía o quería hacer yo, y que bajo ningún concepto, podría sacarla a la luz (ja!! Luz..). ¿Quién sabe los motivos?. ¿Por qué no puedo odiar, celar, dar rienda suelta a lo que realmente siento?. Está mal visto en esta sociedad consumista, hipócrita y elitista que nos está tocando vivir. Todo el mundo anda buscando terapias alternativas que les aleje del estrés, del agobio… y estas terapias nos conducen a la paz interior (ja! Paz…). Mi sombra me pide salida y yo ya no la puedo sujetar más.

Esta sociedad en la que uno no puede decir una palabra más alta que la otra sin que le tachen de racista, maltratador, nazi.. o cualquier barbaridad más. Nos condicionan, porque todos sabemos que no hay nada peor para el ser humano, que sentirse rechazado, sentir que uno no es aceptado en el ambiente en el que se mueve y por las personas que le importan. Pues, ¿saben qué?, que estoy harta!! que mi sombra quiere salir y yo no voy a hacer ningún esfuerzo por retenerla, no quiero que se reprima más, no quiero que siga tragando sin poder escupir nada. Prefiero sentirme excluida de este círculo sin motivaciones, de este lugar sin razones, a dejar que mi sombra se muera dentro de mí.

Sombra, sal, el mundo es tuyo. Diles cómo lo ves.