El ponchassso o Cuarentena tres


¿Qué? ¿Cómo sigues?.

Camino de la sexta semana. Todo igual. Después de toda la fiesta de la semana pasada, el fin de semana pasó tranquilo. Pizza y peli, muchas lanas y muchas letras.

Sigo haciendo potaje de lentejas los domingos por la tarde, mientras plancho la ropa de la semana. Necesito seguir haciendo estas cosas para seguir anclada. Nada de lo que venga cuando podamos salir (¿llegará ese momento?, porque cada día siento que van a pasar los meses, y que llegaremos a diciembre nuevamente y nos dirán: ha sido todo un experimento; y no sé si me horroriza o me fascina pensarlo así), va a ser como era antes, y mantener estas pequeñas rutinas domésticas, me ayuda a no terminar de perder el Norte.

¡Ay el Norte! ¡MiNorte! Anoche soñé que estaba allí, en mi playa. En la que me he rebozado, llorado, reído, y bañado, desde que me salieron los dientes. Estaba allí sola, tranquila y emocionada. Llegaba andando, y sin casi pararme me quitaba la ropa que llevaba puesta y la dejaba hecha un montoncito en la orilla y así como venía seguía andando hasta meterme en el agua. Seguí andando hasta que el agua me llegaba a la cintura, y en ese momento flexioné las rodillas y sumergí la cabeza. El agua fría. El azul del cielo. El sol traspasando el agua. Salí a la superficie, feliz y con sensación de total plenitud,  y ahí me desperté. La sensación de haber estado sumergida me duró solo unos segundos, luego me invadió una desilusión enorme.

Primero, me dio tristeza, luego me dio rabia, luego me dio desesperanza, y de ahí me fui a beber agua y a recolocarme los chakras, porque me sentía caer sin freno en el pozo de la angustia.

Me volví a dormir, pero llevo todo el día con la sensación de haber estado bañándome en MiNorte. Dice Emma que lo primero que va a hacer en cuanto podamos salir, será poner rumbo Norte. Y yo la voy a acompañar, por supuesto.

De paso, me llevo el bolsito, y nos quedamos allí todo lo que podamos. Así me estreno el ponchasso que me tejí hace unas semanas. Desde que se lo vi a LaBosch me volví loca. Claro que el suyo es un espectáculo total. Tejer con lo que tenemos en casa se está convirtiendo en una tarea de total creación y desafío. Porque se podría esperar a que se normalice todo, pero y las ansias… ¿cómo dominamos las ansias?. Porque todo el que teje o cose, sabe que cuando un patrón te pica, hay que meterle mano rápidamente, con lo que tengas a mano. Así hice este poncho, que no es un poncho al uso porque tiene mangas. Me lo tejí en apenas una semana, y lo disfruté de principio a fin. Cada día me gusta más tejer en colorwork. Todos los detalles aquí.

En serio, no veo el momento de ponerme en la orilla de la playa a última hora del día, a pasar fresco con mi poncho. De paso me saco unas fotos decentes, que esto también será algo que tenga que explorar y mejorar. Hacer buenas fotos en casa, requiere de táctica, técnica y mucho ingenio. Que de momento estoy empleando para seguir encontrando materiales tejibles.

 

 

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